Temas Transcendentais

El Esoterismo en la Primavera de Botticelli

©Esperanza Parra López

Registrado en el Registro General de la Propiedad Intelectual. Número de Asiento Registral: 08/2011/549.

Resumen:

Se propone aquí, en el presente artículo, una interpretación iconográfica y sobre todo iconológica totalmente nueva y definitiva sobre el cuadro La Primavera de Sandro Botticelli. Esta novedosa interpretación tiene un fuerte componente esotérico, propio de la época en la cual se realizó esta obra de arte, que, muchas veces, ha pasado totalmente desapercibido. Pero la autora de esta investigación, insiste, en que hay que penetrar en la mentalidad del Renacimiento Italiano y sus escritos para comprender la totalidad de dicho cuadro.

Antecedentes:

Se va a realizar un brevísimo repaso de lo que hasta ahora se ha escrito sobre La Primavera de Botticelli (fig.1), puesto que la intención de este trabajo de investigación no es recopilar lo aportado, sino descubrir información nueva, que nos pueda ayudar a vislumbrar la interpretación iconográfica, pero en este caso, sobre todo iconológica de dicha obra de arte:

Aby Warburg y las stanze de Poliziano:

La tesis de Aby Warburg de 1893, llamada El Nacimiento de Venus y La Primavera, se basa en las stanze, que es un poema de Poliziano.

La Primavera como ilustración de la Giostra:

La Giostra es el torneo en el cual participaba Giuliano de Medici y en el que se enamoraron, supuestamente, él y Simonetta Vespucci o Cattaneo de soltera.

También se dice que Botticelli estaba enamorado de Simonetta que murió a la edad de veintitrés años de tisis en el 1476. Y cuya pérdida lloraron Lorenzo el Magnífico y su círculo en muchos versos.

Sin embargo, Horne y Mesnil afirman que no hay prueba alguna de que Botticelli pintara a la joven Simonetta, esposa de Marco Vespucci.

Se ha querido ver en casi todas las bellezas femeninas de Botticelli a Simonetta, el primero que lo afirmó fue A. F. Rio y después un sinfín de investigadores.

Yo no lo afirmo ni lo desmiento. Sólo digo que en La Primavera no es Simonetta, ahora lo veremos.

El despertar de Simonetta en el Elíseo de E. Jacobsen.

El matrimonio de la sátira de Menipo con Mercurio de E. Wickhoff.

El misterio de la feminidad de W. Uhde.

Son algunos de los múltiples títulos que se le han dado a este cuadro.

Para E. H. Gombrich se basa en El Asno de Oro de Apuleyo. Una obra con tintes esotéricos, pero Gombrich da a este cuadro una explicación totalmente filosófica, porque cree que la figura central es Venus Humanitas (Venus Humanidad, el Amor hacia la Humanidad, tener Humanidad), interpretando una carta de Marsilio Ficino a Lorenzo de Pierfrancesco de Medici; Gombrich explica que el adolescente debía ser aleccionado en la Virtud de la Humanidad y por ello se hizo este cuadro. Yo no opino igual, además, yo le he dado otra interpretación a la carta. Piensa también Gombrich como Warburg, que las dos figuras de la derecha son Céfiro persiguiendo a Flora.

Erwin Panofsky, en su libro Renacimiento y renacimientos en el arte occidental, también reflexiona que es la Giostra la solución de este cuadro, así mismo la pastoral Rusticus. También apoya la interpretación de Gombrich.

Mi Interpretación:

La Primavera de Alessandro Filipepi apodado Botticelli, realizada por el artista entre 1477 y 1482.

En 1499 se encontraba entre las propiedades, según un inventario descubierto en 1976, de Lorenzo de Pierfrancesco de Medici y estaba colocado en la pared sobre un diván en una antesala de las habitaciones privadas de Lorenzo de Pierfrancesco, en la casa de la ciudad de Florencia, posteriormente se trasladó, según Vasari a la Villa di Castello. O sea estaba inicialmente en un lugar privado, para que no lo viera la gente, los invitados, era un cuadro de disfrute personal. Pero, ¿quién era Lorenzo de Pierfrancesco de Medici? Nace el 4 de agosto de 1463 y muere el 20 de mayo de 1503, era un joven primo de Lorenzo el Magnífico que a la edad de trece años se le muere el padre y queda bajo la tutela de Lorenzo el Magnífico. Se le apodó Il Popolano (El Populista) y tuvo sus más y sus menos con su primo.

Lorenzo de Pierfrancesco de Medici casa en 1482 (fecha en la que se termina La Primavera), con Semiramide Appiani que nace en el Piombino, una zona de la Toscana al mar, en 1464 y muere en Florencia el 9 de marzo de 1523. Semiramide era sobrina de la famosa Simonetta Vespucci, y esta boda tenía el total consentimiento de Lorenzo el Magnífico. La familia Appiani era aliada de Lorenzo el Magnífico y poseían las únicas minas de hierro de la época, en la isla de Elba. Semiramide Appiani era hija de Jacobo III, el señor del Piombino.

En 1477, fecha en la cual se comienza a crear este cuadro, hacía un año que la bella Simonetta había muerto y creo que esta obra de arte se hizo para aleccionar a Semiramide Appiani en la magia ficiniana. ¿Por qué? Por la misma carta que Gombrich utilizó para su interpretación. Gombrich dice que esta carta es extraña, yo creo que si se conoce bien a Ficino no es extraña, sino lógica: es una carta de Marsilio Ficino al joven Lorenzo de Pierfrancesco de Medici en 1477, cuando contaba este último con unos quince años:

Mi inmenso amor por ti, excelente Lorenzo, me ha movido desde hace largo tiempo a hacerte un regalo. (…) Dicen los astrólogos que el hombre más feliz es aquel para quien el Destino ha dispuesto los signos celestes de manera que la Luna no esté en mal aspecto con Marte y con Saturno, y por el contrario en aspecto favorable con el Sol, Júpiter, Mercurio y Venus. (Quedémonos con estos cuatro planetas Sol, Júpiter, Mercurio y Venus). E igual que los astrólogos llaman feliz al hombre para quien el destino ha ordenado así los cuerpos celestes, los teólogos juzgan dichoso al que ha dispuesto su propio yo de manera similar. Quizás te preguntes si no será esto pedir demasiado: mucho es en verdad, pero sin embargo, mi inteligente Lorenzo, emprende la tarea con entusiasmo, pues el que te hizo es más grande que los cielos, y tú también serás más grande que los cielos en cuanto te decidas a mirarlos frente a frente. No hemos de buscar estas cosas fuera de nosotros, pues todos los cielos están en nuestro interior y la vehemente energía que llevamos dentro atestigua nuestro origen celestial. (…) Por último, debes poner tus ojos en la misma Venus, es decir, en la Humanidad. (…) Ten pues cuidado, no vayas a despreciarla pensando quizás que humanitas es de origen terreno. (…) Pues la misma Humanidad (humanitas) es una ninfa de gentileza excelente, nacida de los cielos y amada más que otras por el Dios todopoderoso. Su alma y su mente son el Amor y la Caridad, sus ojos la Dignidad y la Magnanimidad, las manos Liberalidad y Magnificencia, los pies Gentileza y Modestia. El conjunto es, por tanto, Templanza y Rectitud, Encanto y Esplendor. ¡Oh, qué exquisita belleza! Qué hermosa de ver. Mi querido Lorenzo, se ha puesto plenamente en tus manos una ninfa de tamaña nobleza. Si te unieras a ella en matrimonio y la declarases tuya, ella endulzaría tu vida entera y te haría padre de hermosos hijos”.

Gombrich dice que es la Venus Humanitas la virtud que debe potenciar Lorenzo y que eso de los hijos, es lo de los hijos de Venus, como los de Saturno, por ejemplo, que tanto unos como otros, tienen las propiedades de dichos planetas. Yo digo que cuando dice lo de esposa e hijos, se refiere no a una idea filosófica, sino a Semiramide Appiani, ese es el regalo que Ficino quiere hacerle al adolescente. Y cuando aconseja, no la desprecies por pensar que es de origen terreno, es porque todo el círculo de Lorenzo, desde bien pequeñitos se iniciaban en la magia ficiniana, como demuestra la carta en el lenguaje astrológico y mágico de Ficino, y Semiramide no estaba iniciada en ello.

Hay otra carta, también de la misma época, de Ficino a Lorenzo el Magnífico y Bernardo Bembo y dice en un párrafo: “De nada sirve elogiar a una muchacha ante un joven, o describírsela con palabras si lo que tratamos es de despertar su amor por ella… Señala con el dedo, si es posible, a la hermosa doncella, y no harán falta más palabras”. No sabemos si Pierfrancesco se enamoró finalmente de ella o no, si la conoció antes de la boda, que yo creo que seguro que sí, por la cercanía del Piombino. No sabemos si se enamoró de ella, pero lo que sí decía es que era “terrenal” y eso no le gustaba de ella. Tal vez por eso iniciaron a Semiramide en la magia ficiniana, para que Lorenzo se enamorara de ella, o si no, la iniciaron porque ella iba a pertenecer al Círculo de Lorenzo el Magnífico, círculo mágico por excelencia. Veamos:

Según Frances A. Yates en su libro Giordano Bruno y la Tradición Hermética, en el capítulo “La Magia Natural de Ficino”, dice, en primer lugar, que es un cuadro mágico, no quiere profundizar en su interpretación, no interpreta el cuadro, pero aporta que la imagen de la derecha, atribuida normalmente a Céfiro, es en realidad el Spiritus Mundi, que es el canal a través del cual se difunden los influjos estelares. Y sí, yo creo que es un cuadro mágico totalmente, según la magia de Ficino.

En primer lugar observamos que está ambientado en un bosque de naranjos, porque se dice que estos árboles se le atribuyen a la familia Medici y sí, es posible, pero hay que considerar las propiedades mágicas del naranjo, es una planta no de Venus, sino del Sol, y proporciona una atmósfera de paz y amplifica los poderes mágicos, así que ya tenemos el ambiente perfecto para lo que va a ocurrir en este cuadro. Además, los naranjos están en flor, la flor del azahar; que como virtudes mágicas tiene el favorecer los matrimonios, dar amor, paz espiritual y atrae a los seres amados; también se asocia a a pureza de las novias, aporta alegría y provoca sueños que liberan de tensiones emocionales el inconsciente, es muy útil para la meditación.

Todo esto sucede porque como Ficino demuestra en su tercer libro De Vita, llamado De Vita coelitus comparanda, él era un experto en las propiedades mágicas de las piedras y de las hierbas porque cada planeta le confería unas virtudes tanto a las plantas como a las piedras. Pero, por encima de todo, hace hincapié en el hecho de que existen dos tipos de magia, una magia demoníaca que es ilícita y perversa, y una magia natural, útil y necesaria. El único tipo de magia que él había practicado y aconsejado era la buena y útil, la magia naturalis.

Este cuadro es pura magia ficiniana y vamos a ver por qué, como dice Yates: “Ficino evita a Saturno. La Primavera es un talismán esencialmente venusiano de Botticelli que refleja la magia de tipo ficiniano”. Y no profundiza más. Veamos mi interpretación:

Empezamos por la derecha (figura 2), el Spiritus Mundi que es el canal a través del cual se difunden los  influjos es telares v a a coger a Semiramide que va echando rosas por su boca, la rosa inspira sentimientos de paz y felicidad, es el emblema del amor, aquí es amor espiritual y aumenta la clarividencia. Esto es que Semiramide va hablando de amor espiritual y transmite ya paz y felicidad, y gracias a esa forma de vivir ha aumentado ya algo su clarividencia porque como dice el Corpus Hermeticum en el “Discurso  secreto de Hermes Trismegistro a su hijo Tat en la Montaña” que tradujo Ficino: “Tat pide a su padre Trismegistro que le enseñe la doctrina de la regeneración, ya que h a fortificado su espíritu contra las vanas ilusiones del mundo (como ha ya hecho Semiramide) y está preparado para la iniciación final. Trismegistro le dice que el hombre regenerado es fruto silencioso de la inteligente sabiduría y que la semilla es el Bien verdadero colocado en él por voluntad de Dios. El hombre que nazca de esta forma será un nuevo dios, Hijo de Dios, en todo y por todo, dotado de toda la Potestad”. O sea, el hombre o mujer que nazca de esta forma será un nuevo dios. Y es semilla del bien, por eso Semiramide echa rosas por la boca porque conforme dice el Pimander, es semilla del bien ya en su vida.

Pero siguiendo con el cuadro, encima del Spiritus Mundi y de Semiramide hay un laurel, planta del Sol, no de Venus, el cual sus propiedades mágicas son que purifica y abre la conciencia psíquica, nos abre la mente psíquica y además hace más accesibles los nuevos comienzos (como Semiramide que está comenzando su iniciación en la magia de Ficino), lo utilizaban las sacerdotisas de Apolo para inducir mágicamente a las visiones proféticas. El Spiritus Mundi le viene por sorpresa porque llevando la vida que lleva y utilizando el laurel, el Spiritus Mundi le llegará por sorpresa; cito un ejemplo para que esto se entienda mejor: es como cuando se le pregunta a un investigador que ha realizado un descubrimiento importante cómo él llegó a esa conclusión, y el investigador responde: “me llegó por sorpresa” o “se me encendió la bombilla”, es que, cuando uno está trabajando mucho tiempo y en continuación sobre un tema, se está permanentemente en contacto con ello, llega un punto en el cual, la solución viene por sorpresa, esto es lo que le pasó a Semiramide con su vida casta y pura en continuación. En el suelo o la hierba también hay rosas.

Luego aparece Flora (figura 3), que no es Simonetta Cattaneo ni Semiramide. Flora le aportar á muchas cosas en este viaje de iniciación a Semiramide: todas las flores que lleva tienen propiedades mágicas que serán aportadas a Semiramide:

Violetas: aumentan la clarividencia y la energía positiva espiritual.

Aciano: concede sueños proféticos y potencia los poderes psíquicos y la clarividencia.

Fresa: amansa y endulza las personas. Consigue amistades.

Rosa: inspira sentimientos de paz y felicidad. Nos ayuda a sentirnos bien en nuestro cuerpo eliminando las dudas sobre nuestro aspecto y atractivo. Refresca el cerebro. Aporta prudencia y sensatez. Emblema del amor. Aumenta la clarividencia.

Jacintos: es una flor de Venus.

Iris o Flor de Lis: flor de Venus. En tiempos de los romanos se empleaba para la purificación. Se dice que los griegos permitían recogerlas a las personas castas, sólo para realizar ceremonias mágicas.

Clavellinas: planta no de Venus, sino del Sol. Propiedades mágicas.

Anémonas: planta de Marte y Venus. Aporta valor, fuerza y deseo. Protege el jardín y el hogar. Trae la magia verdadera al hogar. Aporta salud, protección y curación.

Nomeolvides y Siempreviva, no las he encontrado.

Todo esto aporta Flora a Semiramide.

Ahora vamos a ver la figura del centro (figura 4), que sostengo que es Semiramide Appiani, pero no creo que esté caracterizada como la diosa Venus, creo que no es la diosa Venus. La explicación que me propongo es la siguiente:

Es Semiramide, después de haber tenido todas las propiedades que Flora le da. Y además, en la hierba, están las anémonas que recordamos que aportan la magia verdadera y aparece Semiramide reinante, bella, segura de sí misma, después de haber recibido por medio de la magia de Ficino todas esas virtudes, entronizada por un mirto, planta de Venus, que proporciona gran atracción personal y éxito, ella nos mira, pero no nos mira a nosotros, se mira a ella misma, puesto que este cuadro estaba destinado a ella, era para contemplarlo ella, repito, ella se mira a ella misma después de su transformación mágica, sí, transformación mágica. Porque como dice Marsilio Ficino en De Vita Coelitus Comparanda, tercer libro del De Vita: “Se sabe por experiencia que si uno opera la elaboración en los debidos modos y es capaz de soportarlo, muta de algún modo, después de la purificación rara y de la oculta propiedad de ello, la cualidad del propio espíritu, la naturaleza del cuerpo y en parte los movimientos del ánimo, y casi reconquista juventud, en modo tal que parece renacer: y de aquí ha nacido la tradición que Medea y los magos restituían habitualmente, con el uso de ciertas hierbas, aquella juventud…”. De modo que así, Semiramide ha renacido, se encuentra en una nueva consciencia espiritual, preparada para conocer los grandes misterios del cosmos, como declara Frances A. Yates en el libro Giordano Bruno y la Tradición Hermética en el capítulo “Magia renacentista y ciencia”, dice así: “La Magia renacentista como fator responsable de cambios fundamentales en las concepciones humanas sobre el cosmos”. Ahora, Semiramide, tranquila y renacida, nos muestra con su mano derecha, otro espectáculo, pero antes, encima de ella, tenemos al Divinus Cupido, no Cupido, no. El Divinus Cupido es el Amor Divino que ha llenado el Santo Lugar (figura 5)según se manifiesta en un pasaje del Asclepius, obra esotérica que tradujo Ficino, cuando Hermes Trismegistro, Asclepio, Tat y Ammón se encuentran juntos en un templo egipcio. Y el Divinus Cupido apunta con el fuego de su flecha a una de las Tres Gracias, luego veremos por qué.

Pasamos ahora a las Tres Gracias (figura 6) que yo sostengo que son Las Tres Gracias de Ficino, o sea los planetas Júpiter, Venus y el Sol, lo afirma Marsilio Ficino en el libro tercero del De Vita en el capítulo cinco titulado “Las Tres Gracias son Júpiter, el Sol y Venus; y Júpiter es la Gracia intermedia entre las otras dos, y es particularmente adecuada a nosotros”. Las Tres Gracias de Ficino son antidepresivos para los literatos, para las gentes de letras, para los estudiosos, y en este caso podía ser una estudiosa Semiramide; también son antidepresivos para los temperamentos melancólicos, también puede ser que Semiramide tuviera un temperamento melancólico, propio además de los genios, ya en el Renacimiento. Como dice Ficino en este capítulo que acabo de nombrar: “Si nos dedicamos particularmente a Venus, no tendremos más el favor del Sol; si al Sol, se irá Venus. Por tanto, para abrazar juntas las Tres Gracias de un solo golpe, tendremos que recurrir a Júpiter, capaz de comunicar”.

Por eso digo que la Gracia de la izquierda es el Sol, la de en medio (como uniendo a las otras dos), es Júpiter, y la de la derecha es Venus. Además Ficino dice: “Así que en la serie del Sol, el hombre inferior admira lo superior, en la serie de Júpiter, lo venera; en la serie de Venus lo inferior es subido a lo superior con ardor amoroso (por eso el Divinus Cupido apunta a Venus con su flecha) y se transfiere en el otro”. Además, Venus también es, por las perlas que lleva en los cabellos y por el rubí que lleva colgado al cuello que señala sus amores con Marte y es propio también de las Tres Gracias. Venus y el Sol están además de una manera, incluso descaradamente refinada ensalzando el sexo femenino, como ensalzando a la mujer por encima de la cabeza de Júpiter, el gran comunicador, como enalteciendo a la mujer, y en segundo lugar, su papel comunicador. No es la primera vez que en el Arte, mediante gestos, se habla o se manifiesta el sexo masculino o femenino, o incluso el coito, como recuerdo en um cuadro de Lucrecia Borgia del Pinturicchio.

Por último, tenemos a Hermes/Mercurio (fig.7), que como dice Ficino, es junto con la Luna, mensajero de Las Tres Gracias, y “en el contexto de Mercurio lo inferior aprende siempre del superior y se deja persuadir por él”. Así que Hermes/Mercurio despeja con su caduceo las nubes de la ignorancia, para que veamos la Eterna Sabiduría. Este cuadro es un talismán, Hermes/Mercurio te mostrará los secretos del Pimander después de presenciar el baile armónico de los tres planetas, de las Tres Gracias. En efecto Mercurio te hará sentir y descubrir en tu propio espíritu, al despejar las nubes, lo que dice el Corpus Hermeticum, recordando que fue traducido por Ficino: “El intelecto, o Tat, deriva de la propia substancia de Dios. En los hombres, este intelecto es Dios, y ésta es la razón de que algunos de ellos sean dioses y su humanidad esté muy próxima a la divinidad”. “Por lo tanto, si no te haces igual a Dios, no podrás comprenderlo, ya que toda cosa sólo es inteligible por otra similar a ella. Elévate hasta alcanzar una grandeza por encima de toda medida, libérate de tu cuerpo de un brinco, pasa por encima de todo tiempo, hazte Eternidad y entonces comprenderás a Dios. Convéncete de que nada es imposible para ti, piensa que eres inmortal y que estás en condiciones de comprenderlo todo, todas las artes, todas las ciencias, la naturaleza de todo ser viviente. Asciende hasta situarte por encima de la más alta cumbre, desciende por debajo de la profundidad más abismal. Experimenta en tu interior todas las sensaciones de aquello que ha sido creado, del fuego y del agua, de lo húmedo y lo seco, imaginando que estás en todas partes, sobre la tierra, en el mar, en el cielo. Imagínate que aún no has nacido, que te encuentras en el seno materno, que eres adolescente, que estás viejo, muerto, más allá de la muerte. Si consigues abarcar con tu pensamiento todas las cosas en su conjunto, tiempos, espacios, substancias, cualidades y cantidades, podrás comprender a Dios”. Esto es lo que persigue este cuadro.

Esta obra de arte tiene un poder mágico desde el principio, desde la madera que la compone, como sabemos es temple sobre tabla. ¿Por qué es así? Como expresa el capítulo dieciséis del tercer libro del De Vita de Ficino, titulado: “La potencia del cielo y la energía de los rayos de los cuales se sabe que las imágenes traigan la fuerza”. Y dice así: “Pero por esto que los médicos exigen que la imagen se fabrique no con cualquier metal o madera, sino con uno determinado, en el cual la naturaleza celeste haya dado naturalmente las virtudes que le sirven al propósito preciso, como si ya lo hubiera madurado. Así que el Arte excita la virtud ya presente en germen”. También decir que en el mismo libro, Marsilio Ficino expone que “Los rayos de los planetas (como dicen los astrólogos) pueden imprimir en las imágenes, como también lo hacen con otras cosas, poderes ocultos y extraordinarios, que van por otro lado que aquellos conocidos. No son de hecho privados del alma, están vivos y dotados de sentido y tienen máxima eficacia sobre el espíritu. Son pues energías diversas según cada estrela y también varían según el planeta o estrella sus rayos”. Siempre se ha hablado de la luz que tiene este cuadro de La Primavera de Botticelli, una luz difusa y celestial, que yo creo que representa los rayos de los tres planetas (Las Tres Gracias) que intervienen en esta obra de arte.

¿Pero cómo actúa la imagen, o sea, este cuadro? ¿Cómo actuamos delante de él? Mejor dicho, ¿qué hacía delante de este cuadro mágico Semiramide Appiani? Según Ficino:

“Es tradición de los árabes que, cuando se fabrican imágenes según el debido ritual, nuestro espíritu inmerso completamente en la obra de arte y en las estrellas por imaginación y emoción, se une con el espíritu mismo del mundo y con las radiaciones astrales por las cuales se mueve el espíritu del mundo; es así que unido viene a ser causa por la cual, del espíritu del mundo, a través de los rayos, se vierte sobre la imagen el espíritu de cualquier estrella, o sea, una virtud vivificante, aquella que en particular está en armonía con el espíritu de aquel que hace la obra (el ritual). Y una obra hecha y facilitada también de esencias o perfumes que influencian el aire, los rayos, el espíritu del operante, la materia de la que es hecha la imagen. Y yo digo que los perfumes, por propia naturaleza tan afín al espíritu y al aire y, cuando se echan al fuego, comunes a los rayos de las estrellas, si son solares o juveniles, influencian eficazmente el aire y el espíritu, al coger oportunamente, debajo de los rayos, las virtudes del Sol o Júpiter entonces en dominio; y que el espíritu así influenciado y así enriquecido de estos dones pueda, en virtud de un más que impetuoso apasionamiento, no sólo intervenir en su propio cuerpo, sino también efectuar cualidades similares a un cuerpo cercano, sobre todo si es de naturaleza más débil. En cuanto al material sobre todo duro de la que está hecha la imagen afirmo que difícilmente pueda tener un efecto, sea aunque mínimo, de los perfumes y de la imaginación de quien practica el ritual; pero, en cuanto al espíritu, está tan sumamente influenciado del perfume, se hace todo uno con ello”.

O sea que, Semiramide Appiani se ponía delante del cuadro, quemaba esencias de plantas o flores, tal vez tomaría, ingeriría alguna de estas plantas o varias de estas plantas mágicas en infusión o en pócima y realizaría el ritual según nos dice Marsilio Ficino se hacía con las imágenes. Sabemos que según el inventario de 1499 de la propiedad de Lorenzo de Pierfrancesco de Medici, este cuadro estaba en la antesala de las habitaciones de Lorenzo di Pierfrancesco, es decir, del matrimonio. Como podemos observar era un cuadro privado de Semiramide.

Hay que recordar que esto no era extraño, estamos en el círculo de Marsilio Ficino y en el de Pico della Mirandola, este último experto en Magia Cabalística y es sabido, que tanto Pico como Ficino practicaban la magia. ¿Por qué no entonces también Lorenzo el Magnífico, que tantas veces salvó a Pico en sus problemas con la Iglesia? ¿Por qué no entonces todos los de su alrededor? Incluida Simonetta, incluida, cómo no, Semiramide, ya sabemos que en el Renacimiento, también renace la figura de la mujer. Como dice Franz Cumont en sus conferencias parisinas de 1905 sobre Les réligions orientales dans le paganisme romain: “el carácter religioso de la astrología, mantenido siempre, a expensas de la lógica, porque planetas y constelaciones no eran sólo fuerzas cósmicas cuya influencia propicia o nefasta se debilitase o reforzase según las revoluciones de un itinerario fijado desde siempre; eran también divinidades que observaban y comprendían, que se alegraban y se afligían, que tenían voz y sexo, que eran fecundas o estériles, apacibles o salvajes, dadivosas o dominadoras”. También añadir, como aporta Eugenio Garin: “Era la tradición neoplatónica en general lo que con los Padres griegos renacía con fuerza, incluso en sus manifestaciones más temerarias, en una recuperación del helenismo a veces desconcertante. No se trató solamente de un mayor conocimiento y comentario de Aristóteles mediante un retorno al vigor y rigor de los originales, ni siquiera de una simple integración de aristotelismo y platonismo y de una toma de contacto más completa con toda la riqueza del pensamiento árabe. Hubo ante todo un redescubrimiento de la época helénica, cuando en la cultura griega habían confluido aportes orientales de todo tipo. Precisamente en este clima asistimos al encuentro singular entre las doctrinas mágico-astrológicas del Medievo latino, en que el legado antiguo se había filtrado a través del mundo islámico, y las posiciones helenísticas, reencontradas en las fuentes griegas”. En 1439 el Concilio para la unificación de las iglesias se trasladó de Ferrara a Florencia y ello fue muy importante, porque Jorge Gemisto Pletón, restaurador en Mistra del culto de los dioses paganos, anunció, conversando con los mismos florentinos, el cercano fin del hebraísmo, cristianismo e islamismo, porque todos los hombres y mujeres se convertirían a la religión de la verdad, la religión de los gentiles, parece como si Jorge Gemisto Pletón anunciara la verdad de Marsilio Ficino, su religión tan particular que unía magia, astrología, paganismo y cristianismo. Recordemos que “los textos herméticos serán un punto de constante referencia para Ficino, un testimonio privilegiado de la prisca theologia, un documento admirable que expone arcana misteria, digno de ser colocado por Lactancio entre las Sibilas y los Profetas (inter Sybillas et Prophetas). Ahora bien: precisamente en esta perspectiva encontraba la confirmación y el fundamento metafísico y teológico de la astrología y de la magia. No sin razón ha observado Frances Yates que el tercer libro del De Vita, pletórico de magia, es más una amplia exégesis de Hermes (del Asclepius) que un comentario de Plotino. La afirmación puede entenderse dilatadamente: Ficino no hará sino evocar y retomar al Trismegistro una y otra vez”. También aporta Eugenio Garin algo realmente crucial en mi opinión: “El mundo como obra de arte podría ser el título de toda la filosofía de Ficino: el mundo figurado, animado, vivo de los astrólogos y los magos”. “Es en esta armonía universal donde Ficino justifica la astrología, y la magia además, en tanto que consonancia del todo”. Ahora voy a volver a citar unas palabras de Garin, puesto que, si le estoy citando, es porque quiero demostrar en esta presente investigación, que me baso en investigadores de reconocido prestigio para llegar a mi interpretación y conclusión: hablando de Ficino, Garin dice: “No basta construir el arquetipo perfecto del mundo, ni observarlo únicamente; es preciso además interiorizárnoslo mediante la meditación intensa y la contemplación de su imagen pintada en la casa en que vivimos. El hombre-microcosmos, pues, debe adecuarse al macrocosmos con la técnica de las imágenes, sintonizarse y así realizar la armonía perfecta, identificándose con la vida del todo y con la potencia del todo. Arte y magia se encuentran…”. Esto último que dice Garin sobre lo que pensaba Marsilio Ficino, concuerda exactamente con la interpretación que he dado a La Primavera de Botticelli, cuando digo que Semiramide Appiani interiorizaba su cuadro y meditaba con él, además de hacer el ritual mágico. Ficino comenta que es importante tener la imagen mágica en la casa, así como Semiramide la tenía en su casa de Florencia, en la antesala a sus habitaciones privadas, encima de un diván. Cuando Garin dice que el hombre debía realizar la armonía perfecta, arte y magia se encuentran, está claramente hablando del ritual mágico que describe Ficino en De Vita.

Por otro lado, estamos en una sociedad, en dichos años, que se vivía con la astrología diariamente, como observa Marsilio Ficino en su De Vita, en el capítulo XXV titulado: “La observación de los astros para la concepción de los hijos, en la preparación de la comida, en la edificación y en el cuidado de las habitaciones, en la confección del guardarropa; y hasta qué punto sea lícito prestar atención a estas cosas”; en este capítulo Ficino defiende fervientemente la utilización de los astros para tales menesteres, porque para él es ir al ritmo de la Naturaleza. Citaré sólo el ejemplo del vestido que para confeccionarlo recurrían a Venus y también tenía que ser propicio el planeta Venus cuando se colocara el vestido por primera vez la persona. ¿Qué se conseguía con esto? Que el vestido, cada vez que te lo pongas, te aporta alegría al cuerpo y al espíritu. Y esto lo hacía la gente en la época de La Primavera de Botticelli. Como se puede observar, mi interpretación está totalmente metida en el tiempo de dicha obra de arte, como creo que debe ser: no ver un cuadro desde nuestro tiempo, desde el siglo XXI, sino penetrar en el pensamiento y en la forma de vida de la época que trata nuestra obra de arte. Como dice Garin en otro libro suyo: “Las imágenes, como el resto de la misma naturaleza, guardan un alma, un significado; pararse en la imagen fantástica, así como limitarse a una concepción puramente física de la naturaleza, y no descender a la más profunda dirección espiritual, a la intención del artista (humano o divino no cuenta, porque el único artista es el Logos); quedarse en la superficie, es el error más pernicioso”. Erwin Panofsky nos dice también referente al pensamiento de Marsilio Ficino: “Se comprende igualmente que (dejando aparte la necromancia y el demonismo) no exista, en principio, diferencia entre la medicina, la magia y la astrología. Cuando me entrego a determinada actividad o me comporto de determinada manera, cuando me doy un paseo a determinada hora, cuando interpreto o escucho determinada pieza musical, cuando ingiero determinado alimento, aspiro determinado perfume o tomo determinada medicina, estoy haciendo esencialmente lo mismo que cuando me pongo un amuleto fabricado, en circunstancias favorables, de determinada sustancia y con la imagen o el símbolo de determinado planeta o constelación: en todos estos casos me estoy exponiendo a la influencia del espíritu cósmico modificada por las esferas y elementos por los que haya pasado. Porque si la medicina que receta un médico contiene, por ejemplo, menta, esta humilde planta ha adquirido sus propiedades curativas en virtud de haber acumulado el espíritu del Sol combinado con el de Júpiter”.

Conclusión:

Según las dos cartas de Ficino, una a Lorenzo de Pierfrancesco de Medici y la otra a Lorenzo el Magnífico y Bembo, se hace clara referencia a Semiramide cuando Gombrich opina que es pura filosofía ficiniana. Yo pienso que habla de Semiramide para que Lorenzo de Pierfrancesco de Medici se enamore de ella; pero él pensaba que ella era terrena, que era terrenal, que no estaba iniciada en la magia ficiniana que su maestro Marsilio le había enseñado de toda la vida, por eso se hace el cuadro La Primavera, así Semiramide se inicia en lo que ya estaban iniciados todos los del Circulo de Lorenzo el Magnífico. Por eso el cuadro se empieza en la época de esas cartas y se termina para la boda. Aunque Lorenzo de Pierfrancesco, puede que la viera y se enamorara de ella, o puede que no, eso no lo sabemos, sus sentimientos no los sabemos, pero lo que sí sabemos es que este cuadro tenía por fin iniciar a Semiramide en la magia ficiniana para que así Lorenzo de Pierfrancesco se pudiera enamorar más de ella y además integrarse en el círculo de Lorenzo el Magnífico que es donde iba a hacer su vida. Para terminar quisiera citar unas palabras de Marsilio Ficino del De Vita, recogidas en Saturno y la Melancolía: “Recuerda siempre que ya por las inclinaciones y deseos de nuestra mente y por la mera capacidad de nuestro spiritus podemos entrar fácil y rápidamente bajo la influencia de aquellos astros que denotan esas inclinaciones, deseos y capacidades; en consecuencia, por el apartamiento de las cosas terrenales, por el ocio, la soledad, la constancia, la teología y filosofía esotérica, por la superstición, la magia, la agricultura y el dolor entramos bajo la influencia de Saturno”. Aquella que escribe esta lineas sobre La Primavera de Botticelli, también es hija de Saturno.