Astrologia na Arte

Poesía y Astrolgía

“Mountains of Creation”

En el Arauco Domado (1596) de Pedro de Oña

Raúl Marrero-Gente

University of Minnesota
Anales de Literatura Chilena
Año 17, diciembre 2016, nemero 26, 117-131
ISSN 0717-6058
El presente trabajo se inscribe en las actividades del Proyecto de I+D del Programa Estatal de Fomento de la Investigación Cientíica y Técnica de Excelencia del Ministerio de Economía y Competitividad: Magia, Épica e Historiografía Hispánicas: Relaciones Literarias y Nomológicas, dirigido por el Dr. Alberto Montaner.

γ

Resumen

Este trabajo estudia la presencia de la astrología en el Arauco Domado de Pedro de Oña, un tema ausente en La Araucana de Ercilla y que constituye una innovación de Oña al canon de la poesía épica colonial. En el Canto II del Arauco Domado Oña introduce una escena astrológica, rescatando en su lectura el modelo épico más famoso de las predicciones astrológicas: la Farsalia de Lucano. El Canto II del Arauco Domado es, sin lugar a dudas, otro ejemplo de la importancia de la astrología y su inluencia en los autores del Siglo de Oro a ambos lados del Atlántico.

α

Aunque la relación entre la astrología y la literatura del Siglo de Oro ha sido objeto de atención crítica, la conexión entre la astrología y la poesía épica colonial no ha sido examinada detenidamente2. En este trabajo estudio la presencia de la astrología en el Arauco Domado, un tema ausente en la obra de Ercilla y que constituye una verdadera innovación de Oña al canon de la poesía épica colonial. En el Canto II del Arauco Domado Oña introduce una escena astrológica, a partir de las octavas 23 a 32 que muestran la famosa escena de la observación del cielo por el mago. A partir de estos versos Oña inicia la aemulatio con La Araucana de Ercilla, rescatando en su lectura el modelo épico más famoso de las predicciones astrológicas: la Farsalia de Lucano. La originalidad de Oña consiste en revivir las conexiones ocultas entre los Cantos I y VI de la Farsalia, integrando pasajes estructuralmente diferentes, pero temáticamente semejantes, entre ellos las escenas de las profecías (el adivino etrusco, el astrólogo y la bacante), los presagios, el conjuro de la bruja Ericto y la necromancia. De esta manera el Canto II del Arauco Domado ofrece una compleja lección de astrología poética entretejida de alusiones mitológicas, procedentes de la astrología erudita y del imaginario astronómico popular. Para ello Oña tiene el precedente de La Austriada (1584) de Juan Rufo. Otro rasgo que prueba la relación de Oña con Rufo, es que ambos emplean un katarche3. Rufo dedica el Canto XXIII a la escena de la profecía de la batalla de Lepanto por un adivino musulmán quien anuncia presagios negativos para los turcos. Aunque hay una importante tradición astrológica árabe, Rufo no alude a ella y en su lugar usa la astrología cristianizada proyectándola en los turcos. Será esta técnica de proyección en el adversario la que Oña escoja para transferir la astrología clásica a los indígenas araucanos, pero manteniendo una perspectiva de interpretación cristiana4.

2 Sobre la astrología véanse Barton, Power and Knowledge 27-94; Barton, Ancient Astrology 32-113; Tester 1-56; y el volumen editado por Dooley.
3 Para la deinición clásica de katarche ver Ptolomeo. En este caso especíico me reiero al llamado horóscopo del Islam, analizado por Beck.
4 Sobre la trayectoria intelectual de la astrología en la literatura española desde la época medieval hasta el Siglo de Oro, véanse los importantes estudios de Vicente (en obras citadas).

En las octavas 25-32 del Canto II del Arauco Domado Oña se apoya en el episodio de Nigidio Fígulo del Canto I de la Farsalia para cumplir con el motivo de la observación del cielo por el mago. Lucano dedica treinta y tres versos a la lectura de los astros por Nigidio Fígulo; mientras que Oña emplea cincuenta y seis versos a la lectura anónima de los cielos que abarca los siete planetas (octava 25), los signos del zodiaco (octavas 26-27), y los signos extra-zodiacales (octavas 28-31).

La predicción de Oña asume un reto poético evidente en la diicultad de expresar literariamente el lenguaje técnico de la astrología. El poema de Oña describe a unos profetas araucanos europeizados como astrólogos que ven cómo el momento para el enfrentamiento les es nefasto, segen los signos de los cielos. Los planetas y los signos del zodiaco están mal aspectados. El regente de la carta astrológica para ese particular momento es Saturno que forma mal aspecto con Delo (el Sol). Saturno es la Infortuna Mayor. Júpiter que es la Fortuna Mayor está caído (no ejerce su inluencia benéfica adecuadamente por esa razón). Marte, la Infortuna Menor, también está mal aspectado y proclive por tanto para ejercer su inlujo sobre un desastre militar. La Fortuna Menor, Venus, no puede atenuarlo porque está oscurecida o mal aspectada junto con Cintia (la Luna). Nos dice que Marte está conjunto con la Luna. Una conjunción de Marte, Venus y la Luna abre la “puerta de las aguas”; de ahí que aparezca el escenario de la tormenta. También están mal situadas las estrellas fijas y los cometas se suman al mal augurio. Las aves conirman el fatal pronóstico: todas son de mal agüero.

La posición de los astros ofrece a Oña la ocasión de interpretar su signiicado. La descripción de Oña es literaria pero se incorpora en ella parte de unos conceptos de astrología judiciaria que son lugares comunes en la formación humanista. Arquetipos astrológicos que pueblan las obras de arte desde el Renacimiento. Se describe un horóscopo idealizado, exagerando el momento de una forma apocalíptica, al coincidir tanta discordia en el Cielo. Es un horóscopo descriptivo: bastan rasgos generales para describir el momento nefasto, y faltan los datos que concretarían una carta u horóscopo real. Por esa razón, creo que la predicción de Oña es más parecida a un katarche, similar al de la Farsalia. Para Robert Hannah la predicción de Fígulo no es un horóscopo sino un katarche porque no es el cálculo de las inluencias de las estrellas y los planetas sobre un individuo, sino la coniguración momentánea de objetos celestiales y su inluencia sobre los resultados de un evento especíico. Patrizio Domenicucci cita el Tetrabiblos de Ptolomeo como la fuente de la deinición del katarche y menciona el vínculo estructural de esta obra con otros fenómenos astronómicos como los eclipses y los cometas. Esta es la tradición que aparece en el poema de Oña, ya que no se trata de una predicción sobre la vida de un individuo como en un horóscopo, sino sobre el destino de un pueblo, segen la famosa descripción de Ptolomeo en el Tetrabiblos 2.1.2. Oña inventa un katarche y lo construye con el sustrato del código astrológico clásico siguiendo la tradición poética. En este caso, como en el caso de Lucano, no importa si él sigue la realidad astronómica o es el fruto de su invención. En el caso de Oña se trata de una invención poética basada en la literatura astrológica de la época.

α

Claríssimas señales muestra el cielo
de tu fatal y súbita rüina:
Saturno melancólico domina,
su claro resplandor enturbia Delo,
venir parece Júpiter al suelo,
ardiendo Marte en cólera se indina,
el génito de Maya no parece,
y Venus con la Cintia se escurece.

Comienza Oña la descripción ofreciendo la posición de los siete planetas en los signos del Zodiaco que es la información básica astrológica. Los planetas aparecen representados en un orden establecido: Saturno, el Sol, Júpiter, Marte, Mercurio, Venus y la Luna. Oña, a imitación de Lucano, agrupa los tres primeros planetas por su naturaleza similar y no por la práctica del horóscopo. Dos de estos tres planetas: Saturno y Marte son malévolos, es decir, su inluencia tiende al mal; el tercero, el Sol, es neutral (benévolo en compañía de planetas benévolos y malévolo, en compañía de planetas malévolos), pero en este contexto es malévolo. Sus opuestos en la doctrina astrológica son los planetas benévolos Júpiter y Venus. Mercurio es neutral, pero en este caso actúa como malévolo, bajo la inluencia de Marte. También su pronóstico es pesimista y lo enfatiza hablando de los planetas negativos primero.

Saturno es el primer planeta mencionado de acuerdo a la tradición astrológica de iniciar la lectura de los cielos con el planeta más lejano. Saturno es un planeta maléfico y por lo tanto su inluencia es negativa. De esta manera Oña introduce un tono negativo en la escena de los adivinos mapuches. Saturno está aspectado como dominante frente al Sol (“melancólico domina”). El poeta parece seguir aquí la definición de Saturno como un planeta melancólico en los tratados astrológicos de la época, como el Lunario de Jerónimo Cortés. Saturno representa el planeta más alto en el firmamento, el más cercano a la esfera de las estrellas y de los cielos. Las conjunciones de Saturno y Júpiter y su agrupación con tres signos del zodiaco (triplicidad) constituye el fundamento de la astrología histórica. Saturno es el primero de los planetas porque en el antiguo calendario romano representaba el sábado que era el primer día de la semana. quizás de esta manera Oña alude al requisito del día exacto del horóscopo, de acuerdo a la astrología clásica. Oña dice que Saturno enturbia al Sol. Esto implica que hay unas fuerzas saturninas desatadas en ese “resplandor”, que es una luz excesiva que oculta al Sol (“enturbia Delos”). Esto implica que Oña sitúa a Saturno en Libra, su signo de exaltación, un procedimiento similar al de Lucano9, pero esta ubicación del planeta solamente puede inferirse después de leer la descripción del signo zodiacal de Libra unas octavas adelante, ya que el poeta no ofrece ninguna información precisa sobre el lugar de Saturno en el firmamento.

9 Véase Hannah 180-181 para la decisión de Lucano sobre la posición de Saturno en Libra.

El planeta Júpiter “venir parece … al suelo”, es decir, está caído, debajo del horizonte. Aquí Oña posiblemente sigue el verso de Lucano: “Iuppiter ocaso premitur”. Segen Aldo Luisi signiica que Júpiter está en la sexta casa del zodiaco llamada de la Mala Fortuna. El planeta que se encontraba en esta casa traía consigo la desgracia. A ello se suma que la sexta casa pertenece a Aries, cuyo regente es Marte, un planeta malévolo10. Era especialmente preocupante que estuviera en la sexta casa porque en la astrología Júpiter es considerado el padre de los planetas y de los hombres, y esto implicaba una catástrofe de dimensiones extraordinarias. Su caída en el poema de Oña es otra manera de insistir en la inminencia de la guerra y de sus consecuencias negativas entre los hombres.

10 Como es comen en la astrología, existen varias posibles interpretaciones de este pasaje de Lucano. Me parece más convincente la lectura de Luisi que la de Hananh, quien sitea a Júpiter en Leo.

De acuerdo a la astrología Marte también es un planeta malévolo y aparece como dominador: “su cólera se indina”, es decir aumenta; mientras Mercurio “no parece”, es decir, está bajo la sombra de Marte, que es el planeta dominante. La posición de los planetas que describe Oña es similar a la que ofrece Lucano en la Farsalia (vv. 658-660). Robert Hannah explica este pasaje de Lucano, de acuerdo a la astrología clásica. Para él, Marte está en Escorpión que es su casa diurna y es el signo más belicoso del horóscopo. Por eso “el señorío de los cielos reside por tanto en Marte”. De esta manera, la influencia de Marte queda resaltada porque domina a Venus, Mercurio y la Luna, planetas benévolos o neutros. Esto significa que el carácter belicoso de Marte será determinante en el desarrollo de los eventos futuros, en este caso la guerra entre araucanos y españoles. También en el Lunario de Jerónimo Cortés aparece la imagen negativa de Marte.

Carina Nebula

Venus recibe la inluencia malévola por dos lados al estar en Libra que es su casa; pero Libra está entre Virgo y Escorpión, quien es aspectado trino con Piscis y por lo tanto soporta la mala influencia de Marte; mientras que Virgo está en oposición a Piscis y la influencia de Marte también se siente aquí. Por último, Libra está situada en el templo doce, lo cual indica mala fortuna también para Venus. Esto explica la coincidencia de Oña con Lucano al mencionar que Venus y la Luna “se escurece(n)”, similar a la frase de Lucano Venus disminuye (“hebet”), se vuelven invisibles ante Saturno y Marte, planetas maléficos dominadores. Es una oposición moral, porque Marte significa saqueo, muerte y esclavitud. Marte, Venus y la Luna están en conjunción. Como Mercurio es un planeta inconstante, cambia bajo el influjo más fuerte, que en este caso es el influjo negativo de Marte; por su parte, Mercurio también actúa como un planeta maléico. De acuerdo a la tradición astrológica, cuando Marte es exaltado, Júpiter es humillado, de esta manera alegóricamente aumenta el poder de la muerte y disminuye el poder de la vida. Por otra parte, la casa de Saturno se opone a la casa de la Luna y del Sol porque ellas son luminarias y Saturno es el señor de las tinieblas: porque la luz se opone a las tinieblas y viceversa.

α

[…] el Escorpión y el Cancro están sañudos,
el Tauro como atado al bramadero,
el Capricornio rígido y austero,
llorando allá los Géminis desnudos,
Aries con cuernos ásperos y agudos,
el vedijoso León airado y fiero,
colérico el biforme Sagitario,
vertiendo sangre el cántaro de Acuario.

El verso “el Escorpión y el Cancro están sañudos” indica que entre estos dos signos hay antagonismo, porque Escorpión es la primera casa de Marte y Cáncer es la casa de la Luna, pero ambos planetas han sido aspectados en oposición. Marte aparece dominando a la Luna. Escorpión es la casa diurna y es un signo masculino, en oposición a Cáncer, un signo femenino. A su vez, Escorpión es el signo de humillación de la Luna y Cáncer es el signo de humillación de Marte. El signo de Escorpión se asocia al poder sobre las armas, porque Marte es su regente. La influencia de Marte sobre Escorpión también implica desastres y guerra; mientras que la inluencia de Mercurio sobre el Cangrejo, como su planeta regente, es mínima porque Mercurio está dominado por Marte.

Tauro es la segunda casa de Venus y es un signo femenino. Es el signo de exaltación de la Luna, pero como la Luna está dominada por Marte, el Toro “está atado al bramadero”, es decir, su capacidad de influir está controlada y es inefectiva. Tauro es enemigo del Cangrejo, Libra, Escorpión y los Peces (Manilius 2.544), pero es amigo de Capricornio y Virgo. Capricornio es la primera casa de Saturno, por eso Oña dice de él: “Capricornio rígido y austero”. Capricornio es el signo de exaltación de Marte y signo de humillación de Júpiter. Capricornio es gobernado por Vesta, por eso tiene poder sobre el fuego (Manilius 4.384). Es enemigo del Cangrejo, del Escorpión y los Peces y amigo de Tauro y Virgo.

Los Géminis representan a los dioscuros Cástor y Pólux. El verso “llorando allá los Géminis desnudos” alude a Manilius 2.163. Es la segunda casa de Mercurio, pero Mercurio está dominado por Marte, de ahí que Oña lo representa llorando. Es un signo protegido por Apolo (Manilius 2.440) y ama las Musas (Manilius 4.381). Es amigo de Libra y Acuario, pero enemigo de Aries, Leo y Sagitario. Aries es la segunda casa de Marte, que es su regente. La representación de este signo por Oña: “con cuernos ásperos y agudos” parece seguir la de Manilius: “Ariesque in cornua tortus” (2.246). Aries es notable por su alianza con el fuego y con Marte, el dios de la guerra. Aries se asocia a las naciones que son imperios (Roma). Es amigo de Leo y Sagitario y enemigo de Libra, Acuario, Géminis y Virgo (Manilius 2.541). También es un signo que influye sobre el mar y su mención por Oña está vinculada al anuncio de las tormentas que ocurrirán como parte de los eventos negativos de la profecía.

Leo es la casa del Sol, su regente, y está protegido por Júpiter. Ambos planetas están dominados por Saturno, por eso Oña habla de un León “airado y iero”. Leo es amigo de Aries y Sagitario, con quienes integra el triángulo de fuego del zodiaco y es enemigo de Acuario, Libra, Géminis y Virgo. Es el catasterismo del león de Nemea que Hércules mató. También en Lucano el Sol aparece en su domicilio de Leo, aludiendo a la imagen literaria y astrológica convencional que anuncia una conflagración universal. Sagitario es la primera casa de Júpiter, su planeta regente, pero al estar este dominado por Saturno, aparece “colérico el biforme Sagitario”. Leo y Sagitario son signos del Sol y Júpiter, ambos signos también aparecen furiosos y coléricos en el verso de Oña. En este caso están pareados dos signos afines para reforzar el aspecto negativo de la predicción, en vez de combatir un signo contra el otro.

Acuario es la casa nocturna de Saturno, su planeta regente. Acuario tiene poder sobre las aguas (Manilius 4.384), por eso se ve como signo que provoca lluvia. Oña sustituye agua por sangre en alusión al derramamiento de sangre que trae consigo toda guerra: “vertiendo sangre el cántaro de Acuario.” De esta manera, Oña reitera el mensaje de la profecía de los adivinos indígenas centrada en la inevitabilidad de la guerra y de sus consecuencias negativas para los habitantes del Arauco.

α

[…] vese la estéril Virgen desgreñada
mostrando faz terrible y enemiga,
y desgranando la bermeja espiga
con su furiosa mano arrebatada;
Libra, con roxa sangre barnizada,
nos hinche las balanças de fatiga,
y en su lugar los húmidos pescados
vemos estar comiéndose a bocados.

Virgo es Erígone catasterizada por su amor filial a su padre Ícaro (Manilius 2.32). Virgo está asociada al mito de Astraea mencionado en el famoso relato de Manilius sobre el emperador Augusto como restaurador de la justicia por medio de la balanza (Libra) que pesa por igual la vida y la muerte (Manilius 4.549-553). De ahí la imagen del signo en el poema de Oña: “estéril […] desgreñada […] mostrando faz terrible y enemiga”, alegoría del triunfo de la violencia sobre la justicia. Virgo es la primera casa de Mercurio, su planeta regente, pero al estar Mercurio dominado por Marte, también Virgo pierde su poder y la justicia se aleja de las tierras de los araucanos. Es en ese sentido que los adivinos indígenas aluden a este signo. Virgo figura “desgranando la bermeja espiga / con su furiosa mano arrebatada”, imitación del verso de Manilius: “spicifera est Virgo Cereris” (Manilius 2.442). [“Virgo con su espiga está bajo la protección de Ceres”]. Virgo es un signo doble compuesto de la muchacha y la espiga de trigo que ella lleva consigo. Esta gavilla es la estrella Spica (Espiga) (Manilius 2.660-3). Para los romanos la espiga simbolizaba a Ceres, la diosa de la agricultura. Aquí también el signo refuerza la imagen de violencia y horror (“faz terrible y enemiga”) de un pronóstico desgraciado para los araucanos, en el que se insinea el fin de la época de la agricultura como alegoría de la paz y su sustitución por la destrucción de la guerra.

Oña agrupa el signo de Virgo junto al de Libra porque ambos están relacionados con la idea de la justicia. Libra tenía además un simbolismo místico de equidad y balance entre los romanos porque significaba la separación de la luz y la oscuridad (Manilius 1. 267). Libra es la primera casa de Venus, quien es su regente, lo cual a primera vista es positivo; pero la inluencia positiva de Venus es borrada por la presencia de Saturno en Libra, su estrella de exaltación; a ello se añade la fuerte inluencia malévola de Saturno que es la Infortuna Mayor. Libra está bajo la protección de Vulcano, quien forjó el metal de las balanzas (Manilius 2.442). Ahora podemos entender mejor el simbolismo del enigmático verso de Oña: “Libra, con roxa sangre barnizada”. Este verso es un adynaton, una contradicción, porque la justicia, un acto de paz, aparece regada con sangre, en clara alusión también a la guerra anunciada y sus consecuencias aniquiladoras13.

13 Véase el erudito artículo de Antonio Ruiz de Elvira para la interpretación del complejo simbolismo del signo de Libra. Beck analiza la asociación del signo Libra a la palabra yugo como metáfora de dominación política.

Los Peces son la casa nocturna de Júpiter, que es su planeta regente. De acuerdo a la representación astrológica clásica, los Peces miran en direcciones opuestas y tienen caminos diferentes (Manilius 2.165). En el poema Oña los describe comiéndose uno al otro para acrecentar la imagen de caos y destrucción de los signos estelares. Los Peces están bajo la protección de Neptuno, por eso tienen poder sobre los mares (Manilius 2.447; 4.385). A través de ellos, Oña refuerza el anuncio de las tormentas en el mar, como parte de los portentos negativos de esta profecía poética:

α

[…] pues ved allá las Pléyadas ñublosas,
y cómo essotros astros van y vienen,
essos escuros círculos que tienen
essas constelaciones rigurosas;
sobre Aquilón las nubes procelosas,
amenazando lluvia, se detienen;
armado el Orïón mirad a parte,
mirad en conjunción la Luna y Marte.

Las Pléyades son un grupo de siete estrellas que representan siete hermanas (Manilius 5.142), y ejercen su inluencia sobre los “devotos de Baco y Venus” (Manilius 5.142-156). Aparecen mencionadas en diversos autores clásicos como Apolodoro, Biblioteca; Higinio, Astrologia; Eratóstenes, Catasterismos; y Píndaro, Odas, por su relación con los relatos de la mitología clásica. El Aquilón (Aquila, Águila) es una de las constelaciones del Norte, es decir, ya no es parte del zodiaco. Es una innovación de Oña en relación a Lucano porque este no habla de la misma en la Farsalia, su inclusión por Oña responde al tópico de renovación de temas nuevos de la épica. Simboliza el águila que llevaba a Ganimedes por los cielos (Manilius 5.487) y era anuncio de las tormentas y las lluvias, por eso Oña dice: “sobre Aquilón las nubes procelosas, / amenazando lluvia, se detienen”. También se asocia a la guerra, el saqueo y el derramamiento de sangre, pero si se enlista en una causa buena puede transformarse e inluir en una victoria gloriosa (Manilius 5.486-503). quizás Oña coloca esta estrella en su poema como una aspiración a la gloria en el combate, en referencia al tópico épico de la aristeia.

La última estrella de esta octava es Orión, primera constelación del Sur. En la mitología clásica Orión fue asesinado por Escorpión. Manilius la describe como “una estrella dorada que impregna su resplendente fuego, iluminando las otras estrellas en la oscuridad de la noche”; también Firmico Materno en Mathesis VII habla de Orión, citando a Lucano. Orión es una estrella de larga trayectoria literaria, así aparece mencionada por Homero en la Ilíada y en la Odisea, y por Virgilio en la Eneida. En este pasaje Oña tiene en mente los versos de la Farsalia: “ensiferi nimium fulget latus Orionis” (v. 665). También Manilius cita la espada de Orión como un presagio de guerra. Como señala Robert Hannah, la inclusión de la estrella Orión en la Farsalia es inusual, pero no es única: su presencia viene dada como una estrella que acompaña a las estrellas del zodiaco al amanecer y al anochecer. Lucano usa a Orión como un recurso estilístico para agregar mayor ansiedad y reforzar un sentimiento inminente de guerra a la predicción del astrólogo Nigidio Fígulo. Por su parte, Domenicucci señala que la referencia a Orión y su espada, coherentemente con la doctrina astrológica, tiene la función de reforzar el presagio de guerra en el momento en que al influjo de las estrella viene a sumarse la influencia nefasta de Marte. En ese tono sombrío habla Oña de Orión, porque su función es servir de apoyo al panorama negativo descrito a lo largo de varias octavas sobre la prefiguración de una guerra sangrienta.

Finalmente Oña trae a la Luna y Marte en conjunción, esto signiica que los dos planetas están juntos en un mismo punto y su energía se duplica, creando la forma más poderosa del aspecto. Ambos planetas están en Escorpión, que es la casa diurna de Marte. Pero esta conjunción es negativa porque Marte es la Infortuna menor y Escorpión es el signo de máxima humillación de la Luna. De esta manera, Oña insiste en unas fuerzas negativas que están a punto de desatarse, y que al igual que en las estrofas previas, llevan el inevitable mensaje de una catástrofe tantas veces anunciada en el poema:

α

Bolved acá y veréis el vando ursino
cuán denodado y fiero que nos mira,
y Arcturo, que le sigue ardiendo en ira,
sin esperar a Bootes su vezino;
aun Pólux de su Cástor uterino
parece que enojado se retira;
encréspase el Dragón con sus escamas,
y la polar Serpiente escupe llamas.

La frase bando “ursino” es metáfora de la constelación de la Osa Mayor (ursas/ orsa), con los osos siguiéndose: “sequiturque sequenten” (Manilius 1.303-305). La Osa mayor es Calisto, hija de Lycaon acosada por Júpiter, transformada en Oso por Diana y catasterizada por el mismo Júpiter para impedir que la cazaran (Manilius 2.29; 3.359). Oña figura a “Arcturo […] ardiendo en ira”, en imagen gráica de la estrella más “brillante” Arturo (Manilius 1.357), y alusión a toda la constelación de Bootes. Bootes es una constelación del Norte. La llaman el guardián de los osos, el Boyero (Manilius 1.316) y la estrella Arcturus brilla en su pecho (Manilius 1. 318). También aparece en Ovidio, Metamorfosis. En la astrología clásica Arturo era una estrella de gran simbolismo: “los nacidos en esta hora la Fortuna los premia confiándoles sus tesoros, para que la riqueza de los monarcas y las finanzas de los templos sean custodiados por ellos: ellos serán reyes bajo reyes, ministros de estados, y tutores de los pueblos” (Manilius 5.359-362). Aunque en esta octava Oña une a Arturo a Orión, en alusión al famoso pasaje de Manilius sobre la eternidad de los cielos (ilustrada con lo imperecedero de las estrellas) frente a lo pasajero de la tierra, ejemplificada con las guerras de Troya, la fundación de Roma, la decadencia de Grecia y la esclavitud de los hombres. Sin lugar a dudas, Oña asume aquí la función del poeta astrólogo que “parece estar entre el cielo y la tierra, en un lugar desde el cual puede visualizar la geografía del mundo cuando mira abajo y la jerarquía del cielo cuando mira hacia arriba”.

En el verso dedicado a Pólux y Cástor, Oña hace eco de una interpretación en clave cuando emplea el adjetivo “uterino”, posiblemente reminiscencia de lectura de la Oda “A Tieo, hijo de Iulio”, de las Odas Nemeas de Píndaro donde aparece la historia de los gemelos hijos de una misma madre, pero de padres diferentes. Pólux es hijo de Zeus y Cástor es hijo de un mortal: “que de esposo mortal, aunque guerrero / Lo concibió tu madre”. Por otra parte, insiste Oña en la contradicción en la iconografía que tradicionalmente muestra a los gemelos abrazados y catasterizados como ejemplo de amor fraternal. Este signo tiene una larga trayectoria literaria desde Homero, Ilíada 3. 237; Odisea, 11. 298-304; Virgilio, Eneida, 6. 121; Apolodoro, Biblioteca, 3.11; Eratóstenes, Epitome 10; Higinio, Astronomía, 2. 22, como emblemas de la paz, por esa razón Oña llama la atención sobre el enojo y alejamiento de los hermanos: ellos representan la salida de la paz y la llegada de la guerra.

Termina la octava con la constelación del Dragón, también conocida como Anguis, Coluber, Pitón o Serpiente. Eratóstenes dice que el Dragón es la serpiente enviada por Juno [Hera] para cuidar las manzanas doradas de las Hespérides y cuando Hércules mata la serpiente, Hera la catasterizó en una constelación. De ahí la descripción de Oña como “la polar Serpiente escupe llamas”, que recuerda la oncena labor de Hércules y la posición geográfica del dragón, como una constelación del norte. La serpiente arrojando llamas es una metáfora del fuego destructor de la guerra. Esta constelación está ubicada en torno a la Osa Mayor y a la Osa Menor (Manilius 1.45; 1.627), algo que reitera Higinio en Astronomía con mayor detalle, “alcanza la cabeza de la Osa Mayor con su cola curvada”; mientras que Arato en Fenómenos la ubica: “Entre los dos Osos, como un rio que luye, vuela la gran maravilla, el Dragón, enroscado en una inmensa extensión, y a cada lado de sus alas, viajan los dos osos, teniendo cuidado de no caer al Océano azul oscuro”. También hablan de esta constelación Ovidio, Metamorfosis, y Virgilio, Eneida.

α

Poned allí los ojos en el Ara,
hechura de monóculos jayanes,
adonde, para mal de los Titanes,
juró tendiendo Júpiter su vara:
veréis que el Escorpión en ella encara
haziéndole iracundos ademanes,
y que la tiñe sangre desde arriba
hasta la irme base donde estriba.

§

Ara es una constelación del sur, su nombre proviene de la mitología griega: es el altar que preparó Júpiter (Zeus) antes de la batalla contra los Titanes. Eratóstenes ofrece noticas sobre el origen mitológico de Ara en el Epítome, algo que expande Higinio: “El Altar, que casi toca el círculo antártico, está localizado entre la cabeza de la víctima y el final de la cola del Escorpión. […] Tiene dos estrellas encima del incensario que la representa, y otras dos en la parte de abajo del incensario, son en total cuatro estrellas”. Oña la ubica entonces siguiendo la descripción de la astrología clásica y Ara aparece declinada porque Aries, bajo el inlujo de su regente Marte, está ascendiendo. Manilius recoge una versión similar sobre el origen de la constelación de Ara, a la que denomina “mundo templum”, en el sentido de “lugar sagrado del mundo”, asociándola a un lugar de sacrificios sagrados y de grandes ocasiones. Con este signo, Oña quiere insistir en la solemnidad del momento antes de la batalla, atribuyendo un signiicado de combate cósmico al futuro encuentro entre españoles y araucanos, similar a la etiología de Ara en los relatos de los mitógrafos clásicos. La alusión de Oña remite a un pasaje del texto de Manilius: ‘tunc Iuppiter Arae sidera constituit, quae nunc quoque maxima fulget’ (“Entonces fue que Júpiter creó la constelación de Ara, que de todos los altares es el más brillante incluso ahora”). En el momento en que Oña escribe Arauco Domado el altar también se había transformado en la literatura astrológica en un trípode incensario, como aparece en textos de los siglos XV y XVI, asumiendo mayor expresividad la imagen de sacriicio. En la tradición astrológica también se comparaba la luminosidad de la Vía Láctea al humo del incienso que salía del Altar de Zeus (Ara).

Oña menciona el signo astrológico Ara y los contextos de la famosa Titanomaquia de la mitología griega, e inesperadamente incluye la mención a los “monóculos jayanes”. Aunque en la interpretación del poeta este habla solamente de los titanes, el vocablo jayanes saca a relucir una conexión con los gigantes, posiblemente porque Oña confunde ambos personajes mitológicos como hace Juan Pérez de Moya en la Philosophia Secreta, siguiendo a Ovidio, Metamorfosis. El vocablo jayanes proviene de las lecturas contemporáneas de Oña porque era muy popular en los textos del siglo de oro, entre ellos, la traducción de Orlando Furioso de Ludovico Ariosto hecha por Jerónimo de Urrea en 1549: “y vio a quien a Ruger tanto asemeja, con dos fuertes jayanes peleando”. También aparece en Belianís de Grecia de Jerónimo Fernández (1547), La primera parte de la Historia natural de las Indias de Francisco López de Gómara (1554), Espejo de príncipes y caballeros (El caballero del Febo) de Diego Orteñez de Calahorra (1555), Primera parte del libro del invencible caballero don Clarisel de las Flores de Jerónimo de Urrea (1574), y en la Historia de los Incas de Pedro Sarmiento de Gamboa (1572), por mencionar algunos títulos entre muchos.

α

Mirad a la Canícula con Leo
y a la Cometa Nigra de Saturno,
vereislo todo lóbrego y nocturno,
todo con un aspecto horrible y feo;
todo se viste el más lutoso arreo,
y todo pronostica mal diuturno:
todos –Olimpo, Telus, Juno y Glauco–
han ya rompido treguas con Arauco.

Canícula es la constelación del Can Mayor (Canis, el Perro), con la estrella brillante Sirius. Considerada el perro de Orión, Homero la incluye en la Ilíada. Eratóstenes cuenta varias historias sobre su origen, entre ellas la del perro de Orión catasterizado junto a su dueño para acompañarlo siempre en el firmamento. Higinio trae un relato similar al que agrega el detalle de la estrella Sirius; mientras Manilius insiste en su brillante color azul marino: “En esplendor sobrepasa a todas las constelaciones, y no hay otra estrella más brillante que se bañe en las aguas del océano o que regrese a los cielos desde las olas”; pero alerta del inmenso poder del Can sobre los asuntos terrenales: “no hay una estrella […] sobre la humanidad que venga más violentamente o que cause más problemas cuando se va […] porque mueve el mundo hacia los extremos y provoca efectos contrarios”. Para completar la imagen de cataclismo, Oña une a Canícula con Leo, implicando grandes desgracias porque Leo es signo del fuego. Por eltimo, la inserción de “la Cometa Nigra de Saturno” es otro ejemplo de la influencia de los textos astrológicos del siglo de oro, porque la misma frase viene en el tratado de Rodrigo Zamorano Cronología y reportorio de la razón de los tiempos: “Nigra es un Cometa de naturaleza de Saturno, su color es verdinegro. Signiica pestes y muertes, así violentas como naturales a muchas gentes”. No podía encontrar Oña una descripción mejor para los versos finales de la estrofa; con ellos se acentea el efecto apocalíptico de los pasajes anteriores y sirve junto al elenco de los dioses mitológicos a difundir una imagen de cataclismo gigantesco.

Las estrofas del Canto II dedicadas a la astrología son una katarche levantada antes de la batalla entre araucanos y españoles. La novedad de Oña reside en el uso de la astrología judicial por los araucanos, extendiendo por primera vez al Nuevo Mundo una tradición cultural del Viejo Mundo. De esta forma el poeta puede hablar sin temor de temas prohibidos o vistos con perspicacia por las autoridades, aunque Oña deja claro que la astrología es cosa de “idólatras inciertos” y “mágicos expertos”. Así funcionan en el poema los arquetipos zodiacales de un relato anticipado de la derrota, estructurado junto a los presagios y el episodio de la necromancia del Imbunché. El Canto II es, sin lugar a dudas, otro ejemplo de la importancia de la astrología y su inluencia en los autores del Siglo de Oro a ambos lados del Atlántico.

Aunque Oña emplea la astrología no implica que él aprueba la astrología judiciaria, por el contrario, es una evidencia de su condena porque quienes usan la misma son los adivinos araucanos. En ningen caso Oña propone la astrología judiciaria como guía a los españoles. El uso que Oña, como otros autores del Siglo de Oro, hacen de las imágenes planetarias está siempre dentro de la visión cristiana y su presencia en el texto es servir de arquetipos literarios. De esta forma la batalla de las estrellas en el cielo prefigura la guerra de los humanos en la tierra. Poesía y Astrología unidas para siempre en suelo araucano.

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Arauco Domado – Pedro de Oña

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