Astrologia Antiga

Rastros da Literatura Astrológica Helenística

La Astrología Helenística

Eduardo Gramaglia

Prólogo del libro
 Astrología Hermética: Recobrando el Sistema Helenístico

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La Astrología que denominamos “Helenística” surgió en Egipto y la zona del Mar Mediterráneo después de la conquista de Alejandro Magno. Si bien los manuscritos más antiguos datan del siglo IV al II antes de Cristo, su expansión y desarrollo se prolongó hasta el siglo VI de nuestra era. En la Astrología Helenística, de allí su importancia, encontramos los antecedentes de toda la Astrología posteriormente practicada en el mundo Occidental.

Surge en esa época, a la sombra de los templos a las márgenes del Nilo, una generación de astrólogos egipcios que escriben en griego, lengua por entonces difundida. La Grecia Clásica era parte del pasado, y los antiguos dialectos se habían unificado en una lengua común: la koiné. Así como hoy en día la publicación en lengua inglesa garantiza una gran difusión, lo mismo ocurría con el Griego helenístico, que de paso ya no era el mismo que el de Homero o Hesíodo. Tal desarrollo y florecimiento astronómico1 se extendió hasta bastante avanzadas la conquista y expansión romanas.

1 Es importante notar aquí que la división entre “astronomía” y “astrología” es posterior a Ptolomeo. De hecho, Claudio Ptolomeo de Alejandría parece haber sido el primero en separar sus observaciones astronómicas y disquisiciones geométrico-matemáticas, reunidas en un gigantesco tratado astronómico en 13 libros, o “Sintaxis Matemática” (traducido al árabe como Almagest), de su Apotelesmatica o análisis de la influencia estelar, la cual consta en su Tetrabiblos. En la cultura helenística, calificativos como “astrónomo” o “matemático” (mathematikós), se aplicaban ampliamente al erudito en matemática, geometría, astronomía, astrología, etc.

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Al investigar los orígenes de la práctica astrológica, algunos estudiosos han dirigido su atención a Babilonia, otros a India. En base a la evidencia hasta ahora existente, podemos admitir que hubo astrología más o menos desarrollada en todas las culturas, pero el desarrollo de la astrología horoscópica, con un sistema definido de domificación, basado en el horóskopos (que en Griego significa ascendente), pertenece al Egipto helenístico. En Babilonia, la tradición es antiquísima, pero no horoscópica, sino referente a profecías y predicciones para los reyes e imperios, según lo ha revelado un estudio de las tablas cuneiformes. Ni uno solo de estos antiguos documentos alude ni siquiera indirectamente – sugiere Bouché Leclercq en su monumental (aunque escéptica) obra L’Astrologie Grecque – a la Genetlialogía, o predicción de un destino individual basado en la posición de los astros al momento del nacimiento. La astrología caldea principalmente trata con exaltaciones, elevaciones heliacales, algunos fenomenos lunares, y hasta meteorológicos, sin hacer uso definido de lo que hoy llamamos “casas” ni “regentes de signos”.

Que en Babilonia se encontró la cuna de la astronomía es algo de lo que pocos dudan hoy en día, y es de las observaciones de Mesopotamia que hemos extraído los datos básicos de nuestras coordenadas celestes: la eclíptica, los signos zodiacales, y la mayoría de los planetas. Esta forma de Astrología fue trasladada a India, Persia, Egipto, y allí rápidamente se desarrolló tomando forma. Grandes sacerdotes-astrónomos caldeos como Berosus y Kidenas, según muestran las crónicas de la época, se encontraron enseñando en las islas griegas y el delta del Nilo. Así es como la teología sideral de los babilonios es enriquecida por avanzados descubrimientos astronómicos, como la precesión de los equinoccios, por Hiparco, y también por el pensamiento estoico, alcanzando posteriormente los altos estrados del Imperio Romano. La Astrología fue promulgada tanto por hombres de letras como por hombres de ciencia, en los grandes centros de cultura, principalmente en Alejandría, el centro cultural por excelencia de ese período, posiblemente sólo igualado en algún sentido por la ciudad de Pérgamo, sede de la otra gran biblioteca. El arte astrológico se extendió entonces, por primera vez en la historia conocida, a todas las clases sociales, y finalmente fue patrocinada por los emperadores. Así, sin omitir el reconocimiento del origen Babilónico, es innegable que un sistema mucho más complejo de Astrología horoscópica tuvo desarrollo en el Egipto y Grecia Helenísticos2.

2 “Astrology and Religion among the Greeks and Romans”, Franz Cumont. Dover Publications, New York.

Luego de exportar, por así decirlo, Babilonia, su antigua sabiduría a Egipto e India, entre otros, un gran intercambio surge en los albores de la época cristiana. Es altamente probable que una o varias obras del período helenístico hayan sido traducidas al sánscrito3, las que posiblemente fueron de gran influencia en el desarrollo de la astrología védica. Mucho del sistema védico es original, como los nakshatras4, aunque un cierto influjo helenístico parece hacerse evidente al considerar la cantidad de palabras sánscritas que son griegas en su origen, y no tienen significado en sánscrito.5

3 Contrariamente a los que suponen que la astrología horoscópica se originó en India, David Pingree cree que una de las fuentes primarias de toda astrología védica fue el Yavanajataka, una traducción al sánscrito de un texto astrológico en griego realizada en el siglo II antes de nuestra era.
4 Divisiones del zodíaco en 27 o 28 sectores, equivalentes al movimiento diario de la Luna.
5 Por ejemplo, cita Schmidt, kentron, en griego, significa ángulo, kendra en sánscrito, carece de significado, con la excepción de ángulo en el contexto astrológico.

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Los Antecedentes en Grecia

A pesar que la pregunta del hombre acerca del libre albedrío y libertad humana frente al hado, o lo inevitable, más la antigua afición a “predecir el futuro”, ya son claramente discernibles en Occidente en los primeros textos homéricos, hizo falta una compleja combinación de factores – míticos, filosóficos y religiosos – para introducir la Astrología en el racionalista pensamiento griego. Los antecedentes más evidentes se encuentran quizás en la doctrina pitagórica, con su culto de la armonía, de la geometría y la proporción matemática, su insistencia sobre la interdependencia de todas las parcelas del universo, y su concepción del número como esencia.

La “nueva era” de los socráticos nos conduce directamente a Platón y su “Timeo”, el que contiene un gigantesco modelo cosmológico con el cual la mayoría de los astrólogos helenísticos parecen haber estado familiarizados. Robert Schmidt llega tan lejos como para afirmar que la totalidad de la astrología de este período estuvo fundamentada en este “modelo del cosmos” del Timeo, según el cual existe una conciencia cósmica, “animal” en el sentido griego, “zoon”, que tiene un alma, la que es capaz de conocer al ser humano. La conciencia cósmica, representada por una línea recta, contacta la esfera sublunar de los elementos en un punto llamado “semeion”. Los fenómenos celestes observables son por consiguiente las expresiones de los mecanismos internos de esa conciencia cósmica.

La conquista de Alejandro Magno y expansión de la cultura helenística marcaron un gran cambio de mentalidad en el mundo clásico, ya que el antiguo ideal de la república Griega dio lugar a un abarcante concepto de “gobierno mundial”, o “imperio universal”. Una religión de alcance global gradualmente desplaza los cultos zonales, y crece la idea de humanidad en la conciencia del hombre, el que rápidamente dirige su mirada a los cielos.

En el año 300 antes de nuestra era, la escuela de los estoicos, fundada por Zenón y Crisipo, enseñan que todo lo existente posee un cuerpo (soma) y nos es conocido por el contacto con los órganos de los sentidos. Por un corto camino llegan a misma idea de los filósofos socráticos, la teoría del hombre-microcosmos, imagen y compendio del “macrocosmos” o mundo. El ser humano puede conocer al Cosmos por estar compuesto de su misma sustancia: el hombre es la semblanza del mundo, y el mundo es el modelo del hombre6.

6 “L’Astrologie Grècque” Bouché Leclercq, pp. 28 – 34

Sin embargo, lo que predestinó a los estoicos a ser los primeros en introducir la Astrología al pensamiento griego, fue su inquebrantable fe en la legitimidad de la predicción del futuro, siendo la Astrología una forma muy especial y particular de la misma. Habiendo seres superiores, no había por qué pensar que estos no comunicarían sus designios a la mente humana. En esta ascética escuela de pensamiento se agrupaban los firmes creyentes en el determinismo y, en consecuencia, en la posibilidad certera de “predecir”. Posidonius el estoico fue específicamente quien introdujo la Astrología a las mentes racionalistas griegas como una coherente explicación del mundo, definiendo al hombre como “el contemplador y expositor de los cielos”; la naturaleza misma había predestinado al hombre a contemplar el cielo y sus perpetuos movimientos.

Posidonio de Rodas7 fue el primero en inventar la moderna versión del zodíaco tropical usando el punto vernal como punto fijo al comienzo del 0º de Aries. Discípulo de Hiparco, Posidonius nace alrededor del 130 AC y muere por el 51 AC. Parece haber sido un reconocido viajero, y una gran autoridad en Astrología, e ilustres personajes romanos se sentaban a escuchar sus disertaciones. Entre ellos se encontraba el esclarecido literato Cicerón, senador y orador de los estrados romanos, quien a la par del gran astrónomo Geminus, parece haber sido discípulo directo de Posidonius. De su extenso tratado “De Divinatione” (De la Adivinación) obtenemos valiosos datos acerca de las críticas de los contemporáneos a la Astrología, especialmente los de la alta clase intelectual. En el segundo libro de este tratado, Cicerón dedica un extenso espacio a dilucidar el problema de la Astrología conectado con la veracidad o falacia de la capacidad humana de predecir el futuro, asombrándose él mismo de que profundos y elevados pensadores lo creyeran posible, en especial los estoicos, a quienes tiene en alta estima. Es más, es curioso notar que uno de los elementos esgrimidos por los actuales opositores a la Astrología, a saber, el problema de los temas natales de los mellizos, ya es presentado por Cicerón como un argumento de peso en contra de la Astrología.

7 La isla de Rodo (Rodas), Grecia, llegó a ser uno de los centros astrológicos más importantes de su época.

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Un Rápido Florecimiento

Resulta demasiado fácil para nuestro pensamiento moderno concluir que ciencias y disciplinas complejas, como la Astrología, se gestaron paulatinamente como producto de observaciones y experiencia de siglos de intentos y fracasos. Sin embargo, la ausencia de manuscritos con anterioridad al siglo IV AC, en el caso de la Astrología del Egipto helenístico, hacen sospechar una sorprendente rapidez de eclosión y desarrollo, lo que tuvo lugar en el corto lapso de 50 a 75 años. Esto llevó a Robert Schmidt a una conclusión importante: la Astrología no fue empíricamente desarrollada mediante observaciones a lo largo de los siglos – tal integridad y coherencia logradas en tan breve intervalo de tiempo, hablan de la obra de un hombre, o escuela de hombres. La cantidad de fragmentos recopilados por Franz Cumont en el Catalogus Codicum Astrologorum Graecorum, parecen apoyar dicho criterio, aunque persiste en los textos una constante referencia a “los antiguos”.

Lo cual no debe sorprender, ya que desafortunadamente no han subsistido los escritos originales de los fundadores de la escuela helenística, sino sólo los de los que escribían comentarios acerca de los mismos, entre ellos Doroteo de Sidón, Vettius Valens de Antioquía, y Ptolomeo de Alejandría, posiblemente las tres corrientes astrológicas principales de la época. Sin embargo, cabe preguntarse si el hecho de que no existan testimonios escritos previos a la época helenística indica necesariamente la ausencia de una ancestral tradición oral transmitida de generación en generación en épocas anteriores, especialmente en Babilonia. Que los griegos comenzaran a plasmar por escrito el conocimiento astrológico no necesariamente implica que muchas de esas ideas no hayan pre-existido en Babilonia de forma germinal, o inclusive desarrolladas.

Los astrólogos árabes comienzan a practicar la astrología natal después de la traducción al árabe de Doroteo y Ptolomeo, en sí mismas líneas muy diferentes. Si bien Mash’allá menciona a Valens, y existe una posibilidad de que su Antología haya sido traducida al Árabe, no hay citas suficientemente abundantes en la literatura de esta lengua que demuestren una familiaridad con Vettius Valens, y no hay duda que la historia de la Astrología hubiera sido muy diferente si Valens hubiera sido traducido y estudiado. Por otra parte, la traducción del griego tan literario de Ptolomeo provocó grandes problemas en su interpretación, ya que el griego y el árabe son idiomas muy diferentes.

En suma, el corpus astrológico helenístico se presentaba alrededor del siglo IV AC como un sistema ya organizado. Hermes “Mercurius” Trismegistos—leemos en la “Mathesis” de Firmicus Maternus – es la figura legendaria que aparece como fundador. Continúa Firmicus: “Hemos escrito en estos libros (es decir, la Mathesis) toda la enseñanza que Mercurio y Hanubio legaron a Esculapio; y que Nechepso y Petosiris explicaron; y más tarde escribió Critodemo, y todos los demás expertos en este arte…”.Entre los escritos específicamente atribuídos a Hermes se encuentran, según Masha Alla (o Masala, astrólogo árabe del medioevo9) 16 textos sobre Astrología Natal, 5 sobre Horaria y Eleccional (que emplea fórmulas al estilo de las partes o kleroi), otros escritos meteorológicos, y algunos trabajos en Astrología Médica que emplean los decanatos. San Clemente de Alejandría atribuye al menos unos 42 tratados al mítico Hermes. El faraón Nechepso y el sumo sacerdote Petosiris, se afirma en la Mathesis, fueron los receptáculos del conocimiento hermético. Un extenso tratado astrológico, supuestamente de su autoría, fue escrito o traducido al griego con anterioridad a la Era Cristiana. Numerosas citas y referencias en la literatura astrológica helenística aluden al mismo, como si en verdad hubiera sido una fuente importante para toda la astrología posterior.

8  Iulii Firmici Materni Matheseos libri VIII, Capítulo 4, parágrafo 5. Proemium (Ed. W. Kroll y F. Skutsch). Teubner 1968, pág. 196. Existe una traducción al inglés por Jean Rhys Bram, editada por David McCann (Ascella). Este tratado de Firmicus Maternus (siglo IV de nuestra era), es una extensa obra escrita en Latín, que tiene la virtud de recopilar las más tempranas fuentes de la tradición helenística, y de incluir material no encontrado en otros escritos.
9 CCAG, I, páginas 81-82. El Catalogus Codicum Astrologorum Graecorum, de F. Cumont, reúne centenares de fragmentos sin atribución, varios de ellos adjudicables a Hermes Trismegisto, o a la escuela hermética, si Hermes-Mercurio (Toth en Egipto) ha sido un grupo de hombres o Escuela de pensamiento.

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La Astrología Hermética

El movimiento Hermético de Filosofía, originalmente pagano, parece haberse originado en Medio Oriente, y reúne matices tanto helenísticos como caldeos y Fenicios, además de un indiscutible y antiguo origen egipcio. Como toda doctrina Gnóstica, el candidato efectuaba su entrenamiento más en la sabiduría y el conocimiento que en la fe. La meta de la enseñanza era, por supuesto, una eventual comunión con la divinidad mediante el reconocimiento de su propia divinidad interna. Esta idea de inmanencia se oponía notablemente al concepto del Dios trascendente del entonces naciente Cristianismo. El legado de esta filosofía gnóstica llega a nosotros mediante el Corpus Hermeticum, una colección de manuscritos que agrupa los escritos filosóficos que sobrevivieron. En un momento se los supuso remanentes de libros egipcios más antiguos que el mismo Pentateuco, aunque la fecha atribuida a éstos hoy no es anterior al año 310 de nuestra era, al menos en la forma presente. Sin embargo, estos escritos de increíble profundidad filosófica se encuentran plagados—como ya advierte Blavatsky en su Doctrina Secreta, opinión posteriormente confirmada por eruditos en el tema—de adulteraciones e interpolaciones cristianas.

En adición a este Corpus Hermeticum, explica Robert Zoller10, también sobrevivió un cúmulo de literatura de índole práctica, consistente en textos alquímicos, mágicos y astrológicos atribuidos a Hermes Trismegisto, apartados con renuencia por los académicos. Uno de ellos es el Liber Hermetis, el que se supone contiene las enseñanzas astrológicas del mítico sabio. Sin embargo, llega hasta nosotros como una traducción al Latín medieval del texto original. ¿Es éste mismo el texto que constituyó la fuente de todos los autores helenísticos, como Valens, Hefesto, Doroteo y el mismo Ptolomeo, quienes fueron reorganizadores del material, más que creadores? ¿Es éste el texto—fuente tan buscado? Wilhelm Gundel, el editor de este texto en Latín con comentarios, opina que así es. Sin embargo, reconocidos eruditos como David Pingree, el mismo editor del texto de Valens, sugiere que, inversamente, el mismo Liber Hermetis constituye una recopilación de textos helenísticos como los de Manilio, Valens, Doroteo, etc.

10 Liber Hermetis. Ediciones Spica. Trad. R. Zoller. Introduction.

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Nuestra Herencia Árabe Medieval

Según Robert Zoller, la Astrología Occidental moderna es un producto de una postrera recensión de este arte efectuada a fines del siglo XIX. La Astrología que se re-introdujo en Occidente en aquel entonces, ya se había convertido en una versión muy diluída de esta antigua disciplina. La Astrología practicada en el Renacimiento (siglo XVII) superó a la del Medioevo, y se caracterizó por su complejidad en los cálculos y su retorno a las fuentes griegas, especialmente Ptolomeo. En cambio, la Astrología medieval dependió de traducciones al latín de textos árabes, y en algunos casos, como el de Abraham Ibn Ezra, del Hebreo al Latín, con el francés antiguo como intermediario.

Los árabes, al establecer el Califato en el siglo VII, agruparon ciertos fragmentos helenísticos restantes que se encontraban dispersos, y por varias centurias se preocuparon por asimilar, a su propia manera, la herencia cultural y científica de la Antigüedad. Así es como se hicieron expertos y hábiles practicantes de tantas disciplinas, la astrología entre ellas. Zoller aclara que tal excelencia se debió al hecho de que a pesar de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, gran parte de la población culta de Medio Oriente que estuvo bajo el control del Islam en el siglo VII permaneció intacta, y los nuevos gobernantes musulmanes se rodearon de los más letrados Bizantinos, Persas, Sirios, los matemáticos Indios y los filósofos Alejandrinos. Y los árabes, aún estando en guerra con todos esos pueblos, no dudaron en aprovecharse de esos conocimientos. Occidente, para ese entonces sumido en la oscuridad y barbarie, no fue capaz de hacer algo similar. La Astrología pagana de los finales del período helenístico se hizo aceptable al Islam (y ocultamente al Cristianismo) con el paso intermedio de la astrología filosófica hermética, creada antes del Islam, en los primeros siglos del Cristianismo11.

11 Ver la Introducción a la traducción al ingles del Liber Hermetis, por Robert Zoller. Spica Publications, 1988.

Sin embargo, no subsisten los menores indicios de aquella astrología de la religión pagana, ya que entre el enfoque universalista de la filosofía helenística, y la revisión de los textos por los astrólogos árabes entre los siglos VIII y X, todo rastro del culto hermético parece haberse perdido. Sin embargo, la Tradición Hermética, como los cultos del Gnosticismo, había alcanzado gran cantidad de adherentes entre la población culta del mundo antiguo.

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Claudius Ptolemy in the astronomical observatory of Alexandria

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Rastros da Literatura Astrológica Helenística

Cristina de Amorim Machado

O processo de restauração do cânone astrológico helenístico

Tese apresentada ao Programa de Pós-Graduação em Letras da PUC-Rio como parte dos requisitos parciais para obtenção do título de Doutor em Letras.

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O maior problema desta tese, cujo objetivo geral é examinar a transmissão do Tetrabiblos da Antiguidade ao Renascimento, são as fontes bibliográficas sobretudo primárias, mas também secundárias. Como já foi dito na apresentação, não encontramos nenhum trabalho específico sobre a história da tradução astrológica, mas sim uma grande e variada bibliografia de histórias da tradução, da astrologia e da ciência a serem interligadas. Neste capítulo traçaremos um mapa dessa bibliografia e das suas conexões.

A literatura astrológica helenística começou a ser “desencavada” no final do século XIX por um grupo de acadêmicos comandados por Franz Cumont, titular da cadeira de Instituições Romanas da Universidade de Ghent, na Bélgica, até se aposentar em 1910. Cumont conduziu explorações arqueológicas na Ásia Menor e no norte da Síria, sendo reconhecido como grande autoridade em astrologia grega e mitraísmo. Desse grupo destacaram-se também os alemães Franz Boll, professor de Filologia Clássica na Universidade de Heidelberg, e Wilhelm Kroll, também filólogo. Ao longo de aproximadamente 50 anos, todos os textos astrológicos helenísticos “enterrados” em bibliotecas e coleções do mundo inteiro foram reunidos nos doze volumes do Catalogus Codicum Astrologorum Graecorum. O CCAG é onde se encontram as edições críticas em grego, que foram examinadas, comentadas em latim e editadas por esse grupo. Esse catálogo tem sido objeto de investidas cada vez mais frequentes da história da ciência. A comunidade astrológica, no entanto, pouco tem se beneficiado com essa preciosidade, principalmente pelas dificuldades linguísticas, já que uma edição crítica não necessariamente é editada com sua tradução. Trata-se, na verdade, do produto final do trabalho de um especialista que se debruça sobre todos os manuscritos e impressos disponíveis da obra em questão, examinando-os e comparando-os cuidadosamente, a fim de chegar a um texto que seria o mais próximo do original. A edição crítica é, portanto, uma reescrita.

Franz Boll foi também o responsável pela edição sobre Ptolomeu da Bibliotheca scriptorum graecorum et romanorum teubneriana e por uma série de estudos sobre o Tetrabiblos desde o fim do século XIX até a primeira metade do século XX. Dentre eles, destaca-se o Studien über Claudius Ptolemäus, muito citado em todos os textos sobre o Tetrabiblos, inclusive nas edições críticas de Robbins e Feraboli. Franz Cumont, além de ser o iniciador do projeto CCAG, escreveu várias obras sobre as formas de divinação no mundo antigo, dentre elas a astrologia. Destacam-se Astrology and religion among the Greeks and Romans e L’Égypte des astrologues, também muito citadas nas edições críticas.

É interessante registrar que esse trabalho de catalogação do CCAG começou num momento em que a astrologia estava completamente fragmentada e misturada com outros saberes, tendo sobrevivido basicamente na forma de almanaques rurais, ou seja, por via popular. Mas isso não era novidade, já que, desde o Império Romano, pelo menos, é possível detectar essas duas vias da astrologia, uma erudita e uma popular. O problema é que a chamada “via erudita” perdeu seus parâmetros a partir do advento da ciência moderna, tornando-se praticamente improdutiva. Nesse sentido, o objetivo desse grupo era estudar um sistema obsoleto, cujo conteúdo não apresentava nenhum interesse prático para eles, tratava-se apenas de revelar o caráter divinatório que a astrologia envolvia. Para não serem desacreditados na comunidade acadêmica, já que seu objeto de estudo não era considerado científico, chegavam a fazer comentários pejorativos. Auguste Bouché-Leclercq, por exemplo, professor na Faculdade de Letras de Paris, que publicou em 1899 o seu influente L’astrologie grecque com as mesmas intenções do grupo do CCAG, faz comentários como: “a astrologia uma vez morta – como eu acho que ela está” e “eu constato de bom grado, e até com prazer, que pouca gente se preocupa hoje com a astrologia”.

Além dos nomes já citados, destaca-se também nessa empreitada de “redescoberta” da astrologia helenística o matemático e historiador da ciência austríaco-americano O. Neugebauer. Ele lecionou na Brown University e em Princeton, e publicou, entre vários outros livros, The exact sciences in Antiquity (1957) e Greek horoscopes (1959), sendo esse último, que é um catálogo de mapas astrológicos extraídos em grande parte do CCAG, em co-autoria com H. B. van Hoesen. Na introdução do Greek horoscopes, os autores também tentam não se comprometer com o seu objeto, afirmando que o objetivo do livro era apenas astronômico, ou seja, “disponibilizar para estudo os horóscopos gregos como um grupo, que poderiam refletir pelo menos algumas das técnicas correntes da astronomia grega”.

 O americano Lynn Thorndike, que se aposentou em 1950 como professor da Columbia University, é referência importante na história da ciência medieval, tendo se debruçado mais de 30 anos sobre textos e manuscritos antigos não só de astrologia, mas de várias áreas que tangenciam a ciência. Sua principal obra é History of magic and experimental science, mas é de fato impossível estudar a história da ciência antiga e medieval sem se deparar com uma série de artigos, textos e livros de Thorndike, como o “The true place of astrology in the history of science” (1955). Seu aluno, Richard Lemay, publicou, em 1962, Abu Ma’shar and Latin Aristotelianism in the twelfth century, que revela as conexões da filosofia natural de Aristóteles com a astrologia árabe medieval. Um artigo de Lemay sobre a astrologia medieval, “The true place of astrology in medieval science and philosophy: towards a definition”, além de explicitar no título a sua ligação com Thorndike, também nos dá informações preciosas sobre o destino de várias obras antigas que foram traduzidas no medievo. Esse artigo veio à luz numa obra coletiva sobre história da astrologia, organizada em 1987 por Patrick Curry, Astrology, science and society: historical essays, publicada pela editora britânica The Boydell Press.

Mais recentemente, destaca-se também David Pingree, sucessor de Neugebauer na cadeira de História da Matemática na Brown University, com suas diversas contribuições sobre a tradição astrológica desde a Mesopotâmia. Sua tese de doutorado, defendida em 1960, foi sobre a transmissão da astrologia helenística na Índia. Um de seus textos que aqui será citado é o “From Alexandria to Baghdad to Byzantium. The transmission of astrology” (2001). Pingree foi também o responsável pela tradução do árabe para o inglês do Carmen Astrologicum, de Dorotheus de Sidon, escrito em grego no século I da nossa era. No prefácio dessa tradução faz-se menção à participação ativa dos tradutores persas e árabes, que teriam incorporado ao texto de Dorotheus conceitos da astrologia árabe, só desenvolvida na Idade Média. Ou seja, os tradutores medievais inseriram na obra de Dorotheus conceitos que não existiam na astrologia helenística.

Alguns bons livros de história da astrologia foram publicados nos últimos vinte anos e merecem ser mencionados: A history of Western astrology, do professor de Cultura Clássica da Universidade de Bristol, Jim Tester (1987); Astrologia, da bióloga francesa, Suzel Fuzeau-Braesch (1989); Ancient astrology, da historiadora inglesa Tamsym Barton (1994); A history of horoscopic astrology, do astrólogo americano James Herschel Holden (2006); e História da astrologia, do professor de História da Filosofia Hermética na Universidade de Amsterdã, Kocku von Stuckrad (2007). Além disso, destacam-se a série de artigos sobre astrologia helenística do filólogo da Universidade da Califórnia, Mark Riley; e o artigo “A influência de Aristóteles na obra astrológica de Ptolomeu (O Tetrabiblos)” do historiador da ciência da Unicamp, Roberto Martins (1995). Todos se mostram comprometidos com os mesmos princípios desta tese, ou seja, um olhar crítico para a astrologia, mas também atento aos seus encontros e desencontros com a filosofia e a ciência. Por outro lado, no início do século XX, independentemente desse trabalho acadêmico de reconstituição dos textos antigos, a prática astrológica começava a juntar os fragmentos do que restara de dois séculos de ostracismo, revigorando-se no âmbito do movimento teosófico.

A teosofia pretendia recuperar ou armazenar todo o conhecimento antigo, responder às grandes questões da vida e promover uma reunião fraterna da humanidade. Iniciado pela polêmica Madame Blavatsky, que nasceu na Ucrânia em 1831 mas viveu boa parte de sua vida viajando pelo mundo, sendo instruída por mestres espirituais e escrevendo seus livros (dos quais se destacam Ísis sem véu e A doutrina secreta), esse movimento é uma mistura de doutrinas orientais e de mistério. Blavatsky instalou a Sociedade Teosófica Europeia em Londres (1890), onde faleceu em 1891. A Sociedade Teosófica agregou vários estudiosos insatisfeitos com as respostas dogmáticas do modelo de ciência que se formava. Destacam-se inicialmente os astrólogos ingleses Alan Leo e Sepharial. Mais adiante, aproximando a astrologia da psicologia, e ainda dentro do contexto teosófico, aparecem os americanos Marc Edmund Jones e Dane Rudhyar, grandes influências da astrologia praticada hoje no mundo ocidental, sobretudo a astrologia humanista de Rudhyar.

Os dois movimentos foram paralelos e ignoraram um ao outro até os anos 80 do século passado, quando alguns astrólogos e estudiosos da astrologia espalhados pelo mundo inteiro começaram a retomar o fio da meada da tradição astrológica. Além de alguns grupos de tradução, especialmente nos EUA e na Espanha, há também diversos grupos de estudos e divulgação da astrologia helenística nos mais variados cenários do mundo, inclusive no Brasil e em Portugal, muitas vezes integrados ao ambiente acadêmico, com artigos e teses de mestrado e doutorado nas mais distintas áreas do saber.

É importante registrar aqui também os trabalhos desenvolvidos no âmbito dos projetos Hindsight e Cura. O primeiro é um projeto que começou em 1993, nos EUA, tendo como um de seus objetivos traduzir (para o inglês) e interpretar os textos astrológicos da tradição ocidental, mais precisamente do período helenístico. Os estudiosos do projeto Hindsight partem do princípio de que a astrologia ocidental só se constituiu de maneira coesa nesse período, e passaram a chamar esse sistema astrológico helenístico que estava, e ainda está sendo reconstituído, de Sistema Hermes. Esse projeto tem se mostrado uma fonte bastante confiável para a pesquisa dos textos em questão. O Cura, por sua vez, é um site francês, cujo principal objetivo é divulgar estudos acadêmicos sobre a astrologia, incluindo a disponibilização de textos antigos em formato digital. Além desses, há também atualmente outros projetos de estudo, divulgação e tradução de textos helenísticos e medievais: Gracentro e Escuela de Traductores de Sirventa. ARHAC e Ascella são duas editoras que publicaram alguns textos antigos importantes, mas que, aparentemente, interromperam sua produção. Apesar disso, para Chris Brennan, membro de um grupo que se formou nos EUA a partir do projeto Hindsight, e autor do artigo “The rediscovery of Hellenistic astrology in the modern period” (2008), esse movimento de tradução atual é comparável aos movimentos de tradução no período medieval.

Em Portugal destacam-se a Editora Sadalsuud, que está produzindo traduções indiretas de textos antigos para o português (tendo como base as traduções já existentes em inglês), como o Tetrabiblos de Ptolomeu (tradução de Robbins), Matheseos libri VIII de Firmicus, e Carmen astrologicum de Dorotheus de Sidon; e a Academia de Estudos Astrológicos, que oferece um curso que se propõe a ser investigativo, em moldes acadêmicos e com dedicação à astrologia tradicional. Dos três títulos publicados por eles pela Editora Pergaminho, Vamos falar de astrologia (2003), Astrologia real – a história de Portugal à luz da astrologia (2004) e Tratado das esferas (2007), esse último, que, segundo o site da Academia, “é o primeiro livro inteiramente dedicado à Tradição Astrológica em língua portuguesa e escrito em função das necessidades pedagógicas dos estudantes actuais”, é o que serve de material de apoio do curso, que recentemente ganhou uma versão on-line em 12 aulas.

Na América Latina encontramos também algum movimento em torno de um estudo mais aprofundado da astrologia, incluindo-se aí a astrologia helenística, com eventos e publicações regulares no Brasil, Uruguai, Chile, Peru e Argentina, como os congressos anuais da Unipaz-Sul, em Porto Alegre, do Sinarj, no Rio de Janeiro, da Escola Gaia, em São Paulo, Gente de Astrología, em Buenos Aires, e Inkal, no Peru (…). Além disso, destacam-se outras boas publicações on-line de astrologia, como a brasileira Constelar, e a argentina Gente de Astrología, essa última editada pelos organizadores do já mencionado congresso de mesmo nome.

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