El Hecho Astrológico

De la física cuántica a la espiritualidad

Alejandro Christian Luna

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Diferentes hipótesis acerca de cómo funciona la Astrología

Este trabajo plantea algunas hipótesis que podrían dar cuenta del funcionamiento de la Astrología. Me referiré particularmente a las teorías de la física cuántica y al paradigma holográfico, a los conceptos junguianos de sincronicidad y arquetipo, y luego al modelo matricial. Como corolario, se verá el preponderante papel que juega la conciencia en el significado y materialización del hecho astrológico. El lector tendrá así una visión panorámica que irá desde el reino de la física al del espíritu, pasando por el reino biológico y el mental.

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Introdución

¿Funciona la astrología?

Para estudiar las diferentes hipótesis que pueden explicar el funcionamiento de la astrología, tenemos que partir de la base de que la astrología efectivamente funciona. Pero… ¿es realmente así?.

Para quien se dedica a la astrología de forma más o menos profunda, ésta pregunta puede ser irrelevante pues es algo que uno admite desde el vamos, casi como un axioma o un acto de fe. Tal certeza proviene usualmente de ámbitos puramente subjetivos y difícilmente transferibles a los demás. A lo sumo uno podría decir “la astrología funciona para mi”. El caso es que muchos estarán de acuerdo en la realidad fenomenológica de la astrología y tantos otros no.

De acuerdo al astrólogo Patrice Guinard existen tres hipótesis predominantes:

– Nada funciona. Los supuestos efectos de los planetas se deben únicamente a que el ser humano se los atribuye. La astrología no es más que autosugestión.

– Todo funciona, independientemente de la técnica elegida, incluso la carta errónea.

– Hay algunas correlaciones físicas reales entre las estrellas y la materia viva, correlaciones que producen cambios en los estados psíquicos de los seres humanos; de aquí que puedan llevarse a cabo verdaderos estudios que nos permitan investigar y definir dichas correlaciones.

En “Astrología ¿mito o realidad?”, los astrónomos Roger Cullver y Phillip Ianna muestran claramente que la astrología no puede demostrarse según el método científico (al menos en estos momentos), y se preguntan “si la astrología no sirve, no tiene validez, ¿por qué la gente continúa creyendo en ella?”. Geoffrey Dean responde: “em realidad sí sirve, pero sólo en la mente del que en ella cree”.

Es decir, o se trata de un acto de fe, o sirve por motivos puramente psicológicos, como una especie de efecto placebo que aporta un sentimiento de bienestar y de conexión con el cosmos.

En general las críticas más irrefutables acerca de su funcionamiento giran en torno a la gran cantidad de predicciones fallidas (por ahora no entraremos en la discusión de las predicciones fallidas dadas por la ciencia), así como por diversos experimentos basados en cartas natales que no ratifican las interpretaciones tradicionales.

Para proseguir con este trabajo deberemos dar por sentado que la astrología sí que funciona, quizás no como el método científico lo exige, pero seremos parciales (e inexactos) si creemos que la realidad sólo puede ser validada a partir de lo que dice la ciencia, sobre todo las llamadas ciencias duras.

Figura 1

Según el planteo del filósofo estadounidense Ken Wilber, uno puede aprehender la realidad de cuatro formas diferentes. Él lo llama las cuatro esquinas del Kósmos.

Como vemos en la Figura 1, el cuarto superior izquierdo remite al contacto directo, interior y subjetivo que tenemos de las cosas. El superior derecho remite al contacto objetivo, externo de las cosas; a todo aquello que pueda ser descrito en el lenguaje del ello, es decir, todo lo que se puede señalar con el dedo.

El cuarto inferior izquierdo no es un ámbito individual sino colectivo e inter-subjetivo, tiene que ver con la realidad cultural, con la visión del mundo que compartimos colectivamente.

El inferior derecho también es colectivo pero remite al fundamento tecno-económico y material que permite uma visión del mundo dada. Por ende es sistémico y ecológico.

Si queremos sacar alguna conclusión medianamente fundamentada acerca de la Astrología, deberemos encararla desde estos cuatro ángulos distintos.

Las críticas de la ciencia proceden mayormente desde el cuadrante superior derecho, pues nada definitivamente objetivo puede decirse acerca del hecho astrológico. Sin embargo, comenzaremos enfocándonos en las teorías propias de este cuadrante, pues considero que muchas de ellas poseen un potencial heurístico muy prometedor en el caso que nos ocupa.

Explicaciones Causales

La mecánica newtoniana

Con Galileo y Newton surge el planteamiento científico, una manera de interpretar la realidad completamente diferente a la de la época medieval, con sus afinidades y correspondencias holísticas. Aparece el concepto científico de fuerza que se puede cuantificar con precisión y relacionar matemáticamente con cambios de movimiento. La anatomía y la comprensión de la circulación de la sangre sustituyeron a los humores y sus correspondencias astrológicas, que finalmente condujeron a los adelantos médicos a partir de la teoría bacteriológica de la enfermedad, la vacunación y los medicamentos modernos. La ciencia, ayudada por la matemática, fue capaz de describir el universo en términos cuantitativos que tuvieron un inigualable poder predictivo. Utilizando el método científico, se podía aislar y analizar cualquier fenómeno bajo condiciones repetibles hasta que, incluso los procesos más complejos fueron reducidos a unidades elementales conocidas que se comportaban de un modo previsible como consecuencia de las fuerzas que interactuaban entre ellas. Al terminar el siglo XIX la mecánica newtoniana se había convertido en modelo para todas las demás ciencias, creyéndose que todo fenómeno se podría explicar en términos de un puñado de leyes físicas, reduciendo, en principio, los campos más complejos de la biología y la química, a la certidumbre de la física.

El Universo en la Edad Media era un organismo vivo, pero ahora se había transformado en algo mucho más parecido a una máquina de enorme ingenio en cuanto a su construcción y funcionamiento. Incluso la naturaleza humana aparentemente se podía reducir a corrientes de energía interna que eran consecuencia de reacciones electroquímicas del sistema nervioso.

Los adelantos tecnológicos iban a la par de los científicos, permitiendo el descubrimiento y el uso controlado de la energía calórica, la eléctrica, la actividad química, etc. J. C. Maxwell introdujo los campos de energía que unían los fenómenos de la luz, el magnetismo y la electricidad en un solo campo, el electromagnético.

Campos magnéticos y morfogenéticos

H. Fidelsberger afirma que el sistema solar es un enorme campo de fuerza electromagnético único, que al desplazarse modifica la esfera magnética terrestre. El Dr. Burr sugiere la existencia de campos electromagnéticos que organizan la estructura de los seres vivientes, a los que denomonó campos L. Estas ideas fueron ampliamente desarrolladas por el científico inglés Rupert Sheldrake, quien há sugerido la existencia de patrones de información activa en la naturaleza, a los que denominó campos mórficos, que dirigen el comportamiento y la estructura de los seres vivos. Sheldrake postula que la naturaleza se rige más por hábitos que por leyes universales. La resonancia mórficaradica en la influencia de lo semejante a través del tiempo y del espacio.

Si bien las teorías de Sheldrake pueden parecer inverosímiles y en las antípodas de los milagros concretos que ha conseguido la ciencia desde su nacimiento, ambas posturas se basan en una explicación causal; una explicación cuyo mejor ejemplo es el caso del juego de billar: la bola A choca con la B, produciendo en B una translación de “x” milímetros en una dirección de “y” grados, con lo cual choca a la bola C que a su vez… ‘ad infinitum’. Es decir, hay algo que causa otra cosa que a su vez causa otra en una cadena interminable de causas y efectos.

Esta manera causalista de entender el mundo fue muy criticada por el filósofo escocés David Hume (1711-1776). Según él, todos nuestros conocimientos derivan directa o indirectamente de las impresiones. Critica la idea de causalidad, la de substancia y la de alma. La conexión necesaria entre dos sucesos (que constituye el núcleo de la idea de causalidad), no lo proporciona la razón pero tampoco la impresión. El efecto causaefecto no es más que el resultado del “hábito”. En realidad tenemos la percepción de causa-efecto porque ocurre en un ‘tiempo’ y porque estamos acostumbrados a ver una y otra vez ese encadenamiento de sucesos. Además no es nuestra razón lo que decide lo que hacemos sino nuestros ‘sentimientos’. Luego llegó a la conclusión de que la causalidad no resistía un punto de vista estrictamente lógico. Sólo por el hecho de que en el pasado se ha observado, en muchas ocasiones, que B sigue a A, no se deriva lógicamente que esta sucesión ocurrirá en el futuro. Por lo tanto, la creencia en la causalidad se basa en un hábito de la mente provocado por un precedente histórico repetido y está lejos de ser una prueba lógica de la inevitabilidad. Tal como escribió, “no tenemos ningún otro concepto de causa y efecto excepto el de determinados objetos, que siempre han estado unidos… No podemos penetrar en la razón de la conjunción” (…) A fuerza de las pruebas sólidas y el razonamiento, nunca podré superar los prejuicios arraigados de la humanidad. Antes de resignarnos a esta doctrina, ¿cuántas veces debemos repetirnos que la simple visión de dos objetos o acciones, por muy relacionados que estén, nunca nos proporcionará una idea de poder o de una conexión entre ellos?”.

La causalidad se deduce del comportamiento pasado del universo, pero nunca es posible penetrar en los fenómenos de la naturaleza, en un sentido lógico o filosófico, y percibir directamente lo que está sucediendo.

Para comprender más sencillamente lo que Hume quiere decirnos, podemos apelar a símbolos tan leoninos como los del gallo y el Sol. Desde el punto de vista causalista sería lícito decir que el canto del gallo “causa” la salida del Sol, pues es algo que se repite constantemente en la naturaleza y una cosa aparece seguida inmediatamente de la otra.

¿Y que pasa con la Astrología? Los escépticos se han hecho a través del tiempo siempre la misma pregunta: ¿qué tipo de influencia, de fuerza, es la que ejercen los planetas sobre nosotros?. Para ellos la única fuerza conocida que podría influir de alguna manera es la gravitatoria. Así, deducen que la atracción que ejerce la enfermera o el médico sobre el recién nacido es mucho mayor que la que puedan ejercer los planetas. Por ejemplo, la fuerza gravitatoria del médico es 400.000 veces mayor que la de la Luna. Incluso las fuerzas de marea a las que siempre “aludimos” son también despreciables. La fuerza de marea ejercida por la madre es 12 millones de veces mayor que la ejercida por la Luna.

Esta crítica lo único que deja bien en claro es que la astrología no funciona en base a fuerzas gravitatorias. Luego infieren que debe tratarse de una fuerza desconocida y se preguntan ¿qué tipo de fuerza es? ¿Por qué sólo la percibe el cerebro humano y es inaccesible para cualquier aparato de medida? ¿Por qué se manifiesta sólo en la Astrología? ¿Por qué esa misteriosa influencia no se presenta en ninguna otra disciplina científica?. ¿Depende esta fuerza de la distancia? ¿Depende de la luz que los astros emiten?. Para el astrólogo español Demetrio Santos, el gradiente de luz emitido por los planetas no solamente explicaría al hecho astrológico sino también el comienzo de la vida en la Tierra.

Apoyado seguramente en las ideas del Dr. Burr sobre los campos L, el sudafricano Percy Seymour –miembro de la Real Sociedad Astronómica- plantea en el libro La prueba científica de la astrología que el desarrollo del cerebro humano puede ser afectado por el campo magnético de la Tierra, especialmente durante el crecimiento del feto en la matriz. Seymour sugiere que la magnetósfera terrestre es afectada por los campos del Sol y la Luna. Otros planetas como Júpiter, Marte y Venus, en su opinión, también toman parte influyendo en los relojes internos de los seres vivos.

En la misma línea de pensamiento, Bruce Scofield sugiere un modelo astro-biológico de desarrollo humano, basado fundamentalmente en el concepto de impronta del etólogo Konrad Lorenz. Scofield cree que los factores ambientales (sobre todo los ciclos circadianos y circanuales) generan una impronta (un patrón de conducta innato) que se fija a lo largo de diferentes períodos de tiempo. Las cambiantes propiedades del campo electromagnético serán coincidentes con cierta periodicidad biológica de cada ser.

Este tipo de respuestas causalistas sólo podrían -en el mejor de los casos- dar cuenta de algunos aspectos de la astrología genetlíaca (la aplicación de progresiones simbólicas, por ejemplo, quedaría afuera), siendo incapaces de explicar los hechos descriptos por la astrología mundana, la horaria, la financiera, etc.

Por otro lado, creo que es innecesario insistir en la justificación del funcionamiento de la Astrología desde un punto de vista causalista; no porque no valga la pena investigar al respecto, sino porque me parece que a fin de cuentas no es el camino adecuado para explicar algo que trasciende los límites puramente físicos de los hechos causales del macrocosmos.

Si analizamos a la Astrología desde el punto de vista causalista tenemos más que perder que de ganar, pues si la llevamos al plano de lo físico-materialista deberemos analizarla con las herramientas adecuadas del ámbito físico-materialista, es decir, las del método científico. Y los casos exitosos en que se ha demostrado una relación directa entre las influencias del cosmos y los organismos terrestres son insuficientes para dar cuenta de la enorme complejidad de la Astrología.

La mirada causalista de los hechos es propia del paradigma científico newtoniano. Y probablemente no haya astrólogo (por más espiritualista que sea) que en algún lugar de su alma no fantasee con algún “descubrimiento” que demuestre definitivamente de forma racional y científica a su amada ciencia astrológica, la “madre de todas las ciencias”. Automáticamente nos sentiremos más contenidos, tranquilos, respetados y avalados por la sociedad. Sentiremos que por fin ha llegado “nuestra hora” y diremos algo así como “¡se los dijimos!¡lo venimos deciendo hace milenios, la Astrología es cierta, es real, es científica!”

Para mi, esa hora nunca llegará. ¿Por qué? Porque la Astrología va más allá de la ciencia, va más allá del paradigma newtoniano… va más allá…

Quiero dejar bien en claro que no digo que no valga la pena investigar con metodología científica. Pero estoy seguro que es una forma de recortar nuestro objeto de estudio, y por ende, de mutilarlo y pervertirlo.

Gracias al estudio estadístico de Gauquelin hemos dado con sectores sensibles de la carta astral (los finales de las Casas sucedentes) que antes no se tenían demasiado en cuenta.

Pero como dice el astrólogo brasileño Alexey Dodsworth, las posteriores repeticiones de las pruebas llegaron a resultados diferentes de los alcanzados por Gauquelin; todas las estadísticas en Astrología remiten a resultados que están muy por encima del promedio de “pura coincidencia”. El problema es que las pruebas no se “confirman”, demostrando apenas resultados elevados que varían mucho de investigador en investigador. Él mismo dio cuenta de ello al repetir una investigación sobre homosexualidad masculina, realizada inicialmente por el norteamericano Karl Roberts y posteriormente repetida por Dodsworth en Brasil.

Roberts levantó una estadística cubriendo dos mil mapas de hombres que se definían como “homosexuales”, y a partir de esa estadística percibió una incidencia de más de 75% de mapas con aspectos mayores entre los planetas Venus y Urano.

Sin embargo, al repetir Dodsworth la experiencia en Brasil, los aspectos mayores entre Venus y Urano se limitaron al 25%, cuestión de “mero azar”. Lo sorprendente es que se encontró con un porcentaje notablemente grande (iguales 75%) de aspectos mayores entre Venus y Saturno del mismo orden: cuadraturas, oposiciones o conjunciones.

Su conclusión es muy significativa, porque contextualiza los resultados dentro de un todo mayor: “cada sujeto es único, y cada caso demanda una investigación aparte. Cualquier especie de generalización, en lo tocante al género humano, es un error. Y la Astrología se pauta en mapas astrológicos, y no en signos solares o Ascendentes. Cada mapa astrológico es una constelación única, y esta constelación es un conjunto de significantes que puede asumir los más diversos significados. Los significados no vienen ‘hechos’, ‘filtrados’ o ‘automáticos’, sino que son construidos por el sujeto. Y en este proceso de construcción de significados los resultados observables, comportamentales y que se configuran en forma de ‘destino’ son múltiples y dependen de una serie de factores: ambiente, educación, cultura”.

Aquí se hace visible la interconexión de los cuatro cuadrantes postulados por Wilber. Desde el cuadrante superior derecho (el cuadrante Ello en la Figura 1), cada estudio era perfectamente objetivo y estaba “correcto”. Desde el cuadrante inferior izquierdo (el cuadrante del Nosotros) los resultados eran diferentes y hasta contradictorios. Damos cuenta de estas diferencias desde el cuadrante inferior derecho (Ellos) y las internalizamos desde el cuadrante superior izquierdo (Yo). ¿Por qué los resultados varían de investigador en investigador?. De cada uno de los cuadrantes proviene una respuesta igualmente válida. Cada cuadrante posee un tipo de verdad, ninguno tiene la verdad completa del asunto. El caso es que la mirada científica (propia del hemisferio derecho del círculo integral de Wilber) pretende alzarse con la única verdad de la realidad.

Explicaciones Acausales

La física cuántica

Albert Einstein demostró algunos años antes de que apareciera la teoría cuántica que el espacio y el tiempo no son entidades separadas e independientes sino un continuum espacio-tiempo, del que participan todos los procesos del Universo. En su teoría del campo unificado propuso que la esencia del Universo no son las partículas sino los campos.

La mecánica cuántica, también llamada la física de las micropartículas, es una de las disciplinas más enigmáticas de la ciencia actual. Es tan enigmática que uno no podría decir terminantemente si responde a una explicación causal o acausal, pues en el fondo, su acausalidad proviene de una causalidad mucho más sutil.

Si bien la parte matemática tiene una gran complejidad, las interpretaciones que sugiere son (peligrosamente) simples y significativas.

El comportamiento de las partes constitutivas del átomo no está determinada por las leyes de causa y efecto. Dos micropartículas pueden continuar interrelacionadas en forma inmediata más allá del tiempo y el espacio que las separa. Las respuestas de una a outra son instantáneas, superando la velocidad de la luz, cosa que se consideraba totalmente imposible.

Esta relación instantánea se demuestra a partir de la medición que un observador haga a alguna de las dos partículas asociadas. Los científicos llegaron a la conclusión de que con el sólo hecho de observar las micropartículas se modifica la observacion misma. Es decir que el sujeto no puede ser objetivo, pues lo observado reacciona ante la observación (dando cuenta de las relaciones entre el cuadrante superior izquierdo y el cuadrante superior derecho de la Figura 1).

Esto desafía la pretendida objetividad del método científico. Para observar una micropartícula se necesita al menos un fotón (la menor partícula de luz) como para “ver” lo que haya que ver. La cuestión es que este fotón colisionará con lo que se quiera ver (por ejemplo, un protón) modificando su trayectoria y por eso, modificando la experiencia real de la trayectoria del protón.

El hecho de hacer una medición sobre una micropartícula (es decir, averiguar su posición o su velocidad) hace que otra partícula asociada aparezca en un lugar y a una velocidad determinada. El físico cuántico Eugene Wigner sostuvo que es la conciencia del observador la que provoca las condiciones de cada partícula, pues antes de ser medidas las partículas no existen de por sí sino que tienen tan solo “x” probabilidades de existir. Técnicamente a esto se le llama “colapso de la función de onda”. Fue el premio Nobel Erwin Schrödinger quien descubrió la ecuación de onda capaz de “materializar” la micropartícula. La función de onda de Schrödinger refleja todos los estados potenciales en que se encuentra un electrón hasta que se manifiesta de una manera determinada. Cuando esto ocurre, la infinidad de probabilidades se colapsan en una sola probabilidad.

Wigner decía que las leyes actuales de la física son incompletas si no se traducen en términos de “fenómenos mentales”. Que lo más seguro es que sean leyes inexactas, su falta de exactitud se incrementa en tanto aumenta el rol que la vida juega en los fenómenos considerados.

A decir verdad, en la actualidad el consenso entre la mayoría de los físicos es que Wigner estaba equivocado: la mecánica cuántica no necesita tomar en cuenta la mente del observador. Hoy la mayoría de los cuánticos concuerdan en que el observador es simplemente el resto del universo y la “observación” ocurre en tanto cualquier parte del resto del universo interactúa con el elemento cuántico. La mecánica cuántica no necesita la conciencia. Si el observador utiliza para su medición un aparato que mida ondas, obtendrá ondas. Si utiliza uno para medir partículas, obtendrá partículas. Werner Heisenberg, uno de los teóricos fundadores de la mecánica cuántica, escribió en su libro Física y filosofía: “la transición de lo posible a lo real se efectúa en cuanto el objeto interactúa con el aparato de medición… no tiene nada que ver con el acto de registrarse el resultado en la mente del observador. En definitiva, la teoría cuántica no contiene elementos subjetivos genuinos, no introduce la mente del físico como parte del acontecimiento atómico.”

Sin embargo, todos coinciden que en la esfera cuántica todo está interconectado, cada partícula parece estar hecha con las demás partículas. En el interior del átomo casi todo es vacío y todo esta vibrando. Si pudiéramos percibir la realidad con ojos cuánticos veríamos que formamos parte de un gran caldo de energía y que todos los objetos del mundo físico son un conglomerado de energía que flota en un universo de energía. En cierta manera no hay separación alguna entre nosotros y el resto del universo. Puede discutirse si la mente del observador influye en lo observado, pero lo que es seguro es que ambos forman parte de un sistema unitario. Tanto desde las abstracciones teorícas como desde la práctica (ver el experimento de Alain Aspect del teorema de Bell) está demostrado que nuestro mundo físico está sostenido por una realidad invisible que se comunica a una velocidad mayor a la de la luz, dando por los aires con Einstein y con la relatividad.

El hecho de que las partículas subatómicas parezcan estar hechas de las demás partículas tiene que ver con su doble condición de onda/partícula. Algo así como las olas en el océano, que están hechas de moléculas de agua pero a su vez son ondas sobre la superficie del mar. ¿Qué son las olas entonces? Ambas cosas a la vez. Las olas están hechas del océano mismo.

…Nadie sabe cómo puede ser así…

Que un cuerpo influya sobre una partícula aunque se encuentre a distancias remotísimas puede ser una excelente noticia para los astrólogos ávidos de explicaciones causales, el hecho es que la mecánica cuántica describe tan sólo el movimiento de los sistemas en los cuales los efectos cuánticos son relevantes. Se ha documentado que tales efectos son importantes en materiales que cuentan con no más de unos 1.000 átomos.

Y aquí radica el error de hacer comparaciones demasiado forzadas, extrapolando la información de una cosa que no tiene nada que ver con la otra. En el mismo nivel de la materia no se puede igualar lo que ocurre entre las micropartículas y las macropartículas (y mucho menos con otros niveles de realidad que van más allá de lo físico). Por ejemplo, el átomo está compuesto aproximadamente por un 99% de vacío y un 1% de materia. Ellos vibran a tanta velocidad que parecen ser 100% materia sólida. Tanto una pared de cemento como mi propio cuerpo están hechos fundamentalmente de “vacío”, pero si me lanzo de cabeza contra la pared no la atravesaré sino que quedaré bastante machucado. Si confundimos la física cuántica con la física tradicional o explicamos la Astrología desde el punto de vista cuántico podemos darnos un golpe similar.

Como dijo el premio Nobel Richard P. Feynman: “Pienso que se puede afirmar tranquilamente que nadie entiende la mecánica cuántica… No digas ¿pero cómo puede ser así? porque llegarás a un callejón sin salida del que nadie ha escapado. Nadie sabe cómo puede ser así.”

De la misma manera, si llevamos la causalidad al límite veremos que todo causa todo lo demás, pues el movimiento de una bola de billar estará influido por la fuerza y dirección del golpe, por la superficie por donde rueda, la altura, la presión, la temperatura, mínimamente lo hará por el efecto Coriolis propio del la rotación de la Tierra sobre su eje, de la fuerza de gravedad que ejerce la Luna, los planetas interiores, los exteriores, el centro de la galaxia… y aquí me detengo. Tanto desde la física clásica como desde la cuántica, todo causa todo lo demás y todo está interconectado. Esta idea nos recuerda a la máxima hermética tan cara a la Astrología: “como es arriba, es abajo”. Sin embargo, la frase del Trismegistos engloba diferentes dimensiones de la realidad o planos de existencia, cosa que no se da en la teoría cuántica ya que se refiere solamente a la interconexión del plano material, el de la fisiosfera.

La hipótesis que sostengo es que la Astrología no se puede explicar por estos medios pues ellos tan solo remiten al nivel material de la realidad. Pero la Astrología fundamentalmente comprende niveles superiores de realidad que tienen que ver con lo simbólico, con el lenguaje, con las emociones, lo psicológico, el alma y acaso con el espíritu.

Haciendo esta aclaración, permítanme compartir con ustedes un poema que escribí hace un tiempo inspirado por las proporciones del tema que nos ocupa.

Lluvia de protones
La luz juega entre relámpagos oscuros de materia;
más pequeño de lo que te imaginas,
más pequeño aún,
todo el universo en una mota de polvo
que brilla cegadoramente a través del resplandor.
Dios
Espíritu
Materia,
no haces otra cosa que mojarme.

El paradigma holográfico

La holografía es una técnica avanzada de fotografía, que consiste en crear imágenes tridimensionales. Para esto se utiliza un rayo láser, que graba microscópicamente una película fotosensible. Ésta, al recibir la luz desde la perspectiva adecuada, proyecta una imagen en tres dimensiones.

El neurofisiólogo Karl Pribram ha establecido la hipótesis de que el cerebro sigue un modelo holográfico. Lo más relevante de las imágenes holográficas consiste en que si partimos un holograma en dos, cada fragmento poseerá la información original completa; y aunque siguiéramos subdividiendo cada fragmento, por más pequeño que sea, siempre contendrá la infomación del todo, la imagen completa. Esta imagen tridimensional de un objeto real se forma en una placa por efectos de una interferencia electromagnética; proceso que, según el psicólogo Stanislav Grof, es semejante al que acontece en la psique inconciente.

La parte en el todo, y el todo en la parte, ¿les suena?. Esa sería para muchos científicos la cualidad intrínseca de la mismísima realidad.

Pribram explica lo que es un holograma con la siguiente imagen:

“Arrójese un puñado de arena en un estanque y las ondas producidas por cada grano de arena se entrecruzará con las ondas de los otros granos de arena, estableciendo patrones de frentes de ondas que se interfieren. La suave superficie, a modo de espejo, se ha hecho imprecisa, pero el desdibujamiento ha ocultado en su interior un patrón increíblemente ordenado. Si pudiera congelarse repentinamente el estanque en ese instante, su superficie sería un holograma. El holograma fotográfico es como un registro congelado de patrones de interferencia”.

Ahora imaginemos nuestro sistema solar como un estanque sideral; cada planeta es como un grano de arena productor de ondas. Éstas se entrecruzan con las demás, generando un patrón de interferencia constantemente varible.

Es en el momento del nacimiento cuando queda fijado en cada uno de nosotros un holograma personal que es individual y cósmico a la vez. Nuestro ser (¿acaso nuestra alma?) podría ser la placa sensible que da cuenta del patrón energético, y que a su vez es interpretado por nuestro cerebro.

Me atrevo a decir que este holograma es ni más ni menos que la carta natal.

Ahora bien, habría que hacer una distinción importante. El patrón energético que nos define es una cosa, pero las reacciones psicológicas ante este patrón es otra muy distinta. Si no fuera así, todo estaría ya escrito y seríamos completa y tristemente previsibles.

En la holografía es necesario contar con un haz de luz coherente para dar cuenta de la imagen tridimensional que se proyecta en el espacio. Es el láser quien cumple esta función.

Utilicemos la analogía y pensemos en la carta natal como un holograma, ¿qué tipo de luz necesitaríamos para hacerla manifiesta?.

Esa luz coherente que podría concretizar la información contenida en su interior no es otra que la “luz” de la conciencia. Cuanto más pura o elevada sea, mejor evidenciará el potencial natal; tanto más coherente será con la energía simbolizada por la carta. Aclaro que cuando hablo de conciencia me estoy refiriendo a la conciencia del “dueño” de la carta, no a la conciencia del astrólogo que la interpreta.

Una conciencia libre de apegos, de prejuicios y de identificaciones generará una realidad más integrada y perfecta, y en el fondo, verdaderamente real.

Es el nivel de conciencia de cada ser lo que hará la diferencia entre experimentar la carta natal (es decir, la propia energía) de una u otra manera. Esta holografía simboliza lo que potencialmente somos, además de indicar tanto nuestros ciclos personales como los colectivos y generacionales.

En este sentido, no sólo dependerá del nivel sino del tipo de conciencia que iluminará al holograma. El potencial de nacimento será actualizado y optimizado en función del nivel de conciencia que atraviesa el holograma.

O usando la fórmula de Pierre Weil: Vr=(f)Ec

Donde la vivencia de la realidad (Vr)es función (f)del estado de conciencia (Ec) en que estamos.

El concepto de holograma puede aplicarse a todo aquello que represente la imagen completa de algo, por eso es que la astrología “es” holográfica.

Tal como la utilizamos corrientemente, la holografía es una técnica que sin usar ningún tipo de lentes crea imágenes tridimensionales. Un rayo láser graba microscópicamente una película fotosensible y ésta, al recibir la luz desde la perspectiva adecuada, proyecta una imagen en tres dimensiones.

Pero si lo vemos con cuidado, no es verdad que el holograma contenga la información de toda la escena. En realidad, cada fragmento del holograma contiene la información de toda la escena vista desde el lugar donde el observador estaba.

De esta manera apreciamos la importancia que tiene la posición en el espacio del ser al que se le levanta una carta natal, pues la domificación establece el ángulo deincidencia de las diversas “frecuencias energéticas”.

La mayoría de los astrólogos en algún momento de su quehacer se da cuenta que diferentes rasgos de la carta natal se repiten en varios niveles, como distintas cosas que hablan de lo mismo, remitiendo a una imagen holográfica. Diferentes técnicas traen diferente información, pero esa información tiene similaridades que apuntan a la carta natal como un todo. Las progresiones simbólicas, por ejemplo, relacionan el movimiento diario de un planeta con una dimensión mayor, el año. Un día transcurrido es un año transcurrido. La Luna progresada es sincrónica al tránsito de Saturno. Cada signo, cada planeta, tienen sentido en tanto parte de una totalidad; sería un error entenderlos individualmente.

La tradición hindú divide generalmente a los signos en 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9 partes iguales o ‘shodasavargas’. En Occidente los armónicos se trabajan hasta el 12; es decir, cada signo estará dividido en 12 secciones, por lo tanto dentro de cada signo existen los doce signos. En la parte está el todo.

F. David Peat, a partir de la teoría del orden implicado de Bohm, afirma que el Universo entero se encuentra plegado sobre si mismo en cada región del espacio. “Los eventos sincronísticos, entendidos como una coincidencia significativa entre microcosmos y macrocosmos, son aplicables si consideramos que, bajo los estratos de un orden implicado individual, existe un nivel más profundo que contiene, plegada, toda la información del Universo”.

Como analogía literaria, propongo la del cuento de Jorge Luis Borges El Aleph, sólo que para Peat cada punto del espacio sería un Aleph.

Así lo describe el genial escritor argentino:

“… En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo..”

Con respecto a la teoría del orden implicado y explicado de David Bohm, podría decirse que una carta astral surge del océano de lo implicado. Bohm pensó este escenario en términos de holomovimiento u ‘holokinesis’.

Cualquier forma de movimiento podría constituir un holograma, la totalidad indefinida de movimientos sería un holomovimiento, o sea, la base de lo que es manifiesto. La carta natal es un momento particular dentro de ese contínuo holomovimiento y por eso, una holografía que posee la información del Todo.

Según Bohm, el Universo está estructurado según los principios generales del holograma, y para Pibram el cerebro es un holograma que decodifica un universo holográfico.

En la teoría holográfica lo que puede verse es que en última instancia se trata de decodificación de frecuencias. Los diversos aspectos del Universo se expresan en forma de modelos de interferencia energética, entremezclados pero diferentes que portan información que definen su naturaleza e identidad.

Es sugerente el hecho de que en la holografía no se usan lentes, es decir, no se focaliza. Una lente provoca la divergencia o convergencia de la luz, pero el laser siempre permanece coherente. Al no haber convergencia no hay focalización. Esto produce una suerte de un emborronamiento de frecuencias que luego se decodifica.

La teoría holográfica sostiene que un ámbito borroso de frecuencias y potencialidades sustenta la realidad concreta. Los fundamentos de la Astrología provendrían de ese nivel de frecuencias que sólo podemos registrar desenfocando nuestra mirada, como en las imágenes (estereogramas) del libro “El Ojo Mágico”.

Los estereogramas son imagenes 3d ocultas en otra imagen, en un patrón en dos dimensiones. Estos se pueden ver ya que nosotros tenemos dos ojos, por ende dos visiones diferentes, lo que pasa es que nuestro cerebro une las dos visiones. El estereograma es una ilusión óptica basada en la capacidad que tienen los ojos de captar imágenes desde distintas perspectivas. Esas perspectivas diferentes son captadas de tal forma por el cerebro, que pareciera ser una imagen tridimensional.

Figura 2

Solamente podemos visualizar lo que se encuentra “oculto” tras la esfera de frecuencias si desenfocamos nuestra manera de observar.

Un mítico guerrero samurai del siglo XV llamado Miyamoto Musashi distinguía entre dos tipos de empleo de los ojos: el ken o visión superficial de la apariencia, y el kan o acceso a la esencia de las cosas. La mirada debe ser profunda y amplia. Esta es la doble mirada “vista y percepción”. La percepción es fuerte, y la simple vista es débil.

Decía que “en estrategia es importante ver las cosas lejanas como si estuviesen cerca, y tomar un punto de vista distante de las cosas cercanas. Es necesario ser capaz de ver a ambos lados sin mover los ojos. Esta habilidad no se domina con facilidad. Asimila lo que está escrito aquí: usa esta mirada en la vida cotidiana y no la modifiques ocurra lo que ocurra”.

Para verificar si la Astrología funciona como la holografía tendríamos que desenfocar nuestra conciencia/mirada habitual para así descubrir la dimensión más profunda de la que surge nuestra realidad. Una conciencia focalizada (como la que usamos constantemente) tiende a “definir”; sin embargo una conciencia no focalizada lo que define es la dimensión oculta tras el patrón energético de frecuencias. Sólo así podremos ver, luego de practicar un poco, ese objeto escondido que flota dentro de un conjunto caótico de formas e imágenes sin sentido (Figura 2).

También diríamos que la frecuencia particular de cada tránsito planetario genera una información plausible de ser codificada por un cerebro en un lugar y momento determinado. De aquí provendrían la concienciación de las cualidades esenciales de los planetas, del efecto de los tránsitos y las progresiones, entre otras cosas.

Ahora bien, debemos darnos cuenta que no se puede ir mucho más allá de estas interpretaciones. Sin embargo si vamos más allá del nivel físico de frecuencias, vemos que tanto el holograma como el estereograma funcionan excelentemente como ‘metáforas’ para describir niveles diferentes y superiores de realidad.

Los antiguos alquimistas, astrólogos y filósofos herméticos usaban como metáfora el Unus Mundi y las correspondencias entre Macrocosmos y Microcosmos.

Así era como la mentalidad medieval buscaba uma inserción en el cosmos que diera sentido a su existencia. Hoy nuestra metáfora es la del orden implicado y el holograma.

Si bien el holograma remite a una realidad “inmaterial” el caso es que al hablar de frecuencias o pautas de interferencia electromagnética seguimos en el nivel de la fisiosfera, o sea, el nivel de la física, la óptica y el electromagnetismo.

Y como decía antes, la Astrología no se puede explicar solamente por estos medios pues ellos únicamente remiten al nivel material (el más básico) de la realidad; pero como metáfora… es una metáfora excelente.

Astrología y sincronicidad

En su libro “La interpretación de la naturaleza y la psique”, Carl Jung analiza el fenómeno de la sincronicidad, con la que pretende dilucidar ciertos casos extraordinarios, “coincidencias significativas”, imposibles de explicar causalmente.

La sincronicidad puede definirse entonces como una coincidencia significativa de dos o más sucesos en la que está implicado algo más que el puro azar. Dicho de otra manera, sería una coincidencia en el tiempo de dos o más acontecimientos no relacionados causalmente que tienen el mismo o similar significado.

Para el filósofo Michel Cazenave, en un evento sincronístico desaparece la dualidad que habitualmente sentimos como sucesos “interiores” y “exteriores”, pasando a experimentar que toda cosa está contenida en la misma totalidad.

¿Realmente la Astrología tiene algo que ver con la sincronicidad?. Muchos astrólogos están de acuerdo con ello, dejando atrás las habituales interpretaciones “newtonianas” que intentan explicarla de una manera totalmente causal. Los planetas ya no causarían ni indicarían, sino que “significarían”.

En “El Secreto de la Flor de Oro”, Jung dice: “Si dispusiera de resultados generalmente confirmados, la astrología sería un ejemplo de sincronicidad de máxima importancia. Pero hay al menos algunos hechos suficientemente verificados y confirmados mediante extensas estadísticas, que hacen aparecer el planteo astrológico como digno de la consideración filosófica.”

La gran diferencia entre el experimento científico y la sincronicidad es que la verificación del primero radica en su reproducibilidad, mientras que la de la sincronicidad tiene que ver con su unicidad espaciotemporal. Un experimento será cierto y verificable cuanto más se repita. Si controlamos la velocidad de caída de una manzana ésta debería ser igual tanto en Buenos Aires como en Tokio. La sincronicidad y la repetitividad se autoexcluyen.

 La sincronicidad sólo tiene significado para la persona que lo experimenta. El método científico no tiene por qué tener en cuenta la necesidad de un significado, pero sin significado no hay sincronicidad. Estas actúan como espejo de los procesos internos de la psique y toman la forma de manifestaciones exteriores de transformaciones interiores. Es como si la formación de patrones dentro del inconsciente fuese acompañada por patrones físicos en el mundo exterior, esta reestructuración interna produce resonancias externas. Otra vez se verificaría la máxima hermética: como es arriba es abajo; como es adentro, es afuera.

Hace poco tiempo tuve una experiencia de sincronicidad con otras dos personas. Estaba caminando por la calle con unos amigos, hablando de la vida y la muerte.

Ellos tienen una mirada materialista de la existencia y niegan completamente una vida ultramundana. Yo intentaba introducir otro punto de vista. Cuando la conversación ya se estaba poniendo candente observo en el suelo, a pocos pasos de distancia delante mio, un pequeño crucifijo. Lo tomo y casi sin pensarlo digo algo así como “esta señal dice que hay vida después de la muerte”. Ellos comienzan a reír diciendo que ese símbolo es para manejar a los hombres, y otras cosas de ese tipo, todo en un tono amigable por supuesto. Me sorprendo al notar que ellos no le habían otorgado ningún significado a la “sincronicidad”, es más, una cuadra más adelante ya habían olvidado el hecho.

Más tarde me puse a pensar en esto y concluí que sin dudas se había tratado de una sincronicidad. Hablabamos de la vida después de la muerte y aparece un crucifijo, un símbolo de muchas cosas, pero en ese momento para mi su significado fue instantáneo y clarísimo: el símbolo de la resurrección de la vida. Luego reparo en que mis dos amigos no eran cristianos, y que en su religión (que no practican) no está tan fuertemente instalado el tema de la resurrección, o al menos no es un dogma de fe como en el cristianismo.

Esta anécdota me hizo notar que después de todo el significado lo pone uno y que el contexto familiar, las creencias y las identificaciones concientes e inconcientes recortan la vivencia de lo que es o no es una sincronicidad. A fin de cuentas todo depende de dónde está fijada la conciencia del individuo.

Entonces, una sincronicidad es un puente entre un hecho físico externo y un hecho psicológico interno.

Esta idea ha tenido una excelente recepción por parte de muchos astrólogos como explicación del funcionamiento de la Astrología.

De esta manera se explica por qué un hecho externo físico como el movimiento de los planetas corresponde con el contenido psicológico de las personas y con los hechos de su destino.

Sin embargo, el astrólogo costarricense Juan Antonio Revilla hace unas objeciones muy válidas con respecto a esto, haciendo notar que las técnicas de interpretación que usan los astrólogos no se basan en la sincronicidad, pues no existe sincronía temporal entre un diagrama del cielo actual (tránsitos) y el diagrama del cielo radical (la carta natal) ocurrida tiempo atrás. Él no dice que no haya correspondencia entre ambas cosas, sino que esta correspondencia no tiene que ver con la sincronicidad.

Revilla pone el acento en que en un hecho sincronístico debe darse una simultaneidad temporal entre una situación interna y otra externa, pero no considera el significadode esta simultaneidad. Pone el acento en la sincronía en vez de en el sentido. Opina que una cosa es un tránsito “a una persona” y otra muy distinta es un tránsito “a un diagrama”.

Acaso estemos confundiendo el mapa con el territorio y debamos definir más exhaustivamente el término sincronicidad. A veces tenemos sueños que son sincronicidades en tanto aportan significado, aunque no se den en forma simultánea con el hecho externo en cuestión (sino antes o después). ¿Dónde debemos poner la atención, en la simultaneidad o en el significado?. Se dice que los eventos sincronísticos ocurren a cada momento, sin embargo se transforman en sincronicidades recién cuando se hacen concientes.

Volviendo a la Figura 1 que graficaba los cuatro cuadrantes de Wilber, en una sincronicidad se hace muy sutil hasta casi desaparecer la línea que separa los hemisferios Interior y Exterior, pues a fin de cuentas el hemisferio izquierdo del Yo/Nosotros aporta significados al hemisferio del Ello/Ellos, que da cuenta a su vez del hecho objetivo externo.

Definitivamente, tanto la causalidad como la sincronicidad son dos formas opuestas y complementarias de aprehender la realidad.

Quizás lo más importante que tenemos por el momento es que la sincronicidad nos lleva a un plano que trasciende lo físico: el plano del significado.

Aquí ya nos movemos en otro nivel, el mental y psicológico, ya que a un significado no se lo puede medir ni pesar, a lo sumo se lo podrá sentir, pensar, vivenciar y compartir.

Pero el significado no proviene de la coincidencia en sí sino de la conciencia de la persona que la experimenta. Y esto es particularmente importante, ya que un mismo hecho externo (objetivo) puede tener diversos significados según la conciencia del sujeto.

El psiquiatra Victor Frankl, creador de la Logoterapia, sostuvo que la principal fuerza motivacional del hombre no era la voluntad de placer (Freud) ni la de poder (Adler) sino la voluntad de sentido. La ‘Logoterapia’ apunta hacia a un mundo más allá del hombre, un mundo en que la pregunta sobre el significado último de la existencia humana obtiene respuesta.

Logos es una palabra griega que quiere decir razonamiento, sentido, significado, propósito. También quiere decir espíritu. Quizás la palabra Astro-logía pueda entenderse con mayor profundidad teniendo en cuenta sus implicancias espirituales, pues indicaría la búsqueda de un sentido trascendente en los astros, un propósito vital en sus movimientos… tal como cuando surgió hace miles de años.

Pero como Frankl sostiene, no hay un sentido único o abstracto de la vida sino que cada ser debe descubrir el suyo. Este sentido es único y específico en cuanto es uno mismo y uno solo quien tiene que encontrarlo; y por supuesto, el sentido dependerá del nivel y tipo de conciencia que cada uno tenga.

Los arquetipos astrológicos

La palabra arquetipo proviene del griego arqué (ser el primero) y tipo (modelo). Es decir, modelo original y primario.

Para Platón la realidad estaba dividida en dos partes: el mundo de los sentidos, donde todo fluye y no puede haber coincidencia total de opiniones, ya que están basadas en conocimientos imperfectos; y el mundo de las ideas, sobre las que podemos llegar a conseguir conocimientos verdaderos e inmutables mediante la razón. Los arquetipos provienen de este mundo de las ideas, es indudable su procedencia platónica.

Los arquetipos son ideas primordiales comunes a toda la humanidad, que se expresan a través de imágenes arquetípicas. Son las formas sustanciales (ejemplares eternos y perfectos) de las cosas que existen de toda eternidad en el pensamiento colectivo.

El concepto de arquetipo fue introducido por el psicólogo suizo Carl Gustav Jung como término dentro del campo de lo psíquico. La existencia del arquetipo solo puede ser inferida, ya que es por definición inconsciente; pero las imágenes arquetípicas acceden a la consciencia y constituyen nuestro modo de percibir el arquetipo. Ellos entonces aparecen en forma de imágenes, no percibimos a los arquetipos en sí mismos, sino a sus manifestaciones simbólicas. Los arquetipos se manifiestan a través de nuestras proyecciones, lo que nos permite inferir su presencia. Las estructuras arquetípicas aparecen en el hombre a través de formas determinadas: en las mitologías, en las leyendas, en los sueños, en ciertos deseos colectivos. Los hombres compartimos una serie de experiencias que han quedado, por su naturaleza colectiva, incorporadas en la memoria de la humanidad como patrones de comprensión de la realidad. Estos patrones son energía inconsciente que aparece por ejemplo a través de los símbolos astrológicos. Los signos del Zodíaco serían doce imágenes arquetípicas, manifestaciones del inconsciente colectivo, que dan cuenta de la totalidad de la experiencia humana. Para entender como trabajan los símbolos arquetípicos es necesaria una clase especial de pensamiento: la actitud simbólica. Que una cosa sea o no un símbolo depende de la actitud de la conciencia que la examine.

Ken Wilber entiende a los arquetipos como emanaciones de un reino espiritual superior, existentes en el nivel de la intuición y la inspiración religiosa. Este reino espiritual se caracteriza por las visiones de seres arquetípicos celestiales que encarnan cualidades que forman parte de nuestro ser más profundo. Meditando en estos seres evocamos esas mismas cualidades en nuestra propia conciencia.

Hay diferencias importantes en la manera en que Wilber y Jung conceptualizan el arquetipo. Jung los consideraba habitualmente como imágenes mitológicas arcaicas, formas colectivas transmitidas de generación en generación a través de los milenios que perviven en el inconciente colectivo de la humanidad. Los símbolos, los mitos, son expresiones del arquetipo.

Para Wilber (así como para Platón, los budistas y los hinduistas) los arquetipos son las primeras formas manifiestas que emergen del Espíritu Vacío en el curso de la creación del Universo. Su punto de vista es que la conciencia es arrastrada hacia los arquetipos por los arquetipos mismos.

La realidad psicosomática del universo, en sus formas materiales e inconcientes son reflejos o imágenes de los arquetipos espirituales a través de su reflejo anterior en el alma universal. De este modo los principios formadores del Alma o reflejos de ella del Espíritu, son entidades sabias, seres en potencia, inespaciales y fecundos, que en el momento preciso se encarnan o materializan como imágenes cósmicas.

Marie Louis Von Franz afirma que los verdaderos símbolos no son una creación de la conciencia, son revelados por el inconciente y poseen, junto con las imágenes arquetípicas de los sueños y las imágenes de los grandes mitos y de las religiones “un poco de esa naturaleza nebulosa del saber absoluto, por cuanto siempre parecen contener más de lo que podemos asimilar a nuestra comprensión conciente…”

Los planetas y signos astrológicos serían patrones arquetípicos provenientes de una esfera superior, intuidos por el alma primero y reflexionados por la razón después.

La Astrología como lenguaje poético y sagrado

Otra forma válida de entender la Astrología consiste en definirla como un lenguaje, acaso como un lenguaje sagrado. Una forma de acercamiento propio del cuadrante inferior izquierdo, el del “Nosotros” inter-subjetivo (Figura 1).

En la evolución de la conciencia llega un momento en que la influencia de la cultura y el lenguaje adquiere un papel fundamental. Los semiólogos nos han hecho notar que la percepción de la realidad está condicionada por la estructura del lenguaje. Éste determina, sin que nos demos cuenta de ello, nuestra visión del mundo. Su propia estructura (en términos de sujeto/predicado) moldea el pensamiento forzándonos a pensar en términos de causa y efecto.

Joseph Jaworski dice que a través del lenguaje creamos el mundo, porque éste no es nada hasta que lo describimos. No describimos el mundo que vemos sino que vemos el mundo que describimos. Sólo existimos en una trama de relaciones.

Conforme se desarrolla el lenguaje nos trasladamos al mundo de los símbolos, las ideas, los conceptos, elevándonos de los instintos primarios. El lenguaje es el medio que nos saca del presente inmediato y nos lleva al pasado y al futuro (memoria, proyectos). Es la única manera de referirnos a aquello que no está presente.

Los seres humanos vemos todo a través de una grilla simbólica o semántica que impone su propia estructura a aquello que describe.

Los biólogos chilenos Maturana y Varela dicen que el mundo que todos vemos no es “el” mundo sino “un” mundo alumbrado por todos nosotros. Nosotros lo creamos a través de nuestra cognición.

Sin embargo, la Astrología es un tipo particular de lenguaje, su estructura no es lineal sino mandálica. Es un lenguaje cuyo estudio nos permite acceder a un conocimiento al que difícilmente podríamos acceder por otros medios. Al ser mandálico, puede proyectarnos a niveles transverbales, siempre y cuando podamos trascender las paradojas que necesariamente se presentan al encarar lo mandálico desde lo lineal, o lo transverbal desde lo verbal.

Como lenguaje sagrado nos conecta con realidades superiores, ya que su simbolismo tiene la capacidad (como Hermes) de relacionar diferentes niveles de existencia, trayendo y llevando información en ambos sentidos.

La escritora Yaiza Martínez Montesdeoca dice que “el lenguaje poético es la creación de un mapa del mundo que no tiene nada que ver con el lenguaje argumentativo, atrapado en el concepto de linealidad y progreso”.

Y como ocurre en el poema ocurre en la realidad y en la Astrología: el Todo está en todo. El lenguaje astrológico es poético en el sentido que nos brinda un conocimiento trans-mental de las paradojas, apareciendo en nuestra conciencia un universo no lineal. La polisemia de cada símbolo astral hace emerger universos de sentido que nos llevan a una realidad distinta de la habitual pero no por eso menos real. Propio de la polaridad Virgo/Piscis y Mercurio/Neptuno, el lenguaje poético es un intento de la conciencia de ordenar el caos.

La poesía es mayor que el poeta así como la Astrología es mayor que el astrólogo. Si el intérprete no se deja atravesar por el lenguaje, su interpretación quedará vacía y desalmada. Si el ego se apodera de la forma se pierde el vínculo con el lenguaje original. El astrólogo, como el poeta, debe ser conciente de la naturaleza de la herramienta que utiliza y permitir que que el lenguaje astrológico haga uso de él al mismo tiempo que trabaja con él.

Astrología matricial

El astrólogo y filósofo francés Patrice Guinard presentó su tesis doctoral con la obra Astrología, el Manifiesto. En ella sostiene que la Astrología posee un modo de razonamiento propio, la razón matricial, que no es asimilable por la razón experimental de la ciencia ni por la razón discursiva de los filósofos. Ella no busca explicar un fenómeno ni interptretar datos sino comprender una realidad subyacente.

Hay una estructura (la matriz astrológica) que preexiste a los sistemas de interpretación y a sus contenidos específicos. La matriz astral no proviene del razonamiento ni de la experimentación sino que surge de un trasfondo psíquico, como algo que se va desvelando en función del estado de comprensión de la conciencia que la aprehende. Su estructura no proviene de la reflexión ni de la experiencia sino del espíritu. Esta matriz aparece en la conciencia porque la propia psiquis está impresionadaastralmentecon esa estructura, en un proceso en que se puede llegar a conocer lo inaccesible por lo accesible, pues en su raíz se encuentran los mismos arquetipos.

Opina que la realidad aparece en la conciencia según tres modalidaes diferentes: como entidad física (aprende la realidad a través de los objetos), mental (aprende la realidad a través de los signos o señales) y psíquica (aprende la realidad a través de la totalidad del ser psíquico).

A cada una de estas modalidades corresponde una estructura arquetípica:

  • el Cristal o estructura empírico analítica (ciencias físicas)
  • el Código o estructura histórico hermenéutica (lingüística, semiología, sociología, etc.)
  • la Matriz o estructura psico-sintética (Astrología)

La comprensión astrológica difiere tanto de la explicación de las ciencias duras como de la interpretación de las ciencias humanas.

Volviendo a Ken Wilber, en su libro Los tres ojos del conocimiento (1983) apela a una metáfora de un místico cristiano del siglo XIII, san Buenaventura, según la cual cada uno de nosotros disponemos de tres “ojos”; el ojo de la carne, el ojo de la razón y el ojo del espíritu o de la contemplación. Cada uno de los cuales nos permite acceder a un dominio diferente de la realidad.

3- Ojo del espíritu – Ciencias espirituales (Yoga/Meditación/Contemplación)
2- Ojo de la razón – Humanidades, ciencias sociales
1- Ojo de la carne – Ciencias naturales

El significado y el valor no pueden percibirse con el ojo de la carne, pero para el ojo de la razón son tan verdaderos como los objetos sólidos. Las verdades espirituales no pueden ser comprendidas para el intelecto, sino tan solo para el ojo de la contemplación, facultad que va más allá del intelecto (pero que no lo niega).

Es evidente la relación entre las estructuras de Guinard y las de Wilber, la diferencia es que el francés ubicaría a la Astrología como una ciencia espiritual: “Es un saber que funciona fuera de los límites de la razón discursiva y del pensamiento dualista, más allá de la simple interpretación de lo visible a partir de señales mentales, y que nace de una llamada a una razón más amplia, de una apertura del espíritu a todo el potencial psíquico”.

Conclusiones

Una hipótesis para cada nivel

Según la sabiduría perenne (el núcleo de las grandes tradiciones de sabiduría de todos los lugares y todas las épocas), la realidad está compuesta de varias dimensiones o reinos (como la materia, la vida, la mente, el alma y el espíritu).

Son realmente abismos cualitativos los que los separan, abismos que sólo pueden ser salvados gracias a la conciencia. Estos abismos son los que se despliegan entre los diferentes niveles de la realidad.

El primero de ellos es el que aparece entre la “nada” y la materia inanimada. Tal como se preguntaban los filósofos eleatos: ¿por qué existe algo, más bien que nada?. Desde el punto de vista estadístico, las posibilidades de que “algo” exista es exorbitantemente mínima. Pero aquí estamos, después de todo.

El segundo abismo corresponde al que se despliega entre la materia animada y la inanimada. ¿Como puede explicarse el misterio de la vida? Difícilmente lo haremos si apelamos a un azar imposible de relaciones atómicas y moleculares que químicamente crean vida a partir de lo inerte.

El tercer abismo corresponde al despertar de la autoconciencia, el movimiento reflexivo propio del ser humano que da cuenta del fluir de la propia conciencia. ¿Cuándo y cómo surge esta capacidad? ¿Como puede adquirir conciencia de sí mismo un guiñapo palpitante hecho de sangre y de carne?.

El cuarto abismo es el que separa la autoconciencia de la iluminación. Dicho en otros términos, el pasar de la conciencia individual a la conciencia universal y vivir en ese estado.

La idea es que, en realidad, no sólo existen dos reinos estrictamente separados (la materia y el espíritu), sino cuatro o cinco reinos sumamente imbricados. Desde el punto de vista de la filosofía perenne, el dominio más elevado es el fundamento “no-dual” de todos los demás, de modo que el espíritu último está más allá de todos los dualismos. A medida que el Uno (mejor dicho, el no-uno, no-dos) se transforma en muchos, se van generando los diversos dualismos.

Como hemos visto, el hecho astrológico puede comprenderse desde el punto de vista de los diferentes niveles de realidad. ¿Y hasta donde llega?. Podemos decir que araña lo divino, en el sentido que es una vía regia para conectarnos con niveles más y más profundos de realidad.

Ahora bien, cada nivel superior no puede explicarse en términos del nivel inferior. No podemos explicar las interacciones culturales que genera el lenguaje apelando a la biología, ni los instintos biológicos de las criaturas apelando a la ley de gravedad de Newton.

Y viceversa, los símbolos (el lenguaje) no crean las esferas materiales pero sí las esferas mentales. De hecho, los niveles mentales superiores “son” símbolos. Asimismo, difícil es explicar las sincronicidades astrológicas en términos de interacción cuántica de partículas o sopesar las identificaciones arquetípicas (vía carta natal) de una persona en base al gradiente lumínico de los planetas.

Figura 3

A partir de La Gran Cadena del Ser (la estructura de niveles de realidad definida por la filosofía perenne), podemos desarrollar una estructura con diferentes niveles de fundamentos astrológicos, teniendo en cuenta los niveles de realidad a los que nos referimos. (Figura 3)

Como hemos venido analizando a través de las diferentes hipótesis, el hecho astrológico puede fundamentarse de maneras muy diferentes. La Gran Cadena puede ayudarnos a ordenar de forma sintética estas diferentes hipótesis.

El nivel físico

El nivel más básico de la realidad es el que comprende a la materia, los objetos que pueden tocarse y medirse cuantitativamente.

La física causal de Newton y la física cuántica acausal son las más adecuadas para brindar explicaciones a este nivel. La holografía también trata con frecuencias del reino de la física, así que estaríamos percibiendo la Astrología con el “ojo de la carne”.

Interpretar a la Astrología desde sus fundamentos más básicos es la manera más segura de recortar su potencial y de simplificarla salvajemente, cayendo en el reduccionismo típico de las ciencias duras al desentenderse de otras formas más englobantes de comprensión. Si bien toda investigación al respecto es bienvenida, me parece que la virtud principal de la holografía y la mecánica cuántica radica en su capacidad heurística y en su potencial metafórico.

Advirtamos también que estaríamos percibiendo la realidad astrológica casi exclusivamente desde el cuadrante del Ello, renegando de un 75% de “verdad”.

En este ámbito lo más prometedor que intuyo son las investigaciones con respecto a la influencia de la conciencia en los resultados de los experimentos físicos, pero ese tema lo tocaremos dentro de unos momentos.

El nivel biológico

A nivel vida y cuerpo (el segundo eslabón de la Gran Cadena) la Astrología puede llegar a fundamentarse gracias Rupert Sheldrake y su teoría de los campos morfogenéticos y la resonancia mórfica, por la cual habría ciertos patrones invisibles que dirigen todas las formas vivas. El astrónomo Percy Seymour teoriza sobre un proceso de sensibilización del sistema nervioso fetal por la resonancia de un campo geomagnético, mientras que el astrólogo Demetrio Santos apela al efecto del gradiente de luz planetario sobre los seres vivos.

Bruce Scofield sugiere un modelo astro-biológico de desarrollo humano, basado fundamentalmente en el concepto de ‘impronta’ del etólogo Konrad Lorenz. Scofield cree que los factores ambientales (sobre todo los ciclos circadianos y circanuales) generan una impronta (un patrón de conducta innato) que se fija a lo largo de diferentes períodos de tiempo. Las cambiantes propiedades del campo electromagnético serían coincidentes con cierta periodicidad biológica de cada ser.

Si bien ahora “subimos un nivel”, evidentemente estas teorías dejan muchos agujeros pues sólo podrían explicar a la astrología genetlíaca, siendo incapaces de responder a la astrología mundana y horaria, por ejemplo; ellas no pueden aplicarse a entes no biológicos como una empresa, un país o una pregunta.

En todo caso, si existen influencias planetarias a nivel biofísico estas no dependen tanto de la Astrología como de la cosmobiología.

El nivel psíquico

El tercer nivel es el de la mente, comprende una realidad a la que podemos acceder con el “ojo de la razón”, aquella compuesta de conceptos, imágenes, símbolos y fundamentalmente de lenguaje. Como dice Jung, “al igual que una planta produce sus flores, la psique crea sus símbolos”. Advirtamos que no nos referimos a diferentes percepciones de una misma realidad sino a realidades ontológicamente diferentes. Para el ojo de la carne lo real son los objetos físicos cuantificables, mientras que para el ojo de la razón lo real son los conceptos y símbolos cualificables.

Aquí la fundamentación del hecho astrólogico tiene que ver con su capacidad de simbolización y con su intrínseca ‘estructura lingüística’. Sólo en este nivel es donde la interpretación astrológica tiene lugar, ámbito de la hermenéutica, la introspección y la posibilidad de vincularidad real entre sujeto y sujeto (antes era entre sujeto y objeto). Creo que es en este nivel mental donde los astrólogos hacemos el mayor uso (y abuso) operativo de la Astrología. Cada libro que se ha escrito al respecto se ha hecho con el ojo de la razón, y su enseñanza y aprendizaje (salvo excepciones) se apoya casi completamente en este nivel mental.

En cuanto a los fundamentos astrológicos, la semiótica,el simbolismo, algunas escuelas de psicología y otras ciencias hermenéuticas serían las más adecuadas para interpretarlos. Tanto la sincronicidad junguiana como la razón matricial de Guinard se situarían en el límite superior de este nivel mental, pues es el momento en que el sentido y el significado comienzan a atraer la conciencia transformándose en un nuevo centro de gravedad. Cuando gracias a su capacidad de razonar el individuo comienza a a inquirirse acerca del significado de la existencia, se abre a los niveles transpersonales del alma y del espíritu.

El nivel sutil

En los dominios del Alma nos manejamos con una Astrología mucho más sutil. En este plano de realidad, el lenguaje, el pensamiento y el ego se ven superados y trascendidos (pero sin ser negados). Es en este nivel donde se abre el ojo de la contemplación y donde se manifiestan fenómenos paranormales, experiencias extracorporales y de iluminación, visiones de seres angelicales y guías arquetípicos que encarnan cualidades que forman parte de nuestro ser más profundo.

Aquí la razón le cede el paso a la intuición, entendida como un insight súbito, independiente de cualquier proceso intelectual racional y a menudo peleado a primera vista con la lógica. La psique humana absorbe mensajes “de arriba” a través de las intuiciones, así como a través de las sensaciones absorbe mensajes del nivel físico; para luego integrarlos en un todo cuerpomente-alma. Los símbolos astrológicos transfieren la energía psíquica de una forma inferior a otra superior.

Este contacto con lo sutil se vehiculizaría gracias a los arquetipos trans-mentales que la Astrología nos acerca, en una forma de cognición superior que puede evocarse meditando en el Vacío central del mandala de una carta natal, percibiendo nuestra Esencia Arquetípica y siendo nuestro ego absorbido en ella. Es el momento en que podemos desenfocar nuestra mirada/conciencia al estilo de los guerreros samurai cuando emplean la visión kan, y así acceder a la verdadera esencia de las cosas.

El ‘Logos’ matricial, de la cual la Astrología es una de sus posibilidades, preexiste a toda toma de conciencia, y no sería sino una organización arquetípica superior que se imprime sobre cada uno de los niveles inferiores, del mental al físico.

El hecho astrológico se fundamentaría aquí en la realidad psíquica y “sobrenatural” de la existencia y en su relación con los surcos arquetípicos colectivos, heredados, inconcientes -tanto prepersonales como transpersonales- simbolizados por los mismos operadores astrológicos.

A partir de este momento, el Sí mismo, el arquetipo de la carta natal y la Astrología misma se ven trascendidos, pues llegamos al reino del espíritu.

El nivel último no-dual

En verdad, no podría haber ningún yo que “llegue” al reino del espíritu, pues aquí no existe diferenciación entre uno y el todo. Nadie está llegando a ningún lado, porque de repente Uno estuvo siempre en todos lados. Todas las formas y matrices arquetípicas vuelven a la Fuente, ésta es la trascendencia total donde no hay micropartículas, ni hologramas, ni criaturas, ni ego, ni Dios, ni Astrología. No hay nada a excepción de la Conciencia Pura.

El misterio de la conciencia

Como hemos visto en cada una de las etapas de nuestro viaje, siempre la conciencia ocupa un papel esencial.

Los últimos diez años del siglo XX fueron definidos como la década del cerebro por la comunidad científica. Muchos creyeron que estaban muy cerca de la solución de uno de los más grandes misterios con los que se enfrenta la ciencia: ¿qué es la conciencia?. Sin embargo, aunque desplegaron ante nuestros ojos espectaculares imágenes en 3d del interior de un cerebro en funcionamiento, no lograron explicar los mecanismos neuronales del pensamiento y de la conciencia. Como ocurre generalmente en el ámbito de las ciencias duras, han reducido toda la complejidad de la conciencia a los datos registrados por el cuadrante del Ello, ignorando la verdad propia de los otros tres y proyectando la totalidad de la psique en el soporte material del cerebro. No es que lo que están descubriendo no sea verdad, pero es una verdad a medias… mejor dicho “a cuartos”.

Algunos físicos son tan reduccionistas que definen la conciencia como materia… pero sutil. El Dr. Geoffrey Chew dice que la conciencia se relaciona íntimamente con los fotones débiles, y resulta sugerente cómo la metáfora de la holografía y la “luz de la conciencia” se hacen casi literales para uno de los popes de la física cuántica.

También vimos que en el nivel más básico de la realidad, el de la materia inerte, los físicos discuten si la conciencia del observador puede modificar la observación o no.

El matemático y filósofo David Chalmers dice que debemos tratar a la conciencia como un aspecto irreductible del universo, como lo es para los físicos el tiempo, el espacio y la masa. Según él, no es que la conciencia sea consecuencia de la materia ni la materia fruto de la conciencia, sino que ambas son en esencia “información”.

La realidad puede estar generada a partir de la interpretación de información. Formaríamos parte de un infinito complejo informacional sujeto a la libre interpretación, esto es, a la búsqueda de patrones reconocibles dentro del flujo de “datos” que genera a la vez mucha más información. Cuanto más compleja es la información que se procesa, más lo es la vida conciente. Pero eso no impide que existan formas de procesar la información mucho más primitivas, como las piedras. La conciencia siempre es gradual. Guinard diría que tal procesamiento de información se hace en base a la matriz astral.

Para Chalmers, si bien sos dos cosas diferentes, no hay conciencia sin cerebro; mientras que para el psiquiatra Stan Grof hay estados de conciencia que parecen existir independientemente del cuerpo y los sentidos físicos (parapsicología, LSD, tanatología, estados holotrópicos, etc.)

Tenemos que evitar caer en la dicotomía mente/cerebro y por qué no, encarar el tema desde la perspectiva de la filosofía perenne. Después de todo, lo que da cuenta de la evolución de la materia al espíritu no es otra cosa que la conciencia, el hilo de oro que une las perlas de cada nivel de realidad.

A nivel físico estamos hechos de estrellas, a nivel psíquico nos ‘reflejamos’ simbólicamente en ellas. La ciencia refleja objetivamente lo que ve, mientras que la Astrología lo hace simbólicamente. Ciencia y Astrología son dos formas complementarias de ‘reflejar’ la realidad.

Llegados a la esfera psíquica y sutil, la conciencia por fin se pregunta por ella misma. Pero no es posible llegar a este nivel si de alguna manera el cielo exterior no se ha erigido en nuestro interior. De acuerdo a la respuesta que ella misma se da, este cielo exterior se materializará simbólica y literalmente por medio de los arquetipos. Los veremos a nuestro alrededor en los vínculos que forjamos; con suerte en la propia sombra que negamos y que aparece como un ‘daimon’ personal, como destino propio y colectivo.

La carta natal ofrece un significado del yo personal y único en relación a un contexto cósmico, y la Astrología está capacitada para permitir una gradual apertura de conciencia: Dios duerme en la piedra, sueña en la planta, despierta en el animal y sabe que está despierto en el hombre.

Como la definía la astróloga Marcia Moore: Conciencia es aquel factor mediato a través del cual el Uno llega a ser muchos con el objeto de que los muchos al mismo tiempo puedan magnificar al Uno. Este es el punto de equilibrio entre las polaridades dinámicas de cuya interacción todas las cosas llegan a nacer. Espíritu y materia, alma y cuerpo, yo y los otros; los opuestos quedan a un lado, absolutos metafísicos que retroceden como el horizonte. Solamente pueden encontrarse y ser reconciliados en la conciencia del individuo.

Todo aquello de lo que somos concientes es asociado al “yo” por intermedio de la conciencia. Jung decía: “Cuando nos preguntamos por la naturaleza de la conciencia, el hecho -maravilla entre maravillas- que más profundamente nos impresiona es que apenas se produce un acontecimiento en el cosmos, se crea simultáneamente y se desarrolla paralelamente una imagen de él en nosotros, convirtiéndose así en conciente. Ser conciente es percibir y reconocer el mundo exterior, así como al propio ser en sus relaciones con éste mundo exterior. Ésto último significa reconocerse a sí mismo en su ambiente”.

Este sí mismo, centro de la conciencia, es un yo que puede ir abriéndose al espíritu a partir de identificaciones y desidentificaciones sucesivas.

La conciencia es la que otorga significado al universo, pero se encuentra limitada a decodificar tan solo una parte del espectro total de la realidad pues no solamente depende de la información que aportan los sentidos sino del grado de ampliación e integración que haya alcanzado.

En el último eslabón de la Gran Cadena del Ser, se advierte que sujeto y objeto son lo mismo.

Tat vam asi, somos estrellas que han tomado conciencia de sí mismas.

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