Astrología y Hermetismo en Miguel Servet

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Francisco Tomás Verdú Vicente

Universitat de Valencia
Servei de Publicacions

Volumén I

Capitulo VI

Astrología y Medicina en In Quedam Medicum Apologetica

Disceptatio pro Astrologia de Miguel Serveto

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Introducción

La obra de Serveto es polifacética y multidisciplinar como era frecuente en los autores renacentistas. Su interés hacia la astronomía y la astrologia constituye uno de los aspectos menos estudiados y divulgados. En la época de Serveto los términos astronomía y astrologia son sinónimos, disciplinas que conoció por medio del médico humanista de Lyon, Sinforiano Champier (Campegius). Según Menéndez Pelayo la edición más completa de las obras de Arnau de Vilanova es la que publicó Campegius, es decir Champier. Por lo que Serveto probablemente conocía muy bien la obra astrológica de Arnau. Champier también publicó el Corpus Hermeticum en 1507 así como dos obras más: Theologia orphica y Theologia trimegistica “sobre los secretos y misterios de los egipcios” que condicionarán determinantemente la obra astrológica de Serveto.

En 1537 Serveto explicó uno o más cursos de “matemáticas” en París, término que englobaba la astronomía, la astrologia y la geografía. De hecho los matemáticos eran en esta época los que se dedicaban al Ars chaldaica o “arte caldeo”, es decir a la astrologia o astronomía. Serveto tuvo otros maestros en astrologia como Sylvius que defendía la astrologia pero no la judiciaria, Andernachus y Fernel que sí defendía la astrologia judiciaria. Se cree que la Cosmotheoría y el Monalospherium de Fernel, junto a sus creencias astrológicas pudieron influir en el curso que dio Serveto en la Facultad.

Serveto vaticinó un eclipse de Marte por la Luna para el 13 de febrero de 1538, produciéndose en el día y la hora prefijados, por lo que los conocimientos de Serveto sobre astronomía tenían que ser amplios. Los libros de texto que Serveto utilizaba en sus clases públicas y privadas de astrologia eran el Isagoge de Alchabitius (Alcabiticis) y el Divinationibus o Divificationibus, quizás De Divinatione de Cicerón, obras aquí comentadas y que constituyen estudio aparte. Con motivo del eclipse citado, al estar Marte cerca de la estrella Regulus (Corazón de León) predijo que los príncipes serían más proclives a empresas guerreras y que algunos príncipes morirían. Este aspecto predictivo de la astrologia formaba parte de la denominada astrologia judiciaria, es decir a partir de unas determinadas posiciones planetarias se sacaban unas conclusiones con respecto a lo que podría ocurrir a nivel social o político. Hoy en día se le denominaría astrologia mundial.

Fue el decano de la Facultad de Medicina, el cirujano Jean Tagault, quien le incoó proceso por una denuncia presentada contra Serveto. Se ordenó la supresión de las clases de astrologia y Serveto respondió publicando un folleto de 16 páginas titulado: “Michaelis Villanovani in quendam medicum Apologética disceptatio pro astrologia”. Dicho cierto médico era Tagault, pues este amenazó a Serveto para que no imprimiese dicha obra. Aún así Serveto gratificó al impresor para que saliera a la luz, cosa que ocurrió. A Serveto se le juzgó, pero más que una condena se resolvió con una especie de amonestación casi familiar, instándole que respetara a los profesores como los hijos a sus padres, aunque, eso sí, no debería explicar astrologia judiciaria y tendría que retirar de circulación su “Apologética”.

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Capítulo VII

La Astrología y el Hermetismo en Christianismi Restitutio

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Introducción

Christianismi Restitutio -La restitución del cristianismo- constituye la obra más importante y más extensa de Miguel Serveto. En ella resume su pensamiento filosófico, teológico, médico y por supuesto astrológico y hermético además de otras opiniones, pues es la obra de su madurez y de una considerable extensión. La obra original de Serveto de 1553, utilizada aquí, es la edición facsímil de 1790, reeditada a su vez en 1966 en Frankfurt, por la ed. Minerva. Dicha obra está formada por el texto de la Restitutio propiamente dicho y tres breves tratados finales: Treinta cartas a Calvino, Tratado del Anticristo y Apología a Melanchton que no están incluidos en la traducción castellana de Angel Alcalá y Luis Betes que es la que se ha utilizado preferentemente en este trabajo además del original citado en latín. Los tres tratados finales han sido publicados en otra edición con prólogo y notas también de Angel Alcalá.

En este estudio se tratará de resaltar los aspectos exclusivamente herméticos y astrológicos o incluso filosóficos pero no los teológicos, aunque rozando, si en algún momento fuera necesario, estos últimos para aclarar algún concepto puntual de los primeros o para no perder la unidad formal de la obra.

La doctrina del Aliento Vital, que tan útil fue a Serveto para su descubrimiento, la tomó seguramente de los textos herméticos, apoyándose en otros autores clásicos que trataron de las doctrinas del alma (Porfirio, Jámblico, etc.). Pues aunque la Biblia le aportó la idea de que la vida estaba en la sangre, la idea de que el alma está ligada al Aliento Vital y al aire procede de las doctrinas del alma formando un solo cuerpo doctrinal con el hermetismo.

Serveto pretendió integrar los datos bíblicos con hechos fisiológicos, relaciones linguísticas o filológicas, con la filosofía o incluso con el neoplatonismo alejandrino como el hermetismo (Corpus Hermeticum) el zoroastrismo o el orfismo. Doctrinas todas éstas relacionadas directa o indirectamente con la astrología.

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Las referencias de Serveto al hermetismo, astrologia y disciplinas afines las realiza basicamente en la primera y segunda parte de su obra. La tercera y cuarta parte son de contenido casi exclusivamente teológico. El estudio que aquí se presenta está centrado fundamentalmente en la parte primera y la parte segunda de Christianismi Restituito.

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Fisiologia y Simbologia de la Luz

La Parte II de Restitutio comprende dos Diálogos, que tienen cierto parecido con los escritos de juventud Dialogorum de Trinitate libri duo (1532). Se trata de unos diálogos entre un tal Pedro y Miguel, que nos recuerda el modo de exponer las ideas similar a los Diálogos de Platón. En ellos se trata del alma, del embrión, de la sangre. Y también se establece uma analogía del semen humano con el Verbo. La relación del semen con la luz y con la divinidad está muy arraigada en la tradición cultural de la humanidad como lo há puesto de relieve el historiador de las religiones Mircea Eliade. “Como lo señala Onians, para Platon la psykhe es “simiente”, sperma, “La opinion de que la simiente era en sí misma aliento o tenía aliento (pneuma) y que la propia procreación era un respirar o soplar, está formulada de manera muy explícita en Aristóteles“. “Y el Verbo era la vida. Vida de los hombres, es luz. Aquella luz que brilla en las tinieblas; y las tinieblas nunca la han detenido” (Juan 1, 4-5); “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8, 12). “También encontramos la consubstancialidad divinidad-espíritu (alma)-luz-semen virile en el Tibet y entre los mongoles”. En la alquimia el semen virile está relacionado con el símbolo solar y con el azufre. “Masculinum et universale semen et potissimum ac potissima causa. Proinde a Paracelso procatum est, sol et homo per hominem generant hominem” (“La semilla masculina y universal y mejor es el azufre de su naturaleza (la del sol), primera parte y causa esencial de todas las generaciones. Por lo que ha sido afirmado por Paracelso: “El sol y el hombre por intermédio del hombre engendra el hombre”)”.

Otra relación de la luz con el alma es la de una creencia tradicional citada por René Guénon: “La misma palabra luz es también el nombre dado a una partícula corporal indestructible, representada simbólicamente como un hueso muy duro, y a la cual el alma quedaría ligada después de la muerte y hasta la resurrección”.

Las relaciones de la luz con el sol y con la astrología se irán viendo más adelante cuando se hable de los distintos modelos que explican la relación del macrocosmos (zodíaco o eclíptica) con el microcosmos (cuerpo humano).

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Himnos Órficos, Hermetismo y Astrología

Serveto utilizó los Himnos órficos para afirmar que el concepto de Dios como esencia omniforme aparece en ellos. Con respecto al hermetismo Serveto hace tantas referencias a dichos textos que con Agustín y Tertuliano es la principal fuente de conceptos filosóficos o afines. La influencia de Filón es manifiesta igualmente en Serveto. En opinión de Angel Alcalá, Serveto conoció, de los textos herméticos, el Pimandro y el Asclepio, pero no los fragmentos de Estobeo. Se cita más de treinta veces la ciencia de Hermes en la Restitutio, además casi todo el armazón filosófico de Serveto halla en el Corpus Hermeticum su confirmación paralela en opinión de Angel Alcalá. Esto justifica el estudio detallado de los textos de los Hermetica que conoció Serveto, puesto que al estar llenos de referencias a la astrología y al modo en que las almas se introducen en el cuerpo humano por medio del aire, son de vital importancia para comprender por qué Serveto describió la circulación aérea cardiopulmonar.

El monoteísmo órfico se ve en Serveto aún con más fuerza. El concepto de Dios omniforme o Pantomorfo y esenciante se ven reflejados en el Asclepio:

“Los Treinta y Seis, los llamados Horóscopos, es decir los astros siempre fijos en el mismo lugar, tienen por Usiarca o Príncipe al llamado Pantomorfo, que procura, a su través, formas diversas a los diversos tipos”. “El órgano o instrumento de todos estos dioses es el Aire, por cuyo medio son hechas todas las cosas”.

Los 36 horóscopos son las subdivisiones, en tres sectores de 10 grados, de cada uno de los doce signos del zodíaco y a las que se les denomina Decanos, pasando a denominarse posteriormente decanatos. Serveto conocedor del simbolismo astrológico como fuente de arquetipos pudo ver la analogía tan clara que existe entre dicho Pantomorfo con el Pantocrator es decir con el mismo Cristo, como fuente original a partir de la cual surgen los 12 apóstoles o doce arquetipos fundamentales en relación clara con los doce signos del zodíaco. Otra idea apoyada en los textos de tradición órfica y hermética es que Dios, no es que contenga a todos los seres, sino que “es” todos los seres, sacándolos él mismo de sí mismo hacia fuera, no estando nada fuera de él y él no estando fuera de nada. Idea que le sirvió para ser acusado de panteísmo aunque, como ya hemos visto en otro lugar, habría que hablar en Serveto más de panenteísmo que de panteísmo.

Oráculos Caldeos y Oráculos Sibilinos

En cuanto a la influencia de los Oráculos Caldeos, de Zoroastro, en la obra de Serveto, hay que referirse fundamentalmente al concepto de symbolum. Símbolo es un concepto que en Serveto hay que entenderlo como se empleaba en su época, es decir como un modo de expresar la realidad tratando de representar el máximo de facetas a partir de la analogía. Este modo de representar las cosas era muy usado principalmente en el lenguaje astrológico. Así símbolo difiere en mucho del concepto de signo como se entiende normalmente hoy en día. Pues, sin pretender entrar en toda la problemática de la filosofía del lenguaje sobre signo y símbolo, signo, en su sentido habitual, no tiene quizás la riqueza de aspectos o visiones de la realidad que poseía la palabra símbolo en la época de Serveto. Un signo por ejemplo es uma señal de tráfico que simplemente indica que hay que doblar a la derecha y en principio no se infiere de esto mucho más. Un símbolo por ejemplo sería un ojo inscrito en un triángulo que puede simbolizar para alguien el sol como fuente de vida, o el ojo de Dios que todo lo ve, así como el triángulo puede representar el pasado, el presente y el futuro, las tres dimensiones, etc. Así en Serveto símbolo es mucho más que signo, pues para él la unidad formal de la realidad no puede entenderse ni permanecer independiente de la realidad formal de Dios, ya que Dios es la única realidad formal. Por medio del símbolo se puede establecer una relación o vínculo de analogía entre Dios y el hombre de la misma forma que es clásica la relación entre el macrocosmos (universo) y el microcosmos (ser humano). Serveto pudo utilizar la edición francesa de 1539 de los Oráculos Caldeos.

En cuanto a los Oráculos Sibilinos Serveto los cita unas tres veces en la Restitutio.

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Los Textos Hermeticos: Corpus Hermeticum y Asclepio

La opinión de Angel Alcalá al considerar el Corpus Hermeticum como literatura espúrea, no coincide con los últimos trabajos sobre los textos herméticos. Así el filólogo Francesc Xavier Renau, en su reciente tesis doctoral, afirma que “los hermética parecen literatura egipcia, las ciencias ocultas: magia, alquimia y astrología tienen un papel casi constitutivo en muchos de los tratados del Corpus; hay tratados que son astrología pura. Los hermética cultos parecen un compendio de una comunidad relativamente organizada que hizo un conglomerado religioso que incluía la magia, la alquimia y la astrología (¿el egipcio?), entendemos del Medioplatonismo sin menospreciar el gnóstico o el judío, utilizados en forma limitada. Hoy se admite en gran medida la influencia egipcia”. La visión excesivamente teológica realizada por teólogos, pues la mayoría de servetistas y de estudiosos de los textos herméticos han sido hasta hace poco religiosos o teólogos, ha hecho quizás que se haya perdido en gran medida la visión hermética o esotérica.

El interés renacentista por los textos herméticos se acrecienta por la traducción del Corpus Hermeticum por Marsilio Ficino, hacia 1463, a sugerencia de Cosme de Médicis. En 1498 se imprime otra vez el Pimandro por Lefévre, reeditándolo en 1505 con la inclusión del Asclepio y el comentario de Lazzarelli. Sin embargo la edición que más nos puede interesar a nuestro propósito es la del propio maestro de Serveto e introductor de éste en el hermetismo y la astrología, Champier, efectuada en Lyon en 1507 por el impresor Gueynard. En ella figuran comentarios del propio Champier y el título era “Domini Simphoriam Champerii lugdunensis Líber de quadruplici vita. Theologia Asclepi, Hermetis Trismegisti discipuli, cum commentarüs eiusdem domini Simphoriam”. Según Angel Alcalá, Champier pudo añadir las Deffinitiones, no existentes en la edición de Ficino, formando los libros XVI-XVIII del Corpus Hermeticum. Champier escribió también en 1508 tres libros sobre Theologia orphica y doce proposiciones sobre Theologia trismegistica «sobre los secretos y misterios de los egipcios», incluyéndolos en su famoso libro titulado De triplici disciplina. Así pues Serveto conoció perfectamente los textos herméticos y órficos coincidiendo con Champier en su interés por los misterios egipcios.

Serveto cita en la Restitutio 225 a Miguel Psellos, autor bizantino del siglo XII, que sirvió de eslabón entre Proclo y Ficino para la diseminación renacentista de las sabidurías orientales esotéricas. Dicho autor intenta también una síntesis de la filosofía neoplatónica y de la teología cristiana, siguiendo el precedente de Proclo, incluyendo como parte de esa tradición los escritos de Hermes y los Oráculos Caldeos atribuidos a Zoroastro: un platonismo preplatónico. Así el Corpus Hermeticum y los Oráculos parecen haber sido preparados por él, con un comentario, que fue traducido por Ficino junto con un tratado de demonología que fue conocido por Serveto. La cadena de introducción en occidente fue Psellos-Pletho-Ficino, pero reducir a una cadena tan simple la difusión en occidente de toda la literatura hermético-caldea es un tanto simple y arriesgado, tanto por parte de Festugiére como por Angel Alcalá que lo sigue fielmente. Festugiére hace un estudio algo insuficiente de los Hermetica puesto que desprecia las influencias egipcias así como los conceptos de este tipo de pensamiento diciendo de él que son “certains habitudes escolaries” de la época alejandrina. De todas formas el mismo Alcalá afirma, sobre la influencia del Corpus Hermeticum en Serveto, que “En conjunto, sin embargo, predomina el elogio, explícito o implícito. Se precisaría un estudio detallado para cotejar textualmente los préstamos no confesados de Servet respecto a ellas”. Bainton, por su parte, da una lista de referencias al Corpus Hermeticum y al Asclepio, llegando a decir: “La literatura hermetica es tan importante para el pensamiento de Serveto que me aventuro a dar la lista de sus citas y alusiones”.

La atribución de los Oráculos Caldeos a Zoroastro se debe al “segundo Platón”, es decir al bizantino Gemistos Pletho, quien difundió así mismo los Versos Áureos de Pitágoras y los Himnos órficos. De todos modos Alcalá reconoce el buen gusto de Serveto al decir: “No obstante, y fiel al criterio del uso de fuentes no bíblicas que la enriquecen y embellecen, también aquí da muestras de su buen sentido selectivo y de su mesura intelectual”. En este lugar afirma también Alcalá que Serveto utiliza los Oráculos Caldeos sin dejarse influenciar por su dualismo debido a la eterna lucha entre Ormuz y Ahriman, sin darse cuenta de que dicho dualismo desaparece con la figura de Zervan o Zurvan, principio andrógino que funde o sintetiza la aparente lucha entre el bien (Ormuz) y el mal (Ahriman), cosa que debia conocer Serveto ya que la bisexualidad divina aparece en los Hermetica.

Al Corpus Hermeticum también se le denomina Poimandres. Poimandres deriva seguramente del copto <p-eime-n-re>, es decir el Nous de Ra, siendo Ra una imagen del Poder Supremo (Authentia), y según expone Renau. En el Corpus Hermeticum aparecen diálogos entre Poimandres y Hermes Trismegisto, o entre Hermes Trismegisto y su hijo Tat o así mismo entre Hermes Trismegisto y Asclepio.

Para finalizar conviene destacar la falta de referencias en la introducción de Angel Alcalá, a Christianismi Restituiio, a la alquimia, a la cábala y a la astrología, temas que son tocados directa o indirectamente por Serveto como iremos viendo.

El modo que tiene Serveto de hablar en términos alquimistas es más próximo a Böhem que a Paracelso, pues el primero habla más de alquimia espiritual y el segundo de alquimia práctica. Muchas referencias de Serveto a la luz están explicadas en lenguaje simbólico y por lo tanto alquímico. Sin embargo cuando Serveto se aproxima al terreno de lo concreto lo hace con mucho más éxito que muchos alquimistas medievales con sus brebajes, pues sus conocimientos de medicina le permitieron hacer el descubrimiento de la circulación cardiopulmonar y sus conocimientos en astrologia y astronomía le permitieron predecir acontecimientos celestes con éxito. Así pues se podría afirmar que Serveto en unas ocasiones habla en términos de alquimia espiritual y en otras aplica las intuiciones espirituales para aplicarlas con éxito a la medicina o la biología. De todos modos no sabemos con seguridade hasta qué punto Serveto practicaba la alquimia práctica de modo similar a como lo hizo Paracelso. Aún así sus conocimientos en fitoterapia eran notables como expone en su obra: Siruporum universa ratio. Por otra parte, si los últimos trabajos del médico pediatra Francisco J. González Echeverría confirman la autenticidad del Dioscórides editado por Serveto, se demostraría el interés de este por la fitoterapia al menos, aproximándose al terreno de Paracelso con las terapias a base de plantas medicinales.

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1.2 Libro Primero

1.2.6. Tercer argumento de los fariseos. ¿Cómo Cristo no tuvo por usurpación ser igual a Dios?

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En los Hermetica, Helios (Pantomorfo) se manifiesta de forma distinta cada hora según los decanos. Pero donde mejor se explica cómo actúa este Helios Paniomomorfo es en el Asclepio, con las palabras de Hermes Trismegisto:

“ARQUETIPO-FORMA-INDIVIDUO: «En efecto, el arquetipo es divino e incorpóreo, como cualquier cosa que se aprehende con la mente, pero las formas (individuales), compuestas de dos elementos, uno corpóreo, otro incorpóreo, no pueden nacer idénticas entre sí en puntos distantes del espacio y el tiempo, pues se modifican tantas veces cuantos momentos hay en el período de revolución del círculo celeste en el que reside el dios denominado Pantomorfo. De modo que el arquetipo permanece inalterable, en sí, mientras produce tantas copias y tan distintas cuantos momentos tiene la revolución del cielo; un cielo que cambia en el transcurso de su recorrido, un arquetipo que ni cambia ni órbita. Por tanto, la forma de cada género es permanente, aún cuando se produzcan diferencias interindividuales en los límites de esa forma»”.

Como Cristo sería el arquetipo por excelencia, como ya se ha visto, es lógico que represente la fuente original y principal de las formas o Helios Pantomorfo, forma de formas. La morphé por lo tanto se puede relacionar con el Helios Pantomorfo hermético que sin duda Serveto conocía. La divinidad simbolizada en el sol como Helios Pantomorfo aparece en el Corpus Hermeticum como si de un alfarero se tratase:

“Porque así como el Sol nutre todos los brotes y, naciente, recolecta el primero las primicias de los frutos, usando, para la recolecta, de sus rayos como inmensas manos, pues para él son como manos los rayos que recolectan primero los más divinos perfumes de las plantas, del mismo modo sucede respecto a nosotros, por eso es preciso que le rindamos de nuevo alabanza al Señor, merced a la cual regará cada brote, puesto que tenemos nuestro origen en el Señor y de El recibimos el flujo de la sabiduría que consumimos para nutrir essas plantas supracelestes que son nuestras almas”.

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1.3. Libro Segundo

Exposición de algunos pasages

I

1.3.1. En el Principio era el Logos

1.3.1 .a. Sobre el Logos. Paralelismos con el Corpus Hermeticum

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Las ideas referentes al Logos que aparecen en el Corpus Hermeticum parecen tener sus precedentes en la teología egipcia. “Desde el fin del Imperio Antiguo (Textos de los sarcófagos), diversos mitos afirman que tal astro, tal planta o tal animal salieron de las palabras dichas por un dios. El postulado según el cual el lenguaje es y hace la realidad se expresa a menudo en las concepciones egipcias. Decir el nombre es crear la cosa nombrada. La génesis de muchas criaturas se explica con toda seriedad por medio de juegos de palabras: al llorar (rem) Ra, los hombres (romé) o los peces (ramu) comenzaron a existir; cuando el dios dejó escapar la palabra (hab), “enviar”, hablando con Thot, nació el ibis (hib), animal de Thot. Esta doctrina del verbo creador se expresa más tarde en textos como el “Documento de Teología Menfita” en el que Ptah crea el cosmos y lo pone en marcha mediante su corazón (sede del pensamiento, nous) que concibe y su lengua (logos) que ordena”. En estas frases se pone de manifiesto la relación tan importante para los egípcios entre el logos (lengua) y el corazón como sede del pensamiento (nous) y que sin duda influyó en el descubrimiento de la circulación cardiopulmonar de la sangre de Serveto. Por otra parte que existe una relación entre el corazón y la palabra lo ha demostrado la embriología actual al comprobar que la laringe se forma a partir de un esbozo del corazón. Cosa que concuerda con la simetría que se observa entre el corazón y la laringe (cuerdas vocales) en astrologia médica (astroiridología).

En las síntesis teológicas egipcias del Imperio Nuevo (1500-700), las funciones de Ra se efectúan a través de su primer ministro Thot (Hermes) que como corazón (Nous) de Ra es el sabio por excelencia y como su lengua (Logos), ordena el mundo. “Su papel de Logos se prolonga por la invención a él atribuida de las “palabras de Dios”, es decir, la escritura jeroglífica que establece los nombres y, por tanto, la misma realidad de las cosas”. En el Poimandres se relata cómo de la Luz, del Nous y del Logos se genera el Aliento Vital (tan importante en Serveto), los elementos y los planetas gobernadores del Destino, hasta incluso la creación del Hombre a su imagen.

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1.5.3.g. Correspondencia Macrocosmos-Microcosmos

Si en Dios preexisten las ideas de la Creación, el microcosmos ha de contener, a la inversa, un reflejo de esa idea original.

El siguiente texto indica el conocimiento hermético que poseía Serveto en cuanto a la correspondencia entre el macrocosmos y el microcosmos basado en la conocida frase de la Tabla de Esmeralda: “Lo de abajo es igual que lo de arriba y lo de arriba es idéntico a lo de abajo. Y con ello se cumple el milagro del ser [o la unidad]”.

“Todavía existen otras razones que prueban esa ejemplaridad ideal en Dios. Por ejemplo: si Dios hizo el microcosmos a imagen de alguna causa ejemplar, tal causa ejemplar debía estar ya en Dios. Ahora bien, en el microcosmos se encierran todas las cosas que existen en el universo entero. Luego el ejemplar del universo entero existía ya en Dios. Más aún: un solo ejemplar de hombre contenía todas las cosas, como es el caso de Cristo en quien todo consiste, de igual forma que en una sola alma está el ejemplar de muchas cosas. Todos los teólogos conceden que los ángeles ven todo en la Palabra, y que en la Palabra están las ideas de las cosas. En Dios vió Samuel, llamado el vidente, lo que Saúl le preguntaba del pasado y lo que había de sucederle en el futuro (I Sam. 9 y 10)”.

Bainton ve en las citas de Serveto de la Restituiio 143 una referencia clara al Corpus Hermeticum III, 1, citado libremente, afirmando así mismo que la frase «Deum unum esse omnia, et esse veluti incorporeum» (…) recuerda a Asclepius, XXIX; así «multicorporeum» se encuentra en Corp. Herm., V, 10, así como en IX, 9; Asclep., XXXII resumen; Asclep., XXXIV; y Corp. Herm., II, 12 y I, 31.

Que en el microcosmos se encierran todas las cosas del universo entero es algo que está basado en la ley de analogía como ya se ha visto en alguna otra parte de este trabajo. La física teórica ve cada vez con más claridad esta analogía que tiene una cierta base cuando se comprueba el poder de la energía nuclear o las formas que se repiten en el desorden de la física del caos. Uno de los ejemplos puede ser el muñeco de Mandelbrot. Pero donde más claramente se ha recogido esta idea en la actualidad es en el conocido “principio hologramático” basado en la analogía entre el todo y la parte (Edgar Morín) y ya ampliamente expuesto aquí. Así pues no es de extrañar que un solo ejemplar de ser humano contenga todas las cosas, y no solo Cristo, pues ya la psicología analítica ha puesto de relieve la teoría del Inconsciente Colectivo o la teoría del Sí-mismo y la del Unus Mundus que admiten la posibilidad de que en el ser humano esté contenida el alma de toda la humanidad (C.G. Jung). Estas dos ideas: la ley de analogía y la identidad entre el todo y la parte son dos pilares fundamentales de la astrologia y de la alquimia tradicionales que se remontan a los albores de dichas disciplinas en Caldea y en Egipto. El psiquiatra suizo C.G. Jung recoge esta tradición y llega a afirmar:

“El sentido esencial del horóscopo consiste en que, en la forma de las posiciones planetarias y sus relaciones (aspectos) y de las divisiones del Zodíaco según los puntos cardinales, se proyecta una imagen de la constitución ante todo psíquica y en segundo lugar física. El horóscopo representa, pues, en primer lugar un sistema de las disposiciones originarias y fundamentales del carácter, y puede valer por lo tanto como un equivalente de la psique individual”.

Así pues es el zodíaco por medio del horóscopo el que muestra la correspondencia entre el microcosmos y el macrocosmos (ver aquí: El método astrológico en el Renacimiento y en Serveto).

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Volumén II

Capitulo VIII:

El Aire y el Pneuma en Relación con el Cuerpo Humano y la Astrologia

La gran importancia que la astrologia ha tenido en la tradición se debe en gran parte a su aportación a la doctrina de los cuatro elementos. Entendiendo el concepto “tradición” como lo hace René Guénon, es decir como un sistema coherente de ciertas enseñanzas qúe se han transmitido a lo largo de la historia de la Humanidad ya sea en forma oral o escrita.

El modo de clasificar los cuatro elementos difiere en parte en algunas culturas. Así en la India el aire es más sutil que los otros tres elementos: “Del Atman –Brahman– se originó primeramente el espacio; del espacio procedió el aire; del aire el fuego; del fuego el agua; del agua la solidez de la tierra”.

Sin embargo para muchos filósofos griegos y especialmente para Platón será el fuego el más sutil de los cuatro elementos: “En relación al nacimiento de los cuatro elementos: el primero es el fuego, el segundo el aire, el tercero el agua y el cuarto la tierra”. En la filosofía griega se asocia el alma al aire frecuentemente: “Anaxímenes de Mileto dijo que el alma es aire y que el hálito y el aire circundan todo el Cosmos (hálito y aire=pneuma (αερ) áér, pueden considerarse como sinónimos). Y así para algunos filósofos griegos el aire es anterior a los otros elementos: “Anaxímenes y Diógenes piensan que el aire es anterior al agua y primer principio entre los cuerpos simples”; “(…) el término griego aér,(…), tal vez haya tenido en Anaxímenes una connotación mucho más rica que la que nos sugiere la palavra “aire””; “(…) la naturaleza subyacente es una e infinita, pero no indeterminada, como dice (Anaximandro), sino determinada, y la llamó “aire”; “Anaxímenes dijo que el aire es infinito, pero las cosas que de él se originan, finitas: la tierra, el agua, el fuego y, a partir de esto, todas las demás”; “Anaxímenes dice que el aire es dios”; “Así como nuestra alma, dice, al ser aire nos mantiene cohesionados, el soplo y aire abarca a todo el cosmos (toma por sinónimos “soplo” y “aire”) (“Traducimos pneuma por “soplo”, aunque a partir de los estoicos se generaliza el significado de “espíritu” (en el cuarto evangelio significa tanto “Espíritu” como “viento” o “soplo”); en todo caso, si “abarca a todo el Cosmos”, es patente su carácter divino”.

La psyque se puede traducir como “fuerza vital” o “soplo vital”. Aunque C.G. Jung vio en el término psique, que en griego significa mariposa, una posible estructura para su esquema de la totalidad psíquica, y por lo tanto para representar su idea sobre la psique. Por otra parte parece clara la sutil correspondencia entre la mariposa y el aire, por la delicadeza de sus movimientos y la magnitud de sus alas en relación al cuerpo.

La relación del aire con la “fuerza vital” aparece abundantemente citada en la tradición cristiana, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Así en el Génesis 9, 4 se dice: “Empero carne con su vida, que es su sangre, no comereis”, y en Deuteronomio 12, 23: “Solamente que te esfuerzes a no comer sangre: porque la sangre es el alma; y no has de comer el alma juntamente con su carne”. Versículos en los que se basó Serveto para intuir que el pneuma o el espíritu vital debía de pasar a la sangre a través de los pulmones y descubriendo la circulación menor de la sangre. Aunque la circulación de la sangre se conocía en gran medida en la antigüedad comenzando por los egipcios y pasando por los médicos árabes como Ibn Tufayl o Ibn an-Nafis que fue el que realizó la primera descripción escrita que conocemos con gran cantidad de detalles. Siendo posible que incluso algunos médicos presocráticos o hipocráticos también la conocieran.

Vamos a comenzar por los egipcios. Los egipcios conocian un gran número de cuerpos o planos en el ser humano como por ejemplo:

El Ba que se relacionaba con la forma, estando fuertemente ligado al Ka y relacionado con la palabra sirviente (bak). Estaba representado por una figura en forma de ave o de halcón con cabeza humana. El significado de la palabra es “sublime”, “noble” o “poderoso”. El Ba habitaba en el Ka y tenía la propiedad de convertirse en corpóreo o incorpóreo a voluntad y su sustancia y naturaleza eran etéreas. Además el Ba se puede relacionar con el aliento vital porque se representa con aves que se pueden asociar al aire o aliento.

El Ka o “doble” que puede viajar. Relacionado con la palabra casa (hwt) y esclavo (hm). Se representaba por unos brazos extendidos como en situación de adoración. A este respecto tengo que decir que recientemente he podido ver en el Museo de Etnografía de Basilea una representación de lo que puede ser  el símbolo similar al Ka egipcio en una casa de culto del pueblo Papua de Nueva Guinea así como un ave que podría representar algo similar al Ba egipcio, lo que hablaría a favor, sino de una influencia real difícil de probar, si de una especie de inconsciente colectivo común a toda la humanidad. El Ka poseía una existencia absolutamente independiente del cuerpo físico. Era libre de moverse de un lugar a otro de la tierra a voluntad, incluso podía subir a los cielos y mantener una conversación con los dioses.

Otros cuerpos o planos del ser humano según los egipcios son: el Ren o nombre, el Khaibit o “sombra”, el Sekhem o fuerza vital, el Khu o inteligencia espiritual, el Khat o cuerpo físico (cadáver), el Ab o corazón, asiento de la vida, y el Ah o Espíritu Bendito.

Los egipcios diferenciaban prefectamente entre el Haty o corazón físico y el Ib o corazón espiritual. Parece ser que el corazón físico o Haty corresponde al miocardio o masa cardíaca, pero el corazón espiritual o Ib creo que corresponde al vacío del ventrículo izquierdo que, según ha conservado la tradición árabe y sobre todo el hermetismo, es la sede del Espíritu. Así en El filósofo autodidacto de Ibn Tufayl (antes de 1110-1185) se dice: “…hasta llegar al corazón. Buscó primeramente el lado izquierdo y, al abrirlo, encontró este compartimento lleno de un aire vaporoso, semejante a una niebla blanquecina. Metió en él su dedo, notando tal calor, que estuvo a punto de quemarse”.

δ

This theoretical structure of an ancient belief system leads me to wonder if the akh was in turn yet another subset (of the ba, that is). In the resulting reinterpretation, the soul really isn’t divided into three parts, or even five. Instead the soul is composed of three layers with the akh, as ‘life-force’ or ‘will’, being the innermost of the three metaphysical strata. In this ontology, the ‘will’ (akh) is a component of the ‘soul’ (ba) which is further merely an ingredient in the union of body and soul (ka).

γ

Como ya se expuso en otra parte el corazón es la representación física del simbolismo de la caverna y del Santo Graal, simbolizando igualmente a la cruz pluridimensional o de seis direcciones que representa a los seis días de la creación con el centro que representa el séptimo día y que simboliza más exactamente la idea del vacío del corazón o Ib.

La anatomía humana, con su séxtuple orientación en el espacio, posee en su centro un séptimo punto situado en la intersección de los dos ejes: esto es la “caverna del corazón”, campo de batalla de las fuerzas que marcan la dualidad de la vida. “El corazón es la morada de todo lo que participa de la esencia del universo.

Según la tradición árabe en el corazón se produce una pugna:

“…el Espíritu (al-Ruh) y el alma (al-nafs) libran un combate por la posesión de su hijo común, el corazón (al-qalb). Por al-Ruh se entiende en este caso al principio intelectual que trasciende la naturaleza individual y por al-nafs la psique cuyas tendencias centrifugas determinan la esfera difusa e inconsistente del “yo”; el corazón al-qalb representa el órgano central del alma, en correspondencia con el centro vital del organismo físico; es por decirlo así, el punto de intersección del rayo “vertical” al-Ruh con el plano “horizontal” al-nafs. Se dice que el corazón toma la naturaleza de uno de los dos elementos generadores: el que lo consigue en el combate. Mientras la nafs predomina, el corazón está “cubierto” por ella, pues el alma que se cree un todo autónomo, lo envuelve, en cierto modo, con su “velo” (hiyab). Al mismo tiempo, la nafs es cómplice del mundo en lo que tiene de múltiple y cambiante, ya qus se adapta pasivamente a la condición cósmica de la forma; ésta divide y ata mientras el Espíritu supraformal une, al afirmar la unicidad cualitativa de toda cosa. Si es, en cambio, el Espíritu quien consigue la victoria sobre el alma, el corazón se transformará en El y, a la vez, transmutará el alma con la luz espiritual que se difundirá en ella. El corazón se revela entonces tal y como es en realidad, como el tabernáculo (miskat) del Misterio (Sirr) divino en el hombre.

En el Génesis 2,7, y quizás también tomado de algún mito egipcio o babilónico, aparece la importancia del aliento de vida:

“Entonces formó Yahvé Dios al hombre con barro de la tierra e inspiró en sus narices aliento de vida y fue el hombre alma viviente”. Y en el Corán XV,29:

“Cuando yo lo haya formado y haya infundido en él mi espíritu, posternaos ante él adorándolo”.

Continuando con lo que los egipcios sabían al respecto, hoy en día se admite que gran parte de la cultura griega se fundamentó en la cultura egipcia, pues “Pasajes de los papiros Carlsberg y de Kahun aparecerían así mismo casi palabra por palabra en la Colección hipocrática”. Para los egipcios en la sangre residía el aliento de vida y este, junto con la sangre, fluía a través de los conductos denominados “met”, es decir los vasos. Para los griegos el alma circula por los “póroi” (canalículos somáticos). En el papiro de Ebers se dice que el corazón haty (físico) envía por los conductos met las corrientes dinámicas, transmitiendo el pensamiento elaborado a lo más profundo del ib (corazón espiritual) y lo realiza en palabras articuladas. Sin olvidar que el ib es probablemente el vacío del ventrículo izquierdo. Es curioso cómo en el embrión la laringe con las cuerdas vocales son una emanación del propio corazón, idea que ya se ha expuesto en otro lugar y que explica la conexión tan lógica entre el corazón (Géminis) y las cuerdas vocales (Sagitario) según la astroiridología. Es lógico pensar que del corazón, donde reside la divinidad en casi todas las culturas, proceda el órgano de la palabra o laringe y cuerdas vocales, siendo la palabra el Logos ó Verbo Creador.

Los egipcios conocían, bastante mejor de lo que pensamos, la circulación de la sangre y su relación con el corazón. Así, según Breasted los egipcios contaban incluso las pulsaciones. El corazón habla por sus conductos-met y el médico observa su “forma de hablar” por medio del pulso.

Los conocimientos egipcios o bien lo poco que quedó de ellos pasaron a Occidente a través de los textos herméticos, estando escritos en griego pero con contenidos de mitos y conocimientos egipcios. La ocupación griega trató de conseguir algo que no pudo obtener, pero, aún así, quizás quedaron retazos de un conocimiento sin duda mucho más profundo de lo que nos han transmitido los griegos. Para las referencias a los textos herméticos cito principalmente la traducción que ha efectuado en su tesis doctoral el Dr Francesc Xavier Renau Nebot.

“Los hermética parecen literatura egipcia, las ciencias ocultas: magia, alquimia y astrología tienen un papel casi constitutivo en muchos de los tratados del Corpus; hay tratados que son astrología pura. Los hermética cultos parecen un compendio de una comunidad relativamente organizada que hizo un conglomerado religioso que incluía la magia, la alquimia y la astrología (¿el egipcio?), entendemos del Medioplatonismo sin menospreciar el gnóstico o el judío, utilizados en forma limitada. Hoy se admite en gran medida la influencia egipcia”.

Veamos lo que los textos herméticos nos dicen, a través de Hermes Trismegisto, sobre el aire, el aliento vital, el alma, el corazón, la sangre, etc.

“¿Quién ha diseñado el corazón en forma piramidal?”.

“Por lo que respecta al alma, es vehiculada del siguiente modo: el pensamiento pasa a la razón, la razón al alma y el alma, en fin, al aliento vital. Se difunde entonces el aliento vital por entre la sangre, por venas y arterias y pone en movimiento al ser vivo, en cierto modo como si lo levantara. Es por esto que hay quien cree que el alma está en la sangre, pero se equivoca sobre su naturaleza, no se da cuenta que para que un ser vivo muera es preciso primero que el aliento vital haya vuelto al alma, que, como consecuencia, se coagule la sangre y queden vacías venas y arterias. Sólo entonces se produce la muerte del cuerpo.”

“Si alcanzas a pensar de este modo en tu propio yo, puedes ordenar a tu alma que se encamine hacia el Indo que allí se presentará presurosa más rápida que tu propia orden.”

A este respecto podemos preguntarnos por qué los textos herméticos citan al Indo y no outro lugar. Si se refiere al Indo, es decir al valle del Indo, lugar en donde surge el yoga, ¿se podría pensar en una influencia india de la ciencia del pránayama (de la respiración) en la teoría del aliento vital o pneuma egipcio-griega o viceversa? Pues evidentemente parece que hay paralelismos entre la teoría de los cuatro elementos en la india y la griega. Así, el mismo Lain Entralgo escribe: “Más alcance tiene el notable paralelismo que los indólogos han descubierto entre la teoría humoral de los hipocráticos y la vieja doctrina india de los elementos del organismo. Tres son, según la sabiduría india, los últimos elementos (tridhátu) del universo, el viento, el fuego y el agua, y a ellos corresponderían en el cuerpo humano tanto sus tres principios fundamentales, el soplo (prâna), la bilis (pitta) y la pituita (kaphct o yesman), como -consecutivamente – los tres desórdenes cardinales (tridosa) de la salud. A los tres elementos orgánicos se añade luego la sangre (rakta), aunque con bastante menos relieve que entre los médicos griegos. El paralelismo no puede ser más claro. ¿Qué pensar sobre él? ¿Cómo explicarlo? Puesto que los textos indios en que estas nociones aparecen formalmente expresadas son posteriores al cristianismo, algunos autores, como Sticker, suponen que la doctrina humoral de la India anticua pudo ser muy bien un resultado de la recepción de ideas cosmológicas griegas, a raiz de laá campañas de Alejandro. Otros, como Kirfel, ven én el humoralismo de los griegos y en el de los indios el término a que condujo la paralela e independiente elaboración de una misma doctrina primitiva acerca de la constitución del mundo, que habría existido en un área cultural prehistórica extendida desde el Mediterráneo hasta el Ganges”.

El hecho de que muchos términos biológicos aparezcan ya en los textos védicos como dice Filliozat nos puede hacer pensar que los indios conocían la teoría de los elementos y es muy probable que transmitieran a Occidente la idea del prâna. Pretender que un egípcio no haya visto nunca a un yogui indio es una idea difícil de mantener. Otros autores como Jim Tester sin embargo incluso atribuyen el mérito de desarrollar la astrologia occidental a los griegos. Cuando estos no conocen la astrologia hasta la llegada del sacerdote caldeo Beroso en el siglo III de nuestra era. Los griegos hasta mediados del siglo V distinguían solo tres estaciones, invierno, primavera y verano; solo entonces comenzó a desglosarse de esta última el otoño y a hablarse de un ciclo anual de cuatro estaciones; la atribución de un carácter elemental a la bilis y la consecutiva figura tetrádica de la doctrina humoral, en la cual tan importante papel desempeña la relación estación-humor predominante, ¿se hallarán en conexión genética -se pregunta Müri– con esta historia de las estaciones del año? La teoría de los humores proviene de la teoría de los cuatro elementos que es profundamente astrológica y que por lo tanto proviene directamente de Egipto o de Caldea y no precisamente de Grecia.

Veamos ahora lo que dicen los textos herméticos: “De Asclepio al rey Ammon”, sobre lo que acontece al alma en el momento de nacer. “En el momento de nacer unos demonios (Energía) entran en la generación en ese preciso instante, los colocados bajo las órdenes de cada astro. Se introducen en las dos partes del alma. Pero la parte racional del alma está libre de ellos”.

¿Se refiere aquí al Ka y al Ba? ¿La parte racional del alma que está libre de ellos sería el Khu?

En los textos herméticos se asocia el destino a los astros insistentemente. De las cualidades caliente, frío, seco y húmedo surge el aliento-esperma que es análogo al aliento vital y este da la forma al esperma. El aliento vital conduce al feto al aire exterior. En los Extractos de Estobeo se dice: “En este momento se lo apropia el alma que está más próxima no en cuanto a una particularidad congènita, sino por el destino, pues no es por amor que ella está en un cuerpo. De este modo, según el Destino, el alma provee a lo nacido del movimiento intelectivo y de la sustancia inteligible de la vida misma, pues el alma se desliza en el aliento y mueve vivificando”. En este texto podemos ver cómo a los antiguos les interesaba enormemente saber lo que ocurría en el momento de nacer y con fines astrológicos.

Ahora es Isis la que, en los Extractos de Estobeo en donde se dice que las almas nacen en armonía con el Zodíaco y los planetas, afirma: “Las almas se lamentan: ¡Qué morada nos espera!, el estrecho volumen del corazón en vez de este celeste Cosmos”.

Como podemos ver en la antigüedad se creía firmemente en la presencia del alma o aliento vital en el corazón. Todas estas ideas son de una gran trascendencia porque han marcado probablemente la historia más de lo que podemos pensar. Así el Corpus Hermeticum, el Asclepio y quizás algunos Estrados de Estobeo eran conocidos por el nucleo de maestros y amigos de Serveto e incluso por el mismo Serveto. Así Marsilio Ficino tradujo el Corpus Hermeticum (el Pimander) y el Asclepio, en 1463, por orden de Cosme de Médicis y poco después Champier, el amigo y protector de Serveto, lo edita en 1507. Además Serveto elogia los escritos herméticos. Por lo tanto estas ideas, resaltando la importancia del aire-aliento vital en la respiración y lo que ocurría en el momento de nacer, le interesaban enormemente a Serveto y condicionaron sin duda su descubrimiento de la circulación menor de la sangre, puesto que el aire tenía que tomar contacto con la sangre de alguna forma. Para Serveto el aire es el Espíritu Santo o por lo menos su portador, la vida empieza con la respiración, es decir al nacer. Según él, lo importante es la sangre arterial que contiene ella misma el espíritu vital, pues Dios inspiró a Adán y a los demás hombres sus descendientes el alma por un soplo divino espiritual que penetrando por la respiración pasa al pulmón y al corazón, espiritualiza la sangre y este espíritu va luego a repartirse por todo el cuerpo. En la línea 9 de la pág. 169 de su obra principal: Restitución del Cristianismo, al hablar del Espíritu Santo anuncia que va a explicar la acción de este sobre el organismo humano señalando los principios superiores de las sustancias elementales mediante pruebas anatómicas y exponiendo “hechos maravillosos ocultos antes a los más grandes filósofos”. Más adelante veremos la descripción de Serveto sobre la circulación cardiopulmonar. Pero vamos a ver las ideas que aparecen a este respecto en otro corpus, como es el Corpus Hipocraticum.

Laín Entralgo hace una excelente exposición de algunos de los textos del Corpus Hipocraticum en su obra La medicina hipocrática, de los cuales aquí se ofrecen algunos breves fragmentos:

“El mantenimiento de esta total y armoniosa unidad entre las distintas partes de la physis humana, comprendida entre ellas el alma, es obra de dos agentes, uno simple y congènito, el “calor implantado”, otro complejo y externo al cuerpo, el alimento integrado por una parte aérea o neumática, otra líquida y otra sólida, la comida o alimento en sentido estricto (sition). El “calor implantado” recibe en la colección hipocrática distintos nombres (émphyton thermón, IV, 466; symphyton thermón, VI, 158; pyr syntrophon, VI, 24; oikeion thálpos, VI, 12?; émphyton pyr, IX, 84) y reside especialmente en el ventrículo izquierdo del corazón”. “Ahora bien: para el hombre, ¿en qué consiste la muerte? “Soltar el alma”, dice ella, muy concisamente, Enfermedades I; “perder el alma”, repite, con no menor concisión, Sobre las afecciones internas. Pero hay dos textos, uno de Sobre las hebdómadas, otro de Sobre la naturaleza del hombre, en que se intenta dar razón “fisiológica” del proceso del morir. Dice el primero: “El límite (hóros) de la muerte -esto es, el término de la vida- sobreviene cuando el calor del alma sube por encima del ombligo hacia el lugar superior al diafragma (phrénes) y todo lo húmedo se ha consumido”.

Es interesante ver el empleo de la palabra “horos” como límite del momento de la muerte como se utiliza en astrologia para averiguar el límite o momento del nacimiento de algo o alguien (horoscopo). Así el horóscopo de la muerte completa o cierra el horóscopo de nacimiento. “De este modo la muerte y la vida no son sino dos aspectos distintos del proceso del cosmos, dos vicisitudes, sólo en apariencia contrapuestas, de la universal vida de la physis: “nacer y perecer son la misma cosa”, dirá, adoptando este supremo punto de vista, el conceptuoso autor de Sobre la dieta.

En Sobre el corazón se dice que la inteligencia se hallaría “implantada” en el ventrículo izquierdo; y en Sobre la naturaleza de los huesos se dice que el corazón percibe el sentimiento y tiene las riendas de todo el cuerpo. Los conocimientos de algunos médicos hipocráticos son tan precisos que algunos autores como R. Kapferer por ejemplo están convencidos de que conocían la circulación de la sangre. De todas formas no es de extrañar puesto que la medicina hipocrática pudo heredar algunos conocimientos egipcios y estos parece que sabían bastante al respecto sobre la circulación.

Los griegos atribuyen al alma (psykhe) una condición más sutil que la del cuerpo, pero no espiritual; existiendo “poros para el alma”. En Sobre la dieta se dice que: en los sueños, con los ojos del cuerpo cérrados, el alma ve lo que el cuerpo siente; y no teniendo que recorrer las partes del cuerpo, porque éste duerme, gobierna su propia casa y ella lo hace todo. La enfermedad se producirá cuando se altere patológicamente el flujo del pneuma a través de los canales por los que en el cuerpo se mueve. “Con un régimen adecuado (las almas) pueden hacerse más inteligentes y penetrantes de lo que por naturaleza eran”. Algo hay en las almas, sin embargo, que no depende de la mezcla del agua y el fuego y no podría ser modificado por la díaita (dieta): la irascibilidad, la indolencia, la astucia, la simplicidad, la malevolencia, la benevolencia; esto es, las cualidades morales del carácter, dependientes, según nuestro autor, de la naturaleza de los póroi (canalículos somáticos) por los que el alma circula.

Serveto conoció sin duda los textos del Corpus Hipocraticum puesto que se editaron en Venecia en 1525. Por otra parte este fue un detractor de algunos errores sobre la circulación de la obra de Galeno puesto que el griego creía que existía una comunicación por medio de poros entre el ventrículo izquierdo y el derecho del corazón. De todas formas Galeno fué un gigante de la anatomía porque se formó en Alejandría, en la época de Herófilo, y probablemente todavía llegaron algunas ideas egipcias sobre la circulación, aunque obviamente desvirtuadas por el paso del tiempo. No hay que olvidar que los egipcios eran los grandes conocedores del cuerpo humano por sus técnicas de momificación. Aunque los conocimientos seguramente tan extensos que poseían no llegaron del todo a manos de los griegos.

Algo todavía de esa tradición llegó quizás a la ciencia médica árabe como lo demuestra el hecho de que, mucho antes que Serveto, un médico árabe nacido en Damasco, Ibn an-Nafis (1203-1288), describiera ya la circulación menor o cardiopulmonar de la sangre. El texto de Ibn an-Nafis constituye la primera descripción claramente escrita de la circulación menor de la sangre. En esta obra se explica con argumentos igualmente espiritualistas la necesidad de que el aire penetre en la sangre para darle la vida al corazón. Así Ibn an-Nafis va haciendo comentarios a los escritos de Ibn Sina (Avicena):

“El (Ibn Sina) dice: Por alegría, el atrae la sangre a su interior, como el atrae el aire. Es conocido que tanto el vientre derecho del corazón como el del izquierdo tienen también la alegría y la tristeza. Ellos atraen la sangre mientras ellos están alegres. Esto, para nosotros, es un desatino, porque el atractivo por la alegría o por la tristeza se hace por el atenuamiento que proviene del cuerpo y de la sangre. Es decir que el cuerpo atrae por el vacío producido por la alegría en el caso donde no hay cuerpo más suave que el que atrae. El vacío atrae todo lo que es dulce y grosero. La sangre es suficiente en su atracción al corazón todo lo que el tiene como fuerza de atracción natural por otra parte en los otros órganos. La alegría y la tristeza del vientre izquierdo no son más que para nivelar la vida con el aire, empujar el excedente y alimentar la vida por lo que proviene del aire mezclado con la sangre; todo lo que el vientre no puede realizar, y esto es por lo que (Dios solo lo sabe) el no es del todo movible. El (Ibn Sina) dice: Se equivoca el que piense que el corazón es un músculo sea lo que le parezca, pero su movimiento es involuntario. Nosotros hemos demostrado en numerosos lugares que la acción del corazón en su alegría y en su tristeza, es un movimiento voluntario, a pesar de que nosotros no lo sentimos; la acción del músculo es igualmente la misma cosa, pero que el corazón sea nombrado músculo o no, es incontestable”.

Ibn an-Nafís sigue diciendo: “Lo que nosotros decimos (y Dios lo conoce mejor) es que puesto que una de las funciones del corazón es la generación del espíritu, el cual consiste en sangre altamente purificada extremadamente mezclable con una sustancia aérea (tenue, ligera), es esencial que tal altamente purificada sangre y aire se reúnan en el corazón, para facilitar la evolución del espíritu desde el compuesto formado de su mezcla. Esta reunión tiene lugar en la cavidad izquidrda de las cavidades del corazón en donde se genera el espíritu animal. (?)… la aorta a través de la cual el espíritu circula a todos los órganos del cuerpo. La necesidad de los pulmones, sin embargo para la arteria-venalis es el paso de este aire ya mezclado con sangre, a la cavidad izquierda de las dos cavidades del corazón em donde esta mezcla se convierte en espíritu. Igualmente para el paso de la mezcla residual en esta cavidad, la cual era no apta para la generación del espíritu, asociada con el residuo de sangre que era calentado y transformado en inútil en la regulación del espíritu y trabajo del corazón. Por necesidad, la posición de la cavidad que contiene el espíritu debe de estar en el lado izquierdo del corazón y esta cavidad debe de ser más grande que la derecha porque la sangre que se mezcla y combina con el aire es tan exigua en cantidad y el espíritu similar de aérea esencia. La sangre después requerida para el adelgazamiento en el corazón necesita no ser mucha, pero el espíritu en la cavidad izquierda deberá ser abundante para la distribución a todos los órganos. Esta es la razón por la que la cavidad necesita ser espaciosa y profunda; y esto es por lo que el corazón necesita ser alargado, para hacer lugar para profundizar esta cavidad”.

Pero pasemos ahora a estudiar la primera y la última, o una de las últimas descripciones de la circulación menor de la sangre, en los albores de la denominada era científica, en donde todavía se considera al corazón como algo más que una bomba de impulsión-expulsión exclusivamente, como es la de Miguel Serveto en su obra la Restitución del Cristianismo:

“El espíritu divino está en la sangre y el espíritu divino es, él mismo, la sangre o el espíritu sanguíneo. No se dice que el espíritu divino está principalmente en las paredes del corazón o en el parénquima del hígado o del cerebro, sino en la sangre, como nos enseña Dios mismo en el Génesis, 9; Levítico, 7; y Deuteronomio, 12″.

γ

En este asunto debemos primero entender la generación sustancial del espíritu vital, que se compone de una sangre muy sutil nutrida por el aire inspirado. El espíritu vital tiene su origen en el ventrículo izquierdo del corazón, y los pulmones contribuyen grandemente a su generación. Es un espíritu tenue, elaborado por la fuerza del calor, de color rojo claro y de vehemente potencia, de suerte que es una especie de vapor claro, de sangre muy pura, conteniendo en sí mismo la sustancia de aire, fuego y agua. Se genera en los pulmones, de una mezcla de aire inspirado, con sangre sutil elaborada, que el ventrículo derecho del corazón transmite al izquierdo. Sin embargo, esta comunicación no se hace a través de la pared media del corazón, como se cree corrientemente, sino que por medio de un magno artificio, la sangre sutil es impulsada hacia delante, desde el ventrículo derecho, por un largo circuito a través de los pulmones. Es elaborada por los pulmones, se convierte en roja clara y es conducida desde la vena arteriosa (arteria pulmonar) a la arteria venosa (venas pulmonares). Después, en la arteria venosa se mezcla con aire inspirado y, a través de la espiración, se purifica de los vapores fuliginosos. Así, finalmente, la mezcla total, convenientemente preparada por la producción del espíritu vital, es atraída desde el ventrículo izquierdo del corazón por la diástole. Que la comunicación y elaboración se cumplen por esta vía, a través de los pulmones, lo enseñan las diferentes conexiones y comunicaciones de la vena arteriosa con la arteria venosa en los pulmones. El notable tamaño de la arteria pulmonar confirma: que ella no fue hecha de tal tamaño, ni emite tan gran e importante volumen de sangre desde el corazón a los pulmones, simplemente para su nutrición; ni pretende el corazón ser útil a los pulmones de esta forma. En una etapa anterior, en el embrión, los pulmones -como enseña Galeno– son nutridos desde otra parte porque aquellas pequeñas válvulas del corazón no se abren hasta el momento del nacimiento. Luego con otro objeto es por lo que la sangre se vierte desde el corazón a los pulmones en el mismo momento del nacimiento, tan copiosamente. Del mismo modo se envía desde los pulmones al corazón, no solamente aire, sino aire mezclado con sangre a través de la arteria venosa. Por lo tanto, la mezcla tiene lugar en los pulmones. El color rojo dado a la sangre, lo ha sido em los pulmones, no en el corazón. Erí el ventrículo izquierdo no existe espacio suficiente para tan copiosa mezcla ni para que la elaboración imprima el color rojo. Finalmente, el tabique interventricular, puesto que carece de vasos y mecanismos, no es apto para esa comunicación y elaboración, aunque algo pueda resudar. Con el mismo artificio por el que una transfusión de sangre, tiene lugar en el hígado, desde la vena porta a la cava, así una transfusión del espíritu vital tiene lugar en los pulmones desde la vena arteriosa a la arteria venosa. Si alguien compara estos hechos con los que escribió Galeno en los libros VI y VII de De usu partium, podrá comprender cabalmente una verdad que Galeno desconoció. Por lo tanto, el espíritu vital se transfunde desde el ventrículo izquierdo del corazón dentro de las arterias de la totalidad del cuerpo,de forma que el que es más sutil busca las regiones altas, en donde es nuevamente elaborado, especialmente en el plexo retiforme, situado en la base del cerebro”.

(…)

Evidentemente a Serveto le interesaba mucho más demostrar cómo el espíritu entraba en la sangre a través del circuito cardiopulmonar que lo estrictamente anatómico, aunque dominara perfectamente la técnica que le llevó a su genial descubrimiento. Serveto llega a citar a Porfirio como astrólogo puesto que dicho autor pensaba como él que el alma accedía al embrión al nacer con la primera inspiración. Pues Porfirio, en su obra De la animación del embrión afirma: “Pues los caldeos dicen que, en la parte oriental del cielo, fluye eternamente un flujo divino inteligible, que mueve el mundo y lo hace girar, y que vivifica todos los seres del mundo enviándoles almas apropiadas. Desde entonces, todo grado situado del lado de esta región oriental, que es la puerta de entrada de las almas y le conduce por donde respira el universo, es llenado de potencia: este grado es denominado el centro y el horóscopo. (…) a este centro oriental se le llama «lugar de la vida» -al momento mismo donde el embrión, arrojado por la potencia vegetativa que lo administraba, ha emergido en el aire al nacer”.

Es en el momento del nacimiento cuando los planetas adoptan la configuración exclusiva para el instante en que comienza a respirar el recién nacido, constituyendo lo que se denomina el Squema o figura geométrica en función de los aspectos o ángulos que forman los planetas entre sí. Es Bouché-Leclerq quien denomina a los aspectos con la palabra griega: squema. El amigo y maestro de Serveto, Cornelius Agrippa así lo entiende también en el Libro I de su Filosofía Oculta: “Cuando un ser empieza su existencia bajo un determinado horóscopo y constelación celeste, recibe su virtud particular (distinta a la de su especie), bien por influjo celeste, bien por medio de la materia que participa del alma del mundo, de igual modo que nuestro cuerpo participa y armoniza con nuestra alma. Esto ocurre así porque estamos sometidos a una figura celeste. Y según ella es como se mueve nuestro cuerpo. La materia sigue los movimientos de las almas celestes, en sus diversas formas”.

Serveto utiliza, como argumento a su favor, la astrología afirmando, por medio de Miguel, que es en el momento de nacer cuando se define el tipo de alma que accede al recién nacido: “También la astrología ilustra esto de una manera excelente, ya que según la posición de los astros en el momento del nacimiento así será la clase de alma. El influjo celeste deja su impronta para toda la vida, condicionando la inclinación, el temperamento y las demás costumbres innatas del alma. Nadie puede llamarse propiamente hijo mientras permanece en el útero, pues ni siquiera es hombre de verdad”.

Este texto de Serveto confirma el profundo conocimiento de éste, tanto de las doctrinas del alma, como las obras de Porfirio y Jámblico por ejemplo, como de la técnica astrológica. Aplicando dichas ideas a su descubrimiento de la “aireación” (oxigenación) de la sangre a su paso por los pulmones.

Lógicamente el hecho de pensar que en el embrión no hay vida, o al menos vida intelectiva, hasta que comienza a respirar tiene implicaciones profundas en las que no se va a entrár en esta tesis.

(…)

En el paso de la vida fetal a posnatal ocurren cambios muy importantes en el sistema cardiopulmonar y vascular.

En la circulación del feto es la placenta la que sustituye al pulmón como órgano que facilita la oxigenación de la sangre (hematosis). En el feto tan solo llega al pulmón un 10% aproximadamente de sangre y con una gran resistencia, puesto que el pulmón no cumple todavía con su función. Sin embargo a la placenta se dirige el 62% del gasto cardíaco siendo además la resistencia baja lo que favorece dicho flujo.

La sangre con el oxígeno que hay en la placenta llega a la vena cava inferior (VCI) a través de la vena umbilical (VU) pero saltándose la circulación hepática por el conducto venoso de Arancio (CVA) también denominado ductus venoso (DV). Una vez la sangre llega por la vena cava inferior (VCI) a la aurícula derecha (AD), gran parte de dicha sangre pasará a la aurícula izquierda (AI) por el foramen oval (FO) donde se mezclará con la escasa sangre que procede de las venas pulmonares (VP), ya que los pulmones no trabajan aún. Así la sangre pasa de la aurícula izquierda (AI) al ventrículo izquierdo (VI) y de aquí a través de la artéria aorta (AA) un 4% del flujo va a irrigar el miocardio, un 21% va a irrigar la parte superior del organismo y un 25% se dirige hacia abajo por la arteria aorta (AA) descendente.

La sangre del seno coronario (SC), que procede de la circulación coronaria, va con la vena cava inferior (VCI) a la aurícula derecha (AD), pasando al ventrículo derecho (VD) y después a la arteria pulmonar (AP). Tan solo un 8-10% de sangre venosa de la artéria pulmonar (AP) se dirige a los pulmones. Y un 42% va hacia la arteria aorta (AA) descendente a través del ductus arterioso (DA) o también denominado conducto arterioso; así la sangre de la arteria aorta (AA) se suma al flujo que viene de la parte superior del organismo para renovarse de oxígeno en la placenta (P) por las arterias umbilicales (AU). En menor cantidad la sangre se distribuye por los órganos del abdomen y las extremidades inferiores.

Al nacer el pulmón (PN) se expande, puesto que éste ha de efectuar la labor que antes hacía la placenta (P), ya que ésta queda eliminada con la ligadura del cordón umbilical. El retorno de un mayor flujo a la aurícula izquierda (AI), a través de las venas pulmonares (VP), aumenta su presión y ocluye el circuito del foramen oval (FO). Igualmente, primero funcionalmente y posteriormente de forma definitiva se ocluyen el ductus arterioso (DA) y el ductus venoso (DV o CVA) debido a la inversión de presiones.

En este sistema de adaptación es de vital importancia el cambio de resistencias entre el sistema periférico y el pulmonar que se invierten. Al ligar el cordón umbilical, el circuito placentario de baja resistencia se sustituye por el circuito periférico de alta resistencia. El feto se independiza de la madre en el más profundo sentido del término, puesto que ya no recibe ni su aire (oxígeno, pneuma) ni su sangre (alma, vida, espíritu). Desde ahora el pneuma, el espíritu, la vida, a través del aire los recibirá del medio externo. El nacimiento supone algo de tanta transcendencia como pudo suponer, por analogía, el paso de la vida bajo el mar a la vida sobre la tierra. Pues el feto de alguna forma pasa de una respiración sumergida en las aguas primordiales del útero materno a una respiración directa con el aire en el medio externo terrestre.

(…)

Capitulo X:

Introducción Historica a la Astrología: El Método Astrológico en el Renacimiento y en la Obra de Miguel Serveto

Signos del Zodíaco: Su Simbología

Hemos visto anteriormente cómo los 12 signos del zodíaco nacían a partir de la división de las cuatro estaciones del año en tres sectores cada una. Se trata de una “cualificación del tiempo cosmogónico”, pues el tiempo como el espacio se ha venido representando o cualificando desde los albores de la Humanidad. Así, por ejemplo, uno de los mandalas o representaciones arquetípicas más primitivas es el encontrado en Rodesia con la forma siguiente:

Muchas culturas antiguas, como la de los indios americanos por ejemplo, también recurren a esta figura para cualificar el espacio. Y uno de los objetos de meditación más importantes, denominado hexamerón o estructura absoluta, está compuesto de tres anillos entrelazados perpendicularmente y sus diámetros dan lugar a la cruz tridimensional que divide el espacio en tres dimensiones y seis direcciones. Dicho hexamerón también nos recuerda, proyectado en el plano, la piedra de Rodesia.

En realidad lo que probablemente se hizo fue proyectar, en algo objetivo como es el año, una estructura basada en el número 12 que preexistía en la psique humana mucho antes de que apareciera incluso la misma astrología. Así pues los 12 signos del zodíaco o lo que ellos representan estarían contenidos en la psique humana desde tiempos inmemoriales. Se trataría de 12 estructuras que estarían contenidas en lo que Jung denominó Inconsciente Colectivo. Según Gustave Morf: “Empruntant un terme de Plotín, Jung a donné le nom d’archétipe à ces symboles collectifs. Chaque archétype serait l’expression, sinon le précipité, de certaines expériences millénaires de l’humanité.”; “C’est grâce aux archétypes que l’homme, à travers son inconscient, revit l’unité essentielle de toute l’humanité, dans l’espace comme dans le temps, passé, présent et avenir”.

Por lo tanto se podría pensar que los arquetipos estarían más allá del tiempo y serían atemporales. Para el historiador de las religiones Mircea Eliade: “…jamás desaparecen los símbolos de la actualidad psíquica: los símbolos pueden cambiar de aspecto; su función permanece la misma. Se trata solo de descubrir sus nuevas máscaras”.

Podríamos suponer a los símbolos como las distintas manifestaciones de los arquetipos que serían algo similar a sus “esencias”. Pues en realidad arquetipo deriva del griego άρχή (arkhê), esencia, y τύποϛ (typoϛ), impronta.

Para comprender mejor la diferencia entre arquetipo y símbolo imaginemos una rueda con 12 casillas que representarían a los 12 arquetipos fundamentales o 12 signos del zodíaco:

La casilla 1 se relacionaría con Aries y su valor como arquetipo sería 1. Pero los valores 1/1, 2/2, 3/3, 4/4, etc., serían las manifestaciones simbólicas o símbolos de dicho arquetipo, puesto que esencialmente todos estos quebrados tienen por valor 1.

La casilla 2 se relacionaría con Tauro y su valor como arquetipo sería 2. Pero los valores 2/1, 4/2, 8/4, 16/8, etc., serían las manifestaciones simbólicas o símbolos de dicho arquetipo, puesto que esencialmente todos estos quebrados tienen por valor 2.

Y así sucesivamente se formarían los 12 arquetipos, según esta regla, como aparecen en la figura anterior.

La membrana celular, la piel y la muralla representan tres manifestaciones simbólicas de la idea o arquetipo de separar, en los tres casos, lo interior de lo exterior.

Arquetipos, en contra de lo que se pudiera pensar, no hay muchos, pues se trata de modelos, de esencias. Así, según Jung, arquetipos serían: la madre, el agua, la serpiente y el dragón, el león, el caballo, el anciano sabio, el niño eterno (puer aeternus), el héroe, judas (el traidor), etc.

Pero otros autores han reducido más el concepto así como su número. Por ejemplo Teilhard de Chardin habla de arquetipos estructurales definiéndolos como esquemas fundamentales a los que obedece lo real y que lo hacen pensable, apareciendo en su obra los siguientes: análisis, convergencia, corpusculización, dispersión, divergencia, inercia, moleculización, estructura escamosa, síntesis, tanteo, unión.

Dichos arquetipos se pueden reducir a 12 y relacionar a su vez con los 12 signos del zodíaco. (…) Estos 12 arquetipos están relacionados con los 12 signos del zodíaco, con los planetas, con el Sol y la Luna y con las 12 Casas o Sectores, tal como aparecen en el siguiente cuadro:

Las atribuciones de cada uno de ellos serían:

Unión: Relacionada con el signo zodiacal de Libra Simboliza: el matrimonio, los contratos, las asociaciones, las uniones, etc. Relacionada con el planeta Venus y con la Casa VII.

Separación: Relacionada con el signo zodiacal de Aries. Simboliza: la guerra, las separaciones, etc. Relacionada con el planeta Plutón y con la Casa I.

Análisis: Relacionada con el signo zodiacal de Virgo. Simboliza: lo concreto, lo particular, el detallismo, la meticulosidad, los análisis, etc. Relacionada con el planeta Mercurio y con la Casa VI.

Síntesis: Relacionada con el signo zodiacal de Piscis. Simboliza: lo abstracto, lo general, lo simbólico, lo analógico, lo místico, las síntesis, etc. Relacionada con el planeta Neptuno y com la Casa XII.

Destrucción: Relacionada con el signo zodiacal de Escorpio. Simboliza: la muerte, las pérdidas, las destrucciones, etc. Relacionada con el planeta Marte y con la Casa VIII.

Reconstrucción: Relacionada con el signo zodiacal de Tauro. Simboliza la Fertilidad, las reparaciones, las restauraciones, las reconstrucciones, etc. Relacionada con el planeta Venus y, con la Casa II.

Identificación: Relacionada con el signo zodiacal de Géminis Simboliza: el transcribir, el copiar, el periodismo, el mensajero. Sos hermanos, los vecinos, el traducir, los idiomas, las identificaciones, etc. Relacionada con el planeta Mercurio y con la Casa III.

Desidentificación: Relacionada con el signo zodiacal de Sagitario. Simboliza: el extranjero, ios peregrinajes, la translación, la transmutación, los vehículos, los viajes, las jerarquías, las desidentificaciones, etc… Relacionada con el planeta Júpiter y con la Casa IX.

Expansión: Relacionada con el signo zodiacal de Cáncer. Simboliza: la alimentación, la maternidad, la grasa, el engordar, la familia, el hogar, el crecimiento, las dilataciones, las expansiones, etc. Relacionada con la Luna y con la Casa IV.

Concentración: Relacionada con el signo zodiacal de Capricornio. Simboliza: el aislamiento, la densidad, el ermitaño, la presión, las concentracidnes, etc. Relacionada con el planeta Saturno y con la Casa X.

Centripetización: Relacionada con el signo zodiacal de Leo. Simboliza: la centralización, el dirigir, la dependencia, los orígenes, las creaciones, los hijos, lo nuclear, la esencia, lo divino, las centripetizaciones, etc. Relacionada con el Sol y con la Casa V.

Centrifugación: Relacionada con el signo zodiacal de Acuario. Simboliza: la descentralización, la independencia, la anarquía, la radioactividad, lo autosuficiente, la electricidad, la electrónica, la técnica, las centrifugaciones, etc. Relacionada con el planeta Urano y con la Casa XI.

En realidad el método utilizado al hablar de los signos del zodíaco como 12 arquetipos fundamentales y de sus manifestaciones simbólicas, es algo similar al método fenomenològico de Husserl. Pues el proceso seguido es parecido a lo que se refiere Max Scheler cuando dice: “La ideación es, por consiguiente, comprender las “formas esenciales” de la estructura del Universo sobre “cada” ejemplo de la correspondiente región de esencias, prescindiendo del número de observaciones que hagamos y de las interferencias deductivas”. En opinión de Rojo: “Esta posibilidad es la nota fundamental del hombre y en ella se basa su misión y su posición en el cosmos”. Podemos ver, por lo tanto, cómo lo que se ha hecho, al reducir los símbolos zodiacales a sus esencias (análisis, síntesis, separación, unión, etc.), es averiguar las “formas esenciales” sobre cada ejemplo de la correspondiente región de esencias (es decir sobre los 12 signos del zodíaco en este caso), prescindiendo del número de observaciones. Así, la idea de Separación es por sí misma significativa, y para definirla basta con una sola de sus manifestaciones simbólicas, como puede ser la idea de una muralla o la de piel por ejemplo. Así pues, la reducción eidética y la reducción de los símbolos a sus esencias (arquetipos) son dos ideas similares. Por ejemplo, la idea de esfericidad, la esfera, como la de separación, no se dan en ningún lugar ni en el tiempo, mientras que la idea de pelota (que es esférica) o de muralla (que implica separación) sí que ocupan un lugar y se dan en el tiempo. La esencia de la pelota sería la esfera, mientras que la de la muralla sería la separación.

En el siguiente esquema podemos ver la diferencia entre arquetipo o esencia del objeto y símbolo o propiedades del objeto:

La relación de los signos del zodíaco con estructuras ideales o eternas figura claramente en una obra fundamental del gnosticismo primitivo como es la Pistis Sophia, obra de gran transcendencia en la psicología de C. G. Jung. En dicha obra se hace corresponder el número de eones y la denominación de cada uno con los signos del zodíaco. Al eón segundo se le denomina Tauro (Taurus), al tercero Dídymo (Geminis), al cuarto Kakrino (Cáncer), al quinto Pleón (Leo), al octavo Escorpión (Scorpio), al noveno Doxotés (Sagitario), al décimo Aigokero (Capricornio) y al décimo primero Ydrojoon (Acuario). Eón (αἰών) literalmente significa “los de siempre”, “eternos”, se trata de emanaciones del primer principio. En la Pistis Sophia se habla de trece eones, siendo el decimotercero el lugar de la Pistis Sophia.

Una vez se han definido los 12 signos zodiacales en forma de arquetipos, podemos suponer que estos estarían reflejados en la psique humana, y no solo en esta, sino también en otras estructuras de la naturaleza o incluso en cada una de las partes que componen el universo.

Para profundizar en este terreno conviene recurrir al concepto de mónada de Leibniz. Dice este autor en su Monadologia: “Y, por consiguiente, todo cuerpo resiente los efectos de cuanto pasa en el Universo, de tal modo, que aquel que todo lo ve podria leer en uno lo que en todos sucede, y aún lo que ha sucedido y sucederá, advirtiendo en el presente lo lejano, tanto en los tiempos como en los lugares: συμπνοια παντα, “todo conspira”, que decía Hipócrates“. Y más adelante continúa diciendo: “Cada parte de la materia puede ser concebida como un jardín lleno de plantas y como un estanque lleno de peces. Pero cada rama de la planta, cada miembro del animal, cada gota de sus humores es también como ese jardín o ese estanque”.

En estas citas de Leibniz podemos ver cómo se admite la posibilidad de que la parte sea análoga al todo. Una idea muy utilizada a lo largo de la historia de la humanidad y retomada actualmente por la filosofía de la ciencia con el nombre de Principio Hologramático. Dicho principio citado por Edgar Morin en su obra: El método, el conocimiento del conocimiento, se puede aplicar a un gran número de disciplinas. El método astrológico recurre a este principio continuamente. La correspondencia entre el todo y la parte permite representar al Universo como la gran mónada y las distintas partes como pequeñas mónadas:

Simbólicamente, al estar representadas las mónadas en forma de circunferencia, se puede comprobar que, aunque estas difieren en el tamaño (cantidad) sin embargo “esencialmente” son idénticas, pues en todos los casos la constante “pi” (=3141…) es el resultado de dividir la longitud por el diámetro de cualquiera de ellas. Este sencillo ejemplo coincide, en cierto modo, con la idea expresada por Leibniz en las citas anteriores. Se trata de una aplicación del principio de analogía.

La analogía ha sido y es utilizada con éxito repetidas veces por la ciencia, asi Haeckel (1834-1919) por ejemplo la utiliza al comparar la ontogenia con la filogenia.

El principio de analogía se aplica frecuentemente en astrología, por ejemplo en los siguientes niveles:

En este esquema el sistema solar (los planetas en la eclíptica o zodíaco) es análogo al individuo, o incluso a cualquier animal o cosa. Según esto cada objeto del universo que participa de un instante de tiempo determinado seria análogo al resto de objetos de dicho universo que también participan de ese instante temporal. Por lo tanto las posiciones que ocupen los planetas en el zodíaco (horóscopo) participan por analogía de las mismas propiedades esenciales de todo aquel o aquello que comience o nazca en esse preciso instante.

En astrología, al relacionar los doce signos del zodíaco (el año) con las doce Casas (el día de 24 horas), también se recurre a la analogía.

Parece ser que el concepto de mónada ya lo utilizaba Bruno con un sentido similar a Leibniz. Giordano Bruno, al igual que Nicolás de Cusa y Heráclito, piensa que “siendo todas las cosas y comprendiendo en sí todo el ser, llega a hacer que todas la cosas estén en todas”, o también: “He aquí, pues, cómo todas las cosas están en el universo y el universo está en todas las cosas, nosotros en él, en nosotros, y todo converge en una perfecta unidad”. Esta idea aparece repetidas veces en la obra de Serveto, especialmente en Christianismi Restitutio, así como en otros autores de su tiempo como Agrippa o el mismo Paracelso.

En la ciencia actual se vuelve a aplicar la ley de analogía al utilizar una fórmula similar tanto para la estructura del átomo (microcosmos) como para el sistema solar (macrocosmos), pues la fórmula que define la fuerza de la carga o masa eléctrica es similar a la fórmula de la atracción gravitatoria:

Fuerza de la carga o masa eléctrica (F): F=k (q.q’/r2) k=cte.
Atracción gravitatoria: Peso= g (M.m/R.2) g=cte.

La analogía igualmente se ha aplicado a la psicología, por ejemplo en el estudio de los tests, pues un aparentemente simple dibujo de un paciente puede reflejar aspectos de gran importancia de su personalidad. La psicología analítica de C. G. Jung es la que há aplicado a la psicología un gran número de imágenes arquetípicas de la alquimia y astrología medieval.

Dos Enfoques Clasicos del Fenómeno Astrológico

La posibilidad de que los planetas guardaran una relación con los acontecimientos humanos hizo que se pensara desde muy temprano en dos hipótesis para dicha relación: la hipótesis causal y la hipótesis de los signos.

Hipótesis Causal

Ya los caldeos, quizás debido a su mentalidad matemática y astronómica, pensaron en la posibilidad de que los astros influyeran en los acontecimientos humanos. Desde entonces, y hasta la actualidad, hay quienes han defendido la idea de que los planetas y especialmente el sol y la luna influyen sobre el ser humano. La cronobiología há demostrado sobradamente la influencia del sol y la luna sobre la vida en la tierra en base a los ritmos circadianos, ultradianos o mensuales. Pero aún así es difícil explicar la influencia de los planetas en la vida cotidiana. Esta es una de las cuestiones más difíciles de resolver de la astrología que se basa en las “influencias”.

Hipótesis de los Signos

Algunos aspectos del fenómeno astrológico han sido demostrados estadísticamente por Michel Gauquelin. Pero que existan motivos para pensar en la posibilidad de que las posiciones de los planetas en la eclíptica al nacer pueden guardar algún tipo de relación con el individuo, no quiere decir que necesariamente influyan dichos planetas como si estos emitieran unos rayos que gobiernan la voluntad de los humanos. Ya los antiguos dieron una explicación bastante plausible al fenómeno astrológico como Plotino por ejemplo, quien ve las posiciones de los planetas al nacer más como “signos” que como “causas”. Así, en las Enneadas III, 3, llega a decir de los planetas: “mejor dicho, no tienen ninguna relación con nosotros: nos anuncian el porvenir por accidente, como los pájaros se lo anuncian a los augures “. Y más adelante, en Enneadas III, 5: “Así es como el universo es uno y reina en él una armonía única. ¿Cómo no admitir que, en virtud de las leyes de la analogía, todas estas cosas pueden ser signos?”.

En virtud de la correspondencia entre el todo y la parte, los planetas guardarían una relación geométrica entre sí denominada Σχῆμα, o Σχῆματα, y que estaría en relación con las características del ser que nace en ese instante que comienza a respirar. Por lo tanto se hablaría más de “coincidencia” que de relación causal. Esta idea la retomó C. G. Jung para su idea de sincrónicidad, admitiendo la relación de la carta natal con la psique del individuo, como ya hemos visto.

De todas formas las explicaciones del fenómeno astrológico podrían participar de las dos hipótesis.

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