El Paganismo y el Zodíaco

Sincretismo pagano en el medievo: Los signos zodiacales

Jesús Cantera Montenegro1

Inmaculada Álvarez del Olmo2

1 Doctor en Geografía e Historia (especialidad en Historia del Arte) por la Universidad Complutense de Madrid, donde desempeña su labor docente y el cargo de secretario del Departamento de Historia del Arte II (Moderno). Miembro de la Real Academia de la Historia y vocal electivo de la Comisión Española de la Historia Militar.
2 Inmaculada ÁLVAREZ DEL OLMO, estudiante de Historia del Arte, Universidad Complutense de Madrid.

Salvador González, José María (org.). Mirabilia Ars

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Resumen

Estudio de los signos del zodiaco, siendo para la época un elemento imprescindible para comprender los calendarios configurados tanto en libros de horas, como en los frescos de templos, configurados durante esta época histórica. Estos calendarios fueron creados a partir de los estudios astrológicos para el buen trabajo agrícola, así por tanto se relacionarán los signos del zodiaco con sus respectivos meses, para explicar de algún modo los fenómenos meteorológicos, así como de los cambios de estación. Todo un recorrido por su evolución y transformación, desde su creación en la época antigua, hasta ver su configuración en la época medieval. Muchos de ellos serán modificados, ya sea por la moda del momento, por las imágenes que ilustraban, o por el significado que se les quiso otorgar.

La Medida del Tiempo

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I. Los ídolos paganos en la Edad Media

En esta época tan radical en pensamientos, siempre ha existido una cierta ambigüedad en cuanto a la aprobación de imágenes fuera del contexto cristiano. La nueva doctrina ha ido adaptándose a cultos y religiones totalmente diferentes a la suya, consagrando así algunos de sus emblemas como propios posteriormente.

Toda esta simbología animal no desagradó en sí desde el inicio de la cristiandad, así como posteriormente introduciéndose en sus diferentes formas artísticas. Muchos de los eruditos cristianos girarían su mirada hacia los libros antiguos relacionados con temas naturalistas, simbología de seres, animales y minerales inimaginables que se unirían al imaginario cristiano para relacionarlos así con Dios, la doble personalidad de Cristo y los fieles.

Muchos autores del Medievo como Honorius d’Autum, Brunetto Latini o Vincent de Beauvais, aceptaron estos temas, aventurándose en el estudio de todo un bestiario y creando así un simbolismo en relación, que además algunos de ellos quedarían introducidos en la heráldica de la época.

Hay que destacar a su vez los grandes viajes y las tradiciones populares, hacia el lejano oriente, o África estudiando todo tipo de arboles, minerales e incluso sus diferentes ritos y seres mitológicos incluyéndose en la imaginería cristiana como dotes o maneras diferentes de representar a Cristo.

Desde los inicios de la nueva doctrina existía el debate en la configuración de imágenes, si estas eran ilícitas o no, por lo que se crearían dos grupos en relación con estas cuestiones:

Los detractores o iconoclastas, negaban las imágenes, ya sean simbólicas o no. Para ellos la adoración era un objeto contra natura de lo narrado en los evangelios. Las imágenes estaban asociadas a la idolatría poniendo como ejemplo a la época clásica, quienes adoraban a ídolos, mostrando una posición herética.

Los defensores o iconódulos, quienes proclamaban que las mismas eran buenas ya que representaban la naturaleza humana, imágenes para el favorecimiento icónico en el arte cristiano. Es interesante ver la justificación de la riqueza, así como que estas enseñaban y facilitaban a comprender mucho mejor las fuentes bíblicas, así como su origen, ya que no muchos eran letrados, ni sabían leer. A su vez las respetaban por el uso moderado de las mismas, puesto que si no lo era se podía caer em la tentación de adorar a los iconos, convirtiéndose así en los ídolos que siempre han querido evitar.

Mitología Clásica e Iconografía Cristiana

Este debate se debe destacar, puesto que se insertará en la propia estructura eclesiástica. Desde los inicios creacionales de la religión cristiana se apropiarían. Como bien introdujimos, de elementos paganos a los cuales se les daría un significado diferente a lo que pudieron constituir en épocas pasadas, transformando los ídolos en imágenes mucho más pudorosas y relacionadas con el ámbito religioso y la alegoría.

La iconografía cristiana es deudora de diferentes religiones y creencias, así como de mitos, ya sean mesopotámicos, griegos o latinos, ya que estos a su vez han bebido de tradiciones anteriores. Todos estos mitos fueron recogidos por el Imperio Romano, deudor absoluto de la tradición helena. Tras la gran época imperial y su posterior caída y extensión de los pueblos germanos, Europa tendrá un sedimento latino y a la vez germano, uniéndose y modificándose estas creencias siendo a su vez cristianizadas.

El cristianismo beberá principalmente del arte latino en cuanto a la representación artística, puesto que la religión se asentará en territorio romano por lo que las imágenes ficticias de dioses y seres mitológicos serán constantes. En las sagradas escrituras se han visto elementos relacionados con mitos paganos ya sean de origen babilónico o griego, sincretizando así una serie de historias insufladas venideras de otras civilizaciones, asumiendo, por tanto, modelos antiguos en la tradición cristiana, aunque el contenido propiamente dicho cambiará en su significado.

Muchas de las criaturas paganas se consolidaban en templos cristianos a través de capiteles, o en elementos de sustentación, ya que muchas de estas eran algo exóticas y un tanto desagradables para la época, por lo que se les dará un “uso correcto”, además de para entender la diferencia entre el bien y el mal, y entre la adoración idólatra y la correcta adoración de las imágenes.

El sincretismo pagano en la Edad Media dará una generación de seres, divinidades, seres fantásticos, elementos relacionados con la astrología y las correspondientes constelaciones…todo un mercado de diferentes culturas modificadas en una sola religión, la cristiandad.

Muy ricas horas del Duque de Berry

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II. La representación zodiacal en el Medievo

Conocimientos astronómicos desde la antigüedad, incluyéndose así los signos zodiacales, muchas de estas representaciones se venían dando desde la época babilónica a través de los Kunnidus, pero en si hasta le época griega no se establecieron las doce constelaciones propiamente dicho, además de otros signos basándose en la posición estelar.

Como bien se sabe, el Zodiaco, se visualiza de mejor manera en diferentes posiciones, estrellas o épocas del año, integrándose cada signo en diferentes constelaciones, variando así a lo largo de los doce periodos anuales.

En los diferentes calendarios medievales se han observado los signos del zodiaco con su respectiva personificación en cada uno de los meses del año. Se relacionaba un signo con un mes, al ser estos doce, pero esto nos lleva a diferentes errores, puesto que para cada uno se disponen dos signos. La popularidad de los signos en la Edad Media fue tal que se incluyen en muchos de sus calendarios en los Libros de Horas, por ejemplo. Se dieron diferentes representaciones erróneas hasta ya entrado el siglo XIII, donde se impondría un esquema lineal acoplándose mejor cada signo zodiacal en sus respectivos meses.

En ocasiones los símbolos podían servir para acompañar a textos referidos con el mismo tema planteado, el del zodiaco. En algunos Libros de Horas como las Muy ricas horas del Duque de Berry, se observa en la representación de cada mes un semicírculo en la parte superior del folio con la ilustración de los correspondientes signos zodiacales del correspondiente mes, realizados en dorado con un fondo azul estrellado, acompañado a su vez de una representación del sol. Es curioso que se destaque la figura zodiacal de cada tiempo en el que se ubica, es decir, que los dos símbolos zodiacales se marcan en un punto diferente del mismo mes para determinar cuándo empieza cada uno. A estos calendarios zodiacales se le añadirían elementos novedosos propios del medievo, como pueda ser la creación e introducción de calendarios agrícolas.

Se ha hecho visible en toda la Edad Media, la herencia clásica, ya sea mitológica como histórica, modificando en ocasiones los orígenes clásicos de los símbolos y adecuándolos a la época, conservando no muy frecuentemente su significado.

Mensis Maius nel Calendario di Filocalo

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III. Los signos del zodíaco

En el medievo se manifiestan en relación con los trabajos agrícolas de los doce meses, representando por primera vez este cronograma en el siglo IV a través del Calendario Filocalo3, reflejándose en él la influencia romana con carácter pagano, este tipo de cronologías podían ir separados; el cronograma de meses por un lado y los signos por otro, aunque generalmente irán unidos, ya que los signos se atribuían a la relación entre la posición de los días y la temperatura a lo largo del año.

3 Fue conocido también como el Cronógrafo del 354¸ donde se recogen documentación de carácter histórico y cronológico, como puedan ser crónicas, listas, catálogos, todos ellos en relación con diferentes personajes que se enlazan con la política y la religión.

El zodiaco fue difundido a parte de como elemento que acompaña a los trabajos, así como un elemento de carácter cultural, determinando la concepción del universo, ideas difundidas desde la más antigua astrología en occidente y oriente. El medievo recibirá estas nociones a través de obras romanas, sirviendo como fuente fundamental para la realización de síntesis en relación con el tema que estamos tratando.

Desde la época clásica, los signos zodiacales tuvieron gran importancia con un carácter excepcional, ya que cada día tras la contemplación del amanecer se podía observar como el sol, según los griegos, pasaba a través de una banda continua, la denominada banda zodiacal, agrupadas por la imaginación clássica y puestas así en relación con diferentes elementos mitológicos4.

4 DOMINGUEZ RODRIGUEZ, A., Iconografía de los signos del Zodiaco en seis libros de horas de la Biblioteca Nacional: [Iconografía de los Libros de Horas del siglo XV de la Biblioteca Nacional]. Madrid, Universidad Complutense, 1974, p. 66-67.

Los signos del zodiaco se han extendido tanto que han formado parte de otros temas iconográficos, como puedan ser los doce apóstoles, realizando paralelismos entre estos con el destino del hombre, sirviendo, así como el renacer hacia la huida del fatalismo. A su vez estarán custodiados bajo la providencia de Cristo, de ahí a que la gran mayoría se relacionen con él. San Isidoro de León quiso hacer una relación entre las doce casas y la nueva doctrina, la religión cristiana5.

5 Conocía muy bien a los dioses paganos y el mundo de la astrología por lo que lo pondría en relación con el mundo agrícola, creando así las Etimologías, recopilando todo un inventario de carácter astronómico, asimilando cada símbolo del zodiaco para instalarlo en un mes, creando así una tipología de calendarios medievales.

El hecho de que persistan en la época medieval se verá determinado por la búsqueda de la concepción, como bien se ha dicho, del universo, que a su vez se reviste con otros significados como se verá a continuación en la extensión de cada signo.

Comenzaremos el recorrido zodiacal desde el inicio del año con Capricornio, aunque Aries se ha considerado siempre como el primer signo, la primera casa entre los once restantes.

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III.1. Capricornio (Capricornius, 23 de Diciembre – 21 de Enero)

Según las Etimologías de San Isidoro, Capricornio se configura en honor a la cabra de la ninfa Amaltea quien cuidó y educó a Zeus. Este signo se ilustra como un protomo de cabra que termina en forma de pez. Este hibrido se ha querido ver a través del pensamiento medieval y el calendario agrícola, como las lluvias que se dan en esta etapa del año.

Incorporaron a las constelaciones la figura de capricornio, en honor a la cabra nodriza de Júpiter. Dieron a la parte posterior de su cuerpo la figura de un pez, para indicar las lluvias en esta época, que este mes suele frecuentemente desencadenar en sus últimos días6.

6 DE SEVILLA, I., OROZ RETA, J., Etimologías. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1993-1994, p. 481.

Incluso se le quiso dar una nueva simbología, por lo que se han dado variaciones en cuanto a su representación, la cual se ha manifestado como una simple cabra, o como un protomo de cabra saliendo de una concha de caracol.

(Véase en las Muy ricas horas del duque de Berry)7 En definitiva, la representación más común del este signo zodiacal será la del protomo de cabra con cola de pescado.

7 DOMINGUEZ RODRIGUEZ, Ana, Iconografía de los signos del Zodiaco en seis libros de horas de la Biblioteca Nacional: [Iconografía de los Libros de Horas del siglo XV de la Biblioteca Nacional]. Madrid. Universidad complutense, 1974, p. 55.

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III.2. Acuario (Acuarius, 22 de Enero – 21 de Febrero)

Desde la antigüedad se le ha asociado con la figura de Ganimedes, un joven príncipe troyano, al cual se le denominó como el más bello entre los hombres mortales, será la única relación homosexual del dios Zeus, quien le raptaría en forma de águila, y que sería llevado al Olimpo para convertirse en el copero real de los dioses. Por tanto, este muchacho se verá relacionado con el símbolo de Acuario por ese trabajo en reino celestial8.

8 ELVIRA BARBA, M. A., Arte y mito. Manual de iconografía clásica. Madrid, Sílex, 2013.

En el medievo se ha ilustrado de diferentes formas:

Joven efebo derramando un jarro de agua, en la antigüedad se representaba a este joven desnudo a excepción de un manto, por otro lado, se le podía añadir un gorro frigio, relacionado con la iconografia original de Ganimedes. A excepción de Amiens, que en este caso se ha visto a un joven barbado, esta no será una iconografía propia de este signo9.

9 PEREZ HIGUERA, M. Teresa, Calendarios medievales: la representación del tiempo en otros tiempos. Madrid, Encuentro, 1997.

Mujer derramando un jarro de agua, representación sustituida a partir del siglo XV, con la intención de representar el desnudo femenino.

A parte de estas, en la época medieval se ha representado a la manera clásica, pudiendo estar un joven vestido o desnudo, e incluso llevar dos jarros (uno en cada mano). Aunque realmente, la constelación solo muestra como elemento la caída del agua.

En este periodo el simbolismo clásico en relación a Ganimedes desaparecerá, relacionando el nombre de acuario por la alta afluencia de lluvias en Enero y Febrero, así como será el signo zodiacal de Piscis. Aparte de esta característica agrícola, se le quiso atribuir un significado más religioso, relacionándose con el agua de la gracia.

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III.3. Piscis (Pisces, 22 de Febrero – 20 de Marzo)

Uno de los símbolos más destacados en las representaciones medievales, se ha ilustrado a partir de diferentes variantes iconográficas:

Peces contrapuestos, dos seres iguales dispuesto el uno del otro con la cabeza situada próxima a la del otro pez.

Peces unidos por un hilo, en la misma posición, aunque en este caso las cabezas se situaran de manera contrapuesta, uno mirando a cada lado. Dentro de esta variante la más común es la de unir a estos peces a través de un hilo que saldrá de sus bocas.

Peces paralelos.

Este signo se relaciona con el cielo, uno de los peces mirará hacia el sur y el otro mirará hacia el norte, por lo que la posición de sus cabezas será contrapuesta la una de la otra. Pero como en todos los signos habrá excepciones en su representación, como puede ser en el Breviari d’Amor, donde los dos peces se relacionan con el doble vigor dado por los tratadistas, uno mirando hacia Aquilón12 y el otro pez mirando hacia occidente. En la representación del Breviari los peces se ilustran en forma de aspa, no como en las otras representaciones más comunes del signo, lo único en lo que tendrá relación con las demás será a través de la contraposición de cabezas.

12 Lo que se quiere decir con esta explicación es que Aquilón era el dios de los vientos septentrionales, es decir de los vientos del norte, relacionado con el frío. Por tanto cada pez mirará hacia un punto diferente, hacia el norte y hacia el sur, mirando hacia los vientos fríos y mirando hacia los vientos cálidos, estos vendrán de la zona occidental, del mediterráneo, donde la temperatura es agradable.

Piscis según la etimología e iconográfica cristiana se ha querido relacionar con la figura de los cristianos.

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III.4. Aries (Aries, 21 de Marzo – 20 de Abril)

Según se ha estudiado desde la antigüedad, fue considerado el primer signo del zodiaco, ya que según se ve a través de San Isidoro y los Gentiles, el sol comenzaría su curso en Aries, suponiendo que sería el primer mes del año. “Le atribuyen la línea media del mundo, lo denominaron así a causa de Júpiter Ammón, en cuya cabeza los escultores representan cuernos de carnero…”.

Júpiter Ammón

La representación más común del signo será a través de un carnero, lo único que puede cambiar en este es su posición, pudiendo estar de perfil, tumbado, parado o incluso en marcha (donde levantaría una de las patas delanteras).

Se han encontrado errores a la hora de representar al animal, ya que ha sido difícil de identificar en varias ocasiones por la ilustración de una cornamenta de un tamaño ridículamente pequeño. Sin embargo, en la Edad media perderia su carácter mitológico en relación con la figura del Júpiter latino, en este caso se explica que el carnero es un animal que duerme de igual manera tanto de un costado como de otro, al igual que el sol, determinando que, a través de la entrada de este signo, los días y las noches serían iguales, ni los días durarían más, ni las noches durarían menos, sino que durarían por igual.

Hay que señalar que la figura del carnero se relacionó con el Agnus Dei, pero como todo en esta época tendrá su ambigüedad, en este caso se ha relacionado la figura del carnero con una de las múltiples formas de representar al demonio a parte del macho cabrío.

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III.5. Tauro (Taurus, 21 de Abril – 20 de Mayo)

Constelación en sus orígenes consagrada en honor a la figura de Zeus, cuando este se transformó en un toro blanco para raptar a Europa y unirse a ella en la isla de Creta, donde allí volvería a su verdadera forma. Tras convertirla en la primera reina de la isla, el dios honraría al animal catasterizando su figura en constelación y a su vez en uno de los signos del zodiaco: ““Igualmente en honor a Júpiter, porque según la mitología se convirtió en toro cuando raptó a Europa”.

Como muchos de los signos zodiacales, perdería su valor mitológico con la modificación en la Edad Media. En el Breviari d’Amor, se buscaba el simbolismo en relación con el sol. Por tanto, el toro en este caso se relacionaba como la figura de uno de los animales más fuertes, el que pasa y ara las tierras, así como da calor a la tierra, con esto se quiere decir que el sol es similar a la figura del toro, el cual es fuerte y da calor a la tierra en esta época del año. La representación más común de este signo desde la antigüedad, como bien dice su nombre, es a través de un toro, este se representará en las mismas posiciones que el carnero, aunque en la Edad Media se creó una variante relacionada con el calendario agrícola, donde se ha representado con la cornamenta hacia abajo, relacionándose así con el arar de la tierra, ya que con sus propios cuernos y su viveza podría hacerlo el mismo.

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III.6. Géminis (Gemini, 21 de Mayo – 21 de Junio)

Según la mitología recogida a través de San Isidoro, este signo se relacionaba con la subida al cielo de Castor y Pólux19, quienes después de su muerte fueron convertidos en constelaciones: “Cástor y Pólux fueron colocados después de su muerte entre las más conocidas constelaciones. Este signo tiene el nombre de géminis (los gemelos)”.

19 Fueron dos de los mellizos nacidos de la relación de Zeus con Leda, aparte de Helena de Troya y Clitemnestra, aunque la paternidad de los mismos es un poco confusa, ya que en ocasiones se dice que los hijos fueron concebidos a través de la relación de Leda con su marido Tindaro, rey de Lacedemonia. O bien que la relación de Leda y Zeus se hizo a través de la unión de los mismos, pero este para poder unirse a la misma se convertirá en cisne, por lo que en muchas representaciones de este mito en época medieval o más bien centrándose en la época moderna, se verá como Leda tendrá a sus hijos a través de huevos. En relación con el mito, se dice que uno de los hijos era inmortal y el otro mortal.

En el Medievo según el Breviari d’Amor, siempre en relación con la agricultura y el sol, se atribuyen los gemelos por su gran vigor y fuerza, así como el sol en esta época será más grande, al situarse más cercano a la Tierra, por lo que tendrá más fuerza, haciendo que los frutos salgan.

La representación de Géminis se ha visto bastante modificada desde su origen hasta bien entrada la Edad Media.

– En un primer momento serán dos muchachos desnudos, relacionado con el origen mítico del signo y la constelación.

Dos jóvenes iguales pero ataviados con armadura.

Dos personajes ambiguos tapándose el sexo, pudiendo ser dos figuras femeninas.

– Sustitución de dos figuras iguales por una pareja de un hombre y una mujer, relacionándose con el mes de mayo, ya que este será el mes del amor, de ahí a la representación de una pareja de enamorados desnudos.

Aunque se ha querido dar un tercer simbolismo, este en relación con Jesucristo. Géminis será la representación de dos cuerpos dentro de uno, representación de la doble personalidad de Cristo, divina y humana, o también relacionado con la unión del padre con el hijo.

En relación con la iconografía cristiana se ha querido ver el símbolo de géminis con la figura de dos bienaventurados martirizados en época de Marco Aurelio situados en la Hispania medieval, Facundo y Primitivo25, quienes por su devoción a la nueva doctrina y tras su muerte, siendo estos martirizados, por su gracia divina subieron al cielo, al igual que lo hicieron en una época anterior los dos mellizos, obteniendo la gloria celestial.

25 Facundo y Primitivo originarios de León, eran dos hermanos martirizados por no querer idolatrar a un ídolo romano, ya que ellos se relacionaban con la figura de Jesucristo y su religión. Tras su encarcelamiento, fueron martirizados, arrojando sus cuerpos al río. Finalmente, en ese lugar se edificó un templo en su honor.

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III.7. Cáncer (Cáncer, 22 de junio – 22 de Julio)

San Isidoro en esta ocasión no encontrará etimología antigua para el signo, por lo que creará una explicación del por qué se relaciona el cangrejo con el mes de Julio.

El nombre de cáncer (cangrejo) se dice que, cuando el sol, en el mes de Junio, llega este signo, comienza a retroceder a la manera de un cangrejo y empiezan a ser más cortos los días.

En la representación del cangrejo medieval como el signo de cáncer, se ha querido ver de diferentes maneras, ya sea por la época o el gusto de cada personaje, tanto en las artes mayores como en el arte miniado de los Libros de Horas.

Se ha representado tanto como un cangrejo de río como un cangrejo de mar. La representación del cangrejo de río puede resultar algo confusa, ya que al tener la cola más “fina” se le puede confundir y asemejar con el signo de Escorpio, por lo que es más recomendable utilizar la figura del marino.

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III.8. Leo (Leo, 23 de Julio – 22 de Agosto)

Representado a través de la figura del león, puesto que, según la mitología, Hércules mataría al gran animal, como este demostró un gran valor y gran fuerza se le incluyó como una de las doce constelaciones zodiacales.

Hércules mató en Grecia un enorme león, y por su valor se le incluyó entre los doce signos (leo). Cuando el sol alcanza este signos, desprende un enorme calor sobre el mundo y hace soplar los anuales vientos etesios.

La representación del león como signo zodiacal tendrá variantes:

Caminando de frente, hacia la derecha o izquierda. Incluso representación caminando de perfil con alguna pata levantada.

Carácter humanoide del león, por la falta de documentación de como es realmente un león.

León en la heráldica, por el poder y la majestuosidad que demuestra el animal.

Como símbolo de Cristo, en relación con la pasión y muerte.

Fuentes como bestiarios medievales, sobretodo el Fisiólogo, argumentan que el animal tiene los ojos abiertos mientras duermen, igual que Cristo durmió corporalmente en la luz, pero su divinidad siempre está despierta. Cuando la leona da a luz a su cachorro, lo alumbra muerto, hasta el tercer día, que el león exhala el aliento al cachorro para su resurrección, lo mismo que se verá con Cristo.

En el capítulo V del Apocalipsis se dice que el León de Judá, es el animal más fuerte, a veces el simbolismo del león puede ser positivo pero otras veces puede ser negativo. Es valiente pero a la vez es feroz ya que se come a los cristianos, se le puede asociar tanto a Cristo como con el Anticristo, de nuevo se puede observar esa ambigüedad de los símbolos en el Medievo.

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III.9. Virgo (Virgo, 23 de Agosto – 21 de Septiembre)

El sol transcurre sin dar calor, sin producir nada, así es como se asocia con el sexto signo y a la vez asociado con la Virgen, quien en esta época no daria fruto.

Colocaron también entre las constelaciones el signo de Virgo, porque en las fechas en que transcurre por él, la tierra arrasada por el calor, no produce nada.

En las representaciones tanto clásicas como medievales se representa una mujer, está a su vez sería virgen. Concretamente en época medieval se ha visto la representación de una mujer, la cual sostendrá ramos con frutos o palmas, como en las Muy ricas horas del Duque de Berry o finalmente con gavillas de trigo, teniendo relación con frutos secos.

Una variante sugerente será la del Breviari d’Amor, donde se representa a una dama entronizada con un jarro y tres flores, aludiendo a la virginidad de la mujer, como se puede ver en las representaciones iconográficas de la Anunciación.

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III.10. Libra (Libra, 22 de Septiembre – 22 de Octubre)

Representación de una balanza, ya que en latín el significado de libra se asemeja a este objeto. Se ha denominado así a este signo por la igualdad de temperatura y la igualdad que existe entre el día y la noche.

A libra (balanza) la dieron el nombre por la igualdad de un mes, dado que el octavo día antes de las calendas de Octubre, el sol, atravesando este signo, da lugar al equinoccio.

En la representación medieval es bastante singular observar más que la propia balanza como objeto único, o la figura de una mujer sosteniendo la misma, pudiendo ser similar a la figura representada en el signo zodiacal de Virgo, aunque incluyendo en este caso la balanza.

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III.11. Escorpio (Scorpius, 23 de Octubre – 21 de Noviembre)

Se comentará que los dos últimos signos zodiacales del año se les designa con estos nombres por los pocos rayos de sol que abundan en las estaciones donde se sitúan. Se denomina como la octava casa zodiacal, el escorpión, ya que este es un animal peligroso, fuerte y venenoso, así como el sol y la temperatura de los meses de Octubre y Noviembre, donde el aire y el frio aumentan, y el calor disminuye produciéndose así lesiones físicas en el cuerpo a causa de la baja temperatura.

El escorpión realiza el mismo daño en el cuerpo humano a los diferentes animales, como a los animales que se enfrentan a él: “Designaron así a Scorpio y Sagitario por los rayos que son propios de su estación”.

El signo de escorpio, así como el propio animal que hace referencia, será un símbolo relacionado con Satanás. Nada que ver con la etimología antigua a la que se atribuye el signo. En época clásica debía su nombre a la forma en la disposición de la constelación, la cual tendrá unas siete estrellas más luminosas asociándose con la gran cola venenosa del animal.

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III.12. Sagitario (Sagitarius, 22 de noviembre – 22 de Diciembre)

El signo que muestra mejor la pervivencia de la antigüedad en el medievo, ilustrado a través de la figura de un centauro con las patas deformes con un arco y flechas.

Sagitario tiene la forma de un centauro con las patas deformadas; le añaden una saeta y un arco para indicar con ello los rayos que suelen ser propios de aquel mes.

En la astrología medieval, se rige en el noveno mes del año astronómico, el cual se da en el primer día de primavera siendo a su vez la novena casa. Según Charbonneau–Lassay los antiguos astrólogos decían que la influencia de esta constelación era tal que podía alzar hacia Dios afectos mortales, que ya varía dado desde la mitología donde Argos hablaba de que la novena casa tenía tendencias religiosas, tratándose de la ascensión espiritual y mental en la figura humana, conduciendo así el alma hacia Dios. Por tanto, el símbolo por excelencia será Sagitario, quien inspira a todos para llegar hacia el todo. Se han visto variantes en cuanto a la representación del signo de Sagitario, el centauro puede ir ataviado con los ropajes de la época en la que se realizó la obra, mostrando así también el gusto de la época en cuanto a vestuario.

Se ha querido relacionar la figura de Sagitario, de manera ambivalente con un simbolismo satánico, así como el signo de Capricornio, por la representación del carnero en el último caso, y en sagitario por cuestiones similares, hipotéticamente podría ir asociado al cuerpo extraño de este animal mitológico mitad hombre mitad caballo, al parecer una aberración.

Un Calendario en el Speculum Humanae Salvationis. La iconografía de sus meses.

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Conclusión

En definitiva, debemos decir que, aunque parezca mentira, la cristiandad examinaría y escogería elementos de diferentes civilizaciones y religiones para así explicar cierta relación entre los antiguos y ellos. Observan que no todo giraba en torno a la imagen de la santidad, sino que para poder demostrar la imagen de la misma se debía estudiar el antepasado de diferentes civilizaciones.

Puede parecer que la época medieval supuso un retraso cultural para muchos, pero no han sabido indagar más allá de las generalidades que se hablan acerca del periodo, y más allá del fanatismo que podía existir en contra de las imágenes divinas por miedo a la idolatría. Sino que, la Edad Media se escapa de lo convencional, en nuestro caso, podemos ver como en esta época se interesarían por seguir observando y estudiando elementos de la antigüedad, un tanto modificadas para el momento que se estaba viviendo. Incluso se interesaban por la astrología y las constelaciones, y por tanto por los signos zodiacales.

El hombre medieval a través de este estudio construiría una divina providencia relacionada con la figura de Cristo, renaciendo hacia la huida del fatalismo que nos pueda deparar el destino. Aparte de escapar de lo que nos pueda deparar la vida, los signos zodiacales ayudaron a comprender el calendario agrícola creado en la época. Haciendo semejanzas de los diferentes animales que lo conforman con los meses del año, explicando el por qué de si hacía calor, hacía frío, llovía o la tierra no daba frutos.

Los signos del zodiaco, tuvieron tal importancia en la cultura y en la representación pictórica que han llegado hasta nuestros días, e inclusive se sigue recurriendo a estos para escapar de ese horrible destino.

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Bibliografía
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CASTIÑEIRAS GONZÁLEZ, M.A., El calendario medieval hispano: textos e imágenes (siglos XIXIV). Valladolid, Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura, 1996.
CHARBONNEAU-LASSAY, L. El bestiario de Cristo. José J. Olañeta, Palma de Mallorca, 1997.
DE SEVILLA, I., OROZ RETA, J., Etimologías. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1993-1994.
DOMINGUEZ RODRIGUEZ, A., Iconografía de los signos del Zodiaco en seis libros de0 horas de la Biblioteca Nacional: [Iconografía de los Libros de Horas del siglo XV de la Biblioteca Nacional]. Madrid. Universidad Complutense, 1974.
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GRABAR, André. Los orígenes de la estética medieval. Ed. Siruela Madrid, 2007.
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UBIETO ARTETA, A., Crónicas anónimas de Sahagún. Zaragoza. Anubar, 1978.
WITTKOWER, R., La alegoría y la migración de los símbolos. Ed. Siruela. Madrid, 2006.

Dionisos, el Zodíaco y el Grial

Javier Martínez Villarroya

Interpretación simbólica de ciertos pasajes órficos*

* El presente escrito tiene su origen en una ponencia para el “3er Coloquio de Estudiantes de Letras Clásicas (Studeo Novis Rebvs) de la Universidad Nacional Autónoma de México”.

Resumen

A partir de ciertos fragmentos órficos especulamos sobre el cáliz del dios del vino. Sospechamos que tales textos expresan ideas que perduran de diversas formas en la mitología del Viejo Mundo. Proponemos una interpretación astronómica.

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Introducción

Ciertos textos de la literatura griega son atribuidos por las fuentes a Orfeo, a los órficos, al Teólogo, etc. Otros son mencionados como saber (o decir) sagrado. Tales textos generaron multiplicidad de posiciones historiográficas, abarcadas entre las que consideraron el orfismo como una corriente de cierta homogeneidad y existente desde época arcaica y las que negaron su existencia y consideraron el término “órfico” como un mero calificativo aplicable a fuentes tardías. A finales del siglo XIX e inicios del XX fue común atribuir a los seguidores de Orfeo toda una gama de ideas, textos, prácticas y ritos, a menudo sin demasiada justificación. Contra tales radicalismos hubo uma reacción hipercrítica, encabezada por Wilamowitz, que ubicó la temporalidade de este movimiento religioso no antes de la época tardohelenística. En la actualidad, sobre todo debido a la aparición en el siglo XX de algunos de estos tipos de textos en laminillas áureas (en Hipona, en Pelina, en Entella), en las láminas de hueso de Olbia y en el Papiro de Derveni, las posiciones hipercríticas están siendo revisadas, y las creencias órficas vuelven a considerarse más antiguas, para lo que no se considera necesario afirmar la homogeneidad y ni tan siquiera la existencia de un “movimiento órfico”. En general, por un lado se considera que en ciertos pasajes de la literatura griega arcaica resuena la doctrina órfica,2 y que las características fundamentales de la misma pueden encontrarse fuera de la propia Hélade desde épocas antiguas.

2 Por ejemplo, Píndaro habla de los ciclos de la reencarnación. Numenio atestigua una creencia común, a saber, que las almas habitan en la Vía Láctea y pasan por el zodíaco, descendiendo por Capricornio y ascendiendo por Cáncer, interpretando la Odisea. Simon Weil, por ejemplo, constantemente alude a las influencias órficas de autores de épocas antiguas, como Esquilo, Platón, etc.

Pervivencia de la Antigüedad Clásica en el Tapiz de la Creación

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A oídos sordos, palabras necias. El esoterismo órfico

“Hablaré a quien es lícito hablar; cerrad las puertas profanos”.4

4 Los fragmentos órficos se reproducen según la numeración y traducción de Bernabé. El reproducido en primer lugar es el fragmento 3. Dicen cosas similares los fragmentos 1, 19, 74, 101, 337, 378, etc. Sobre esto puede leerse a Bernabé, quien describe la historia de la fórmula y sus variantes. No necesariamente la secuencia debe significar o que los profanos se queden fuera del conocimiento a exponer (para evitar el sacrilegio) o que los incultos no entiendan lo que se va a exponer. Ambas posibilidades pueden ser complementarias, o incluso una misma en la antigüedad.

Diversos fragmentos repiten esta idea de forma idéntica o similar, reconociendo explícitamente que los textos contenían símbolos, metáforas y fórmulas que sólo el sabio e iniciado podía comprender. Por lo tanto, es legítimo y necesario intentar desvelar el simbolismo esotérico que ocultan, para lo que la imaginación es un instrumento clave. Dadas las limitaciones de espacio impuestas, presentamos un escrito que, en vaivén y sin previo aviso, salta de unos textos a otros con la intención de ilustrar algunos de los fundamentos de nuestra propuesta final: a saber, que la imagen de doce personajes alrededor de un decimotercero que lleva un cáliz sagrado probablemente se encuentra ya entre los órficos.

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La sibila Noche

“Y Zeus [… llegó a la cueva, donde] se sentaba Noche, sabedora de todos los oráculos, inmortal nodriza de los dioses”; “[…] y le concedió el don de la profecía (Tiempo a Noche) totalmente libre de engaño.

La noche no es sólo el caos primigenio de donde nacen los dioses. Es la matriz de los mismos, y porque está sentada, su posible asiento.7 Si los dioses son lo ontológico, lo que define el Ser, y no seres cualesquiera, entonces la Noche es el No-Ser desde donde se arranca el Ser. Los dioses, el poder, se asientan en un lugar ingobernado, ingobernable e informulable (porque el decir es poder, y el poder, decir). La estructura del mundo se superpone al in-finito, que por definición carece Mitología comparada de estructura porque no tiene límites, como explica Platón.10 Paradójicamente, es en ese infinito en donde pueden leerse las estructuras que determinan el modo de ser de los entes (las cosas, lo mundano). De otra forma: los mortales son lo visible, los dioses la perspectiva desde donde se ve y la Noche la posibilidad de otras perspectivas, lo indecible e irreducible a mirada alguna, la materia sin idea. Pero la lectura ontológica que este pasaje inspira se entremezcla con la óntica: los cuerpos celestes, divinos, condicionan esencialmente a los humanos.11 Por eso la Noche, personificación del cielo nocturno, tiene el don de la profecía, porque a ella están circunscritas las estructuras (los dioses) que nos mandan. En otras palabras: que es en la noche, por el ordenamiento de los cuerpos celestes que Tiempo há hecho, en donde puede leerse el futuro. Como se ve, el axioma fundamental de la astrología aparece en los textos órficos.12

7 Matriz en el sentido que usa Platón en el Timeo para describir el concepto de xóra, aquello que define como nodriza del Ser. Frankfort interpreta a Isis, la diosa madre egipcia, como el asiento del poder, dado que entiende que es una personificación del trono. Para nuestro caso, téngase en cuanta el fragmento 6 según la numeración que aquí estamos usando, que además reproducimos más adelante.

10 Como dijimos, en el Timeo. Una estatua de oro es una cosa. Su figura es su Ser y el oro aquello que queda más allá del Ser, el No-ser o sede del Ser, la materia amorfa. Los Textos Herméticos dicen cosas parecidas (Corpus Hermeticum, XIII, 6; V, 3 y XI, 16).
11 Heráclito (B 62) dice “los inmortales son mortales y los mortales inmortales, viviendo aquéllos la muerte de los otros, y muriendo los otros la vida de aquéllos”.

12 Parece que muchos oráculos délficos aparentemente sin sentido se tornan descifrarles bajo el prisma de la geografía sagrada. Los antiguos proyectaron el cielo en la tierra, atribuyendo a determinada parte de la superficie terrestre un animal guía o tótem concreto que coincidía con uno de los del zodíaco. Así, por ejemplo, cuando el oráculo mencionaba determinado animal respondiendo a una pregunta sobre una nueva fundación, estaba refiriéndose a determinada zona de la tierra, y basando su respuesta en la astrología.

El huevo, Luminoso y la serpiente de variadas formas animales “El tercer principio después de estos dos se originó de ellos, digo, del agua y de la tierra, y fue un dragón dotado por naturaleza de cabezas añadidas, una de toro y otra de león, y en medio de ellas el rostro de un dios. Sobre sus hombros tenía alas y se llamaba Tiempo desconocedor de la Vejez y Heracles”; “Este Heracles engendró un huevo descomunal”; “(I) (…) y sobre su cabeza una monstruosa serpiente que adoptaba las más variadas formas de animales (II) […] (un huevo) que, lleno de fuerza de quien lo había engendrado, se partió en dos por causa de la fricción. Su parte superior acabó por ser el Cielo, y la que se fue para abajo, la Tierra. Y también apareció un tercer dios bicórpore. // (III) ¿Qué persona dotada de discernimiento […] aceptaría que Fanes, que fue el dios primogénito (pues fue él el que salió del huevo) tuviera cuerpo o forma de dragón?”; “Por ello el Teólogo forja la imagen del viviente más completo aplicándole las cabezas de un carnero, un toro, un león y una serpiente. || Por ello Orfeo llamó a este dios Fanes […], le atribuyó figuras de animales […] y le dio aspectos multiformes”.

Escultura que representa a Helena naciendo del huevo, 425-400 a.C..

Los órficos hablan recurrentemente de un dragón en relación con diversos animales de forma harto confusa. Por un lado, describen a Tiempo (también llamado Heracles) como el dragón policéfalo que pone el huevo cósmico. Por otro, pintan a Fanes, el primogénito nacido del huevo, de forma muy parecida. En ocasiones se ha propuesto que ambos personajes se solapan. De Tiempo dicen que tiene una cabeza de león, otra de dios y una tercera de toro además de alas doradas y for ma ser pentina. De Fanes, que tiene aspectos multiformes de figuras animales, que tiene cabeza de carnero, toro, león y serpiente y que sobre su cabeza tiene una monstruosa sierpe que adopta las más variadas for mas animales. Proponemos que esa serpiente es la eclíptica, el zodíaco o rueda de la vida, el camino que el sol recorre en un año.17 Las diversas cabezas del axis mundi encarnado por Tiempo, y otras veces por Fanes, cor responderían a algunos de los signos zodiacales. Esta idea la fundamentamos en la mención que en estos pasajes se hace del toro, del león y del carnero (signos de Tauro, Leo y Aries respectivamente), en la mención que otros fragmentos órficos hacen de signos zodiacales,18 en que se describe a una de las serpientes cambiando su forma de animal en animal y en que a Tiempo se le llama Heracles. Para que la última de estas razones tenga sentido es necesario aceptar que los doce trabajos de Heracles equivalen a los doce signos del zodíaco.19 A favor de esto, las interpretaciones solares de Heracles,20 aunque no debe descartarse que si este héroe-dios fuese un planeta, y no el astro rey, también nuestra propuesta continuaría siendo válida.21 En principio a Heracles se le encargaron diez trabajos. El hecho de que en cierto momento se ampliasen a doce invita a pensar en este héroe como una figura que recorre la eclíptica. En esta dirección apuntan los mosaicos romanos que sitúan a Heracles en medio de la escena rodeado por las cuatro estaciones y, en un segundo círculo, por los doce trabajos. Si la hipótesis fuese cierta, un detenido análisis de la cuestión encontraría paralelismos entre los doce trabajos y los doce signos del zodíaco. La lucha del sol con las doce constelaciones equivaldría a la lucha de Hércules en sus doce trabajos. A fin de sostener esta equivalencia se nos ocurren las posibles equivalencias entre el león de Nemea y Leo, el enigmático cangrejo que aparece junto a las representaciones de la Hidra y Cáncer, el toro cretense y Tauro, las desviaciones de ríos y Acuario, el arco del héroe y sagitario o escorpión y el ceñidor de Hipólita y Virgo. Además, Apolo le cede la barca del sol a Heracles. ¿Para hacer el mismo recorrido?

17 Sugerimos que los órficos hablan del zodíaco empírico. No nos atrevemos a afirmar que del matemático.
18 Perséfone es raptada cuando está bordando en su peplo un escorpión (fragmentos 285 y siguientes). Obviamente, si dividimos el año en tres partes y Perséfone pasa dos sobre la tierra y una en el Hades, provocando la infertilidad de los campos, la última comenzará en la constelación de Escorpión. Por otro lado, el carnero, el cabrito y el toro también son mencionados en algunas de las fórmulas órficas reconocidas como más arcaicas (fragmentos que recogemos más adelante). O. Kern recoge todo un capítulo dedicado a los signos del zodíaco.
19 Esto lo ha propuesto también L. Brisson para explicar el hecho de que a Tiempo los órficos lo llaman Heracles. Busca los orígenes de la figura serpentina en las influencias orientales del culto a Mitra y del Zurvan iraniano. Considera que tanto las Rapsodias como la Teogonía de Jerónimo y Helánico no se remontan a antes del siglo II d.C., con lo que considera históricamente explicable las influencias iraníes.
20 Krappe rastrea en un magnífico artículo el origen del Apolo anatólico, que resulta tener muchos equivalentes en todo el próximo oriente. Concluye que este Apolo, que se identifica con el sol y con el león, sería el prototipo del Heracles griego.
21 No es habitual relacionar a Heracles con un planeta. En cambio, nosotros damos algunas razones para relacionarlo con Venus, a pesar de que el simbolismo solar parece el principal. Recuérdese que los planetas también circulan por la eclíptica, es decir, por el zodíaco.

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Ceiling Painting From Catacomb Of St. Callixtus, Rome

El brindis de Dionisos y los doce olímpicos

Orfeo conoce también la cratera de Dionisos y dispone a otros muchos en torno a la mesa del sol”; “Y en cuanto al soberano sol y a los dioses que hay en él, dicen los teólogos, al celebrar al Dionisos de allí: compañero de sede del Sol, que vela sobre el polo sagrado”; “(…) Un antiguo relato aparece acerca de él (el único soberano del mundo). Es uno, lo nacido en sí, de uno solo todos los retoños han nacido y entre ellos él mismo circula, mas ninguno de los mortales puede verlo, si bien a todos él los ve (…). Pues él mismo en el cielo broncíneo está assentado sobre un trono de oro”.

Estos son algunos de los fragmentos clave que inspiraron la propuesta que aquí presentamos. Dionisos es, en las cosmoteogonías órficas, el actual rey de los dioses, sucesor de Zeus.27 Es el dios del vino y nieto de la diosa del trigo, Deméter. Es el dios más humano, dios encarnado, y dios niño que muere sucesivas veces: en una de ellas, es troceado y devorado por los titanes, a quienes Zeus fulmina para crear a la especie humana, explicando así nuestra naturaleza dual, divina y demoníaca (titánica), marcada por ese pecado original que es el haber devorado al dios del vino encarnado en hombre. Algunos otros paralelismos entre este dios y Cristo han sido estudiados, como también entre éste y el Orfeo pastor, pero no hemos encontrado el que aquí presentamos. Los asuntos por aclarar en el primer verso son varios: cuál es la relación de Dionisos con el sol, qué es su crátera y quiénes son los otros muchos dioses que están dispuestos en torno a la mesa del sol. El primer asunto quizás es el más complicado de plantear. Por un lado, algunos órficos parecen haber identificado explícitamente a Dionisos con Sirio:

“Algunos de los antiguos mitólogos griegos le dan a Osiris el nombre de Dioniso y de Sirio […] y así Orfeo: Por eso lo llaman Fanes y Dioniso”.

27 Quizás no sólo en los órficos. Heráclito (B 52) dice que “el tiempo es un niño que juega con los dedos; el reino es de un niño”, y Dionisos, es el dios-niño.

Fanes significa brillante, luminoso, aparente, nombre que perfectamente concuerda con la naturaleza de Sirio, el cuerpo celeste nocturno más luminoso tras la luna. Pero Osiris, por su parte, no siempre se identifica con Sirio: tanto Macrobio como Diodoro y el Libro de los Muertos identifican a Osiris con el sol. De hecho, si Apolo en ocasiones juega el papel de Sol, debe tenerse muy en cuenta la especial relación que mantiene con Dionisos. Es famoso el relato que cuenta que en Delfos, cuando Apolo emigraba a visitar a los hiperbóreos (cuya etimología, “por encima del Bóreas”, invitaría a pensar en interpretaciones astronómicas), Dionisos era quien reinaba en Delfos. El segundo fragmento dice que el hijo de Perséfone es el compañero de sede del sol, y el tercero que Dionisos está sentado sobre un trono de oro y ve sin ser visto, lo que parece sugerir que o hay identificación entre el dios y el sol o que ambos tienen una relación muy estrecha.

Sobre la segunda cuestión, los testimonios parecen ser menos contradictorios. La crátera de Dionisos sin duda es continente de alguna sustância única. Para su exégesis, recurrimos a otros textos griegos: según Platón, el demiurgo mezcla y funda el alma de todo en una crátera; según los Textos Herméticos, “si bien el creador (…) repartió entre todos los hombres la razón, no hizo lo mismo con el pensamiento (…). Quiso que el pensamiento se asentara entre las almas como recompensa.

-¿Y dónde lo emplazó, padre?

-Llenó con el pensamiento una gran crátera y la envió a este mundo acompanhado de un heraldo que tenía la misión de proclamar a los corazones de los hombres estas palabras: ‘sumérgete en esta crátera tú que puedes hacerlo y tú que confías en que retornarás junto al que la ha enviado y sabes por qué has nacido’. Aquellos que comprendieron la proclama y se sumergieron en el pensamiento, participaron del conocimiento y se convirtieron en hombres perfectos, ‘dotados de pensamiento’”.

Esta idea se identifica con la platónica, pero también con la órfica. Aunque no nos hemos topado con un fragmento que la describa, del reproducido se induce que la crátera órfica pertenece al dios soberano. Pero además, en algunos fragmentos órficos se identifican interpolaciones de fórmulas más arcaicas, que en lugar de estar en verso están en una especie de prosa rítmica:

“Toro te precipitaste en la leche, Raudo te precipitaste en la leche. Carnero, caíste en la leche (…)”; “Cabrito, en la leche caí”.

Nos preguntamos si estas palabras, fórmulas rituales quizás recitadas ante cadáveres, no tienen que ver con la gran crátera a la que el ser humano debe retornar si quiere participar de la inmortalidad. O con la propia Vía Láctea, el camino de leche, que en múltiples culturas se identifica con el camino de los muertos. En ese sentido, el carnero, el toro y el cabrito quizás estarían haciendo alusión a cierta relación de algunos signos del zodíaco con el camino de los muertos. Los tres animales evocarían tres signos que son especialmente relevantes al respecto: Aries marca el inicio de la primavera, Tauro contiene a las Pléyades, situadas en uno de los límites de la Vía Láctea, y Capricornio marca el solsticio de invierno, cuando según Numenio las almas descienden a la tierra desde la Vía Láctea. Los órficos decían que

“el alma de los hombres en el éter tiene sus raíces”.

Orphic Serpent Bowl

Esto podría ser una forma de decir que en el éter, la esfera más elevada del mundo según Aristóteles, nuestra alma tiene su morada.

Para otra ocasión dejamos la exposición de una nueva hipótesis que se nos ocurre desarrollando este texto y que merece mucho más que un parágrafo: a saber, que una de las manifestaciones de la crátera de Dionisos es la luna. West dice que en algunos himnos Védicos, y más frecuente y claramente en los Brahmanas, Upanishads y Pranas, encontramos la idea de que “the moon is the vessel from which the gods drink soma”, el líquido divino que les da la inmortalidad. Durante la segunda parte del mes los dioses se beben la luna, que por eso decrece. Vacía, acude al sol y se regenera, rellenándose durante la primera parte del siguiente mes, al mismo tiempo que da de comer a los espíritus de los muertos. Como la bebida de la inmortalidad, el soma es llamado amrta, que es el equivalente de ambrosía, también en el sentido etimológico. Al mismo tiempo, soma es el zumo extraído de la planta terrestre y bebido en las ceremonias religiosas. Por tanto, si aceptamos un substrato común a la cultura griega y a la india (aceptamos el paradigma del indoeuropeo), podemos sospechar que en Grecia la luna es manifestación de la crátera en donde el demiurgo mezcla el material de la actual ordenación del cosmos, que es también la copa a donde los mortales retornan cuando mueren. Las pistas para la investigación que abre esta hipótesis son sin duda relevantes, pero nosotros sólo indicamos un par de ellas. Si aceptamos que la luz es a menudo símbolo del conocimiento verdadero (de la inmortalidad), decir que la luna es el vaso que contiene el líquido de la inmortalidad perteneciente al demiurgo equivale a decir que la luna contiene el brillo del sol, es decir, que lo refleja. Esta determinada concepción de la naturaleza de los astros obviamente depende de una metafísica concreta, que probablemente considera que la forma de actuar de los cuerpos celestes es manifestación de las intangibles relaciones de los principios del cosmos. Pero la idea de la luna como la crátera de Dionisos, lejos de ser una intuición pasto del escepticismo, parece corroborarse por el ciclo mítico de Dionisos. Su engendramiento y nacimiento generó diversas versiones, entre las cuales puede leerse que tras nacer y ser despedazado por los titanes, Hermes lo llevó a Zeus, quien lo resucitó y le buscó una “madre de alquiler”, Sémele. Algunos interpretan que Sémele es la luna, y de hecho, incluso podría suponerse que es una contracción de Selene y Mene, las dos formas de decir luna en griego, la primera del campo semántico de lo luminoso, y la segunda del de lo mensurable. Sin duda, la leyenda que narra como fue fulminada por la luminosidad de Zeus cuando éste se le mostro plenamente invita a tal interpretación. La madre de Dionisos es el recipiente de la luz, como la luna lo es del sol y la crátera del pensamiento universal. El hecho de que Sémele se quedase embarazada de Dionisos cuando se tragó su corazón, siendo así su embarazo ajeno a una unión sexual previa, sugiere una maternidade virginal y un engullimiento ritual que no debe obviarse en nuestros paralelismos con el cristianismo.

γ

Orpheos Bakkikos – The Missing Cross

Y finalmente, ¿quiénes son los muchos dioses que acompañan a Dionisos alrededor de la mesa del sol? Sin duda, si debiésemos dar un número, éste sería el doce, el de los olímpicos, que no siempre son los mismos pero sí siempre los mismos en número. Píndaro, Herodoto46 y Aristófanes ya aluden a los doce olímpicos como un grupo. La equivalencia con los meses o signos del zodíaco está explícitamente propuesta desde Platón, aunque el filósofo no da cuenta de las correspondencias exactas. Eratóstenes49 cita signos del zodíaco y los hace equivalentes a divinidades, pero no a las olímpicas. Arato y Gémino tampoco hacen equivalencias entre los doce olímpicos y las constelaciones zodiacales. Manilio es la primera fuente escrita que da relación de equivalencias entre signos del zodíaco y dioses olímpicos, y asocia cada una de esas parejas con una parte del cuerpo, como hace la astrología hasta la actualidad. En cambio, su relación no coincide totalmente con las dadas por el resto de documentos antiguos sobre el tema, a saber, los arqueológicos.53 Además, el orden de dioses-signos presentados por Manilio y la mayoría de fuentes no corresponde al simbolismo que actualmente se le supone al zodíaco: mientras éstos se suceden siempre alternando el género, masculino-femenino, las fuentes no parecen seguir ese mismo patrón, como tampoco siguen la misma sucesión de elementos (fuego, tierra, aire y agua) de la rueda de la vida.54 Se nos ocurre que en el supuesto de que la relación dioses-signos del zodíaco pudiese haberse dado en épocas mucho más remotas de lo que la historia puede demostrar, una forma de rastrear las equivalencias sería recurriendo a los epítetos y atributos fundamentales de los dioses, para relacionarlos con las características básicas de cada signo y, sobre todo, dado el alto grado de abstracción y suposiciones que esto supondría, con las partes determinadas del cuerpo humano a las que se vinculan los signos zodiacales.55 Por ejemplo, quizás podríamos relacionar a Ares con Aries, y no como hace Manilio con Escorpión: porque Ares es varón (Escorpión es femenino) y su elemento más destacado es el casco de guerra, situado en la cabeza, el lugar de Aries. O quizás a Hera, ojos de buey, en lugar de con Acuario (como Manilio), con Tauro, que es femenino, se sitúa en los ojos y se caracteriza por ser un signo fijo de tierra (“posesivo”). Sea como sea, para la hipótesis presentada sólo es necesario reconocer que entre los antiguos existió la relación signos del zodiaco-doce olímpico.

46 No sólo habla de los doce dioses griegos, sino que dice que éstos los adoptaron de los doce egipcios, que a su vez derivaron de la Ogdóada. Véase Gwyn Griffiths. Sobre el origen egipcio de los dioses griegos hay mucha literatura. Por ejemplo, puede leerse Lattimore.

49 Eratóstenes. A escorpión no lo hace equivaler con ninguna divinidad, como tampoco a los peces, a los gemelos los equipara con los Dioscuros, a Acuario con Ganímedes, a Capricornio con Pan y a Sagitario con un centauro. A la Virgen la vincula, no la identifica, con Deméter, al Cangrejo con Hera y al León y a Tauro con Zeus.

53 Véase Long. Se basa para su estudio en tres documentos latinos y siete representaciones romanas, la más antigua de las cuales es de la época de Augusto y la más reciente del siglo IV d.C.. Equivalencias entre los dioses y los meses también se encuentran en Egipto en el Imperio Nuevo y la época ptolemaica. En Grecia no hay fuentes tan claras, pero el autor sospecha que es el origen de las identificaciones latinas.

54 Sobre el simbolismo del zodíaco puede leerse a Guénon, Cirlot, Chevalier, etc.

55 Los antiguos griegos relacionaron determinados dioses con determinadas partes del cuerpo. Metrodoro de Lámpsaco identificaba sistemáticamente a los héroes de la Ilíada con la mayoría de partes del cosmos: Agamenón equivalía al éter, Aquiles al sol, Helena a la tierra, Paris al aire y Héctor a la luna. Además, mantenía correspondencias similares entre los dioses y las partes del cuerpo: para él, Deméter era el hígado, Dionisos el bazo y Apolo la bilis. Parece que la misma estrategia prevalece en las Alegorías Homéricas compiladas por el Heráclito del siglo I d.C. y en la Teología de Cornuto. Debería estudiarse detenidamente si estas correspondencias son equivalentes a las que se hacen en época medieval y que todavía sirven de base a la astrología moderna.

Tal relación parece subyacer en cierto pasaje órfico, además de en los citados al comienzo de este capítulo.

Olimpo y Tiempo son una misma cosa. Los que creen que son Olimpo y Cielo los que son una misma cosa se equivocan completamente (…)”.

El comentarista del Papiro Derveni aclara que de las identificaciones que se hacían en su época, la verdadera es la de Olimpo y Tiempo, y no la de Olimpo y Cielo.57

57 El Papiro Derveni es un texto que consiste en un comentario exegético sobre un poema más antiguo. La fechación de ambos es diferente, y nos parece legítimo suponerle mayor “autenticidad” al poema que al comentario.

Podríamos pensar que el poema original que se comenta en el papiro identificaba los tres términos, lo que nos remite a nuestra propuesta. Tiempo, Olimpo y Cielo son una misma cosa, porque los olímpicos están en el cielo y marcan nuestro tiempo.

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Los griegos y el Santo Grial

Si aceptamos que en la antigüedad los doce dioses olímpicos correspondían a los doce signos del zodíaco, observamos ciertos paralelismos claros entre la Última Cena de Cristo y los pasajes órficos citados. En ambos casos, la figura de un dios encarnado que posee un recipiente de gran poder está rodeada por doce figuras. Además, el dios central tiene una especial relación con el vino y el pano trigo, y el recipiente tiene un simbolismo relacionado con la espiritualidad. Pero a los paralelismos entre esos dos contextos culturales se le añaden los de un tercero, referentes a la leyenda del Santo Grial:

“una doncella, her mosa, gentil y bien ataviada, que venía con los pajes, sostenía entre sus manos un grial. Cuando allí hubo entrado con el grial que llevaba se der ramó una claridad tan grande, que las candelas perdieron su brillo, como les ocurre a las estrellas cuando sale el sol, o la luna. El grial era de fino oro puro”.

Historia forjada a lo largo de la edad media, cuenta con variantes a menudo irreconciliables. Supuestamente, el Grial fue transportado por José de Arimatea y Nicodemo a Gran Bretaña, en donde cobró un protagonismo único en la corte del rey Arturo. Según Guénon, la mesa acostumbra a simbolizar el zodíaco, y ejemplifica esta idea identificando a los doce caballeros de la mesa redonda con los doce signos del zodíaco y los doce apóstoles. Como dijimos, no todas las versiones coinciden en el número de caballeros, pero sí que debe reconocerse el simbolismo solar y “cristiano” (en el sentido estricto de relativo a Cristo) de esta leyenda. Es evidente, por ejemplo, el paralelismo de La búsqueda, obra anónima del siglo XIII perteneciente al llamado Ciclo de la Vulgata, con distintos momentos de la vida de Jesús:

“la asamblea de los caballeros el día de Pentecostés, la aparición del Santo Grial y la partida de los compañeros, tienen una clara analogía con la llegada del Espíritu Santo y la marcha de los Apóstoles que recorrerán el mundo. El Asiento Peligroso, vacío en la Mesa Redonda, es –posiblemente- el lugar que debería haber ocupado Judas. El simbolismo queda claro en Galaz (“puro entre los puros”), cuya vida sigue la de Jesús”.

Pero el simbolismo de la mesa en el medioevo no fue exclusivo del ciclo artúrico. En el sureste de la actual Francia los trovadores cátaros se inclinaban por la mesa redonda de la nostalgia para convertirse en caballeros. Que esta mesa es también símbolo del zodíaco se fundamenta en las características del castillo cátaro de Montségur, que según algunos representa un calendario perfectamente sincronizado con el sol. Otra leyenda narra como Carlomagno fue perseguido de niño por sus hermanos mayores, lo que le hizo huir a la España sarracena. Allí, bajo el nombre de Mainet realizó diversas hazañas tras las cuales regresó a Francia para recuperar la corona. “Luego, gobernó cien años, rodeado por un zodíaco de doce pares”.

Concluyendo, los paralelismos entre contextos culturales diferentes pueden deberse a distintos motivos. En los casos mencionados, haría falta identificar esos contextos como diferentes. En la edad media, el cristianismo (mediante unas u otra de sus variantes) fue omnipresente y, recibió influencias, en mayor o menor grado, de los cultos solares, tendentes al monoteísmo, típicos de la época helenística. A pesar de esto, no hemos demostrado que estos parecidos sean herencias históricas. Eso no es lo que nos interesa. Por el contrario, entendemos que lo significativo es que ciertos modelos que todavía hoy podríamos llamar “arquetípicos” se repiten sin cesar a lo largo de la historia. La posible base astronómica de tales “universales” no puede descartarse, pero tampoco la opción contraria, a saber, que el cielo y la mitología hayan sido ordenados, concebidos, según unas “categorías” que, por razones difíciles de comprender, se repiten cíclicamente en diferentes lugares y espacios. En resumen, consideramos que la aparición del recipiente de vino (en realidad, sangre divina) portado por un dios encarnado rodeado por doce compañeros en una mesa existe, además de en el cristianismo y la edad media, en la Grecia antigua. Sin duda alguna, tal hecho está estrechamente relacionado con la visión del cielo que en el Viejo Mundo hubo, a saber, aquella que percibe el sendero del sol dividido en una docena de partes.

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