Artículos Astrológicos II

Schwarz

Un Contable Obsesionado por la Astrología

Ars Secreta

Aunque las obras de arte con un mensaje astrológico son relativamente abundantes, no ocurre lo mismo con aquellas que muestran directamente un carta astrológica. Una de estas escasas y singulares pinturas con horóscopo fue realizada en el siglo XVI (concretamente en 1542) por el pintor Christoph Amberger, y hoy forma parte de la colección del madrileño Museo Thyssen-Bornemisza. En la sala 6 de dicho museo, el visitante puede contemplar el Retrato de Matthäus Schwarz, un adinerado contable y alto funcionario que trabajó para los Fugger, una poderosa familia de banqueros.

En la pintura se representa a Schwarz, en un lujoso interior y ataviado con ricos ropajes, apoyado junto a una ventana. Allí, en el alfeizar, se observa una copa de vino, pero destaca especialmente una hoja de papel en la que el artista anotó la fecha y hora de nacimiento del retratado (18:30 horas del 19 de febrero de 1497), la de la realización de la pintura (16:45 horas del 22 de marzo de 1542) y la edad de Schwarz en el momento de ser pintado: 45 años y 30 días. Se trata, sin lugar a dudas, de una tabla astrológica. El detalle más importante, sin embargo, aparece representado en el firmamento visible a través de la ventana. Allí, siguiendo las órdenes de Schwarz, Amberger pintó el horóscopo de su cliente.

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Detalle de la tabla astrológica representada en el alfeizar.

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Detalle del horóscopo de Matthäus Schwarz con fecha de 1542.

Originalmente la pintura iba acompañada de una segunda tabla a juego (hoy en manos privadas, en la colección Kisters), en la que el artista representó a Barbara Mangold Schwarz, esposa del contable, y que también cuenta con su propio horóscopo. Por desgracia, tan sólo he conseguido encontrar una imagen de esta otra pintura en blanco y negro, por lo que la calidad no es demasiado buena, y apenas se aprecia el horóscopo correspondiente. Si alguno de vosotros logra localizar una imagen en color, se lo agradecería enormemente.

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Retrato de Barbara Schwarz, por Christoph Amberger

En ambas obras, la presencia de los horóscopos obedece sin duda al notable interés que el poderoso contable manifestó durante toda su vida por la astrología. Un detalle que quedó inmortalizado para la posteridad en la obra de Amberger.

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Astrología en el Arte

Ars Secreta

Desde los primeros siglos, la Iglesia mostró un profundo rechazo hacia la astrología. El mismísimo san Agustín, en sus escritos, arremetió duramente contra esta práctica, que él mismo había utilizado en su juventud, y que consideraba contraria a la doctrina cristiana. El santo de Hipona no fue el único y muchos otros padres de la Iglesia se sumaron a esta condena, atacando especialmente la astrología judiciaria (la encargada de estudiar los efectos de los cuerpos celestes sobre los hombres, así como el vaticinio de hechos futuros), pues se enfrentaba a la providencia divina.

Si los culpables del comportamiento humano (tanto pecados como buenos actos) eran los astros, las personas carecían de libre albedrío y por tanto los premios o castigos divinos perdían toda razón de ser. Esta circunstancia suponía un desafío a la omnipotencia de Dios, y no resulta extraño que la Iglesia se manifestara tan claramente en contra.

Sin embargo, las influencias que recibió la cultura cristiana eran muy fuertes, y muchos «nuevos cristianos» seguían acudiendo a astrólogos en muchas ocasiones, por lo que finalmente incluso parte de la Iglesia se vio obligada a aceptar que fe y astrología podían ser compatibles. Se argumentó que efectivamente los astros ejercían su influencia sobre el hombre, aunque sólo sobre su parte material, y nunca sobre su alma. Esta aceptación se incrementó en la Edad Media y de forma especial en el Renacimiento. En aquella época era común que personajes importantes, como nobles y monarcas, solicitaran la realización de un horóscopo personal. Esta costumbre, aunque pueda resultar asombroso, se aplicaba también a destacados miembros de la Iglesia, pontífices incluidos.

Este es el caso del papa Julio II quien, según todas las fuentes, fue un fervoroso creyente y un estudioso de la disciplina astrológica. Tanto es así, que esta pasión puede astrearse en algunas de las obras de arte que encargó. En 1508, el pontífice encargó a un joven Rafael la decoración de la Estancia de la Signatura, en la que trabajó hasta 1511, destacando especialmente el célebre fresco La Escuela de Atenas, una de las obras más visitadas de los Museos Vaticanos (con permiso de la Capilla Sixtina). Utilizada como sede del Tribunal Eclesiástico, cuenta además de con La Escuela, que alude a la Filosofía, con alegorías de la Teosofía, la Poesía o la Justicia y otros pasajes.

Pero la que quizá sea la figura más interesante (al menos para nosotros) suele pasar desapercibida para los turistas, subyugados por La Escuela de Atenas. Se trata de una figura femenina, acompañada de una esfera celeste –en la que se aprecian claramente estrellas y constelaciones–, que representa a Urania, la musa griega de la astronomía y la astrología. Pero lo más curioso de todo es que no se trata de una simple alegoría, y las cuerpos celestes plasmados en la esfera no han sido escogidos al azar, sino que tienen un significado muy concreto.

Las últimas investigaciones han revelado que el mapa celeste contiene un mensaje: llevado por su interés por la astrología, Julio II pidió a sus astrólogos que calcularan la fecha más propicia para su «coronación» como pontífice. Este día fue el 31 de octubre de 1503 y, precisamente, la esfera que acompaña a Urania está representando, fielmente, el aspecto del firmamento nocturno de aquel día, tres horas después de la puesta de sol. Entre las constelaciones representadas destaca Pegaso, un signo vinculado a la inmortalidad. Al estar presente en la fecha de su elección como Papa, indicaba que Julio II gozaría de un mandato próspero y fructífero.

El fresco de Rafael no es la única obra de arte encargada por el pontífice que posee influencias astrológicas. Julio II es recordado por haber dado inicio a la construcción de la nueva basílica de San Pedro del Vaticano y los historiadores saben hoy, tras diversos estudios, que el Papa solicitó a los astrólogos que elaboraran un horóscopo para determinar la fecha y hora más indicada en la que se debía celebrar la ceremonia de fundación del templo.

En la actualidad la astrología se reduce –por norma general– a los horóscopos que se publican a diario en multitud de periódicos y revistas, como un simple divertimento o curiosidad. Sin embargo, algunos estudiosos, como Aby Warbug (sobre quien ya dije que pienso dedicar un artículo monográfico) o Fritz Saxl señalaron la necesidad de prestar atención a la notable relación arte-astrología. Como sucede con otras muchas cuestiones que suelo tratar aquí, no importa si estas creencias son meras supersticiones, carentes de fundamento y sin el más mínimo respaldo científico. Lo importante es que muchas personas, a lo largo de la historia, si creyeron en ellas como algo real y efectivo, y esto provocó, entre muchas otras cosas, la creación de magníficas obras de arte que todavía podemos disfrutar.

La presencia de elementos astrológicos en la Historia del Arte es sumamente notable y abundante, así que poco a poco iremos viendo aquí algunos de los ejemplos más notables.

Bibliografía
* QUINLAN-MCGRATH, Mary. «The foundation horoscope(s) for Saint Peter’s Basilica, Rome, 1506: choosing a tima, changing the Storia». Isis magazine, 2001, vol. 92, nº 4. University of Chicago Press.
* YARZA LUACES, Joaquín. Formas artísticas de lo imaginario. Ed. Anthropos. Barcelona, 1987.
* ESTEBAN LORENTE, Juan Francisco. Tratado de iconografía. Ed. Istmo.
* MONTERO, Santiago. Cristianismo y astrología en los siglos IV-V d. C.: Oriente y Occidente. Universidad Complutense.
* GOMBRICH, E. H. Imágenes simbólicas. Ed. Debate. Madrid, 2001.
* MÂLE, Emile. El arte religioso del siglo XIII en Francia. Ediciones Encuentro. Madrid, 2001.

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Un Enigma Celeste en Florencia

Ars Secreta

En otras ocasiones he hablado aquí de la presencia de zodiacos, horóscopos y mapas estelares en diversas obras de arte. Ya expliqué en su día que, aunque la Iglesia se mostró contraria a prácticas como la astrología desde su nacimiento, con el paso de los siglos esa postura se fue suavizando, y los estudios sobre esta disciplina terminaron por ser muy populares a partir del siglo XI y, más especialmente, con la llegada del Renacimiento. Esta “explosión astrológica” que se produjo en época renacentista quedó de manifiesto por el enorme interés que suscitó entre nobles, monarcas, personajes adinerados e incluso miembros de la alta jerarquía eclesiástica. Una “fiebre” que, como era de esperar, dejó también su huella en la historia del arte.

Con anterioridad os hablé del Papa Julio II y su decoración astronómica en la Stanza della Signatura, en los palacios vaticanos, y hoy vamos a ver otra pintura mural que guarda bastantes similitudes con ella. En este caso, sin embargo, tenemos que viajar a la espectacular ciudad de Florencia, y concretamente a la Sagrestia Vecchia (Sacristía Vieja) de la basílica de San Lorenzo, una obra realizada por Brunelleschi entre 1419 y 1422. Allí, sobre el espacio que ocupan el altar y una imagen de Cristo crucificado, el visitante se encuentra con una pequeña cúpula decorada con una imagen de la esfera celeste. Sin embargo, lo más sorprendente de todo es que esa imagen del firmamento no refleja estrellas y constelaciones al azar, sino el aspecto exacto del cielo en un momento determinado de la historia.

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Interior de la Sacristía Vieja

El primero que llamó la atención al respecto fue el historiador del arte Aby Warburg (a quien ya he mencionado en más de una ocasión y a quien algún día dedicaré una extensa entrada) hace ahora casi cien años, en 1911. Consciente de que aquella representación celeste no era casual, Warburg se puso en contacto con el Dr. Graff, del Observatorio de Hamburgo. Éste, en función de las constelaciones y astros reflejados en el fresco, dictaminó que aquel mapa astronómico reproducía el aspecto del cielo en algún momento de julio de los años 1422, 1423 o 1439. Con estos datos, y basándose en una guía de un peregrino del siglo XVIII, que aseguraba que el altar mayor de la Sacristía Vieja había sido consagrado el 9 de julio de 1422, Warburg concluyó que el fresco representaba precisamente la posición de los astros visibles desde Florencia en esfa fecha concreta, a modo de conmemoración de la ceremonia de consagración.

A primera vista, la hipótesis de Warburg parecía bastante razonable. Sin embargo, estaba equivocada. Gertrud Bing, directora del Instituto Warburg desde 1954, señaló la curiosa existencia de un fresco casi idéntico, también en Florencia, aunque en este caso en la Capilla Pazzi, dentro del conjunto de la basílica de la Santa Cruz. Bing desestimó la referencia a la fecha de consagración del altar mayor de la Sagrestia Vecchia por falta de evidencias sólidas, y señaló con acierto que esa hipótesis carecía de fundamento si se tenía en cuenta la existencia de un fresco con una representación gemela en la Capilla Pazzi, que comenzó a construirse en 1441. Apoyándose en unos cálculos del astrónomo Arthur Beer, Bing apuntó la fecha del 6 de julio de 1439 como la más probable, pero su hipótesis fue ignorada durante décadas.

En 1981 otra historiadora, Patricia Fortini Brown, publicaba un artículo en el que recuperaba la hipótesis de Bing. Apoyándose en cálculos del astrónomo John L. Heilbron, de la Universidad de Berkeley (California) Fortini insistía en la fecha del 6 de julio de 1439, a las doce del mediodía, como el momento exacto plasmado en el fresco de la Sacristía Vieja. ¿Por qué precisamente aquel día? En aquellas fechas la ciudad había acogido el llamado Concilio de Florencia y, precisamente, en la fecha señalada se procedió a la firma de un acuerdo –luego frustrado– con el patriarca de Constantinopla y otros legados de la Iglesia oriental, por el cuál se ponía fin al Gran Cisma.

La cuestión parecía resuelta tras la publicación del artículo de Fortini, pero el fresco aún guardaba otra sorpresa. En 1986 y con motivo de una restauración que pretendía devolver el aspecto original a los frescos de la Sagrestia Vecchia, la restauradora Isabella Lapi Ballerini descubrió la existencia en la pintura de otras “estrellas” que habían dejado de ser visibles como consecuencia de la pésima conservación de la obra.

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Detalle de las constelaciones

Rápidamente, Lapi se puso en contacto con los investigadores del Observatorio Astrofísico de Arcetri (Florencia) por si ellos eran capaces de determinar qué astros eran aquellos. Y lo hicieron. Aquellas nuevas “estrellas” eran en realidad los planetas Venus, Júpiter y Mercurio, y su descubrimiento permitía a los astrónomos realizar un cálculo mucho más preciso de la fecha que el artista quiso reflejar en la cúpula.

En este caso los resultados parecían incuestionables: la pintura representa el firmamento visible sobre Florencia en la mañana del 4 de julio de 1442. Bajo estas líneas veréis una composición que he preparado a partir de una fotografía del fresco y una imagen del firmamento florentino en dicha fecha obtenida mediante el magnífico programa Stellarium. Como veréis la posición de los astros ES prácticamente idéntica, lo que viene a confirmar los últimos cálculos. Resuelto el interrogante de la fecha, quedaba por averiguar qué evento pretendia conmemorar. En este caso la respuesta sigue siendo poco rotunda, aunque la restauradora Lapi Ballerini sugiere en un trabajo de 1986 que, posiblemente, los frescos “gemelos” de la Sacristía Vieja y la Capilla Pazzi sirvieron para conmemorar la llegada a Florencia de un importante personaje: René d’Anjou.

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Comparación del fresco con el aspecto del firmamento el 4 de julio de 1442.

Por el momento, y mientras no se descubre una explicación mejor, la hipótesis de Lapi parece “la menos mala” de todas las planteadas hasta la fecha. Al menos parece haber un consenso definitivo sobre la fecha representada aunque, como pasó anteriormente, quién sabe si un nuevo estudio podría en un futuro sugerir una respuesta definitiva sobre el hecho que se pretendía conmemorar.

Por otra parte, quedan aún otros dos interrogantes por responder, que se corresponden con las identidades del pintor del fresco de la Sagrestia y de la mente capaz de calcular el aspecto del cielo con un grado de exactitud tan notable. En el primer caso, todo parece indicar que fue el artista Giuliano d’Arrigo, il Pesello, ayudado por un segundo pincel desconocido que habría realizado parte de las constelaciones. En cuanto a la parte teórica, la mayoría de los historiadores han sugerido el nombre del astrónomo Paolo Del Pozzo Toscanelli, amigo cercano de Brunelleschi –recordemos que fue él quien erigió la Sagrestia– y conocido del clan Médici.

En todo caso, y aunque la cuestión parece resistirse a desvelar todas sus claves, los frescos de la Sagrestia Vecchia y de la Capilla Pazzi, con sus sugerentes mapas celestes, son un magnífico ejemplo de la fusión entre arte y astronomía/astrología que tanta relevancia llegó a tener en el Renacimiento. La ciudad de Florencia, por cierto, “esconde” muchos otros ejemplos de este tipo, pero tiempo habrá de detenerse en ellos con la calma que merecen.

Bibliografía
-FORTINI BROWN, Patricia.«Laetentur caeli: The council of Florence and the astronomical fresco in the Old Sacristy». Journal of the Warburg Institute. Vol. 44 (1981), págs. 176-180.
-SEZNEC, Jean. The survival of the pagan gods. Princeton University Press, 1953.
-WARBURG, Aby. El renacimiento del paganismo. Ed. Alianza Forma.

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Melancolía I, de Durero

Ars Secreta

En más de una ocasión me han preguntado cuál es el artista que más me gusta, o cuál me parece más “misterioso”. Como es lógico, y como os sucederá a muchos de vosotros, me resulta imposible escoger a uno sólo. Pero aunque tengo muchos artistas favoritos –cada uno por los motivos más variados–, sí puedo decir que uno de ellos es el alemán Alberto Durero (1471-1528).

Y aprovechando que acaba de inaugurarse en el Museo Guggenheim de Bilbao una exposición dedicada a su obra en plancha, es decir, a sus grabados, he decidido que era un buen momento para mencionar una de sus obras, que se encuentra entre las llamadas Estampas maestras de este genio del Renacimiento alemán.

Si os habéis fijado en el título de la entrada, ya sabéis que me refiero a Melancolía I (1514). En realidad, esta obra –al igual que otras del célebre artista– necesita un análisis muy, muy extenso para desentrañar todos los enigmas que encierra. Pero como tal empresa resulta excesiva, me limitaré a recoger aquí algunas de las hipótesis más extendidas, que han intentado dar una explicación satisfactoria al trabajo.

Un rápido vistazo al trabajo nos permite observar que, en primer lugar, destaca una figura femenina, provista de alas, y que parece identificarse con un ángel. Apoya su cabeza –coronada de hierbas– en una de sus manos (con la otra sostiene un compás), y el rostro aparece en sombra. Junto a esta figura principal observamos también un niño, apoyado en una piedra de molino, y que está pintando sobre lo que parece una tabla o una pizarra. Junto al pequeño, vemos un poliedro que llama poderosamente la atención (y que oculta parcialmente un crisol encendido), así como una escalera de siete peldaños que asciende hasta una torre o edificio del que no se vislumbra su final. Junto a la escalera vemos una especie de cometa, además de un animal que parece un murciélago, sosteniendo una cartela con el texto “Melencolia I”, que evidentemente dan título al grabado. En la parte superior derecha descubrimos una balanza, un reloj de arena, una campanilla y, bajo esta, un cuadrado mágico, en el que la suma de las celdas da siempre 34. Finalmente, en la parte inferior vemos un perro dormido y una serie de herramientas: una esfera, unos clavos, una sierra, una regla, etc…

Una de las lecturas más extendidas alude a la llamada teoría de “los cuatro humores“. En la Antigüedad clásica –y en épocas posteriores, entre ellas el Renacimiento–, era popular la idea de que el ser humano estaba influido física y anímicamente por cuatro fluidos o “humores”: sanguíneo, colérico, flemático y melancólico. La mezcla de dichos fluidos o humores, y la mayor presencia en el ser humano de uno de ellos (la situación ideal era la del equilibrio entre tales fluidos), determinaban el carácter, la personalidad y la salud de los individuos. En esta teoría entraban también en juego los efectos de algunos planetas, las cuatro estaciones, los cuatro elementos o los cuatro vientos, entre otros factores. De este modo, el grabado de Durero estaría aludiendo al carácter melancólico. De hecho, la melancolía se conocía también como bilis negra y, como ya hemos dicho, el rostro del “ángel” del grabado aparece sombreado, oscuro, lo que parece una clara alusión a este carácter.

Curiosamente, durante el Renacimiento se reivindicó la figura del melancólico como reflejo de la genialidad y la creatividad del artista. Y personajes tan notables e influyentes como el filósofo neoplatónico y ocultista Marsilio Ficino (1433-1499), hicieron lo posible por ensalzar este temperamento melancólico. Otra evidencia de la influencia de Ficino la encontramos en el cuadrado mágico que aparece en el grabado (otro día hablaremos con calma de los cuadrados mágicos). Al tiempo que reivindicaba el temperamento melancólico, Ficino ensalzaba también al planeta Saturno, directamente relacionado con este temperamento (de hecho, el filósofo florentino y otros neoplatónicos se llamaban a sí mismos saturninos). Sin embargo, reconocía el carácter parcialmente negativo del planeta, por lo que recomendaba el uso de talismanes para compensar sus efectos nocivos. Y así, este cuadrado mágico presente en el grabado, sería uno de estos talismanes de propiedades benéficas.

Sin duda alguna, la teoría de los humores está presente en la obra de Durero. Y tenemos más evidencias de ello, que además señalan hacia teorías complementarias de la época.

La cartela que sostiene el misterioso y desagradable murciélago, con el lema Melencolia I, está haciendo referencia a las ideas de otro célebre personaje renacentista: el mago, cabalista, ocultista y filósofo alemán Cornelius Agrippa de Nettesheim. Según recoge Agrippa en obra De Occulta Philosophia, el hombre es capaz de alcanzar todos aquellos logros espirituales e intelectuales que se proponga con la ayuda “de lo alto”, bien a través de sueños proféticos o mediante la influencia –otra vez– de Saturno. Sin embargo, la interpretación de Agrippa ampliaba la de Ficino, pues atribuía al planeta la facultad de influir también en la imaginación y en la razón, y no sólo en la mente intuitiva. Es casi seguro que Durero conoció las tesis de Agrippa, e incluso es probable que conociera al ocultista personalmente. Por tanto, no sería de extrañar que sus ideas terminaran por influir en algunas de sus obras de arte (otro día veremos una pintura de Durero que así parece confirmarlo).

Las interpretaciones herméticas, esotéricas y ocultistas del grabado no terminan aquí. Otros autores han añadido, además de las mencionadas, una lectura en clave alquímica. Para estos estudiosos, la alusión al temperamento melancólico tendría una significación en relación con la Gran Obra. Así, la bilis negra correspondería con el nigredo, una de las fases del proceso alquímico. Bajo este prisma, la lectura del título del grabado adquiere un sentido muy concreto.

La balanza y el reloj de arena, serían símbolos de Saturno. Este planeta está asociado, en alquimia, al color negro (nigredo), y al plomo, el metal utilizado inicialmente por los alquimistas. Hay también una rueda de molino, símbolo de la «vía seca», uno de los métodos para la obtención de la Gran Obra, y también emblema de la putrefacción.

La alusión al nigredo está también presente en el rostro oscurecido del ángel, que sería un hermafrodita alado. El poliedro sería también símbolo de Saturno; la escalera de siete peldaños indicaría los pasos que debe seguir el alquimista. Por otra parte, la esfera y el poliedro aludirían a la geometría como base de la alquimia. Otros símbolos de tinte alquímico serían –siempre según esta interpretación–, el perro, las herramientas dispuestas en el suelo y el crisol encendido, que casi pasa desapercibido, semioculto por el poliedro.

Finalmente, algunos elementos podrían esconder también –sin que excluyan los significados anteriores– otros elementos. Así, por ejemplo, en el cuadrado mágico podría leerse, tal y como señalan algunos autores, la fecha de la muerte de la madre del artista, Barbara Dürer. En la primera fila vemos: 16 – 3 – 2 – 13. Estas cifras podrían interpretarse así: 16, 3 + 2 (=5, mes de mayo) – 13 (1+3= 4, en alusión a 1514), dando la fecha de 16 de mayo de 1514. Esta interpretación se vería confirmada por la presencia de la campanilla (sería una campanilla fúnebre), y el reloj de arena nos recordaría la fugacidad de la vida. De este modo, el ángel melancólico del grabado sería el propio Durero, hundido en ese estado por la fatal pérdida.

Como podéis ver, interpretaciones no faltan. Sin duda, todas las aquí comentadas tienen elementos que las respaldan. Personalmente creo la teoría de los humores, con influencia tanto de Ficino como de Agrippa (y especialmente de este último), en alusión al influjo creativo de la melancolía, es la más satisfactoria. La hipótesis alquímica no me convence tanto, aunque no me atrevo a descartarla. Y algo similar opino sobre la visión del fallecimiento materno, que además sería compatible con las anteriores, pues nada impide que la obra ofrezca varios mensajes a un mismo tiempo. De un modo u otro, sin duda Melancolía I parece ofrecernos un “autorretrato” del propio Durero quien, con probabilidad, se veía así mismo como un espíritu melancólico y taciturno, un artista creador dominado por el influjo de Saturno…

Os dejo con otros dos trabajos en plancha, que junto a Melancolía I, completan las llamadas Estampas Maestras de Durero: El caballero, la muerte y el diablo (1513) y San Jerónimo en su celda (1514).

Galería de imágenes de Durero en Wikimedia Commons.

PD: Si por alguna razón la visita al Guggenheim no os viene muy bien, tendréis otra oportunidad en octubre de este año, pues el Museo Thyssen acogerá una gran muestra de este artista (y también de otro pintor, Lucas Cranach, del que también hablaremos otro día).

Bibliografía
-Panofsky, Erwin. Vida y arte de Alberto Durero. Alianza Editorial. Madrid, 1995. (3ª edición).
-Matilla, José Manuel. “El arte de la estampa”. Capítulo dentro de: Durero. Obras maestras de la Albertina. Museo Nacional del Prado. Madrid, 2005.
-Bertrand, José Antonio. La Alquimia en el Bosco, Durero y otros pintores del Renacimiento. Editorial. Barcelona, 1989.
-Díaz, María Rosa. ¡Oh, Melancolía! Contexto Educativo nº 13, noviembre 2000.

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Psicología Astrológica

Cortesía de Rosa Solé

(Extracto del “Glosario Astrológico” de Bruno Huber, publicado en la revista suiza “Astrolog” nº 60, febrero 1991)
(Traducido por Lluisa Sallés y Rosa Solé, pag. 21 y 22 de “A Digest of Newsletters” English Huber School of Astrological Counselling. Dec. 1992)

La Psicología Astrológica es una rama de la psicología que utiliza la Astrología como una herramienta de diagnóstico. Se basa principalmente en las ideas de la psicología profunda, pero también en la psicología humanística y transpersonal. Por su concepto está muy cerca de la Psicosíntesis de Roberto Assagioli. La Psicología Astrológica parte del concepto de un ser vivo, que se auto regula y que está sano por naturaleza, al contrario de la mayor parte de psicologías, que parten del punto de vista de la patología. La idea de que “estamos enfermos sólo mientras pensamos que lo estamos” y el hecho de encontrar las causas de nuestras sensaciones de enfermedad son el principio fundamental de la Psicología Astrológica.

El objetivo básico de la Psicología Astrológica – mediante su enfoque terapéutico, de asesoramiento o de enseñanza – es el de aumentar nuestra comprensión y estimular nuestros propios procesos de pensamiento. No se trata de dar unas recetas ya preparadas, ni de ofrecer soluciones fáciles, sino que se trata de proporcionar un útil instrumento de conocernos a nosotros mismos, de forma que podamos aprender a aceptarnos por lo que somos y por lo que podemos llegar a ser, ya que esto nos permitirá vivir una vida más libre, más feliz y más creativa.

En primer lugar ofrece un enfoque holístico a nuestra condición humana. Esto no es aplicable únicamente a conceptos psicológicos, puesto que incluye nuestra selección de técnicas astrológicas. Por ello, la metodología de la Psicología Astrológica tiene que cumplir con el requisito previo de que todas sus partes constituyentes tienen que trabajar conjuntamente con el fin de formar un todo coherente. Se trata por tanto de un método completo en sí mismo, pero que no tiene porqué cerrarse ante desarrollos o mejoras posteriores.

Aún así, por este mismo motivo resultó inevitable que algunas técnicas de la astrología tradicional tuvieran que ser excluidas porque, aunque eran lógicas y válidas en sí mismas, no encajaban dentro del conjunto. Por ejemplo, algunas de las técnicas no utilizadas son aquéllas que describen al hombre como dependiente y sin libre albedrío, además de las que crean un efecto “espiral” y por tanto distorsionan toda la imagen.

Además de todas éstas, existen diversas técnicas para predecir el futuro que son muy limitativas y que, a menudo, tratan de acontecimientos que se perciben como si nos ocurrieran desde el exterior.

El estado de nuestro ser interior es el que determina la naturaleza de nuestra realidad y cómo nos afectan las energías disponibles, qué hechos externos nos causan una impresión y cómo los experimentamos, evaluamos y respondemos frente a ellos. Este mundo reactivo en la Psicología Astrológica es expresado e interpretado por el Punto de la Edad, o Progresión de la Edad. Se trata de una progresión constante a través del tiempo que muestra cómo avanzamos por nuestro camino a través de la carta y por ello, cómo experimentamos todas las facetas de nuestro carácter a lo largo de la vida.

La elección de las técnicas utilizadas se ha visto influenciada por un importante principio orgánico: la simplificación. El método actual de utilizar nuestro intelecto es básicamente lineal y lógico. Es el enfoque de causa y efecto que procede mediante unos pasos analíticos precisos. Tiene la tendencia de dividir todo un organismo en sus partes constituyentes particulares, por lo que conlleva una fragmentación y una complicación excesiva hasta que al final perdemos la visión, tanto de los medios como de los objetivos. En realidad, el hecho de que exista un gran número de técnicas no nos ayuda a llegar a una interpretación válida de la carta, sino que sólo consigue hacer que esta interpretación sea más difícil. Tanto en la enseñanza como en el pensamiento astrológico, a menudo se afirma que una interpretación sólo puede ser válida si ha sido confirmada por una cierta variedad de técnicas. En Psicología Astrológica pensamos lo contrario: si creemos que tenemos que hacer un cierto número de pronunciamientos con el fin de obtener claridad, ello significa que no hemos explotado suficientemente la información primaria de que disponíamos.

Esta es la razón por la que manifestamos muy claramente los principios básicos de nuestro método, que ya fueron tratados por Ptolomeo. Estas son las cuatro herramientas fundamentales:

1. Las figuras de aspectos: todos los aspectos son múltiplos de 30; muestran la motivación.
2. Los 10 planetas y el Nodo Norte: las herramientas que tenemos a nuestra disposición.
3. Los 12 signos del Zodíaco: nuestro carácter genético, los arquetipos.
4. Las 12 Casas o campos: nuestros condicionantes, nuestro comportamiento aprendido.

Esta información fundamental se utiliza con gran detalle y con definiciones precisas según la posición en una de las cuatro grandes áreas de la carta, y todo ello para sacar el máximo provecho.

He aquí algunos puntos específicos que enseña la Psicología Astrológica:

1. La carta se dibuja según unas normas precisas que facilitan el enfoque visual. La naturaleza individual y el trazado de la carta pueden evaluarse a primera vista. Tal y como ya mencionamos anteriormente, cada una de las cuatro grandes áreas de la carta tiene un significado específico, y utilizamos un esquema de color que hace que resulte muy fácil obtener una impresión inmediata de la ausencia o presencia de las cualidades expresadas por estos colores.

2. Restricción del significado otorgado a los planetas. Años de experiencia nos han impulsado a restringir la interpretación de los símbolos planetarios cada vez más alrededor de su significado fundamental, de forma que las interpretaciones ya no se superpongan. Este ha sido un paso muy útil para la investigación. Hace que resulte más fácil obtener resultados bien definidos y sin ambigüedades.

3. Las figuras de aspectos. Nos pareció que la interpretación individual de aspectos específicos era contraproducente porque las definiciones progresivas sistemáticas tendían a dar resultados contradictorios que eran difíciles de integrar. Con frecuencia un planeta será aspectado por otros planetas a la vez, razón por la que tienen que ser interpretados conjuntamente ya que cada aspecto modificará a los otros. Resulta prácticamente imposible unir las diversas interpretaciones específicas de forma que tengan significado. La solución a este enigma se encuentra en el hecho de que -incluso sin considerar los planetas individuales involucrados- una figura de aspectos como un triángulo, un cuadrado o un polígono ya tendrá de por si, un significado intrínseco que servirá de marco dentro del que los planetas individuales podrán ser interpretados con mayor facilidad. Por ello, en Psicología Astrológica decimos que la estructura de aspectos es la clave para descifrar la naturaleza de toda la carta. Los Planetas, los Signos y las Casas tienen una importancia secundaria. Dan más detalles acerca del cómo y el dónde, además del porque. Esto proporciona un método muy acertado para la delineación del carácter.

4. La Curva de Intensidad. Nuestras largas investigaciones han demostrado que el efecto de un planeta varía con su posición dentro de la Casa. Nos encontramos con una curva de intensidad que se parece bastante a una curva sinoidal. La efectividad máxima se presenta en las cúspides de las Casas, mientras que la efectividad mínima se encuentra en el punto medio, cercano al centro de la Casa. Esta curva nos permite evaluar con precisión la cantidad de energía disponible para que cada planeta realice y manifieste su potencial. Esta información es esencial para una valoración psicológica correcta.

5. La Carta de las Casas, los Cálculos Dinámicos y los Cuadrantes Dinámicos son conceptos nuevos en Astrología y añaden una comprensión más profunda a la obtenida con el estudio de la curva de intensidad. Aportan claridad a facetas de nuestra personalidad que incluso la psicología ortodoxa no había considerado hasta el momento. Se trata, por una parte, de la diferencia y, por tanto, de la tensión entre nuestras tendencias e inclinaciones heredadas e innatas y, por otra parte, del comportamiento aprendido y los condicionantes que nos han impuesto las influencias exteriores, la educación recibida y las esperanzas puestas en nosotros.

Por todo ello, este método proporciona una visión única de una de las mayores áreas conflictivas de nuestras vidas: la diferencia entre los esfuerzos más o menos bien intencionados del mundo de los adultos por amoldarnos a sus esquemas, en yuxtaposición a nuestras inclinaciones innatas. Otra visión muy útil es la que proporciona la visión de las tensiones y conexiones entre los miembros de nuestra familia. Además, podemos comprender los modelos de los roles que formamos nosotros mismos. La naturaleza e integridad de nuestra personalidad tripartita (cuerpo, sentimientos y mente) se moldea en la infancia según la forma en que el niño experimenta los diversos roles de la madre, el padre y el niño. Esto puede leerse a partir de las posiciones relativas del Sol, la Luna y Saturno y de sus aspectos dentro de la carta.

Actualmente, en Psicología Astrológica se tiende a trabajar con tres cartas: la natal, la nodaly la carta de las casas respectivamente. La carta nodal añade otra dimensión, la dimensión del inconsciente, a la que C. G. Jung llamó nuestra sombra.

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Astrología

La Astrología ha sido por mucho tiempo la gran olvidada en los círculos esotéricos. Muchos estudiantes de lo Oculto tienden a darle de lado ya sea porque, como toda cosa de valor, requiere de bastante tiempo y motivación aprenderla o, en otros casos, porque la consideran una generalización exagerada o una farsa total. Valdría la pena recordarles a estos últimos la frase de Sir Isaac Newton, una de las luminarias de la ciencia y el esoterismo por igual, cuando cuestionado por Sir Edmund Halley acerca de su adherencia a las doctrinas astrológicas, el gran matemático y físico respondió: “Yo he estudiado el asunto; usted, señor no”.

Cierto es que la Astrología se ha ganado un mal nombre, gracias a la proliferación en este último siglo de la charlatanería de los horoscopos de revista, y la mala imagen de supuestos astrólogos que tienen mucho más de show-man que de verdaderos cultivadores de este antiguo Arte. Por supuesto que este mal de la vulgarización y la impostura no ha sido exclusivo de la Astrología; el Esoterismo lo ha sufrido en todas sus vertientes.

Sin embargo, la genuina Tradición Esotérica de Occidente siempre ha considerado a la Astrología como una de sus más vitales disciplinas, una que permite al estudiante conocerse mejor a sí mismo y al mundo en el que vive, una Verdadera Llave Maestra que permite abrir el Libro Cerrado de la Naturaleza, y que muestra, para el ojo que puede ver, las conexiones internas entre las más disímiles ocurrencias de la vida, dándonos una idea del Plan Maestro que subyace tanto en las existencias individuales, como en los acontecimientos y ciclos colectivos. No por gusto muchos de los más conspicuos esoteristas de todos los tiempos la practicaron, y los más variados templos y logias de diferentes órdenes, y hasta de las religiones exotéricas, muestran en mayor o menor grado simbolismo astrológico.

Pretendemos con este pequeño artículo dar algunas pinceladas sobre el papel primordial que desde antiguo los sabios herméticos han asignado a la Astrología, y contribuir al mejor entendimiento de las bases filosóficas y esotéricas sobre las que se levanta la Ciencia Astral.

Orígenes e Historia breve de la Astrología.

La mayoría de los estudiosos de la historia de la Astrología hacen remontar su origen a la civilización Babilónica. Según nuestro conocimiento histórico actual, los babilonios fueron los primeros en considerar el firmamento en busca de símbolos que se relacionacen con los acontencimientos de nuestro mundo sublunar, en una epoca tan temprana como 1600 AC. En particular, empezaron a correlacionar los eventos sociales y naturales con las posiciones planetarias y estelares, dando inicio así a la Astrología Mundana (rama que se ocupa del estudio de los ciclos astrológicos y su relación con el devenir humano y los eventos que afectan a la sociedad en general), evolucionando en un período más tardío hacia la Astrología Natal (rama relacionada con el destino y las características de una persona en particular).

La Astrología estaba fuertemente ligada a la religión en Babilonia, y los sacerdotes, al mismo tiempo fungían de astrólogos, augures y exorcistas. Se practicaba la magia planetaria extensivamente, como una forma de apaciguar las influencias adversas de las corrientes de luz astral, algo que actualmente ha caído en desuso en la Astrología Moderna, pero que fue muy popular entre los astrólogos medievales, y aún lo es entre los astrólogos hindues.

De esta fuente babilonica, la Astrología pasó a Egipto, Persia y Grecia. Fue justo en la ciudad de Alejandría, centro cultural del mundo antiguo y cuna del Hermetismo, donde alrededor del siglo III antes de nuestra era, hubo un auge de la Astrología, y se escribieron los tratados más antiguos que se conservan acerca de cómo levantar una carta astral y como interpretarla. La Astrología Helenística (asi se le llama por haber sido fruto de este período de oro del saber griego) nació marcada por las concepciones hermetico-filosóficas del momento, y esto se ve en conceptos como la división del Zodíaco en 4 elementos, las polaridades de los signos astrológicos, los planetas nombrados como las deidades arquetípicas griegas, más otros conceptos egipcios tales como los decanatos y el sistema de casas astrológicas, inspirado en el recorrido diario del Sol (Ra) por los cielos. Curiosamente referencias de escritos astrológicos de la epoca alejandrina mencionan como sus fuentes a ciertos libros escritos por Hanubios (Anubis), Hermes, Petosiris (gran sacerdote egipcio del 400 AC), Nechepso (Faraón egipcio) y Aesculapios, de los cuales nada ha quedado, como dejándonos a entender que fue de la fusión de las culturas y filosofías griega y egipcia de donde nació la Astrología.

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Corpus Hermeticum

En particular, se le atribuyen a Hermes Trismegisto la autoría de ciertos trabajos astrológicos del período alejandrino tardío. Sus títulos son: El Centiloquio (100 aforismos sobre astrología), Las Estrellas Bebenias, y Las Quince Estrellas (estos dos últimos sobre las influencias de las estrellas fijas). Otros escritos mágico-astrológicos son atribuidos a Hermes en los Papiros Mágicos Griegos, siendo principalmente listados de correspondencias entre planetas, estrellas, plantas, animales, piedras preciosas, etc., destinados a la práctica de la magia ceremonial y magnética. También, en los escritos de San Clemente de Alejandría, se menciona que los sacerdotes egipcios guardaban con gran veneración 42 libros herméticos, de los cuales 4 estaban dedicados a la Astrología y la Astronomía. Si bien sabemos que el nombre Hermes Trismegisto no fue llevado por una sola persona, o que más bien es una especie de figura arquetípica del Maestro Iluminado y Guia Sabio, no deja de ser relevante que estos libros llevaran el sello de autoría de Hermes, tal como el Corpus Hermeticum, donde si se lee con cuidado, se pueden hallar las llaves esotéricas de la Astrología. Todo esto apunta a que los estudiosos y practicantes de la Gnosis de Hermes entendían muy bien el Mensaje de las Estrellas, siendo este parte de su cosmología, curriculum de estudios y praxis.

Luego del ocaso de Alejandría, la Astrología fue conservada y desarrollada por los árabes durante la Edad Media. Fue a través de los astrólogos árabes que la Astrología volvió a entrar en Europa desde alrededor del siglo XIII. Luego, en el Renacimiento, vio un auge gracias a la proliferación de los estudios clásicos y la traducción de obras griegas tales como el Corpus Hermeticum y el famoso Tetrabiblos de Ptolomeo. En siglos posteriors siguió siendo cultivada aunque muy limitadamente. No fue hasta finales del siglo XIX y principios del XX que se volvio a popularizar el estudio de la Astrología, junto con el boom de la Teosofía, el Espiritualismo y las Ciencias Ocultas. En esta epoca se escriben también los primeros textos que enseñaron el arte astrológico a un mayor número de personas, ya que anteriormente muchos de los libros que existían habían tenido una tirada corta y habían terminado en las bibliotecas de estudiosos.

El siglo XX vio tanto la vulgarización de la Astrología, como su progreso y diversificación. Durante el mismo, se han creado organizaciones que reunen a astrólogos a nivel nacional e internacional, se ha hermanado con la Psicología para dar un mejor entendimiento de los procesos internos del ser humano (solo como ejemplo el famoso sicoanalista Carl Jung solía hacerle levantar una carta natal a muchos de sus pacientes), e incluso ha recuperado muchas de las técnicas de epocas pasadas, que se habían perdido, y que han reaparecido con las traducciones de autores medievales, latinos y griegos. Hoy en día contamos con una bibliografía extensa, y en bastantes casos, muy seria, sobre las diferentes ramas de la Astrología, sin contar los variados softwares que reducen las horas de cálculos necesarias para levantar cartas astrales a segundos, por lo cual este es un momento privilegiado para su estudio.

Bases esotéricas de la Astrología. Destino.

“Como es arriba, así es abajo; y como es abajo, así es arriba”

Kybalion

La Astrología está marcada profundamente por este axioma. Para los astrólogos, la primera y más importante relación oculta es aquella entre lo celeste y lo terretre, el mundo de arriba, los Astros, y el mundo de abajo, sublunar, nuestro planeta. Esta idea de correpondencia entre las posiciones astrales y los eventos terrestres ha sido vista de diferentes maneras desde la Antiguedad. Los antiguos se inclinaban por la teoría de la causalidad directa, o sea, pensaban que había una relación directa entre lo que acaecía en los Cielos, y lo que ocurría en la Tierra. Paracelso, el famoso medico, alquimista, astrólogo y esoterista, proponía que la influencia de los Astros era de naturaleza no física, mas bien sutil-eterica, la cual impacta al hombre en su cuerpo astral y crea las diferentes situaciones de su vida, incluso sus desarmonías físicas, tema este en el que Paracelso se especializaba.

Hoy en día muchos hay que se inclinan por el enfoque no-causal de Jung. El famoso sicólogo proponía el concepto de sincronicidad como explicación para los aciertos astrológicos.

La sincronicidad, a grosso modo, no es más que la ocurrencia de signos que nos hablan de nuestra situación, mas no son la causa directa de las mismas. Por ejemplo, un augurio, una carta de Tarot, un hexagrama del I Ching, no causa la situación del consultante, mas la refleja y la clarifica desde un punto de vista espiritual, debido a la conexión de todos con todos. Sea cual sea el enfoque, podemos ver que antiguos y modernos esoteristas hallaban significado y revelación a través de la Astrología.

El Kybalion

En el Corpus Hermeticum, Primer Tratado, el Nous revela a Hermes: “La Mente el Dios, que es a la vez macho y hembra, y contiene en sí Luz y Vida, dió a luz por Nombre a una segunda Mente Creadora, la cual, siendo dios del fuego y del espíritu, creó a su vez siete gobernadores dueños contenedores del cosmos sensible, cuyo gobierno se llama Destino”. Aquí, los siete gobernadores a los que se refiere son los Siete Planetas Sagrados conocidos por los antiguos, que esotéricamente son considerados como los órganos del Sistema Solar, los Logoi de la Doctrina Secreta, los centros de irradiación y reflexión de la Luz Astral, o fuerza cósmica en la que vivimos y tenemos nuestro Ser, cuyas mareas están marcadas por los ciclos de estas esferas. Hermes menciona aquí la palabra Destino, y este es un tópico candente en Astrología y Esoterismo en forma general.

Hay un destino como tal? Esta es una pregunta acuciante. La respuesta dada por Hermes está en el medio de los dos extremos: En cierto sentido si, y en otro no. Dejemos que Hermes mismo nos ilustre: (…) A diferencia de todos los demás seres vivos de la tierra, sólo el Hombre es doble: mortal por el cuerpo, inmortal por el Hombre esencial. Por consiguiente, a pesar de ser inmortal y poseedor de plenos poderes sobre todas las cosas, está sujeto a la muerte y sometido al Destino. Siendo superior a la estructura se volvió esclavo dentro de la estructura. Siendo andrógino, de padre andrógino, y no sometido al sueño porque viene del que nunca duerme, sin embargo es vencido…

La Materia obece leyes, y por Materia me refiero tanto a la materia física como a la más sutil, etérica, astral y mental. La Materia está sometida a los ciclos del Destino, que no es más que la Ley Cósmica Invariable e Impersonal, la cual la Astrología personifica en las Esferas Celestes, sus posiciones y aspectos. En el Hombre, las chispas divinas han encarnado descendiendo desde el Reino del Incondicionado y libre Espiritu, hacia el Mundo de la Ley Karmica, la Rueda que no para, el mundo donde rige la ley del Ritmo, ciclos de crecimento y decrecimiento, tales como los marcados por los Astros en su deambular celeste. Hermes nos clarifica entonces, que en su parte Divina, en su Esencia, el Hombre es Libre, sin embargo, su Materia (entiéndase cuádruple realidad o cuaternario inferior) está sujeta a las Leyes Cósmicas. Mientras más desconectado de su naturaleza divina está el ser humano, más material es, más robótico se comporta, más sujeto está al Fatum Astrológico.

Paracelso, un convencido del poder de la influencia sidérea sobre los asuntos del mundo, nos da una clave acerca del accionar del Destino en el ser humano y cómo vencerlo: “El astro está sometido al sabio, ha de regirse por él, y no él por el astro. El astro sólo rige, gobierna, coacciona y fuerza al hombre que aún posee en si una fuerte naturaleza animal, y que no puede hacer más que seguirla, como el ladrón no puede rehuir a los galgos, el asesino a la rueda del tormento, el pescador a los peces, el pajarero a los pájaros o el cazador a la caza. Pero ello se debe a que un hombre así no se conoce a sí mismo y no sabe utilizar las energías que yacen ocultas en él, y no sabe que también lleva el astro en sí, que es el Microcosmos y guarda en sí todo el firmamento con todas sus potencias. Por eso con razón puede ser llamado necio y tonto y ha de estar sometido en dura esclavitud a todo lo terreno y mortal. El hombre sabio es el que rige su vida a partir de la sabiduría Divina y a imagen de Aquel según el cual ha sido creado. Este sabio gobierna ambos cuerpos: el “sideral”, etéreo y el elemental, material. A ambos tiene que servir el hombre, y deambular por cada uno de ellos para cumplir la ley del Señor y encontrarse en armonía con la Naturaleza, con la Voluntad de Dios y el Espíritu Divino”.

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Nunca mejor dicho. El adagio “Sapiens Dominabitur Astris” (La Sabiduría domina los Astros) es la llave a mayor libertad. El hombre, en su evolucionar, eleva su rata vibratoria, y por lo tanto es libre de trabajar las influencias que se van a manifestar desde planos más sutiles. Sin embargo, la generalidad de los humanos, y eso nos incluye también a muchos de nosotros los estudiantes herméticos, debido a que estamos inmersos la mayor parte del tiempo en nuestra personalidad, y a que no hacemos espacio para que se manifieste el Espíritu, sentimos con fuerza los embates de la Ley. De tal modo que si en determinado momento se activa una influencia astrológica adversa para una persona X, es muy probable que dicha persona no pueda hacer mucho por balancearla, a no ser que haya desarrollado un equilibrio interno grande a través de la meditación y la elevación espiritual.

¿En que puede entonces ayudar la Astrología? ¿En que puede ser útil conocerla? Pues bien, en mi opinión hay múltiples ventajas de índole muy práctico:

Primero, nos permite conocernos mejor. A través de la Astrología Natal podemos conocer nuestras tendencias innatas, esas semillas kármicas que están prontas a florecer, aquellas pautas que a veces son inconscientes para nosotros, pero que debemos aprender a concientizar y trabajar. “Gnouthi Seauthon”, decía en el Oráculo de Delfos: Hombre conócete a ti mismo”. La Astrología nos puede dar una mano grande en esta tarea. O sea, como primera ventaja es una herramienta que nos ayuda en el autoconocimiento profundo. Es el trabajo del Azufre o auto-estudio y auto-observación para el mejoramiento.

Segundo, nos permite saber qué ciclos e influencias están, han estado y estarán activos en nuestra vida, y de esa forma podremos comprender mejor el pasado, vivir más concientemente el presente, y plantar las mejores semillas para el futuro. El conocimiento de los ciclos o Astrología Predictiva, verdadera aplicación práctica del Principio del Ritmo, es la clave para el accionar conciente, pues nos dice cuándo estamos nadando contra la corriente, o cuándo la corriente está a nuestro favor, así como cuáles energías están o estarán impactando nuestra esfera personal, dándonos, si tenemos la Sabiduría, el Autocontrol y la Maestría necesaria, la oportunidad de trabajar concientemente con nuestras situaciones. Es el trabajo de la Sal, o la paciencia de vivir en el momento y trabajar poco a poco en la Gran Obra.

Por último, la Astrología también nos da una visión integradora del Cosmos. Con ella nos damos cuenta de la Unidad subyacente en Nuestro Sistema Solar, y cómo la Vida en todos los planos del mismo, fluye y refluye. La Astrología en su vertiente esotérica nos explica qué camino debemos seguir para evolucionar e ir sutilizándonos, como diría Paracelso, cómo dejar de ser hijos de Saturno (las deudas del destino, el Plomo), para convertirnos en hijos del Sol (la imagen viviente de la Oculta Divinidad, el Oro). Este es el trabajo del Mercurio, el verdadero conocimiento con alas en los pies, balance de la Sal y el Azufre, que nos permite ascender hacia realidades superiores.

La Astrología, junto a la Teurgia y la Alquimia, forman el Trivium Hermético, las tres disciplinas de los iniciados, su Alef-Mem-Shin. Alef –Astrologia es el aliento, el conocimiento que necesitamos tener de nosotros mismos y del Universo; Mem, es el agua de la Meditación o Teurgia, que disuelve la conciencia personal en la Conciencia Cósmica; Shin es la Alquimia, cuyo fuego diviniza, trasmuta y nos eleva a una Octava Superior.

Es hora ya de que salga del olvido la Astrología y nos brinde nuevamente sus más nobles herramientas para nuestra labor. La Piedra que desecharon los Arquitectos es ahora la Piedra Angular. Es mi parecer que la Astrología, vista con miras espirituales, tiene mucho que ofrecer a los iniciados en su trabajo. Ojalá este pequeño artículo despierte el interés por el estudio serio de esta antigua Clave. Sophia los bendiga a todos.

55a Horoskop RudolfaII., G. Hoefnagel-

Artículos Leonel Ramón Verdeja Orallo

Bibliografia consultada:

Posteado por Frater Aleph

La Influencia Planetaria

1- A History of Horoscopic Astrology, by James Herschel Holden, published by American Federation of Astrologers.

2- Corpus Hermeticum, Tratado I: Poimandres. Version online.

3- El Kybalion, Editorial Kier.

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