Astrologia Árabe

Sobre el Astrólogo ‘Abd Al-Wāhid B. Isḥāq al-Ḍabbī (788-852)

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Julio Samsó

Universidad de Barcelona

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Son bien conocidos dos pasajes de Ibn al-Qūṭiyya y del Nafḥ de al-Maqqarī (Nafḥ al-ṭīb fī ġuṣn al-Andalus al-raṭīb) en los que se menciona ‘Abd Al-Wāhid B. Isḥāq al-Ḍabbī, el primer astrólogo andalusí de nombre conocido en relación con una predicción sobre la breve duración del reinado de Hišām I (788-796). Una traducción de los dos textos en cuestión es la siguiente:

1. Ibn al-Qūṭiyya: “Cuentan que cuando Hišām subió al trono, envió a buscar al astrólogo [al-munaŷŷim] al-Ḍabbī en Algeciras [al-Yazīra al-Jadrā] y le dijo:

— No dudo de que te has interesado por mí desde que te llegó la noticia [de mi acceso al poder]. Por Dios te conjuro para que me digas qué es lo que opinas.

— Soy yo quien te conjura, por Dios, para que me dispenses de esta [obligación] —respondió al-Ḍabbī.

[El emir, entonces,] le dispensó. Cuando hubieron transcurrido unos días, le forzó a manifestarse. Dicen que le pasó algo por la cabeza y le hizo comparecer. Le dijo:

— Por Dios que no creo que sea verdad esto que te pregunto, pero deseo escucharlo. Ojalá que puedas explicarme lo que se me oculta. Te garantizo tu seguridad, te compensaré, te daré un vestido honorífico y te ofreceré regalos, tal como ya he hecho, si me desvelas mi secreto.

Al-Ḍabbī le respondió:

— De seis a siete [años].

[El emir] se quedó cabizbajo durante un rato, luego levantó la cabeza y dijo:

— Serán años fáciles si se dedican a adorar a Dios.

Le dio un vestido y regalos y le envió de vuelta a su tierra. Abandonó la vida mundana y se dedicó a prepararse para la otra vida, Dios tenga piedad de él.”

2. al-Maqqarī: “Cuando Hišām subió al trono hizo venir al famoso astrólogo al-Ḍabbī desde su tierra en Algeciras [al-Yazīra al-Jadrā] hasta Córdoba. Era gracias a su habilidad y acerto, el Ptolomeo de su tiempo en astrología [‘ilm al-nuŷūm] y en el conocimiento del movimiento de los cuerpos celestes (al-ma ‘rifa bi-harakāt al- ‘ulwiyya]. Cuando llegó, [el emir] se quedó a solas con él y le dijo:

— No dudo, Ḍabbī, de que te has interesado ya por mí cuando te ha llegado la noticia de algo que no se ve dos veces. Por Dios te conjuro para que me hagas una predicción, de acuerdo con las conclusiones a que hayas llegado.

al-Ḍabbī titubeó y dijo:

— Dispénsame, emir, ya que sólo he empezado a ocuparme del tema y aún no lo he verificado, dada su importancia.

— Te doy un plazo para esto -respondió el emir- Dedícate exclusivamente a estudiar aquello que aún no has considerado.

Al cabo de unos días le hizo comparecer de nuevo y le dijo:

—Lo que te pregunté me interesa mucho aunque, por Dios, no confío en que lo que me digas sea la verdad ya que pertenece al ámbito de lo oculto [al-gayb] que Dios se reserva para sí mismo. No obstante, deseo escuchar lo que tengas que decirme.

[El emir] respiraba con dificultad y le obligó a elegir entre una recompensa o un castigo.

— Emir -respondió [al-Ḍabbī]-, has de saber que tu reinado será estable, afortunado y victorioso sobre tus enemigos aunque los indicios de que dispongo señalan que su duración será, aproximadamente, de ocho años.

[El emir] quedó cabizbajo durante un rato. Luego levantó la cabeza y dijo:

— Lo que temo, Ḍabbī, es que a través de tu boca me haya llegado un aviso [divino]. Por Dios, aunque dedicara todos estos años a adorarle, serían escasos para este propósito.

Le dio regalos y un vestido. Llevó [a partir de entonces,] una vida ascética y dedicada a hacer buenas obras.”

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Está claro que los dos relatos reproducen la misma anécdota y que el texto de al-Maqqarī está notablemente adornado, dentro de un proceso que podríamos calificar de “astrologización” de la figura de al-Ḍabbī. Llama la atención, por ejemplo, que al-Maqqarī llame a al-Ḍabbī “el Ptolomeo de su tiempo” [Baṭlīmūs zamāni-hi] lo que no casa muy bien con la cronología de la anécdota: aunque, en una primera etapa, circularon por Oriente una versión pahleví y otra siriaca del Almagesto de Ptolomeo, las dos traducciones árabes de este texto básico que tuvieron una clara difusión se llevaron a cabo durante el califato de al-Ma’mūn (813-833), por más que existía una versión de las Tablas Manuales realizada en época de Hārūn al Rašīd (786-809). Es, por tanto, poco probable que el nombre de Ptolomeo fuera, ni siquiera, conocido en época de Hišām I. Como veremos a continuación, este argumento no tiene una gran fuerza dada la longevidad que parece que hay que atribuir a al-Ḍabbī. No obstante, existe una clara diferencia de tono entre los dos relatos. En la versión de Ibn al-Qūtiyya, al-Ḍabbī tiene un miedo muy natural a comunicar su predicción al emir y éste se muestra dispuesto a excusarle hasta que, “según dicen, algo le pasó por la cabeza” (qīla: la-hu jāṭirun). En la narración de al-Maqqarī, al-Ḍabbī se refugia en la excusa de que no ha podido estudiar bien un tema tan complejo como es la duración de la vida del monarca y éste le da un plazo para que verifique los datos. La implicación es, claramente, que el astrólogo pretende utilizar la técnica del tasyīr, comúnmente utilizada pata determinar cuánto tiempo falta para que se produzca determinado acontecimiento (muy frecuentemente, la muerte de una persona) y es muy poco probable que esta técnica fuera conocida en al-Andalus a principios del siglo IX. En cualquier caso, ambos autores están de acuerdo en el hecho de que Hišām I sentía una curiosidad natural por conocer su futuro, aunque tenía, al mismo tiempo, ciertos escrúpulos a la hora de manifestarla, dada su reputación de musulmán piadoso.

Basándonos en estos dos textos, situábamos a al-Ḍabbī muy a principios del s. IX, durante el emirato de Hišām I. Esta cronología se alargó un poco gracias al descubrimiento realizado por mi maestro Juan Vernet del Kitāb al-amṭār wa-l-as ār (“Libro de las lluvias y de los precios”) del astrólogo magribí Muḥammad b. ‘Alī al-Baqqār (fI. 821/1418), en el manuscrito Escorial 916. Este nuevo texto contenía una serie de largos pasajes en los que se utilizaba un ínétodo astrológico relacionado con el antiguo método de predicción denominado “de las cruces” (aḥkām al-ṣulub), documentado, hasta entonces, sólo en el Libro de las Cruzes alfonsí, traducido al castellano a partir de una reelaboración del siglo XI de un tal ‘Abd Allāh b. Aḥmad al-Tulayṭulī. Otros pasajes de idéntica temática y técnica fueron identificados por Rafael Muñoz en el manuscrito Escorial 918. Al-Baqqār, por otra parte, nos conservaba treinta y nueve versos de una urŷūza debida al propio al-Ḍabbī, cuyo contenido era muy similar al del capítulo 57 del texto alfonsí, y nos informaba de que nuestro autor “compuso una urŷūza para predecir los acontecimientos atmosféricos y las vicisitudes de los monarcas, de acuerdo con el sistema judiciario antiguo corriente en el Magrib, es decir, el sístema de predicción de las cruces, en tiempos de al-Hakam I (796-822). La cronología de al-Ḍabbī alcanzaba, pues, el reinado de al-Hakam I y esto planteaba una hipótesis interesante: el interés por la astrología, tan patente durante el emirato de ‘Abd al-Raḥmān II (822-852). ¿se habría iniciado ya durante el reinado de su padre al- al-Hakam I? Volveré a este tema en el transcurso de este trabajo.

De cualquier modo, parecía que al-Ḍabbī era el primer astrólogo andalusí con obra conservada y que su cronología correspondía a fines del siglo VIII y principios del IX. Esto movió a Vernet a sugerir que el sistema de las cruces era de origen latino-visigodo dado que, en esta época, no se había producido todavía la introducción de materiales astronómico-astrológicos orientales que no fueron conocidos en al-Andalus hasta el reinado de ‘Abd al- Raḥmān II. Esta hipótesis venía confirmada por la insistencia del texto alfonsí —seguido por al-Baqqār— en que el método de las cruces “son los iudizios que usauan los de las partidas de occidente del tempo antigo, et los de tierra de Affrica, et los de Barbaria et una partida de los romanos de Espanna” (hāḏihi l-tarīqa fī l-aḥkām hiya tarīqat ahl al-Magribi fī-zamān al-qadīm, a‘nī ahl Ifrīqiya wa-l-Barābir wa-ṭā‘ifa min al-‘aŷam bi l-Andalus).

Creo que la argumentación de Vernet sigue siendo totalmente válida gracias, entre otras cosas, a que al-Baqqār afirma que la urŷūza de al-Ḍabbī fue compuesta en tiempos de al-Hakam I. No obstante, la reciente publicación de una edición facsímil del manuscrito de Fez que contiene una parte importante del volumen II del Muqtabis de Ibn Hayyān nos fuerza a aceptar que al-Ḍabbī tuvo una vida muy larga ya que, como veremos, murió durante el emirato de Muḥammad (852-886). Esta última fuente dedica un capítulo (fols. 168 y – 173 r) a las relaciones de ‘Abd al-Raḥmān II con sus astrólogos (Ajbār al-munaŷŷimīn ma‘a l-amīr) entre los que destaca -entre los astrólogos contemporáneos del emir y anteriores a él- a ‘Abbās b. Firnās (m. 887), Marwān b. Gazwān, Muḥammad b. ‘Abd Allāh al-’Adwānī y ‘Abd Allāh b. al-Šamir b. Numayr, además de al-Ḍabbī. El único investigador que parece haber tenido constancia de este hecho es Muḥammad ‘Abd Allāh ‘Inān quien, gracias a la amabilidad de Levi-Provençal, tuvo acceso a unas reproducciones fotográficas del manuscrito de Fez que utilizó ampliamente en el primer volumen de su Dawlat al-Islām fī-l-Andalus: este autor que, sin duda, había echado un vistazo rápido al capitulo sobre los astrólogos, nos menciona a al-Ḍabbī entre los astrólogos de ‘Abd al-Raḥmān II, aunque no refiere que sobrevivió hasta el emirato de Muḥammad.

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En el prólogo a este capítulo Ibn Hayyān nos dice (fol. 168 y) que al-Ḍabbī fue el protagonista de anécdotas sorprendentes (ḏū al-nawādir al- ‘aŷība). El pasaje en el que se ocupa específicamente de nuestro personaje (fols. 172 r – 173 r) consta de dos partes. La primera se debe al propio Ibn Hayyān y contiene una valoración general de la figura de al-Ḍabbī en la que insiste en que fue uno de los astrólogos que recibió un castigo más terrible y un escarmiento más ejemplar y le califica de imām y modelo de este grupo de astrólogos (imāmu-hum waquiwatu-hum). De él señala que:

“Fue muy intimo de nuestros califas marwānies en al-Andalus, confidente suyo en cuestiones astrológicas, saliendo victorioso ante ellos mediante intuiciones que le permitían extraer verdades ocultas y coincidencias certeras en sus juicios”.

Nuestro historiador recoge, con ciertas dudas, la predicción de al-Ḍabbī acerca de la escasa duración del emirato de Hišām I:

“El es de quien se afirma (za‘amū) quepronosticó al emir Hišām b. ‘Abd al-Raḥmān la breve duración [de su vida] cuando éste le preguntó sobre el tema a partir de los indicios de que disponía. Lo acertado de su predicción en esta materia fue lo que llevó a sus descendientes [man ŷā’a ba‘da-hu min wuldi-hi] a relacionarse con este ‘Abd al-Wāḥid, a mantenerlo próximo al palacio [al-idnā’ li-manzilati-hi] y a aprender de sus conocimientos”.

Curiosamente, a pesar del título general del capítulo, Ibn Hayyān no registra ninguna anécdota de las relaciones entre al-Ḍabbī y ‘Abd al-Raḥmān II sino que pasa a mencionar directamente a Muḥammad I, señalando que

su mayor benefactor (aklafu-hum) y el más duradero (adwamu-hum) fue su sucesor [de estos monarcas] el emir Muḥammad b. ‘Abd al-Raḥmān b. al-Hakam b. Hišām quien aproximó a este insensato [ḥā‘in] al grupo de sus íntimos, le llenó de beneficios, le aproximó a su propio palacio [adnā makāna-hu min dāri-hi] y se apoyó en él en sus consultas. Cuando [al-Ḍabbī] hubo ascendido a la cumbre de la influencia y de la privanza, sucedió que el emir le censuró por uno de sus secretos ocultos que había revelado. Por este motivo salió corriendo y su espantada hizo que no pudiera liberarse de los caminos [que para él había trazado] su destino, que motivaron que el emir se encolerizara con él y derramara su sangre.

Sigue, a continuación, un relato más específico que lbn Hayyān toma de un libro de Ibn al-Faradī (962-1013) Fī l-riŷāl que no es el Kitāb ta’rīj ulamā’ al-Andalus, al menos en la versión que conocemos:

“Leí en el libro del qādí Abū l-Walīd b. al-Faradī acerca de los varones [ilustres] lo siguiente:

El astrólogo al-Ḍabbī, famoso en al-Andalus, se llamaba ‘Abd al-Wāḥid b. Isḥāq y era un astrólogo hábil, preciso en sus predicciones (daqīq al-naẓar), que acertaba en sus deducciones (sā’ib al-qiyās), autor de pronósticos [astrológicos] (sāḥib al-qaḍāyā). Compuso la urŷūza [ms. al-urŷūza] bien conocida sobre astrología. Se decía de él que raras veces se equivocaba en un pronóstico astrológico. Estuvo al servicio del emir Muḥammad b. ‘Abd al-Raḥmān formando parte del círculo de sus íntimos [yajuṣṣu bi-hi] durante un tiempo. El emir Muḥammad era el más celoso de los monarcas en lo relativo a sus propios secretos, mientras que este astrólogo suyo se mostraba extraordinariamente generoso con ellos y siempre divulgaba sus pronósticos relativos a cuestiones secretas relacionadas con él [emir], vanagloriándose de su ciencia, y los difundía entre las gentes. El emir Muḥammad le amenazó por esta razón pero la cosa no terminó hasta que le sucedió al emir Muḥammad, cierta noche dentro de su palacio, una anécdota [qiṣṣa] que al-Ḍabbī utilizó como prueba [istadalla ‘alayhā] de la exactitud de su pronóstico [ṣiḥḥat raṣadíhi] y, al llegar la mañana, se la explicó [a alguien] de manera abierta y detallada. Aumentó por ello la cólera que el emir Muḥammad sentía contra él y decidió alejarle de su lado y librarse de él [al-istirāḥa minhu]. Ordené someterle a vigilancia y acelerar su marcha hacia Tortosa, en el extremo oriental de al-Andalus y la orden se cumplió. Dicen que mientras iba por el camino, de noche, acompañado por su guardián, pasaron junto a un rebaño de ovejas y el guardián se apoderé de una, para comérsela. Entonces el pastor se puso a gritar y acudieron con armas los habitantes de la aldea [qarya]. Al-Ḍabbī hizo una señal al muchacho que estaba junto al guardián y la cabeza del joven salió volando, separándose de su cuerpo. Cuando las gentes de la aldea vieron [que la cabeza] caía en el suelo se asustaron y emprendieron la huida. Entonces al-Ḍabbī le dijo al guardián: “Coge ahora lo que quieras y vete sín miedo”. El guardián lo llevó a Tortosa y lo encarcelé allí.”

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La continuación de esta historia deriva de un isnād de tres transmisores, sin que quede claro si la fuente directa de lbn Hayyān sigue siendo Ibn al-Faradī. Estos transínísores son Muḥammad b. Hafṣ, quien recibe el relato de Abū ‘Umar b. ‘Abd Rabbihi el cual, a su vez, lo toma de lbn ‘Aḏrā’, calificado de “colega” (sāḥib) de al-Dabbī. El segundo de estos personajes no plantea ningún problema ya que se trata del célebre poeta y experto en adab Aḥmad b. ‘Abd Rabbihi (860-940). El primero debe ser el alfaquí cordobés Abū ‘Abd Allāh Muḥammad b. Hafṣ (m. después de 889). El tercero resulta más problemático e interesante. Se trata muy probablemente, del mismo que aparece también como transmisor de una anécdota en la que intervienen ‘Abd al-Raḥmān II y los astrólogos lbn al-Šamir, ‘Abbās b. Firnās y Marwān b. Gazwān (fol. 169 r): aquí el nombre es Muḥammad b. ‘Abd Allāh b. ‘Adrā’ y se afirma que también es “colega” (sāḥib) de lbn al-Šamir y vecino (o cliente) suyo (ŷāru-hu) en Š.b.lār. Puede tratarse asimismo del astrólogo mencionado en el fol. 168 y como Muḥammad b. ‘Abd Allāh al‘Adwānī, asumiendo un error en la nisba. En apoyo de esta hipótesis puede apuntarse que, en este folio y en un pasaje probablemente corrupto leo, tras al‘Adwānī, walā li- ‘Abd Allāh b. al-Šamir que podría interpretarse como alusión a un vínculo de clientela (walā) entre este personaje e lbn al-Šamir. No he logrado identificar a ningún personaje de este nombre en ninguna de las fuentes que me resultan accesibles, pero me parece probable que se trate del astrólogo Ibn ‘Azrā’ (o ‘Uzarā’) mencionado por lbn ‘Abd Rabbihi en una anécdota y un poema en el que se regocija del fracaso de un grupo de astrólogos cordobeses a la hora de predecir el fin de una sequía. A título de mera hipótesis cabria preguntarse sí Ibn ‘Azrā’ o Aḏrā’ podría ser un Ben Ezra judío, converso al Islam con el nombre de Muḥammad b. ‘Abd Allāh, y en cuya conversión hubiera intervenido lbn al-Šamir, lo que hubiera dado lugar a un vínculo de clientela con éste. Sea cual fuere la solución, parece que tenetnos otro nombre en la nómina de astrólogos cordobeses de mediados del s. IX. El relato continúa así:

“Mencionó Muḥammad b. Hafṣ, tomándolo de Abū ‘Umar b. ‘Abd Rabbihi, [quien a su vez lo tomó] de lbn Aḏrā’ colega de al-Ḍabbī, lo siguiente: cuando al-Ḍabbī compareció ante el gobernador de Tortosa y siguió viéndole, éste temió por él, consideró que no merecía la muerte y sintió deseos de salvarle. Al-Ḍabbī, por su parte, alejaba [de su mente esta posibilidad] y consideraba que él no podía (fol. 173 r) salvarse del emir Muḥammad y que ya había llegado el momento de su muerte sin que tuviera escapatoria posible. [Por ello] le dijo [al gobernador]:

 — Te llegará un mensajero castrado a lomos de un caballo de tal color [trayendo la orden de matarme]. Más tarde un jinete entero, montado en un caballo de tal color, te traerá un mensaje con mi indulto, pero encontrará que es demasiado tarde para mí.

El gobernador le respondió:

— Cuando me llegue la orden de matarte, se producirá un retraso [en la ejecución de la sentencia] hasta que me llegue tu perdón.

— Aunque te retrasaras un año —afirmó al-Ḍabbī— no te llegaría [mi indulto], mientras que site llegará cuando me mates.

— Tienes un mar ante tí —respondió [el gobernador]—, embárcate ahora y sálvate. Viaja por las tierras que están al otro lado. Yo me excusaré de haber participado en tu huida y me jugaré la vida.

Al-Ḍabbī argumentó entonces:

— Esto no me sacará del apuro y ya comprenderás lo que te digo.

El gobernador le ofreció, entonces, en secreto, un barco completamente armado y le hizo embarcar, pero cuando se encontró en alta mar, el viento se calmó y el barco quedó inmóvil durante un mes. Llegó entonces el jinete castrado que [al-Ḍabbī] había anunciado, con un mensaje del emir al gobernador en el que le ordenaba matar a al-Ḍabbī. El gobernador se vio obligado, entonces, a cumplir esta orden: sacó a al-Ḍabbī de aquel barco, que había creído que le salvada, y ordenó ejecutarlo. Apenas hubo transcurrido una hora cuando llegó, a la zaga [del primer mensajero], el jinete entero con el perdón para al-Ḍabbī, cuando ya era tarde, lo que le produjo una gran pena.

Esta es toda la información de que disponemos acerca de al-Ḍabbī y, si son básicamente verídicos los relatos de Ibn al-Qūtiyya (al-Ḍabbī acude a Córdoba inmediatamente después de la entronización de Hišām I en el 788) y de Ibn Hayyān (estuvo durante un cierto tiempo al servicio de Muḥammad que empezó a reinar en 852), se impone pensar que nuestro astrólogo tuvo una vida activa de más de sesenta y cuatro años y debió morir con una edad muy avanzada. Esto es, probablemente, lo que motiva la desconfianza de Ibn Hayyān en lo que respecta a la relación entre al-Ḍabbī y Hišām I. No es el único caso: es bien conocida la longevidad de Yaḥyá al-Gazāl (773-864) de quien Ibn Hayyān señala (fol. 132 r) que fue contemporáneo de cinco emires (desde ‘Abd al-Raḥmān I hasta Muḥammad y que escribió panegíricos a los tres últimos (al-Hakam I, ‘Abd al-Raḥmān I y Muḥammad). Se trataría, pues, de un estricto contemporáneo, aunque probablemente algo mayor, de al-Gazāl.

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Una segunda conclusión se refiere a la hipótesis que he planteado antes acerca de un posible inicio del interés por la astrología ya en época de al-Hakam I, o incluso antes si resulta cierta la relación entre al-Ḍabbī y Hišām I. Aquí tenemos que partir de la frase de Ibn Hayyān: “Lo acertado de su predicción en esta materia [la duración del reinado de Hišām I] fue lo que llevé a sus descendientes [man ŷā a ba ‘da-hu min wuldi-hi] a relacionarse con este ‘Abd al-Wāḥid, a mantenerlo próximo al palacio [al-īdnā’ li-manzilati-hi] y a aprender de sus conocimientos”. Por otra parte, es evidente que podría entenderse man ŷa ‘a ba ‘da-bu min wuldi-hi por “aquel de sus hijos que le sucedió”, con lo que tendríamos una referencia explícita a al-Hakam I. Esto enlaza muy bien con la referencia de al-Baqqār según el cual al-Ḍabbī escribió su urŷūza astrológica “en tiempos de al-Hakam I” y cabe plantearse si la urŷūza en cuestión pudo ser una obra dedicada a al-Hakam. Finalmente pensemos que el propio Ibn Hayyān insiste, en el Muqtabis II/1, en un hecho sobradamente conocido: tanto Yaḥyà al Gazāl (fols. 129v, 132 r – 133 y) como ‘Abbās b. Firnās (fols. 128 y, 130v, 131 r) y ‘Abbās b. Nāsih (fols. 128 y, 129 r, 130 r) estuvieron al servicio de al-Hakam I. En los tres casos, Ibn Hayyān señala -en el apartado relacionado con el reinado de al-Hakam I– que se trata de poetas que eran también astrólogos, por más que no hay referencia alguna explícita a su actividad astrológica en el círculo del emir al-Hakam: las anécdotas de esta índole se restringen a los reinados de ‘Abd al-Rahmān II y Muḥammad.

Tengo, pues, la impresión de que el interés de los Omeyas por la astrología —claramente documentado en el reinado de ‘Abd al-Rahmān II — tiene un claro precedente en tiempos de su padre al-Hakam I. A este respecto no hago más que seguir insinuaciones previas, en este sentido, hechas tanto por Lévi-Provençal como por Vernet. La única novedad que puedo aportar aquí es la hipótesis de que al-Ḍabbī fuese el auténtico introductor de la astrología en la Córdoba omeya. Esto explicada el que Ibn Hayyān afirme que era considerado imām y modelo de los astrólogos palatinos (imāmu-hum wa-qidwatu-hum). La astrología que introdujo era, probablemente, la astrología bajolatina del “sistema de las cruces” y habrá que esperar al reinado de ‘Abd al-Rahmān II para que se introduzcan las nuevas técnicas astrológicas de origen clásico y oriental. La lectura meditada de los relatos de Ibn al-Qūtiyya e Ibn Hayyān sobre al-Ḍabbī me hacen creer que este personaje es una figura de transición y que llegó a la astrología tras haber practicado un ‘ilm al-hiditān, técnica de adivinación no astrológica posiblemente de origen árabe, abundantemente documentado en la tradición andalusí del siglo VIII. Aunque tanto Ibn al-Qūtiyya como Ibn Hayyān califican a al-Ḍabbī de munaŷŷim, lo cierto es que en los textos de estos dos autores apenas aparece una alusión, ni siquiera indirecta (como en el caso de al-Maqqarī, a la utilización de técnicas astrológicas. Por el contrario, el relato de Ibn Hayyān (tomado de Ibn al-Faradī) sobre la muerte del pastor al que el guardián había robado una oveja, nos presenta a al-Ḍabbī como a un mago o brujo capaz de decapitar a un hombre con una mera señal de su mano. Este hecho me llama poderosamente la atención precisamente porque Ibn Hayyān y las fuentes de las que toma sus informaciones utilizan una terminología técnica específica cuando aluden a episodios de adivinación protagonizados por otros astrólogos de la corte de ‘Abd al-Rahmān II. Veamos unos cuantos ejemplos concretos:

1. Fol. 155 r: lbn al-Šamir había levantado el horóscopo natalicio del futuro ‘Abd al-Rahmān II y situado adecuadamente a los planetas en el mismo (qad naẓara mawlidi-hi wa rattaba nuŷūma-hu). Aquí la fuente parece relativamente tardía. El texto reza “Leí de puño y letra de Abū ‘Ubāda el poeta (qara’tu bi-jaṭṭ AbīUbāda al-šā’ir) y parece probable que se trate de Abū Bakr ‘Ubāda b. ‘Abd Allāh b. ‘Ubāda al-Jazraŷī, poeta e historiador.

2. Fol. 156 y: lbn al-Šamir predijo su propia muerte porque conocía el ascendente de su nacimiento (ma’rifatu-hu bi-tālli’ wilādati-hi). En este caso la fuente es algo anterior: parece tratarse del alfaquí Muḥammad b. Hafṣ (m. después de 889), transmisor del relato de la muerte de al-Ḍabbī.

3. Fol. 169 r: al explicar la famosa anécdota de la habitación de las cuatro puertas, estudiada por Terés, Ibn Hayyān nos dice que, para hacer su predicción, lbn al-Šamir “levantó el horóscopo, calculó con precisión las posiciones verdaderas [de los planetas] y escribió su pronóstico en una tarjeta” (aqāma al-tāli’ wa adaqqa al-ta’dīl wa-kataba qaḍiyata-hu fī bitāqa). Terminado el episodio de la apertura de la nueva puerta el emir le pregunta: “¿qué es lo que te dice tu astrología?” (mā allāḏī yaqūlu tanŷīmu-ka). Aquí la fuente es imprecisa ya que Ibn Hayyān se limita a encabezar el apartado con la mención: “Refirieron sus compañeros y otros, a propósito de estas cuestiones, historias sorprendentes entre las que se encuentra (qālū aṣḥābu-hu wa gayru-hum hāḏihi [sic] al-bāb nawādir mustagraba, min-hā).

4. En el mismo fol. 169 r: ‘Abd al-Rahmān II pide a lbn al-Šamir, ‘Abbās b. Firnās y Marwān b. Gazwān que describan el aspecto de un ternero que aún no ha nacido. Para realizar su predicción, los tres astrólogos calculan con precisión las posiciones verdaderas de los planetas (fa-‘addalū), En este caso la fuente última es contemporánea del relato ya que se trata de Muḥammad b. ‘Abd Allāh b. ‘Adrā’, al que ya me he referido como otro de los astrólogos de ‘Abd al-Rahmān II.

5. Fol. 170 y: Marwān b. Gazwān levanta el horóscopo en el momento en el que ‘Abd al-Rahmān II se dispone a salir de Córdoba para una expedición guerrera (‘addala tāli’ jurūŷi’-hi) y hace el correspondiente pronóstico. Se trata, probablemente, del primer caso documentado en al-Andalus de utilización de la técnica de las “elecciones” (ijtiyārāt) con el fin de determinar el momento más propicio para llevar a cabo determinada actividad. En este último caso Ibn Hayyān ha tomado la anécdota de Aḥmad b. Muḥammad b. ‘Abd Allāh b. Abī Tālib al Aṣbaḥī, asimismo contemporáneo del relato, ya que Ibn Hayyān dice que era “vecino” ( ŷār) de Ibn Gazwān.

Ibn Hayyān y sus fuentes conocen, por tanto, la terminología y la utilizan cuando lo consideran oportuno. No lo hacen en el caso de al-Ḍabbī y esto me hace pensar que el personaje es, básicamente, un ‘ālim bi-l-hiḏān que, en un momento determinado de su vida, tuvo acceso a fuentes latinas relativas al “sistema de las cruces” y escribió su famosa urŷūza. A partir de entonces adquirió fama de astrólogoy se convirtió en maestro de una nueva generación que conoció, más tarde, un tipo de astrología más elaborado.

Astrolabe include a list of lunar mansions – ‘Abd al-Karīm al-Miṣrī                               

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Iván Pérez Marinas

Astrología

(sistema de las cruces)

Estudios Medievales Hispánicos, 4 (2015), pp. 39-56. ISSN: 2254-2906

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La Astrología, aunque no sea propiamente una ciencia, contiene elementos científicos porque está basada en la Astronomía. Además, en la Edad Media era considerada como una ciencia más.

La tradición astrológica latino-visigoda, y por tanto también la astronómica, prosiguió en los siglos VIII y IX en al-Ándalus, lo que se evidencia gracias a una fuente originaria de esta época: el Libro de las Cruzes. Esta obra de época alfonsí es una traducción de un tratado árabe del astrólogo andalusí Abū Marwān ‘Ubayd Allāh ibn Jalaf al-Istiyi (siglo XI), quien a su vez escribió dicho libro a partir de un texto antiguo como él mismo reconocía. Además, este astrólogo ecijano indicaba que el sistema de las cruces era utilizado desde antiguo en Ifriqiyya (actual Túnez), el Magreb y al-Ándalus y era totalmente distinto a los usados en Próximo Oriente.

Esta información se corrobora con el hallazgo del manuscrito 916 de la biblioteca de El Escorial, que contiene fragmentos del texto árabe de al-Istiyi, copiados por el magrebí Muhammad ibn ‘Alī al-Baqqar en torno al año 1418. Además, a diferencia de su traducción alfonsí, el texto árabe de al-Istiyī contiene un fragmento de un poema didáctico de ‘Abd al-Wāhid ibn Ishāq ad-Dabbī, astrólogo de los emires Hišam I (788-796) y al-Hakam I (796-822), que confirmaba que el sistema de las cruces era corriente entre los rum (“romanos”) de al-Ándalus, Ifriqiyya y el Magreb. Asimismo, en la época de este astrólogo-poeta todavía no habían llegado a al-Ándalus las primeras traducciones árabes de textos astrológicos indios, persas y griegos. También ha aparecido otro manuscrito (ms. 918 de El Escorial) que recoge una parte, más reducida, de la obra de al-Istiyī. Está fechado en el año 1483 y utiliza grafía magrebí.

Por lo tanto, como resume J. Samsó, “el Libro de las Cruzes representa la última etapa en la evolución de un manual de Astrología cuyos orígenes se encuentran en la baja latinidad y que se utilizaba en España y en el norte de África antes de la invasión musulmana”. Además, este método astrológico no desapareció por las influencias orientales de los siglos IX y X, ya que se cree que fue utilizado por los astrólogos de al-Mansur (981-1002).

El sistema de las cruces se representa en una estructura formada por una línea vertical y otras dos líneas oblicuas que, formando un aspa, se juntan en el centro de la primera línea. Así, en los seis extremos de las líneas se sitúan las casas astrológicas de número impar, empezando por arriba y yendo en el sentido contrario a las agujas del reloj, mientras que en los seis ángulos resultantes se colocan las casas pares, empezando en el ángulo de arriba a la izquierda y yendo en mismo sentido. A diferencia de la tradición clásica, cada casa astrológica se identifica con un signo zodiacal y, frecuentemente, en lugar de fijarse en la presencia de los planetas en cada una de las casas zodiacales, se basa en su presencia en agrupaciones de tres casas (triplicidades), que son las siguientes: triplicidad de fuego (Aries, Leo y Sagitario), triplicidad de tierra (Tauro, Virgo y Capricornio), triplicidad de aire (Géminis, Libra y Acuario), y triplicidad de agua (Cáncer, Escorpio y Piscis). Los planetas considerados son los llamados “planetas altos” (Saturno, Júpiter, Marte y el Sol), aunque a veces también se tenía en cuenta la posición de la Luna, Mercurio o de un eclipse, tanto solar como lunar. Asimismo, el sistema de las cruces analiza los aspectos usuales de la Astrología helenística (conjunción, oposición, cuadratura y trígono) y añade la quemazón, que ocurre cuando todos los planetas altos se encuentran en el mismo signo zodiacal o en la misma triplicidad elemental.

En cuanto al cálculo de la posición de los planetas, no se computaban posiciones verdaderas, sino posiciones medias, y debieron de utilizar reglas aproximativas y tablas. Para el cálculo de la posición del Sol, se sabe que existía una regla que se basaba en el tiempo que permanecía el astro en cada signo zodiacal, y que, por otra parte, se representaba el cuadrante šakkazi, un tipo de calendario zodiacal que habría sido conocido por los árabes gracias a la tradición latino-visigoda y que establece una correspondencia entre la fecha del año juliano y la longitud del Sol. También debieron existir ruedas que indicaban la posición del Sol en relación con los signos zodiacales para cada mes del año, y de las que posiblemente derivó el diagrama que aparece al dorso de los astrolabios hispano-moriscos.

Para el cálculo de la posición lunar, es posible que usaran algunas de las muchas reglas documentadas posteriormente, tanto en fuentes latinas como árabes. Sin embargo, entre las tablas destaca la tabla cuadrática de los signos zodiacales, que se remonta por lo menos al siglo VIII. En su fila superior aparecen los meses del año y en la columna lateral los días del mes lunar, señalando en las intersecciones el signo zodiacal correspondiente.

Para los planetas debieron de usar también reglas, aunque hay pocas documentadas para la Alta Edad Media, como la que aparece en el De planetarum et signorum ratione de Pseudo-Beda.

Como último apunte, aunque el sistema de las cruces servía para levantar horóscopos personales, el Libro de las Cruzes se centraba principalmente en la Astrología meteorológica, para predecir periodos de lluvia y sequía y, a su vez, las consecuentes subidas o bajadas del precio de los alimentos. Esto explicaría su éxito en los siglos VIII, IX y X, en los que hubo largas sequias.

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