Las Partes Herméticas y Arábigas en Astrología

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Eduardo Gramaglia

Las Partes Herméticas

Uno de los elementos más originales de la Astrología Helenística es lo que nosotros paradójicamente conocemos como “partes arábigas”, de origen netamente helenístico. Reitero, son egipcias, de la época helenística. Constituyen una de las herramientas más antiguas de hacer astrología en occidente, sólo hallada en la astrología védica, con el expreso reconocimiento de su proveniencia persa. Sin embargo, fueron los astrólogos helenísticos quienes inventaron el concepto, y las partes son tan antiguas como los aspectos, casas–aunque no tanto como los signos y los decanatos. De alguna manera, son una integración de casas y aspectos. Constituyen una de las técnicas más arcaicas de la Astrología del Medio Oriente y Occidente.

Hasta hace poco se pensaba que sólo unas pocas de ellas habían sido usadas por los griegos. Sin embargo, una investigación en Olympiodorus me ha llevado a concluir que los escritos helenísticos han multiplicado su número hasta extremos inesperados. En su comentario sobre la Apotelesmatica de Paulus, Olympiodorus1 enumera más de 140 partes. Esta tendencia se ve reflejada en Al-Biruni, astrólogo medieval del s. XI, quien hacía su curiosa y humorística afirmación de que:

“es imposible enumerar las partes que han sido inventadas para la solución de preguntas horarias, o para respuestas relacionadas con el fin exitoso o auspicioso de una acción; su número se incrementa día a día”

(“El Libro de Instrucción en los elementos del Arte de la Astrología”, Al-Biruni, año 1029)
1 Este trabajo fue hasta hace unos años atribuido a Heliodorus.

La palabra griega que las define es kleros. Su significado más común es “la porción de tierra o territorio asignado a alguien”. Esto se debe quizás a que para la mente griega, la idea de “hado” o destino, conllevaba una noción muy precisa, como el artículo “The Facets of Fate”, de Robert Schmidt, demuestra sin lugar a duda. La palabra latina es “pars”, de donde deriva nuestra palabra “parte”, y también alude a “grado”. “Pars Fortunae” significa el grado específico “atribuido” a Fortuna, o “la porción de fortuna asignada al individuo por el destino”. La palabra española “parte”, al no conservar su significado original, parece ser, en la opinión del que escribe, una traducción no muy afortunada, al menos no tan acertada como “porción”. La palabra inglesa “Lot” hace una referencia más directa a su significado original. “Lote”, en español, sería también una buena opción. Por razones de familiaridad, en el presente trabajo continuaré usando indistintamente las palabras “parte” y “kleros”.

Otro factor a tener en cuenta es que a pesar de que el kleros se situaba en un grado definido hay mucha evidencia de que para la Astrología Helenística todo el signo asumía tal carácter. Esto se relaciona con el uso de casas de signo completo, en las cuales todo lo comprendido en un signo estaba “co-presente”. Esto fue muy diferente en la Astrología Árabe, la que insistió en el “lote” de un grado específico.

Es interesante notar que Paulus, en su Apotelesmatica, introduce su tema de las partes haciendo referencia directa al “Panaretus” de Hermes Trismegisto, aunque no brinda demasiadas explicaciones al respecto, como si diera por sentado que tales escritos eran conocidos por todos. De acuerdo al Panaretus, hay siete“partes herméticas”, cada una  asignada a uno de los siete planetas. Como el título “panaretus” significa “todo virtuoso” (“pan-areté”), tales partes podrían muy bien hacer referencia a las virtudes de los planetas, así como a sus vicios, dependiendo de su emplazamiento. Entonces, así como la Parte de la Fortuna estaba asignada a la Luna, y la del Espíritu al Sol, la Parte de la Necesidad lo estaba a Hermes (Mercurio), la Parte del Coraje a Ares (Marte), la Parte de la Victoria a Zeus (Júpiter), y la Parte de Némesis (destino) a Kronos (Saturno), completando así las llamadas “7 partes herméticas”.

Estas partes, en su mayoría, e incluyendo a Fortuna y Espíritu, eran diurnas o nocturnas. Para comprender esta diferenciación, necesitamos acercarnos al concepto de “secta planetaria”, común a la práctica helenística.

Secta Planetaria

Una de las nociones fundamentales de la astrología antigua, utilizada también en el Medioevo, es la de “Secta”. Para el astrólogo helenístico, una carta diurna (es decir, cuando el sol se halla sobre el horizonte) no era interpretada de la misma manera que una nocturna (sol debajo del horizonte). La palabra “secta” es una traducción latina de la palavra griega “háiresis”, que significa partido, escuela, secta. En el sistema helenístico, un grupo de planetas se afilia a lo diurno, tanto por propia naturaleza como por compensación de sus cualidades extremas2, y otro grupo guarda más afinidad con lo nocturno. El Sol, Jupiter y Saturno pertenecen a la secta diurna; Luna, Venus, Marte a secta nocturna. Mercurio pertenece a una u otra según se eleve antes o después del sol, es decir que la asociación de Mercurio con lo diurno o lo nocturno depende exclusivamente de su fase heliacal.

2 Posiblemente se designó diurno a Saturno para compensar su cualidad de “frío”, ya que el calor del día moderaría su temperatura. Lo contrario con Marte, designado nocturno también como compensación de su calor y ardor. Siendo maléficos, y propendiendo así a los extremos de sequedad y calor, y de frío y humedad, anulando así la natural moderación que la vida necesita para brotar, necesitarían la influencia moderadora, uno del día y el otro de la noche, para aplacar sus cualidades extremas. Por eso mismo, Saturno es especialmente maléfico durante la noche, y Marte durante el día. Aunque quizás sea justamente la inclinación “naturalista” de Ptolomeo lo que llevó a tales afirmaciones.

Lo diurno parece haberse asociado a la noción de “actividad consciente y deliberada”, y lo nocturno con la idea de “devenir o transcurrir”. La lectura de los autores helenísticos sugiere que la secta era una consideración primaria. En efecto, este factor condiciona la elección de la luminaria principal de la carta, lo cual constituye el punto de partida de la delineación general de la natividad. Además, en un tema diurno, los planetas diurnos “se regocijan” y expresan su naturaleza más espontánea y completamente. Lo mismo en una carta nocturna con los planetas nocturnos. Como consecuencia, en una carta diurna, Júpiter, que también es diurno, resulta especialmente benéfico, y Marte (de la secta nocturna) especialmente maléfico. De la misma forma Venus especialmente benéfico durante la noche, y Saturno especialmente maléfico.

Los términos “maléfico” y “benéfico” (kakopoiós y agathopoiós), que provocan desconfianza en el astrólogo moderno, no ofrecían mayor conflicto a la mentalidad antigua. Los astrólogos helenísticos no se veían inclinados a “relativizar” lo bueno y lo malo, al menos no de la manera en que lo hacen los astrólogos modernos, ya que la existencia innegable de los opuestos, y la consciente aceptación de esta pugna entre polaridades, formaba parte de su filosofía innata. De hecho, no se consideraba que Saturno y Marte siempre actuaban como maléficos, y aquellos astrólogos contaban con reglas muy precisas para saber cuándo exactamente actuaban como “hacedores del mal” (kako-poiós), y cuándo no. Por otra parte, el significado de “kakós” en griego tiene una gama muy amplia; de hecho la palabra podría simplemente significar “inclinado a lo nocivo, o a lo erróneo”. La insistencia sobre el “libre albedrío” há llevado al astrólogo moderno a relativizar la influencias “maléficas” y “benéficas”, impulsado por la idea de que, bajo una perspectiva especialmente psicológica, nada es absolutamente “bueno” o “malo” en sí mismo. Con toda la carga de veracidad que ello contenga, es también cierto que tal tendencia ha llevado a muchos astrólogos a una relativización excesiva, diluyendo lo que anteriormente resultaba una explicación clara y precisa de las influencias astrológicas.

En su nota-clave de “unir lo que está separado”, el antiguo astrólogo encontraba que Venus, en una carta nocturna, encuentra una expresión más acorde a su naturaleza: la noche borra los contornos, siendo la frescura y la humedad los elementos en donde Venus se expresa con más facilidad. Los amantes prefieren la oscuridad y el silencio de la noche para fundirse uno con el otro. El Venus diurno, en donde la luz del sol hace notar diferencias y perfiles, da más condicionamientos a la expresión: es como si un Venus nocturno dice “amo y me relaciono con plenitud”, y el diurno, “amo y me relaciono siempre y cuando se cumplan ciertas condiciones”. Un razonamiento similar era aplicado a los demás planetas.

Estos dos grupos—diurno y nocturno–resumen sus significaciones en los “jefes” de secta: el sol y la luna. La luna se relaciona con todo lo que lleve al individuo a asimilarse y unirse, mezclarse con lo colectivo, la polis, el estado. El Sol representa al individuo en cuanto éste es diferenciado, segregado, escogido, o seleccionado, dentro de la ciudad. La Luna alude a lo masivo o popular, mientras que el Sol afirma la naturaleza personal e individual.

La desaparición de este concepto de secta llevó naturalmente a que las partes llamadas arábigas, se desasociaran del mismo, y se calcularan igual tanto para los temas diurnos como nocturnos. De hecho, una indagación me ha mostrado que la parte de fortuna y la parte del Espíritu no se encuentran en el nivel más alto de prioridad en el repertorio de los astrólogos modernos. En su origen, tanto Fortuna como Espíritu se calculaban distintamente para el día y la noche. En efecto, ambos puntos eran considerados a un mismo nivel de importancia que el Ascendente y las luminarias por los astrólogos helenísticos.

La Parte de la Fortuna y la Parte del Espíritu.

Leemos en el tercer capítulo del segundo libro de la Antología de Valens:

“Para aquél que desee dilucidar más exactamente la cuestión de la felicidad, retornaré al kleros de Fortuna, que es el lugar más necesario y soberano, como el Rey (Nechepso) explicó en sus arcanos al comienzo del decimotercer libro, diciendo: ‘para quienes nacen durante el día, será necesario contar claramente desde el Sol hacia la Luna, y esa cantidad desde el Horóskopos, prescribiendo así una igualdad. En el lugar resultante, observar qué astro se encuentra en relación con éste—por presencia, cuadrado o triángulo……’”.

Como vemos, la fórmula para Fortuna, en el día, consiste en medir el arco desde el Sol a la Luna, desde lo diurno hacia lo nocturno. “En orden de secta”, por así decirlo. De noche, de la Luna al Sol, siempre agregando dicho arco al Ascendente. Durante mucho tiempo, muchos astrólogos usaron la fórmula diurna para inclusive los horóscopos nocturnos, resultando en realidad en una parte del Espíritu, lo que significa algo muy diferente. Cuando Valens habla de “prescribir una igualdad”, claramente hace referencia a que el arco resultante entre el Ascendente y Fortuna será igual al arco comprendido entre el Sol y la Luna, lo cual constituía nuestro método de comprobación antes del auge de las computadoras.

Recordemos que Valens, al hablar de “lugar” (topos), hace referencia a la totalidad del signo-casa en que se encuentra Fortuna, tal como hemos dicho anteriormente. Estamos empleando las casas de signo completo.

Parte de Fortuna = Asc + Luna – Sol (Diurna)

= Asc + Sol – Luna (Nocturna)

La Parte del Espíritu, a diferencia de Fortuna, es una parte “en orden contrario a la secta”. Se representa por una letra “phi” griega, y consiste en la siguiente fórmula:

Pe= Asc. + Sol – Luna (Diurna)

= Asc. + Luna – Sol (Nocturna)

 La claridad en el uso de las partes puede, en mi opinión, apreciarse mucho mejor en los antiguos autores helenísticos, especialmente Vettius Valens y Firmicus Maternus, que en la literatura astrológica medieval, a pesar de que hayamos conocido este tema, hasta hace poco, gracias a la práctica y traducciones de fuentes árabes.

Al comparar las fórmulas, inmediatamente nos daremos cuenta de que la parte de la fortuna diurna es la parte del espíritu nocturna, y viceversa. Son, por lo tanto, complementarias, y simétricas con respecto al Ascendente y Descendente.

Por significado, y a diferencia de la opinión de muchos autores modernos como Schulman, la parte de la fortuna estaba desprovista de toda implicación espiritual o interna. Es un punto crucial en la carta, conectado con la prosperidad física, y con las emociones y apetitos individuales, y no resulta extraño que se le haya llamado pars lunae, o “la parte lunar”. Resulta interesante notar que el Regente de Espíritu sobre Fortuna, o en el “décimo zoidion” desde Fortuna (es decir, en el Mediocielo del tema formado con Fortuna como Ascendente) era marca indiscutible de eminencia y elevación. Más adelante me detendré sobre este punto.

Más allá de que a algunos nos sorprenda esta relación de Fortuna con el cuerpo físico, no olvidemos que ésta es “el cuerpo físico en el mundo”, es decir, todo lo que tenga que ver con nuestro vehículo físico y el curso de nuestra vida, así como nuestras posesiones, y aún reputación y privilegio. Por su parte, el Ascendente es el cuerpo en cuanto entidad biológica que “marca la hora—‘Horoskopos’—pasando de la invisibilidad a la luz”. Tal es el significado específico del pivote ascendente, kentron en Griego, de donde deriva nuestro término “centro”. Los ángulos son verdaderos centros o pivotes en donde confluyen los movimientos de “lo uno y de lo otro”, citando al Timeo de Platón, ya que allí se produce el encuentro entre el movimiento de un planeta a través del zodíaco, por un lado; y el movimiento de rotación diurna, que lo “mueve en sentido contrario”, por el otro.

El carácter analógico o metafórico de este kleros se descubre cuando notamos que la palabra para buena fortuna, en Griego, es eutuchia, o bienestar material que sobreviene como resultado de una bendición de una deidad. Como dice Robert Schmidt, “como significador universal de la vida como un todo, Fortuna contempla la vida como si fuera un corpus, un todo orgánico, continuamente siendo moldeado y modelado por algún artífice impersonal: siendo el Señor del signo en que se encuentra, tal artesano”. Dependiendo de su condición y emplazamiento, el kleros de fortuna tiene afirmaciones específicas que hacer acerca del límite hasta el cual el nativo adquiere las condiciones materiales de felicidad, dinero, hijos, y otras bendiciones. Como uno de los planetas que sustenta la natividad como un todo, también nos dice si el nativo alcanza prominencia por estos medios. En la explicación de Valens:

“… si (Fortuna) marcara la hora (es decir, se encontrara en el Ascendente), o estuviera en otros signos (casas-signos) favorables, harán al nativo brillante, notable y afortunado”.

Esto, recordemos, no tanto debido a su propio esfuerzo, como a su buen “hado”, o “bendiciones de los dioses”. La parte de Fortuna muestra, por consiguiente, nuestras interrelaciones en el plano físico y emocional. Es más el equipaje que ya cargamos al entrar en este mundo, que lo que podemos conseguir. Está más orientada al pasado y al presente que al futuro. Uno parte “desde” Fortuna. La otra expresión “Rueda de la Fortuna”, con clara relación con uno de los arcanos mayores del Tarot, también concuerda con estas atribuciones.

Dejemos ahora que el mismo Paulus Alexandrinus nos indique la diferencia entre Fortuna y Espíritu, traducción que efectué de la edición crítica de Boer, Teubner, de la Apotelesmatica de Paulus:

“Ambas, la parte de la fortuna y la del Espíritu tendrán mucha influencia sobre la realización o frustración de las acciones, ya que una indica las cosas concernientes al cuerpo, habilidades manuales y creatividad física, mientras que Espíritu rige las cosas concernientes al alma e intelecto”.

Quisiera resaltar la dificultad de la traducción del Griego al Español. Una lengua tan cargada de significado hizo afirmar, al editor de la edición Loeb del texto de Manilius, que la traducción de los antiguos, tal como se leía, “puede ser clara sólo en proporción al grado en que es errónea”.

La parte del Espíritu, como vemos, significa el alma, temperamento, juicio, atención, el poder como carisma, y ayuda en lo que uno hace. Su carácter analógico resulta evidente en otro término Griego para “felicidad”: eudaimonia, que significa que las acciones del nativo son recompensadas como si hubiera sido bendecido por un espíritu benéfico.

Y si a Fortuna la hemos relacionado con la “causa material”—en sentido aristotélico—de nuestra entidad biológica, en consecuencia con el pasado, a la Parte del Espíritu la hemos de relacionar con aquella causa “formal y final” por la que “habremos de convertirnos en lo que esencialmente ya somos”, y de allí con un significado futuro. Muchas veces me pregunto si el así llamado “Sendero Espiritual” es sólo un símbolo para un proceso de continuos reconocimientos internos, que en realidad nos llevan a tomar conciencia de lo que ya reside en el interior de cada uno. Es, en realidad, un camino desde la oscuridad hacia la luz, desde lo “nocturno” hacia lo “diurno”, con todas las posibilidades internas que tal promesa “futura” de realización conlleva. Cuando es orden en sentido de secta, es el pasado, cuando el orden es contrario a la secta, el significado es futuro. Y ya no nos sorprenderá que en latín, Espíritu tenía el nombre de “la parte de las cosas por venir” (“Praeventio”).

En Griego, Espíritu es daimon, un vocablo que carga sobre sus hombros una interpretación cristiana de larga data: es la palabra que en la Biblia se tradujo como “demonio”—resulta curioso imaginar si la parte del Espíritu hubiese sido traducida como “parte del Demonio”. Sin embargo, “daimon” originalmente significó simplemente “espíritu”, cualquier clase de entidad.

El Orden de Secta en otros kleroi

Ya hemos dicho que esta cualidad de lo innato y pasado, por un lado; y lo intencional y futuro, por otro, están relacionados con el “orden de secta”. Y sin duda que Fortuna y Espíritu no son las únicas partes que responden a ello.

Si tomamos:

1- Asc + Saturno – Júpiter (día), ó:

Asc + Júpiter – Saturno (noche), notaremos que Saturno-Júpiter establecen un camino desde lo más diurno (Júpiter) a lo menos diurno (Saturno), por lo tanto relacionándose con una cualidad de la vida temprana, o aún previa al nacimiento; mientras que:

2- Asc + Saturno – Júpiter (día), ó:

Asc + Júpiter – Saturno (noche), yendo en la dirección opuesta al orden lógico de secta, aluden a cualidades futuras más “intencionales”.

Pues bien (1) es la parte de los hermanos (lo que ya viene con nosotros) y (2) la de los hijos (lo que creamos intencionalmente).

Los aspectos de la mente del Kosmos

No podemos adentrarnos en un análisis de los kleroi sin antes formular ciertas aclaraciones acerca de cómo aquellos astrólogos concebían los aspectos, tema ineludible en todo análisis astrológico.

En el sistema helenístico, tal como surge de la lectura de sus textos, los aspectos son concebidos por signo, no por grado. Por ejemplo, Júpiter en cualquier grado de Géminis, está en cuadratura con Venus en cualquier grado de Virgo. Todo parece indicar que si además coinciden en el grado, el aspecto se manifiesta en un hecho externo, y no permanece sólo en la subjetividad o en la potencialidad. La delineación de los aspectos estaba íntimamente ligada al sistema de casas empleado por los astrólogos helenísticos, el que se discutirá más adelante.

Resulta de especial interés notar que sólo los aspectos derivados de los lados de polígonos regulares tienen lugar dentro de este sistema. De hecho, la palabra para “sextil”, por ejemplo, es “el lado del hexágono” (hexagoniké pleurá). No es extraño, considerando la Escuela Pitagórica y Platónica, con sus sólidos regulares y geometría sagrada y hermética. Lo que la moderna astrología llama Inconjunto o quincuncio es, en el sistema helenístico, justamente una no-relación, o “aversión”. Esta “ausencia de relación” forma parte de la interpretación misma de la carta: si en cualquier tema natal el regente de una casa (“topos”) se encuentra en “aversión” con la casa en cuestión, será más difícil concretar resultados en ese ámbito de la vida. De hecho, las significaciones de las casas 6, 8 y 12, también tienen que ver con esa “desconexión” del ascendente, el yo. Por ejemplo, el octavo signo desde el Ascendente (y también el octavo desde la Parte de la Fortuna) es el que contribuye a la aniquilación, y el sector en el cual la inmersión definitiva en el Descendente (el acto mismo de morir) se convierte en una solución cada vez más fácil e inevitable.

Aspecto deriva de aspectum, del verbo ad-spicio, ver, observar. El Griego utilizó la palabra martyreo, “atestiguar”. Dos planetas en aspecto, “se ven”; dos en signos que se encuentran a distancia de 30 o 150 grados “no se ven”, se encuentran “en aversión”, es decir, “se ignoran”. De esto se deduce que la conjunción (synodos) no es un aspecto. Es simplemente lo que su nombre indica, una unión o conjunción, que si se da no sólo por grado zodiacal, sino también en declinación con respecto a la eclíptica, da lugar a una verdadera “amalgama de influencias”. Es interesante notar que “coniunctio” era el término también aplicado a la unión sexual. De hecho, existen alegorías astronómicas hasta en la Ilíada, con respecto a la unión sexual de, por ejemplo, Ares y Afrodita (Marte y Venus) que hasta los académicos interpretan hoy como una conjunción de planetas. En la leyenda, Helios, el Sol, los delata a Hefesto (Vulcano), esposo legítimo de Afrodita. O sea, cuando el sol desciende por el oeste, ambas estrellas vespertinas conjuntas quedan a la vista de todos, magnificadas por su posición en el horizonte. La tendencia hoy es a interpretar los textos de los antiguos mediante alegorías, tal como afirma David Konstan3, y no como producto de mentes ingenuas o primitivas. La posición lineal de que mientras más retrocedamos en el tiempo, menos desarrollado es el pensamiento, ya no es sostenible.

3 “La Alegoría como sistema de interpretación literaria”, conferencia que tuvo lugar en la Academia Nacional de Ciencias de la ciudad de Córdoba, Argentina, 23 de Agosto 2003.

El aspecto, sin embargo, no constituye la única relación posible entre dos o más cuerpos celestes. Entre el Sol y los planetas existe una intrínseca relación de “fase heliacal”, que transforma a los planetas en “estrellas matutinas” y “estrellas vespertinas”, modificando sus significados de acuerdo a si ascienden heliacalmente por el oriente (saliendo antes que el sol); por el occidente (en cuyo caso se los verá brillar sobre el horizonte inmediatamente después de la puesta de sol); o se encuentran “bajo los rayos del sol”. Éste es quizás uno de los puntos más interesantes de la Astrología Helenística, ya que la fase heliacal otorga un matiz especial a la significación e influencia del planeta, inclinándola a ser más “diurna y masculina” cuando el planeta se eleva heliacalmente por el este, y más “nocturna y femenina” cuando el planeta es occidental con respecto al sol. Si bien el tema es notablemente más complejo, en general podemos afirmar que los planetas masculinos verían menguado su carácter de tales siendo estrellas de la tarde, y los femeninos ascendiendo antes que el sol al alba. De hecho, esto no fue privativo de la práctica helenística, ya que existen registros de otras culturas, como los mayas, quienes se lanzaban a la conquista con Venus matutino, al que atribuían características extremadamente belicosas.

Fortuna y Espíritu como Ascendentes

Valens menciona en su Antología, libro 2, que la parte de la fortuna puede ser empleada como “horóskopos” (Ascendente) para todo lo que concierna al cuerpo. Es curioso observar que la delineación de los planetas en el Ascendente es hecha, en el cuarto capítulo, simultáneamente con su presencia en el signo de Fortuna. Y la cuestión ya no arroja ninguna duda cuando leemos:

“Esto es, Fortuna misma posee el poder del Horóskopos, el de la vida. El décimo signo desde la misma será el de la reputación; el séptimo tendrá en poder del Descendente… y los restantes el poder de las otras doce regiones. Pues algunos han establecido místicamente que el Horóskopos y los demás ángulos son los pivotes o centros del Cosmos, mientras que Fortuna y sus ángulos los puntos genetlíacos”

La carta con Fortuna como Ascendente, como vemos, estará mayormente orientada hacia la información concerniente al nacimiento del individuo, su genética, su entidad biológica, así como su bienestar y posición en el mundo.

Esta práctica tampoco fue desconocida en Roma, heredera de la tradición astrológica helenística, ya que los últimos años del reinado de Octaviano presenciaron la finalización de la Astronomica de Marco Manilio, una de las obras más accesibles—aunque más idiosincráticas— de la Astrología Romana. Este extenso poema didáctico astrológico ofrece, en hexámetros poéticos, todo lo que va desde la construcción de una carta hasta el listado de magnitudes estelares. Contiene, en casi ingenuos términos, una exposición de Astrología Mundana que incluye el uso de la parte de la fortuna como ascendente, asignando así (con no poca arbitrariedad) el hogar y la tierra a la casa 1; la guerra y ciudades extranjeras a la 2; las relaciones comerciales a la 3; las cortes de justicia a la 4; alianzas matrimoniales a la 5; recursos personales a la 6; peligro a la 7; status social a la 8; hijos a la 9; carácter a la 10; salud y fuerza a la 11; y logro del éxito a la 12.

Ya hemos visto que el sistema horoscópico tiene sus raíces en el Egipto Helenístico. “Horoskopos” en Griego, y su verbo “horo-skopein” significan “marcador de la hora” o “marcar la hora”, respectivamente. Literalmente, “horóscopo” significa el punto que marca el comienzo de la primera casa o Ascendente, según las palabras de Paulus, “el dador de la vida y el aliento, o el timón de la vida”. Firmicus Maternus, por su parte, como continuador y recopilador de la tradición helenística, afirma claramente que Fortuna y Espíritu, de la misma manera que otras partes, como la de la madre, padre, hijos, etc., pueden ser usadas como Ascendente. El objetivo es obtener una información más precisa de lo significado por esa parte, aunque la referencia al nativo estará siempre subyacente. Esto sin duda abre un campo muy interesante de experimentación y descubrimiento, revelando que la recuperación del sentido original de fortuna y espíritu pueden brindar información sobre la naturaleza dual, material y espiritual, del hombre, a la que el astrólogo moderno podría incorporar gustosamente a su práctica.

En la búsqueda de una explicación espiritual a la existencia material, y respondiendo a una interesante afluencia de líneas de inclinación espiritual, tanto ortodoxas como ocultas, la Astrología de hoy se ha imbuído de facetas llamadas “kármicas”, espirituales y trascendentes. Personalmente comparto algunas de ellas, aunque también pienso que esta tendencia puede transformarse en excesiva, borrando ciertos contornos que nunca deberían ser imprecisos. Ahora bien…¿no podrá la carta con la parte del Espíritu como Ascendente proporcionarnos justamente esos indicios que buscamos acerca de nuestro camino de desarrollo interno? Con Espíritu nos sumergimos en un mundo más consciente, interno e intencional que con Fortuna.

Hermenéutica Astrológica

El uso de la partes al estilo antiguo introduce, paradójicamente, una nueva metodología en Astrología. En la Astrología Moderna, al querer indagar, en una pregunta horaria, sobre la muerte de un hermano, se buscará la octava casa desde la tercera. Las fuentes de Astrología horaria helenísticas, principalmente Hephaistio de Tebas, enseñan a contar ocho “Zoidia” (signos) desde la parte correspondiente de los hermanos. Esto no es nada menos que el método de casas derivadas aplicado a las partes. Y muchas veces este procedimiento era un engranaje más de otro más completo. Por ejemplo, al tratar de indagar acerca de los padres del nativo, luego de indagar las condiciones de casa IV, el astrólogo helenístico “contaba los zoidia desde el sol”, es decir, colocaba al sol como Ascendente en una carta diurna, y a Saturno en una nocturna, y procedía a interpretarla en función del padre del nativo. Así lo hacía con Venus de día, y la Luna de noche para la madre. Y por supuesto, acto seguido se remitía a las partes (kleroi) de la madre y el padre. Aunque como imaginaremos, se trataba de la “experiencia del nativo de los padres”.

Creo que si se atreven a experimentar con este enfoque, hallarán resultados interesantes. Las partes no constituyen meras “especulaciones matemáticas”: son sólo un aspecto de un concepto más profundo que revela una visión más arcana y simbólica del saber astrológico, el cual quizás contrasta con muestra moderna visión, tan concentrada en la “aplicación por grado” como origen de acontecimientos.

Y ésta es sólo una faceta de una diferencia casi substancial de cosmovisión: la mayoría de los astrólogos, dependiendo de su escuela, piensan que la carta al momento del nacimiento simboliza su consciência o personalidad. En otras palabras, los fenómenos celestiales tienen algo que decir acerca de nuestra alma y nuestro carácter. Para los antiguos, sin embargo, los fenómenos celestes eran expresión de una consciência cósmica, que conoce la vida humana. Estas diferencias de concepto involucran algunos temas centrales, hasta controvertidos quizás, de nuestras modernas discusiones astrológicas, como la causalidad o sincronicidad.

Al hablar de causalidad y sincronía, me pregunto si hemos interpretado correctamente aquellos antiguos axiomas, como el de “Como arriba, así abajo”, entre tantos otros. Vivimos en una época de gran difusión y facilidad de acceso a la información. Hoy no necesitamos tener privilegios especiales para manejar ciertos conceptos: lo podemos hacer hasta en una charla de bar o en el colectivo. Hablamos de karma, renacimiento, ¡de Astrología! Con la única barrera de nuestra propia comprensión. Es una época maravillosa, en más de un sentido. No obstante, el recordarnos frecuentemente que dichas ideas fueron generadas en su momento por grandes mentes, en un contexto muy diferente y en idiomas completamente distintos a los nuestros, nos ayudará a cobrar una mejor dimensión del problema de la falta de profundidad con la que a veces tratamos ciertos conceptos muy difundidos, algunos de ellos muy antiguos.

Para el astrólogo helenístico, los planetas no causan, sino que lo que él trataba de hacer era comprender los mecanismos y actitudes de la mente del cosmos, y deducir así qué inserción tiene el ser humano en tal esquema. No puedo evitar una asociación con las preguntas formuladas por los viajeros de la antigüedad al Oráculo de Delfos, y la misteriosa simbología que éstas transmitían en su respuesta. Y no creo que sea sólo mi imaginación: los textos helenísticos, al referirse a los planetas “activos” (es decir, cuando se encuentran en un ángulo, o en su propio domicilio) utilizan la palabra “chrematistikos”, término que al ser buscado en el diccionario Liddell and Scott arroja el sorpresivo significado de “perteneciente al oráculo” (Chrema: oráculo). La posterior—y radical— afiliación con una causalidad “científica” partió de Ptolomeo y su evidente afición por el naturalismo, posiblemente aristotélico. Pero hoy se sabe que Ptolomeo, quien posiblemente ni siquiera fue Astrólogo practicante, no era la corriente principal de la Astrología de la Antigüedad, como lo era muy posiblemente Vettius Valens. Las frecuentes citas a diferentes contemporáneos, la crítica de sus métodos y las sugerencias que efectúa, unidas a la espontaneidad del discurso de su Antología, seguramente lo ubican en una línea más central (aunque menos exclusiva) que Ptolomeo. Sin embargo, la mayoría de las traducciones al medioevo que luego se utilizaron eran de Ptolomeo.

Lo que el astrólogo trataba de hacer entonces, era comprender los símbolos de la mente del cosmos, para de allí deducir cuál era la “porción” (kleros) de destino atribuída al ser humano. Frente a uma perspectiva tan hermenéutica, fórmulas como las partes, que combinan ángulos con planetas, y remiten a cuestiones muy específicas, al estilo de las respuestas de los antiguos Oráculos, tendrán mucho que decirnos en este universo simbólico de la mente del cosmos.

Los emisarios del Todo

Esto nos conduce a otra afirmación substancial concerniente a la naturaleza de los planetas en la Astrología Helenística. En primer lugar, hemos de notar que las significaciones concretas del Sol y de la Luna cubren la totalidad de los eventos y personas de la vida diaria, ya que varios textos nos advierten que el Sol y la Luna reúnen las significaciones de la totalidad de la vida. Reitero: el Sol y la Luna son “totalidades”, ya que son “jefes de secta”, mientras que los planetas son naturalezas diversas, personas, cosas. En las palabras de Pablo Alejandrino:

“Ya que la totalidad (ta hola) es tomada a cargo por el Sol y la Luna, y ya que ningún ser en todo el Cosmos es engendrado separado de la maestría de tales astros……”

Por ello, ambas luminarias son por excelencia “puntos horoscópicos”, es decir, que pueden construirse cartas con ellos como Ascendente. La consecuencia que sigue es que sus correspondientes partes herméticas, la parte de la fortuna (Luna) y la del Espíritu (Sol), a otro nivel, también aluden a totalidades. Éste es un punto muy importante, ya que posiblemente explica por qué los autores helenísticos insisten en formar mapas partiendo de ellas como Ascendentes.

Dentro de este tema con dichos puntos como ascendente, ciertos lugares adquirían mayor o menor prominencia e interés. Vettius Valens, en su segundo libro de la Antología, otorga especial énfasis al llamado “lugar de la adquisición”, o la casa 11 desde la parte de la fortuna, llamada el “Buen Espíritu”—Agathos Daimon—por los griegos, en consecuencia siempre relacionada con la prosperidad por ser la casa asignada al planeta Júpiter. De la misma forma, el octavo signo desde un punto horoscópico trabaja en contra de la supervivencia de la persona, cosa o evento que significa el ascendente, y una de las principales razones era que su relación con el Ascendente, al igual que el sexto y duodécimo signos, no se constituía en un lado de polígono regular, es decir, no guardaba relación de aspecto, tal como ya hemos explicado.

La carta de Stephen King nos será de utilidad para demostrar la mecánica de las casas de signo completo: estando el punto ascendente a 29º 52’ de Cáncer, es decir, a sólo 8’ de grado de Leo, el comienzo de la casa tópica primera es el grado 0 de Cáncer, siendo la casa 2 Leo, la casa 3 Virgo, y así sucesivamente. Toda la evidencia encontrada en los textos helenísticos lleva a suponer el uso de este sistema. En este sistema de domificación, el signo en que cae el grado ascendente define la primera casa, el comienzo de la primera casa es el principio del signo ascendente, y el final de la primera casa es el final de ese signo; las casas restantes coinciden con los siguientes signos en orden zodiacal.

La expresión utilizada es “el segundo ZOIDION desde el HOROSKOPOS”, aludiendo a la segunda casa. Por esta razón, en nuestro análisis, “segundo signo” equivale a “segunda casa”, y así sucesivamente.

Los Kleroi en la carta natal.

La carta de Fortuna y de Espíritu.

(Nota: Las partes están calculadas de acuerdo a la información que Vettius Valens da en su Antología)

En el tema natal de Stephen King, en su juventud maestro de inglés, más tarde un prolífico escritor de novelas de terror (casi todos best-sellers) y de libretos para la pantalla grande, vemos el sol en Virgo en casa tres, y ya obtenemos la idea de que su sustento (Leo como segundo signocasa) lo obtuvo primero a través de la enseñanza, luego mediante la publicación de libros. Su regente, Mercurio, es angular y está en sextil con la Luna, regente de su Ascendente, confirmando lo básico y necesario que es para él escribir, estando verdaderamente dotado para ello. Cualquiera que haya leído alguno de sus libros estará de acuerdo en que King no carece de profundidad psicológica ni de un fluído vuelo de imaginación creadora (Neptuno conjunto a Mercurio, sextil Luna).

Astrology and natal chart of Stephen King

Su madre, llamada Nellie, le inculcó el amor a la lectura a muy temprana edad: en un tema nocturno la madre es en primer lugar la Luna, y aqui vemos a Mercurio en casa 4 (el hogar) en sextil con la Luna. Adermás, el kleros de la madre se encuentra a 15º de Tauro junto a Fortuna, sugiriendo su intervención en la formación de su equipo físico-emocional y en el despertar de sus capacidades innatas, en función de su desenvolvimiento en el mundo y logro de su bienestar. El Señor del kleros de la madre es Venus, dignificado en Libra, co-presente con Mercurio en el cuarto signo-casa del hogar.

Si investigamos la figura paterna, nos dirigiremos primero a Saturno (el padre en una carta nocturna), observando que se encuentra en detrimento en Leo conjunto a Plutón. El kleros del padre está en Virgo cuadrado a su Luna natal, regente de su Ascendente. Su padre, un comerciante del puerto, abandonó la familia cuando Stephen era aún muy joven (en Astrología antigua Saturno se relaciona con trabajos en el puerto y zonas cercanas al agua). Es un dato sumamente curioso que Stephen hace constar esta triste historia en uno de sus primeros relatos, llamado “The Village Vomit” (“El Vómito en la Aldea”).

La descripción de Vettius Valens acerca de los significados de la casa 9 contribuyen a aclarar ciertos aspectos de la carta natal de King. De acuerdo a Valens, si los benéficos ocupan esta casa o “testimonian” (es decir, forman aspecto) “el nativo será bendecido. Se lo escuchará como a un dios”. Cuando Mercurio (Hermes) se halla presente, o “atestigua”, “el nativo interpretará la experiencia de las multitudes, convirtiéndose en escriba en sus años medios”. Observamos que Piscis es el noveno signo desde el Ascendente, y Júpiter, benéfico, se encuentra en relación de trígono con esta casa, desde otra casa “favorable”: la quinta, relacionada con los entretenimientos y publicaciones. Como ya hemos dicho, una casa-signo “vista” por su regente, asegura la concreción de sus potencialidades. “Ver” es otro verbo que alude al “aspecto por signo”. King, en su juventud, se convierte en escritor. Aunque sus obras muestran un amplio predominio de lo sobrenatural (Piscis, con Neptuno conjunto a Mercurio), tal atmósfera de misterio e irrealidad no impide la transmisión de la experiencia humana cotidiana con una convincente profundidad psicológica, y una aguda familiaridad con los sentimientos humanos más recónditos.

Ahora bien, “girando la rueda”, utilizando la expresión de los astrólogos que emplean casas derivadas, encontraremos que la novena casa natal es la 11 desde Fortuna, la casa de la prosperidad y adquisición, indicando así que su capacidad de ser intérprete de la experiencia psicológica humana constituye además una poderosa fuente de ingresos. (Piscis en 11 desde Fortuna) Su regente Júpiter en 5 natal proporciona frondosas ganancias y bienestar, fruto de una desarrollada imaginación capaz de concebir intensas imágenes y situaciones dramáticas. Vemos a Júpiter en Escorpio, en trino a su regente, y cuadrado a Saturno y Plutón. Como ya vimos, el regente moderno de Piscis, Neptuno, se encuentra conjunto a Mercurio, apoyando la misma idea.

Recordemos que la casa 5 es una de los lugares considerados altamente “favorables” por el helenismo (“buena Fortuna” Agathos Tuche) junto con los ángulos, signo-casa 11 (“Agathos Daimon”, o “Buen Espíritu”) y 9, ésta última llamada “declinación favorable”, siendo la única casa-signo cadente (apoklima) favorable, llamada “casa de Dios” (Theos) y “regocijo” del Sol.

No daré detalles acerca de los planetas trans-saturninos y su inserción en el contexto de la Astrología Helenística. Baste decir que, al tratarse de planetas no visibles a ojo desnudo, Schmidt, creador del Project Hindsight, sugiere mantener sus significados a nivel trans-personal, sin atribuirles signos de regencia.

La misma dificultad inicial y su “comienzo desde abajo” (King vendía periódicos en un puesto en la calles) se encuentra representada por Marte en caída en la primera casa-signo, y por la Luna, regente de Cáncer, en casa 6, uno de los lugares “no favorables”. Su esposa Tabithia fue un gran estímulo y sostén moral y económico en esta época: parte del matrimonio a 25 de Cáncer conjunta al ascendente y a Marte, regente de Escorpio, en trino a Júpiter, y sextil al Sol, regente de su casa 2 de los recursos. Sin embargo, poco tiempo después, su primer bestseller “Carrie” generó una ganancia de $400000, a lo cual siguieron contratos cada vez más generosos.

Este escritor ha alcanzado un renombre, fortuna y riqueza infrecuentes. No sorprende al observar que los kleros de la riqueza, del honor, y de la reputación, 3 partes muy utilizadas durante el medioevo, se encuentran conjuntas a su Sol. Aunque no sólo éstas, también la parte de los hijos, una de las partes del matrimonio, y la parte de los amigos. Por otro lado, un kleros llamado de la “exaltación”, está a 16 de Sagitario en conjunción cerrada con su Luna, Señora del Ascendente. La parte de la exaltación era uno de los elementos a observar al investigar los “factores de eminencia” de una carta, y fue muy utilizada por Vettius Valens, tal como leemos en el segundo libro de su Antología, demostrando su empleo con profusos y explicativos ejemplos. Se construye agregando al Ascendente el arco comprendido entre el Sol (carta diurna) o la Luna (nocturna) y sus respectivos puntos de exaltación: 19º de Aries y 3º de Tauro. La Luna en 6 muestra tradicionalmente un origen humilde, pero el kleros de la exaltación contribuye a elevar al individuo a una posición de mayor independencia y recursos.

Su carta desde Espíritu muestra algo similar. En primer lugar, este kleros se encuentra a 18º de Libra conjunto a Mercurio, nuevamente brindando pautas acerca de su profunda inclinación y necesidad interna de escribir y contar historias, así como de sus aptitudes intelectuales. Escribe, según sus palabras, sistemáticamente diez páginas por día en su computadora. La Luna en el signo 3 desde la parte del Espíritu indica nuevamente su talento e imaginación como escritor. Y notemos también que el Ascendente es la casa-signo 3 desde Fortuna, nuevamente dirigiendo nuestra mirada a la Luna, en sextil con Mercurio.

Vemos entonces, entre otras cosas, que el zoidion (signo) 11 desde Fortuna y su regente esconde muchísima información sobre la prosperidad y bienestar del nativo, así como la 8 y 12 desde Fortuna aluden a las causas y formas de los daños físicos y naturaleza de la muerte física del nativo, en forma más particularmente circunscripta al plano concreto que la carta natal. Por otra parte, el horóscopo desde Espíritu revela mucha información sobre la intelectualidad, ideología y alma del nativo.

Cuando los significados aparecen en patrones repetidos, las conclusiones serán más definitivas. ¿Comprenden que tales patrones son indicadores de los mensajes que—en términos helenísticos—esa “mente del Logos” quiere transmitir al Astrólogo hermeneuta?

Los Regentes temporales

Es de notar que Stephen King tuvo un gravísimo accidente en 1999: fue atropellado por una furgoneta. El aspecto natal de Sol cuadrado Urano ya anticipa esa posibilidad. Ese año, por el conocido método helenístico de Profección–por el cual el Ascendente avanza (“profectus est”) un signo por año, y dentro del año, uno por mes–el ascendente ocupaba el signo opuesto a la parte de la fortuna (su cuerpo físico), Escorpio, en donde encontramos a Júpiter cuadrado partil a la parte del daño corporal a 23 de Leo, conjunta a Saturno y Plutón. Al Chronocrator o Regente del Tiempo, Marte, lo encontramos en Cáncer, su caída. Fue arremetido al borde de un lago cuando el conductor trataba de esquivar un perro. Tuvo, como era de esperarse con Júpiter, una recuperación casi milagrosa, aunque su vida corrió extremo peligro, ya que Júpiter es regente de la 8 desde Fortuna. King fue operado tres veces en cinco días en el intento de estabilizar un pulmón colapsado, y curar sus múltiples fracturas.

Emerge aquí otro aspecto del contraste entre la visión helenística y nuestra mentalidad moderna. Nuestras actuales técnicas de progresiones, tránsitos y direcciones se basan mayormente en la aplicación exacta de aspectos. La antigua astrología no trataba de calcular el momento preciso, sino que determinaba qué planeta prevalecía en un momento determinado de la vida. Se llaman “Regentes

Temporales” (Chronocratores), y el método aquí empleado es el más simple de los doce sistemas que Vettius Valens cita en los libros IV – VII de su Antología. El Chronocrator es el regente planetario de un cierto período de la vida. Por medio de estos sistemas de “circunvolución zodiacal”, encontramos un planeta que “rija” un período determinado de la vida, digamos, un año. Si deseamos más exactitud, descenderemos hasta el planeta que gobierne el mes, y hasta el día, y la hora. Y de acuerdo a la posición natal del planeta y sus aspectos, sabremos qué grado de promesa o dificultad conlleva. Así encontraremos que 1999 fue un año “de Marte” para King, ejerciendo éste la influencia predominante, y predisponiendo a los accidentes, como tradicionalmente lo hace. Su precario estado zodiacal en Cáncer aumenta esas posibilidades. Por el mismo método de Profección, podemos afinar la sintonía descendiendo hacia el Señor del mes y del día. Así, los regentes de períodos mayores parecen asumir una influencia más subjetiva, y los de períodos menores una más objetiva.

Por supuesto, para completar el análisis del año, nos dirigimos a la revolución solar, tema sobre el cual, por cuestiones de tiempo, no podré extenderme. Cité este ejemplo como muestra de la importancia que revisten a la hora de analizar los factores temporales de la carta.

Juan Castro

Otros dos Ejemplos

En la carta de Juan Castro, reconocido periodista argentino, encontramos que el lugar de la adquisición (11 desde Fortuna) es Virgo (Mercurio, periodismo), y el mismo Mercurio rige la 8 desde Fortuna (Géminis).

La casa 12 es lo que se aleja o aparta del nativo. Schmidt observó que los planetas en la duodécima casa se acercan al Ascendente, pero se ven apartados o desviados de él por la rotación diurna. Este movimiento simboliza directamente todo lo que invade o violenta el espacio o ambiente del nativo para llevarse su vida, o lo que es esencial para su existencia. La casa 12 desde Fortuna contribuye a brindar información acerca de las tribulaciones del nativo, y en este año el Ascendente profecto se ubicó allí, en donde también Urano conjunto a la parte del daño corporal hace cuadrado al Sol, su “Predominador” (la palabra para “Hylegh” en Astrología Helenística). El regente de esta casa es Venus, a quien vemos en 9 bajo los misteriosos y letárgicos efectos de Neptuno.

Es de notar también que en la Astrología, tanto helenística como medieval, cuando el mismo planeta regía las casas 1 y 8, de alguna manera la persona tenía participación en la elaboración de su próprio deceso. También ocurría lo mismo cuando el regente de la primera estaba en la casa 8, o viceversa. Ambos factores están presentes en este tema.

Mercurio, el regente de la Parte del Espíritu (17 de Virgo), se encuentra en detrimento en casa 9 natal, indicando una tendencia interna a explicar sin sutilezas ni reservas un modo de vida o una ideología o filosofia personal. Tauro es el noveno signo desde la parte del espíritu. A su regente Venus lo encontramos también en casa novena natal, Sagitario, conjunto a Neptuno. Pero esto no es todo, pues también notamos que la parte de los enemigos, de acuerdo a Vettius Valens, está allí mismo a 16 de Tauro conjunta a Saturno y a la parte de los amigos, que ocupa el mismo lugar. Ello, sumado a Júpiter en Escorpio en 8 natal, nos proporciona una clara alusión a una particular filosofía y enfoque social, e incursión por los sectores más discriminados de la sociedad; nuevamente un periodismo con una fuerte y provocadora ideología que genera intensa oposición y enemistades.

También notemos que el Ascendente es la casa 8 desde Espíritu, nuevamente regente Marte en 8 natal. Marte, entonces, rige la vida una vez (Ascendente), y dos veces la muerte (en casa 8 y como regente de 8 desde Espíritu). Es de notar que la “parte del revelador” y la “parte de los asociados”, ambas a 17 de Piscis, se encuentran en cuadrado con Marte, lo cual puede brindar datos acerca del carácter de sus asociaciones y su capacidad de “revelador” de puntos conflictivos de la sociedad. Marte, a su vez, está en el signo 3 desde Espíritu, nuevamente brindando información acerca de la naturaleza de su enfoque periodístico.

Princess of Wales Diana – Natal Chart

Diana, princesa de Gales, es un caso cuyo análisis arroja, en mi opinión, interesantes y reveladoras conclusiones acerca de la utilidad de los kleros. En su tema natal, Júpiter, el regente de 8 natal está en 3, y aqui tenemos la persecución por la prensa, supuesta causa del accidente. A Mercurio lo encontramos en casa 12 desde Fortuna, la prensa como causa de la aniquilación. La casa 8 desde Espíritu (3:02 Tauro) es Sagitario, signo Ascendente natal, aludiendo a la muerte del intelecto, o “alma” al plano físico. Un punto interesante de notar es que Júpiter rige dos veces la muerte (la 8 desde Fortuna y la 8 desde Espíritu), y una la vida (Ascendente, vita). Su deceso ocurrió con Urano conjunto a Júpiter en 3, una de las casas de los viajes. La Luna está vacía de curso, y su primer aspecto lo realizará al cambiar signo: oposición a Marte. Por largo tiempo su vida no tiene sentido, y luego el final sobreviene con la oposición a un maléfico. En el año de su accidente, 1997, su Ascendente profecto se ubicó en Sagitario, su Ascendente natal, siendo Júpiter regente de la casa 8 tanto desde Fortuna como desde Espíritu.

Luego de una boda “ideal”, su insostenible situación había hecho eclosión en 1984, con el nacimiento de su segundo hijo, cuando tuvo la certeza de que su esposo había vuelto con Camila Parker-Bowles. El Ascendente profecto se halló ese año en Escorpio, su casa 12 natal, en donde se halla Neptuno, trino al sol en Cáncer (su hijo), y cuadrado a Júpiter retrógrado, regente de la parte del adulterio (25º de Piscis). Marte, regente de Escorpio, conjunto a Plutón en el Mediocielo natal, muestra la intensa crisis y conflicto. Tomaba sedantes (Neptuno), y su anorexia alcanzó un pico. Aunque se la veía quebrantada en su vida privada, en público seguía concurriendo a las fiestas de caridad, aperturas, partidos de polo, óperas e inauguraciones. Su popularidad comenzó a eclipsar a la de su consorte real. Así, mientras llevaba la vida pública de la perfecta esposa para el príncipe, su vida interna se desmoronaba. Inmediatamente comenzó a consultar a psíquicos y médiums (Neptuno, conjunto a la “parte del revelador”), e indignada y rebelde, se dio cuenta que su matrimonio era una simulación y un engaño (nuevamente Neptuno).

Recordemos asimismo que las atribuciones de Fortuna se encuadran dentro de lo que es innato al nativo, lo que su procedencia y origen le brindan como atributos, en consecuencia con el pasado, lo cual en cierta manera contrasta con la intencionalidad de Espíritu, referido a causas finales y/o formales. En la casa 7 desde fortuna vemos a Júpiter, la realeza, como su cónyugue, mientras que en la 7 desde Espíritu encontramos información acerca de la naturaleza neptunina y difusa de sus relaciones y apegos, así como un alto grado de idealización en este respecto. Si utilizáramos un sistema de domificación moderno, como Placidus, por ejemplo, es de notar que Mercurio y el Sol quedarían en casa 7 natal. Sin embargo, la casa 7 tiende a relaciones más estables, y la 8 a vidas más dramáticas, y a estar permanentemente “en el límite”. Creo que éste último describe mejor la situación de Diana.

Factores de eminencia

Valens destina el capítulo 23 de su segundo libro de la Antología para la explicación de los llamados “factores de eminencia”, que convierten a una persona en un ser humano con privilegios, poderes, reputación, prestigio, fortuna y aún gobierno sobre los demás. Tales natividades son llamadas “notables” o “estimables”, y en la antigüedad señalaban a los reyes y gobernantes en perspectiva, o a individuos “seleccionados” de la “masa”, clara alusión a la cualidad solar de “selección” y a la lunar de “colección” o agrupamiento. De allí que sus respectivas partes tengan participación en la determinación de estos factores. Estos no se circunscriben meramente al poder y fortuna mundanas, sino también aluden a cualidades humanas especiales, que dan a la persona aptitud e inteligencia para conseguir sus objetivos y realización, tanto se trate de condiciones materiales como espirituales.

En Vettius Valens, los factores primarios de este análisis, tal como se deduce de los variados ejemplos que constan al final de su segundo libro, parecen ser lo siguientes:

1– Determinación de la luminaria “en secta”. Si el tema es diurno, tomamos el Sol, la Luna si es nocturno.

2– Examinamos esta luminaria en función de los “regentes trigonales”. Ya Dorotheus basaba toda su Astrología en estos regentes, inclusive otorgándoles mayor importancia que los regentes de los signos. Los signos que se encontraban en los vértices de un triángulo compartían los mismos “Señores de Trígono”. Nótese que tal diferenciación corresponde a nuestra división de los signos en “elementos”; fuego, tierra, aire y agua.

Aries—Leo—Sagitario: Sol (diurno) Júpiter (nocturno)
Tauro—Virgo—Capricornio: Venus (d) Luna (n)
Géminis—Libra—Acuario: Saturno (d) Mercurio (n)
Cáncer—Escorpio—Piscis: Venus (d) Marte (n)

Si los regentes trigonales de la luminaria de turno, tomándolos por orden de secta, se encontraban bien ubicados (ángulos, o casas 5, 11, y 9) o en buena posición zodiacal (en el signo de regencia, exaltación, etc) indicaban un mayor o menos grado de progreso y desenvolvimiento en la vida.

Por ejemplo, en la carta de Stephen King, carta nocturna, tomamos a la Luna. El regente trigonal nocturno de Sagitario es el mismo Júpiter, que se encuentra en un lugar favorable (casa 5) en trino al regente del signo en que se encuentra.

En la carta de Diana, diurna, el Sol en Cáncer, regente trigonal diurno Venus. Su casa natal es una desafortunada, pero se encuentra en el signo de su regencia y es angular (culmina) en la carta desde Fortuna.

En la carta de Juan Castro, diurna, Sol en Capricornio, regente trigonal Venus, en casa favorable. Aunque conjunto a Neptuno.

Para obtener mayor información acerca de la “felicidad” de la persona (“eudaimonía, o sea acerca de “cómo esa persona ha sido bendecida por la divinidad”), Valens se remite seguidamente a Fortuna y Espíritu, más otro kleros que introduce en ese momento: el de la “base” (“Basis”, base, sostén, fundamento). El texto no es demasiado claro, pero lo que parece deducirse es que esta parte se forma tomando el arco menor entre Fortuna y Espíritu y agregándoselo al Horóskopos, o Ascendente. El juego entre estos kleroi y sus regentes brinda información acerca de cuán “eminente” es la natividad.

Por ejemplo, si el regente de Fortuna se encuentra en el mismo signo que Espíritu, y el de Espíritu en el mismo signo que el kleros de la Base, y el regente de éste en el signo de Fortuna, es decir, intercambiando sus regentes en una triple mutua recepción, la persona será muy afortunada. La conjunción de dos o más de estos factores incrementa la “realeza”, por así decirlo, de la carta.

Al volver nuestra vista al tema de la princesa Diana en busca de tales factores, lo primero que salta a la vista es la posición no demasiado favorable de ambas luminarias. La Luna es cadente (tercer signo-casa), y el sol se encuentra en el octavo signo-casa. La casa 8 no es una casa afortunada en el Helenismo, ya que se encuentra “en aversión” al Ascendente. “El lugar letárgico”, se le llamaba, por “leth”, olvido, y “argos” inactivo. De hecho, Diana es el ejemplo de una vida rodeada de oropeles, pero no demasiado afortunada. Quizás fue su carisma y magnetismo lo que le otorgó fama y el título de “Reina de Corazones”, lo cual vemos reflejado en la carta de Fortuna como Ascendente, en la que Espíritu está culminando en el Mediocielo. Su Regente, Venus, se encuentra allí presente, dignificado. En el Descendente vemos su matrimonio real (Júpiter) y la frialdad que le aguardaba, seguida del alejamiento (Saturno). Es interesante notar que Júpiter es el regente de su “parte del adulterio”, y la “parte de la felicidad matrimonial” se encuentra en Capricornio junto a Saturno. En el fondo de cielo, Neptuno alude a una pronta disolución de su hogar paterno: sus padres se separaron a sus 7 años de edad, y fue criada prácticamente por institutrices.

En el capítulo citado, Valens aclara que si los benéficos tienen autoridad sobre Espíritu y el kleros de la Base, siendo tales planetas orientales con respecto al sol, y ocupando su propio domicilio, la natividad se verá beneficiada con honores y eminencia. Verdaderamente, encontramos el kleros de la Base en 18 de Piscis, regente Júpiter, oriental, aunque ya demasiado alejado del Sol como para ser considerado “estrella matutina”. A Espíritu lo rige Venus, en elevación heliacal y oriental con respecto al sol, y en su propio domicilio, Tauro. Si pensamos en qué consistió la verdadera “eminencia” de esta princesa, seguramente lo relacionaremos con el planeta Venus: un innato sentido de simpatía, de compasión, y con cierta obsesión con respecto a sus relaciones, necesitando la atención y aceptación completa del hombre, según se relata en su biografía. Por otra parte, ella ingresa a su fama pública con su casamiento, el cual por poco tiempo pareció ser un romance ideal de cuento de hadas. A pesar de su decepción interna, se subió al estrado público presentando una imagen inmaculada. Se introdujo en el mundo de la moda y comenzó a desarrollar su propio sentido estético. Tenía el don de llegar a la gente.

Notemos que un caso parecido se presenta en el tema de Castro. Espíritu culmina desde Fortuna, demostrando un gran carisma y magnetismo. Mercurio es oriental con respecto al Sol, pero está en detrimento, cadente, y en cuadrado partil con Plutón. Su controvertida imagen pública y el espíritu de su periodismo se apoyaron en un firme auto-reconocimiento, el desafío a su entorno social, un agudo sentido crítico y en traer a luz lo que se escondía en los sectores más marginales de la sociedad.

El análisis que antecede es sólo una muestra superficial de la minuciosidad con la que Vettius Valens enumera todas las possibilidades y combinaciones que hacen a la eminencia de un tema natal. La posterior traducción de más fragmentos, tanto de Valens como de otros autores, posiblemente arrojen mayor luz y claridad sobre el asunto.

Conclusión.

El objetivo de este trabajo no ha sido meramente indicar cómo los antiguos utilizaban lo que hoy conocemos como partes, a las que ya hemos, con justicia, de llamar “helenísticas”. El estudio de los kleroi también brinda información sobre el espíritu de la Astrología Helenística, como hemos comprobado. Todavía queda mucho por develarse acerca de las condiciones internas o externas que llevaron a tan gigantesco florecimiento de la Astrología en este período. Posidonius el estoico, quien introdujo la Astrología a las mentes racionalistas griegas como una coherente explicación del mundo, definió al hombre como “el contemplador y expositor de los cielos”. La naturaleza misma—todos los antiguos estuvieron de acuerdo en este punto—había destinado al hombre a contemplar el cielo y sus perpetuos movimientos.

La conquista de Alejandro Magno había marcado un gran cambio de mentalidad en el mundo clásico: el antiguo ideal de la república Griega había dado lugar al concepto de una monarquía universal. Desaparecen los cultos zonales ante una religión global, y mientras el hombre dirige su mirada hacia los astros, se debilita el particularismo de las ciudades. El hombre estaba listo para concebir la idea de “humanidad”, reservando su homenaje para las potestades celestiales que extendían sus bendiciones a la raza humana. El cielo mismo mostraba una imagen inconfundible: tras el equinoccio de primavera se elevaba la figura del carnero celestial, y la precesión había llevado a las constelaciones a ocupar sus puestos brillando detrás de sus respectivos signos tropicales. Y a pesar de esa coincidencia, el mismo Hiparco descubre la precesión de los equinoccios, y no hubo un solo astrólogo helenístico que no diferenciara el círculo tropical del sideral. Una época sin precedentes, en muchos sentidos.

Hoy sabemos que la Astrología de aquellos antiguos manuscritos fue traducida al árabe y Persa, de allí al latín medieval, y así fue heredada en Europa a comienzos del Renacimiento. Siendo entonces mucha de la Astrología practicada hoy herencia directa del Medioevo tardío, surge la pregunta: ¿podrá haberse encontrado condicionada por traducciones o transmisión inexactas? A lo que sigue la pregunta: ¿Evolución o mala transmisión? ¿Ambas a la vez? La respuesta, como siempre, reside en el interior de cada uno.

Y es una paradoja que recién ahora, frente a los portales del futuro, sean posibles estos descubrimientos. Gracias a la labor de universidades de todo el mundo, los antiguos textos están siendo recuperados, transcriptos, y unos pocos, traducidos. La traducción al español de algunos de esos textos es una de las labores con las que trabaja el grupo al que pertenezco, en la ciudad de Córdoba. Y los desarrollos de nuestra época acompañan, pues todos esos textos pueden ser leídos desde un CDRom, algo anteriormente imposible físicamente. En una época en donde el futuro abre sus puertas, el conocimiento del pasado debe permanecer como plataforma más o menos consciente para dar un próximo paso, no importa si la meta es recuperar la sabiduría perdida del pasado, o intencionalmente alejarse de él. En lo que a la Astrología se refiere, de cualquier manera, se estará desafiando la tradición. La analogía que inmediatamente viene a mi mente es: ¿Le sirve a un pianista saber que la obra de Bach que va a interpretar originalmente se tocaba en un clave? La respuesta es un “sí” ineludible. Sin embargo, si al interpretar elige imitar al clave en el piano, o intencionalmente alejarse del pasado e imponer un nuevo estilo, es una decisión personal, y aún de importancia secundaria. La calidad artística y profundidad de su alma marcará la diferencia. Y si la decisión es un grito de vanguardia, más imperiosa es la necesidad de familiarizarse con el pasado, ya que nadie puede trascender lo que no conoce.

Voy a concluir con una cita del revolucionario astrólogo John Addey:

“Todo progreso humano va desde la tesis, a través de la antítesis, hacia una nueva y más elevada síntesis. El período de tesis tiende a ser dogmático y autoritario, a confiar pesadamente en la tradición y mirar hacia el inmutable mundo de las ideas, así disfrutando de una gran estabilidad. El período de antítesis tiende a ser más escéptico, y a tratar de someter a prueba las enseñanzas y tradiciones heredadas contra la experiencia concreta. Del mutuo juego de estas dos debería surgir una síntesis más elevada y completa que represente, en términos de ese ciclo, la madurez y el equilibrio”.

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