Astrologia Árabe

La Geografía Astrológica

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La Geografía Astrológica en el Kitāb Al-Amṭār wa l-As‘ār  de Abū ‘Abd Allāh al-Baqqār (fl. c. 1418 )

Julio Samsó
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Chedli Guesmi

Universitat de Barcelona

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Generalidades

Los estudios sobre astrología árabe han conocido notables avances durante los últimos años gracias a la publicación de un número importante de ediciones críticas de clásicos en la materia, realizadas por Michio Yano (1997), Richard Lemay (1995), el equipo constituido por Charles Burnett, Keiji Yamamoto y Michio Yano (1994 y 2004), así como por Ana Labarta, individualmente (1982) o en colaboración con Ángel Mestres (2005). Si bien los autores editados son, todos ellos, orientales, nadie duda del interés que tuvieron los textos de autores como Abū Ma‘šar y al-Qabīṣī en al-Andalus y el Magrib, en donde se difundieron y fueron objeto de traducciones latinas en la España cristiana. Llama la atención, en cambio, el que no se hayan llevado a cabo ediciones y estudios de los textos astrológicos occidentales y que una obra de la importancia del Kitāb al-bāri‘ fī aḥkām al-nuŷūm de Ibn Abī l-Riŷāl no haya sido editada ni objeto de ningún estudio serio: tan solo disponemos de una edición de la traducción castellana alfonsí (Hilty, 1954 y 2005).

Astrometeorología en al-Andalus y el Magrib entre los siglos VIII y XV

Esto ha llevado a los dos autores de esta nota a preparar la edición y comentario del Kitāb al-amṭār wa l-as‘ār (Libro de las lluvias y de los precios), del astrónomo y astrólogo magrebí Abū ‘Abd Allāh al-Baqqār, que, esperamos, se publicará en el año 2013. Ofrecemos aquí, de momento, un avance de este trabajo centrado en los apartados sobre geografía astrológica que contiene esta obra. Con ello pretendemos contribuir al recuerdo de nuestro compañero Francisco Castelló, que dedicó una buena parte de su obra investigadora a la historia de la geografía árabo-islámica.

El Autor

Casi nada sabemos sobre este autor marroquí de la primera mitad del s. xv. De él se conservan dos obras: el Kitāb al-amṭār wa l-as‘ār (Sobre lluvias y precios) y el Kitāb al-adwār fī tasyīr al-anwār (Ciclos para la prorrogación de los luminares), conservado en los manuscritos Escorial 916, Rabat Hassaniyya 826 y 5372. La primera parte de esta segunda obra ha sido editada críticamente y estudiada por Montse Díaz-Fajardo (2001), quien ha demostrado hasta qué punto al-Baqqār era un astrónomo competente, que escribe en un momento de crisis en la astronomía magribí, en el que se produce el abandono progresivo de la tradición andalusí, representada por la obra de Azarquiel y de sus seguidores, para pasar a someterse a la influencia de la astronomía oriental. Este aspecto de la obra de al-Baqqār había atraído el interés de otros investigadores (Vernet 1971, Samsó 1998 y 2001, Comes 2002), quienes vieron en al-Baqqār un testimonio interesante del abandono de la teoría de la trepidación, su sustitución por una precesión constante, y la introducción de una astronomía trópica, en la línea de Ptolomeo y al-Battānī, en lugar de la astronomía sidérea, de tradición india, cultivada por Azarquiel y sus seguidores en el Magrib (Ibn Isḥāq, Ibn al-Bannā’, Ibn al-Raqqām, Ibn ‘Azzūz). Tanto el ms Escorial 916 (que contiene el Kitāb al-amṭār y el Kitāb al-adwār) como los mss Rabat Hassaniyya 826 y 5372 (que nos conservan la segunda de las obras citadas) dan el nombre del autor como Abū ‘Abd Allāh al-Baqqār. Por otra parte el Kitāb al-adwār, según el testimonio de su autor, se escribió en 821/1418, año en el que hizo, en Fez, una observación de la altura del Sol, tras haber determinado, con absoluta precisión, la latitud de la ciudad. Esto nos da una idea acerca de la época y el lugar en los que vivió al-Baqqār y sabemos, asimismo, que el Kitāb al-amṭār se escribió después del año 1418, ya que al final del mismo se cita el Kitāb al-adwār.

Además de las dos obras citadas, sabemos que al-Baqqār escribió, por lo menos una tercera que, aparentemente, no se conserva: un Islāḥ kawkab al-Zuhra (Corrección relativa al planeta Venus) en el que afirmaba que las tablas del movimiento medio en anomalía de Venus daban resultados incorrectos en el zīŷ de Ibn Isḥāq y que convenía utilizar las tablas de al-Battānī. El Kitāb al-amṭār se ocupa de cuestiones de geografía astrológica de maneras distintas. Por una parte tenemos en el apartado [40] (ms. Escorial 916 fol. 198r) una serie de correspondencias entre climas y planetas que se encuentra también en Bīrūnī, Tafhīm y en Abū Ma‘šar, quien la atribuye a los persas, mientras que los Rūm defienden una distribución distinta:

Saturno – clima I
Júpiter – clima II
Marte – clima III
Sol – clima IV
Venus – clima V
Mercurio – clima VI
Luna – clima VII

Los indicios planetarios son particularmente intensos cuando el planeta se encuentre en el signo que corresponde a un lugar determinado y, asimismo, este lugar se encuentre dentro del clima del planeta.

Frente a la anterior distribución, probablemente de origen persa, los apartados [38] y [39] (fols. 197r – 198r) dan una primera serie de correspondencias entre signos zodiacales y países o ciudades. Este tipo de materiales se encuentra frecuentemente en manuales astrológicos como el Tetrabiblos de Ptolomeo, el Tratado de Astrología Mundial de Ibn Nawbajt, las dos Introducciones a la Astrología de Abū Ma‘šar, la Introducción de al-Qabīṣī o el Tafhīm de al-Bīrūnī. Parece claro que al-Baqqār está siguiendo la división ptolemaica del mundo habitado (al-‘umrān) en cuatro cuadrantes delimitados por una divisoria este-oeste (el mar Mediterráneo) y otra norte-sur (golfo Pérsico, mar Egeo, mar Negro y mar de Azov). El centro del mundo habitado (wasaṭ al-‘umrān) corresponde a los países del Próximo y Medio Oriente. La correspondencia entre cuadrantes geográficos y signos zodiacales en el Tetrabiblos es la siguiente:

Aries, Leo, Sagitario: NW
Tauro, Virgo, Capricornio: SE
Géminis, Libra, Acuario: NE
Cáncer, Escorpión, Piscis: SW

Y está claro que, en el texto de al-Baqqār, quedan restos de esta estructuración en los signos Aries, Capricornio, Acuario, y, probablemente, también en Sagitario, Cáncer y Escorpión.

La influencia ptolemaica, en esta primera lista de correspondencias, se advierte en las repetidas referencias al centro del mundo habitado, en las múltiples coincidencias que incluyen algunas referencias un tanto exóticas como la de Bretaña en Aries o «España» (‘Iσπανία = Šbāniya, en lugar de al-Andalus) en Sagitario. Por otra parte, esta influencia resulta patente en la idea de que ciertos signos zodiacales se conforman (yu’ākilu) con la naturaleza de determinadas regiones, algo que aparece claramente en el Tetrabiblos. A estas referencias de origen helenístico se añade, en esta primera lista, una larga serie de topónimos, ya islámicos, entre los que hay que subrayar el particular interés que al-Baqqār parece sentir por los nombres de lugar andalusíes, que son más frecuentes que los magrebíes, como puede apreciarse en el listado siguiente de topónimos del occidente islámico:

Zaragoza y Tortosa (Aries)

Badajoz y Qayrawān (Tauro)

Córdoba (Géminis)

Granada y Lisboa (Cáncer)

Fez la Nueva, Jaén y Baeza (Leo)

Tudmir, Toledo, Bugía, Argel (Virgo)

Almería, Ifrīqiya (Libra)

Valencia, Tánger, conquista de al-Andalus, Málaga, Ceuta, Fez, Marrākuš (Escorpión)

Denia, Zaragoza, conquista de al-Andalus (también en Escorpión), Túnez, Fez (Sagitario)

Alcazaba de Málaga, Agmāt y Algeciras (Capricornio)

Carmona, Málaga y Úbeda (Acuario)

Sevilla, Túnez, Ṭabarqa, Beja, Niebla, Dukkāla y Ŷabal al-‘Uyūn (Gibraleón) (Piscis)

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Parece claro que al-Baqqār está utilizando fuentes andalusíes, algo que no es de extrañar en una obra cuya primera parte contiene la versión árabe más completa que conocemos del sistema predictivo «de las cruces», que fue, finalmente, recogido en el Libro de las Cruces alfonsí. Puede comprobarse esta afirmación en las referencias a si el signo de al-Andalus es Géminis o Virgo y a la existencia, en Córdoba, de una estatua que representaba este signo zodiacal.

Junto a esta primera lista, el Kitāb al-amṭār contiene una segunda que establece otra serie de correspondencias entre nombres de lugar y signos zodiacales. Esta segunda lista aparece, dispersa, en la segunda parte del libro (apartados [34] – [95], fols. 196r-205v), en la que se ocupa del paso de Saturno por los doce signos zodiacales y especifica qué países y ciudades se verán afectados por la influencia maléfica del planeta. Esta segunda lista es distinta de la primera y deriva claramente de una fuente oriental, dadas sus frecuentes coincidencias con las que aparecen en Ibn Nawbajt, Abū Ma‘šar, al-Bīrūnī y al-Qabīṣī. A estos materiales orientales se han añadido otros nombres de lugar del Magrib y al-Andalus, que, en general, coinciden con los de la primera lista. Se encuentra, además, un único topónimo que parece derivar del Tetrabiblos: en el signo de Aries encontramos, en la segunda lista, una referencia al país de los judíos (bilād al-yahūd), que parece anacrónico a principios del siglo xv, pero que se corresponde perfectamente con la Idumea y Judea de Ptolomeo.

Conviene señalar, por último, que el texto de al-Baqqār introduce también el concepto de que ciertos signos zodiacales son el ascendente de determinados países y ciudades o, en un solo caso (Libra), una de sus cúspides. Esto se relaciona con la existencia de horóscopos fundacionales, algo que es conocido en lo que se refiere a la fundación de determinadas ciudades en las que el momento del inicio (?) de su construcción se ha determinado con criterios astrológicos con los que se ha establecido el momento más propicio. Es el caso de Bagdad, fundada por Abū Ŷa‘far al-Manṣūr el 23 de septiembre de 763, con ascendente en Sagitario. Del mismo modo Mahdiyya fue inaugurada el 19 de febrero de 921 con ascendente en Leo. Por otra parte, obras como el Mu‘ŷam al-buldān de Yāqūt dan, frecuentemente, información sobre el horóscopo de determinados lugares.

Resulta, en cambio, más difícil de explicar la relación entre horóscopos fundacionales y países. Este es un tema que, sin duda, interesaba a al-Baqqār, quien, en el apartado [41] (fol. 198v) señala que es importante conocer el ascendente del horóscopo fundacional de las grandes ciudades, así como las estrellas fijas que se encontraban en las casas I o X o en el grado del Sol o de la Luna o del sahm al-bajt (probablemente el sahm al-sa‘āda o parte de la fortuna). Cuando un planeta afortunado o nefasto pase por una de estas zonas sensibles del horóscopo producirá efectos benéficos o maléficos para la gran ciudad, que afectarán asimismo a las ciudades pequeñas y pueblos de su entorno. Si no tenemos datos sobre el horóscopo fundacional de la ciudad, tomaremos los indicios a partir de la casa x del horóscopo natalicio de su fundador. Asimismo podremos predecir el futuro de un país mediante el horóscopo natalicio o del principio del reinado del monarca que lo gobierna. Investigaremos también a partir del signo en el que se produce una conjunción de planetas o un eclipse.

La doble lista de correspondencias  entre signos zodiacales y nombres de lugar

Reproducimos, a continuación, las dos listas de al-Baqqār, dentro de cada signo, para que puedan ser comparadas con facilidad. En la segunda lista hemos marcado en negrita aquellos nombres de lugar que no se encuentran en la primera y hemos hecho un intento de identificar aquellos topónimos que resultan menos conocidos.

[38] (fol. 197r y v) Aries: Bretaña, en el sector noroeste del mundo habitado. En el centro de este mundo: Siria. Es el ascendente de Bābil, Persia (Fāris), alMadā’in, Samarcanda, Anṭākiya, Zaragoza y Tortosa. En [42] (fol. 198v): países de Oriente, Bābil, Persia, Palestina, Siria, Bretaña, Aḏarbayŷān, el país de los judíos (Bilād al-yahūd), Zaragoza y al-Andalus,

[38] Tauro: País de los persas (Bilād al-Furs). En el centro del mundo habitado: costas de Asia Menor, al este de Constantinopla. Es el ascendente de Egipto, Chipre, al-Sawād, las islas de los Rūm, Fargāna, Badajoz, ‘Umān, Constantinopla y Qayrawān. En [47] (fol. 199v, pasaje atribuido a Hermes): Persia, Sudán y Algeciras. Tauro es una de las cúspides del Magrib extremo.

[38] Géminis: Armenia. En el centro del mundo habitado: la parte inferior de la tierra de Egipto (Bajo Egipto), desde Barqa hasta Faramā. Es el ascendente de Ḥarrān, Daylam, Manf, ‘Ayn Šams, Dar‘a, Walaŷa, Trípoli, Córdoba, al-Ŷazīra, Homs, Ṣūr (Tiro).  En [53] (fol. 200r): Armenia, Aḏarbayŷān, Egipto y Córdoba.

[38] Cáncer: Las tierras de Occidente, hasta los confines de Ifrīqiya, que está en el centro del Magrib. Es el ascendente de Bābil, Granada, Palestina, Jerusalén, Faramā, Armenia y Lisboa. Es el ascendente de toda Ifrīqiya. En [57] (fol. 201r): Ifrīqiya, Armenia Menor, el oriente del Jurasán, China, Balj, Granada.

[38] Leo: Anṭākiya y Sicilia. En el centro del mundo habitado: Palestina, en la zona próxima a Egipto y al mar Rojo, y el Ḥiŷāz. Es el ascendente de Maṣṣīṣa, al-Ruhā’, Etiopía, Turkestán, ‘Asqalān, Tremecén, Fez la Nueva, Jaén y Baeza. En [63] (fol. 201v): Sicilia, Turkestán, Nīsābūr, Fez la Nueva, Tremecén.

[39] (fol. 197v – 198r) Virgo: Bābil, al-Ŷazīra, el país de los Ŷarāmiqa. En el centro del mundo habitado el norte de Siria y el sur de Constantinopla. Le corresponde el gobierno de Tudmīr (Murcia) de al-Andalus, según la opinión de Hermes, de Māšā’allāh, una parte de los egipcios y los antiguos astrólogos de al-Andalus. Los antiguos sabios de este país erigieron una estatua de Virgo encima de la puerta de la alquibla [de Córdoba]. Es el ascendente de Kūfa, al-Ahwāz, Toledo, Bugía y Argel. En [67] (fol. 202r): Bābil, el país de los Ŷarāmiqa, Siria, el Éufrates, al-Ŷazīra, Persia, Toledo y la mayor parte del país de al-Andalus.

[39] Libra: zona de Balj y Jwārizm. De las regiones que están en el centro del mundo habitado Egipto y su Ṣa‘īd (Alto Egipto). Es el ascendente de Tarso, Ba‘albek y Almería. Es el ascendente de todos los Rūm, una de las cúspides de Ifrīqiya y el ascendente de La Meca. En [71] (fol. 202v)): el país de los Rūm, Ifrīqiya, el Ṣa‘īd de Egipto hasta los límites de Etiopía, Kirmān, Balj y Almería.

[39] Escorpión: el extremo Occidente. En el centro del mundo habitado Siria, la región de Anṭākiya y el país de los árabes (Yemen y el Ḥiŷāz). Es el ascendente de Yaṯrib (= Medina), Rayy, Baṣra, Valencia, Jwārizm, Tánger, Damasco, Qinnasrīn, Aswān, a-Ŷawāz, la conquista de la Península de al-Andalus, Málaga, Ceuta, la orilla de Fez que está frente a al-Qarawiyyīn y Marrākuš. En [75] (fol. 203r): Ḥiŷāz, el desierto de los árabes (Bādiyat al-‘arab), Yemen, Tánger, parte de la India, Valencia.

[39] Sagitario: País de los árabes (Yemen, Ḥiŷāz), los países situados a occidente del país de los Rūm, Qalīṭaqà, Ṭūr Sīnā’ y España (Šbāniyā). Es el ascendente de Raqqa, Iṣbahān, Denia, y Zaragoza. Es el ascendente de la conquista de al-Andalus (también identificado con Escorpión), Túnez, Bagdad, y la orilla de al-Andalus en Fez. En [79] (fol. 203v): Bagdad, Iṣfahān, al-Ŷibāl, Tortosa y todos los lugares de al-Andalus.

[39] Capricornio: las ciudades situadas entre el este y el sur. En el centro del mundo habitado Constantinopla, Macedonia y sus alrededores. Es el ascendente de Qaysāriyya, Ṭabaristān, Medinaceli, la India, Mosul, la alcazaba de Málaga, Agmāt y Algeciras. En [83] (fol. 204r) repite la misma lista anterior.

[39] Acuario: localidades situadas entre el norte y el este. En el centro del mundo habitado, el occidente del mar Rojo en dirección hacia el sur. Es el ascendente de Malaṭya, Ra’s al-‘Ayn, Carmona, Alejandría, Qus, Málaga y Úbeda. En [87] (fol. 204v): Kūfa, al-Sawād y los países de Occidente.

[39] Piscis: los países situados en el centro de los países, en la parte central del Occidente. En el centro del mundo habitado, Tarso. Es el ascendente de Wāsiṭ, Sevilla, Túnez, Ṭabarqa, Beja, Niebla, Dukkāla y Ŷabal al-‘Uyūn (Gibraleón). En [91] (fol. 205r): Ṭabaristān, las regiones septentrionales, Ŷurŷān, parte de las tierras de los Rūm, al-Ŷazīra, Egipto, Alejandría, el mar del Yemen y Sevilla en al-Andalus.

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Salk Institute for Biological Studies

La Alquibla en al-Andalus y al-Magrib al-Aqṣà

Mónica Rius

Anuari de Filologia (Universitat de Barcelona) XXI (1998-99) B-3
lnstitut “Millás Vallicrosa” d’História de la Ciencia Arab

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El Término Árabe Qibla

Antes de empezar a estudiar los textos sobre qībla, es de interés hacer un recorrido en el significado que adquiere dicha palabra en los distintos dialectos.

La voz qībla designa, en árabe clásico, además de la dirección canónica (hacia la Kacba o hacia Jerusalén), un instrumento con el que obtener dicha dirección así como un punto cardinal. En dialecto sirio la qībla determinaba, como es natural, el Sur, pero también en Egipto se utilizaba este término con el sentido de “meridional”. El término, con todas sus acepciones, llegó, junto con los primeros árabes, a al-Andalus (y al Magrib) donde conservó el significado de Sur (y no de Este como sería lógico), por lo que es frecuente, en los textos medievales, encontrar mención a los cuatro puntos cardinales como mašriq (E), magrib (W), ŷawf (N) y qībla (S), que a la zona sur se la designe como qīblī, etc. En cambio, no parece haber sido mucha la influencia, en este aspecto, de los yemeníes en al-Andalus, puesto que para los habitantes del Sur de la península arábiga la qībla es el Norte.

Los tratados sobre la orientación de la qībla aluden, puntualmente, a la confusión entre qībla y punto Sur. Tal vez sea éste el origen, asimismo, de la confusión del término en algunos historiadores del arte modernos.

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8.2. 1 El calendario

La relación entre ortos y ocasos de estrellas, mansiones lunares o signos zodiacales con el calendario queda claramente expuesta desde el momento en que al- Maṣmūdī incorpora en su tratado un breve esquema de la división del año, tomado del Kitāb al-mustawc ab al-kāfī de al-Umawī al-Qurṭubī, quien, a su vez, lo toma de Ibn cAṣim.

Esta clasificación del ciclo anual es fruto de la conjunción de tres sistemas distintos. En primer lugar, la división del año en cuatro estaciones (rabic, ṣayf, jarīf y šitā’) proviene de la tradición clásica helenística. En segundo lugar, aparece el sistema de mansiones lunares (manāzil), procedente de la astronomía hindú y según la cual la Luna “descansa” cada día en una mansión distinta pasando por un total de veintiocho mansiones. En tercer lugar, se incorpora el sistema de los anwii ‘ utilizado en la Arabia preislámica. El término naw’, en astronomía, designa «el ocaso acrónico de un asterismo en el oeste simultáneo al orto de otro asterismo en el este», según Ibn Qutayba. El carácter cíclico de estos asterismos hizo que fueran asociados con determinados fenómenos meteorológicos, especialmente lluvias, dando origen a un sistema adivinatorio que tomaba su causa la aparición de determinado asterismo. Tal vez sea ésta la razón por la cual el término naw’ no aparece en el Corán.

La asimilación del sistema manāzil con el de anwā’ data, posiblemente, del siglo VIII, pero la de éste con el calendario clásico parece ser posterior y debida a ciertos astrónomos (ahl alḥisāb). Este nuevo sistema fue utilizado por autores como Ibn Qutayba o Abū Hanīfa. Debe tenerse en cuenta que, en la Arabia preislámica, se dividía el ciclo natural en dos largas estaciones (invierno y verano) que tenían, a su vez, dos o tres partes. El resultado final del calendario árabo-musulmán optó por mantener la división en cuatro estaciones (empiezando con sus respectivos equinoccios o solsticios) que tienen, cada una, tres signos zodiacales y 7 mansiones lunares.

Una característica, aunque no novedad, del libro de al-Umawī, es que empieza el año en la primavera, siendo el otoño la estación que, en general, tomaban los árabes como principio del ciclo. El siguiente cuadro contiene la información calendárica de al-Umawī según al- Maṣmūdī.

El texto no parece tener pretensiones científicas: en primer lugar, porque toma como fecha convencional para los equinoccios y solsticios el día 22; en segundo lugar, pues especifica que, en primavera, el Sol está 13 días en cada mansión (lo que corresponde a un total de 91 días) y 30 en cada signo (es decir, 90 días en conjunto) lo que no concuerda con los 92 días que, según al-Umawī, debería tener la estación. Finalmente, llama la atención que las mansiones correspondientes a cada estación no concuerden con las que establece al-Sūsī al-Mirgīṯī, según Abū Miqrā, sino que puede observarse un desplazamiento de tres mansiones.

8.2.2 Ortos y ocasos del Sol y la Luna

El Sol es, por su magnitud, un indicador importante, y sus ortos, en los distintos momentos del año, son frecuentemente citados por este tipo de astronomía. Al-Maṣmūdī utiliza los términos mašriq y maṭlac indistintamente para referirse al orto del Sol (generalmente en los solsticios o equinoccios), aunque, evidentemente, mašriq es también el punto Este (orto del Sol en los equinoccios). La mención a los ocasos solares se debe tanto a su condición de indicadores, como a su utilización para delimitar direcciones. Por ejemplo, la qībla de un país puede encontrarse en la dirección delimitada por los ortos de verano y los ocasos equinocciales. Como en el caso del mašriq, el magrib alude tanto al punto Oeste como al ocaso del Sol.

Por otra parte, el término ruŷūc está extensamente utilizado, e indica el movimiento de “regreso” del Sol desde los puntos extremos, situados al S o al N del E, hacia el equinoccio (E), por lo que es sinónimo de solsticio. El texto de al-Sūsī al-Mirgīṯī lo ilustra claramente:

«Los solsticios tienen dos puntos de partida, que son los ruŷūc (…). El 16 de Junio y de Diciembre son dos días en los que se produce el solsticio del Sol, que vuelve (tarŷicu) desde el Norte hacia el Sur, en Junio, y desde el Sur hacia el Norte, en Diciembre. En el 16 de Junio, el día alcanza su máxima duración y la noche su mayor brevedad, ya que es el día más largo y la noche más breve del año, siendo llamado ruyūc de verano. En el 16 de Diciembre ocurre lo contrario, y se llama ruŷūc de invierno».

Los solsticios y equinoccios no son fijos en el calendario civil juliano, razón por la que es posible encontrar distintas fechas para estos eventos a lo largo del tratado de al-Maṣmūdī (muestra de la diversidad cronológica de las fuentes utilizadas). Además del mencionado al-Umawī al-Qurṭubī (que fijaba la fecha de los solsticios y de los equinoccios en el día 22 del mes correspondiente) al-Maṣmūdī cita, sin determinar la procedencia de estos datos , una división del año que corresponde a 16 de diciembre, 18 septiembre, 15 marzo, y 17 junio; otra de Isḥāq al-Tuŷībī, según quien el solsticio de invierno tiene lugar el 15 diciembre. Esta referencia al día 15 puede tener un sentido estricto, pero posiblemente su significado deba tomarse como “a mediados” de mes. Por último, Abū Bakr b. al-cArabī afirma que el solsticio de invierno es el 24 de Kānūn I. Sobre esta última fecha, llama la atención el que, en un contexto calendárico, el nombre de los meses utilizado en todo el tratado sea el occidental, excepto en esta ocasión, en que aparece el nombre del mes siríaco. No debía de ser muy extendido el uso de esta denominación, ya que el texto ofrece la traducción, “diciembre”. En cuanto al día 24 propiamente dicho, tiene un sospechoso parecido, por una parte, con el día de Navidad y, por otro, con el naw’ de Hanca.

En resumen, mediante el Sol se pueden definir seis direcciones. En los equinoccios, el orto del Sol señalará el punto E y el ocaso indicará el W; mientras que sus ortos y ocasos estarán unos 30° al norte, en el solsticio de verano, y otros 30° al sur, en el solsticio de invierno respecto a los citados puntos E y W (en las latitudes que estoy considerando).

δ

a) El orto del Sol en el solsticio de invierno

El orto del Sol en el solsticio de invierno ha sido utilizado, tradicionalmente, como indicador de la qībla de Qayrawān. lbn al-Sā’ig, transmite que cUqba b. Nafic orientó la mezquita qayrawānī hacia esa dirección y sitúa el solsticio en el 17 de diciembre. Ciertos alfaquíes, entre los que se cuentan Abū cAbd Allāh b. Sufyān y Abū lsḥāq Ibrāhīm b. al-Husayn al-Tūnisī, prefieren expresarlo afirmando que son los ruŷūc del Sol en invierno. La qībla establecida en la capital de Ifrīqiya sirvió, a su vez, de ejemplo y referencia para construcciones posteriores, de modo que no es raro que algunos autores, como lbn al-cArabī, defiendan esta orientación como qībla válida para el Magrib o al-Andalus. Este hecho muestra cómo una orientación aproximadamente correcta pasa a ser manifiestamente errónea si se está estableciendo el samt. Es aceptable, no obstante, si sólo se pretende tener una ŷiha, ya que el orto del Sol en el solsticio de invierno está situado aproximadamente a unos 120° tanto en Qayrawān como en Córdoba o Marrākuš, pero, mientras que la qībla de la primera está situada a unos 110°, la de Córdoba está a unos 100° y la de Marrākuš en el E (90°).

Abū cAbd Allāh al-Hazmīrī también utiliza este indicador cuando sostiene que la qībla de Marrākuš está situada entre el orto del Sol en invierno y el orto equinoccial.

b) El orto del Sol en los equinoccios

Tanto a partir del qiyās establecido con la qībla de Qayrawān, como de los cálculos astronómicos propiamente dichos, se estableció que la orientación correcta para la qībla en el Magrib al-Aqṣà era el E equinoccial. Así pues, la mezquita de cAlī b. Yūsuf, en Marrākuš, se orientó hacia el E como resultado del consenso entre un gran número de alfaquíes entre los que destacaban nombres como el de lbn Rušd, el abuelo, e Ibn Wuhayb. ‘Abd al-Raḥmān al-Taŷurī, aunque posterior, también se cuenta entre los partidarios de la qībla magrebí hacia el E equinoccial. De todos modos, esta orientación no obtuvo gran resonancia y, como se ha visto en el apartado dedicado a la arqueología, no se tuvo en cuenta en el momento de construir las mezquitas, a pesar de ser la orientación defendida por una serie de autores plenamente inscritos en la tradición de sabios del Sūs marroquí, como Abū Sacīd al-Haskūrī o Abū cAbd Allāh b. Yābir al-Raŷrāyī.

No debe olvidarse que, en al-Andalus (por ejemplo en Córdoba), una qībla orientada hacia el E hubiese sido bastante aceptable, pues no se habría desviado más de 10°. Sin embargo, los ortos equinocciales tampoco obtuvieron gran difusión en la Península, ya que ni las fuentes clásicas ni las evidencias arqueológicas (salvo contadas excepciones) se hacen eco de esta orientación.

Al-Mirgīṯī señala que «Si quieres conocer la qībla verdadera, observa el orto del Sol el 9 o 10 de marzo, o bien el 10 u 11 de septiembre, días en que sale por el Este equinoccial (mašriq al-ictidāl)». También puede establecerse que los dos extremos de la ŷiha sean los ortos en verano y en invierno y, por tanto, el samt será el punto medio, es decir, el orto equinoccial: «La qībla de al-Magrib al-Aqṣà es el mašriq, pero como esta dirección comprende desde los ortos del Sol extremos en invierno a los de verano, el orante deberá orientarse hacia el punto medio, hacia los ortos del Sol en el equinoccio».

En algunas ocasiones, la orientación debe buscarse en el arco comprendido entre dos indicadores. Al-Maṣmūdī, por ejemplo, aconseja a los habitantes del Magrib al-Aqṣà dirigirse, en su oración, hacia la zona comprendida entre los últimos ortos de invierno (es decir, ligeramente al S del E) y los equinocciales (E), lo que es totalmente correcto. El mismo autor asegura que las mezquitas de Nafīs y Agmāt Haylāna fueron orientadas hacia un punto situado entre el orto de al-Qalb y el del marŷac de invierno. De hecho, según Abū Hanīfa e Ibn Qutayba, el orto del solsticio de invierno coincide, en el tiempo y el espacio, con el orto de al-Qalb «descendiendo un poco hacia el Sur» respecto al maṭlac de Qalb al-‘Aqrab.

Por otra parte, al-Bāŷī e lbn cAbd al-Barr aconsejan a los habitantes del Magrib dirigirse hacia «los ortos». Aunque no se especifica a qué ortos se refieren, el término mašāriq suele referirse a los ortos del Sol en los equinoccios.

c) El orto del Sol en el solsticio de verano

Este orto apunta hacia unos 60°, a partir del N, y se menciona, habitualmente, como indicador para el Sudán, la zona de los Habaša y, en general, los territorios situados al S de Marrākuš que, efectivamente, tendrán su qībla algo al N del E. Por ejemplo, al-Mittīŷī afirma que «la qībla de quien esté a la derecha (S) del orante de al-Magrib al- Aqṣà, los Habaša del Magrib, está a la izquierda (N) del orante del Magrib, es decir, hacia los ortos del Sol en verano».

Otro indicador relacionado con el solsticio de verano es el propuesto por al-Dāwudī. Según este autor, el orante que quiera dirigirse hacia la Kacba no tiene más que orientarse hacia el Sol en el momento en que éste pasa por el cenit de La Meca. Esta indicación es absolutamente correcta, pero implica, por una parte, que el orante debe conocer la diferencia de longitudes entre su localidad y La Meca, información que, como se ha visto, no era fiable en la Edad Media (y motivaba que astrónomos como lbn al-Bannā’ desconfiaran de este procedimiento). Por otra parte, al-Dāwudī pensaba que cuando el Sol pasa por el cenit de La Meca es el mediodía del solsticio de verano, lo que no es exacto. Al-Mittīŷī corrige este error al afirmar que el Sol supera, en ese momento, el cenit de La Meca en unos 3°, lo que le sirve para introducir un alegato contra los métodos puramente astronómicos.

d) La Luna

Son escasas las menciones de la Luna como dalīl, pero, en una ocasión, se cita que «la Luna sale por la qībla del Magrib, desde mediados de primavera hasta fines de verano, entre las noches 13 a 19». La regla se refiere, aproximadamente, a la fase de Luna llena, en la que la Luna está en oposición al Sol: si éste tiene su orto aproximado comprendido entre 90° (equinoccio) y 60° (solsticio de verano), el orto de la Luna oscilará entre 90° (equinoccio) y 120° (solsticio de verano).

Asimismo, es posible guiarse «Observando el hilāl tras la puesta del Sol. Quien mire hacia esa dirección estará de espaldas a la ŷiha de la qībla, desde mediados de primavera hasta el final del verano». Aquí la regla se refiere a la conjunción Luna-Sol y al momento del ocaso. El ocaso del Sol tendrá lugar entre 270° (equinoccio) y 300° (solsticio de verano), por lo que el ocaso de la Luna nueva (que coincide aproximadamente con el del Sol) será un indicador de la dirección opuesta a la qībla que quedaría, como en el caso anterior, entre 90° y 120°.

8.2.3 Estrellas, mansiones, signos zodiacales

Estos indicadores son útiles por cuanto, para un determinado lugar, sus ortos y ocasos son puntos fijos en el horizonte.

a) Qalb al-cAqrab («Corazón del Escorpión», Antares, α Scorpii)

Según al-Maṣmū, «hay quien dice que la qībla del Magrib es el orto de Qalb y el cambio de dirección (marya) de invierno» y también transmite que, según lbn cAṭīya, «la qībla de Córdoba es el cambio de dirección del Sol en invierno, que está muy cercano al orto de al-Qalb». Esta orientación fue a menudo utilizada en el Magrib, así como en al-Andalus, zonas para las que el orto de Qalb al-cAqrab apunta prácticamente hacia la misma dirección que el del orto del Sol en invierno (120°). De hecho, autores como Abū Hanīfa o lbn Qutayba hacen coincidir ambos ortos.

Para Muḥammad b. Yābir, «nuestro país no está al norte ni al oeste de la Kacba sino en la esquina NW, y es el lugar en el que debemos rezar cuando estamos en La Meca. El indicador de la qībla en nuestro país es el orto de al-Qalb, o ligeramente hacia la izquierda, debido a la diferencia entre nosotros y Córdoba, pues dijo lbn Habīb que la qībla de Córdoba era el orto de al-Qalb». Efectivamente, lbn Jlabīb señalaba que «nuestra qībla, en Córdoba, es el orto de Qalb al-cAqrab, pues sale en la esquina de la piedra negra». Aunque este indicador aluda a un esquema de geografía sagrada en el que la zona asignada a al-Andalus sería la esquina SE de la Kacba, no hay que olvidar que la esquina SE de la aljama de Córdoba también apunta, de forma aproximada, hacia el orto de Qalb al-cAqrab, lo que refuerza la hipótesis de que la mezquita cordobesa esté construida en paralelo a la Kacba.

La mención más usual de Qalb al-cAqrab, sin embargo, está relacionada con la qībla en Fusṭaṭ. Muḥammad b. cAbd al-Hakam transmite que la qībla de Fusṭāṭ. «la fijaron hacia Qalb al-cAqrab en el orto de lbra, que es Sawla». Esta orientación daría una qībla orientada hacia unos 140 grados, lo que resulta muy adecuado para esta ciudad (cuya “qībla correcta” es de 136;12,22°). Ibn cAbd al-Hakam también recomendó la misma orientación a los habitantes de Aŷdābiya, lo que supondría dirigirse hacia los mencionados 140°, cuando su “ qībla correcta” es, en realidad, de 114;02,41. El mismo indicador, por tanto, aun siendo correcto en al-Fusṭāṭ, al ser utilizado en Aŷdābiya da un resultado aproximado, más cercano al concepto de ŷiha que al de samt.

b) Suhayl (Canopo, α Carinae)

Como se ha visto, el eje mayor de la Kacba está orientado hacia el orto de Suhayl, y este hecho motivó que un gran número de mezquitas en el Magrib fuesen erigidas en esta dirección. La posición de dicha estrella, la más brillante del hemisferio meridional, hace que no sea visible en latitudes geográficas superiores a unos 38°, por lo que es de difícil visibilidad en territorio andalusí. Según transmite al-Umawī al-Qurṭubī, ya en el siglo X al-Hakam II habría enviado a Aḥmad b. Fāris al-Munaŷŷim a Fuengirola (Málaga), conocida en árabe como Yabal Suhayl, para verificar si era cierto que podía observarse desde ese lugar, tal y como pretendían sus habitantes. El astrónomo dictaminó que no era visible. Ibn cAṣim también opinaba que lo que algunos observaban desde la costa malagueña -e identificaban como Suhayl- era, en realidad, Hadār (β Centauri). Finalmente, Averroes, el nieto, también estuvo preocupado por este tema y dudaba, asimismo, de que fuera realmente visible desde Fuengirola:

«Suhayl no aparece en nuestra tierra, la península de al-Andalus, excepto, por lo que se cuenta, en la montaña conocida como Yabal Suhayl. También sale en tierra bereber, detrás del mar que está entre nosotros y ellos, y que es llamado Mar del Estrecho. Yo mismo vi, en el año 548 (1153-4) una estrella que no se muestra en este país, y esto era desde una montaña conocida como Yabal Daran, pretendiendo que era Suhayl».

Este fragmento es muy significativo, puesto que pone de manifiesto que, todavía en época almohade, los andalusíes vivían como un problema el no poder utilizar Suhayl como indicador para la qībla. A su vez, demuestra que, con el paso del tiempo, los jurisconsultos interesados por la orientación de las mezquitas cambiaban de criterio sobre la validez de los indicadores para un lugar determinado: Ibn Rušd, el abuelo, desaconsejaba guiarse con Suhayl, pues señalaba excesivamente al sur, y se mostraba partidario de orientarse hacia el este equinoccial; en cambio, el nieto volvió a posiciones más “tradicionales”. Por otra parte, si fuera visible en al-Andalus, apuntaría prácticamente al pleno Sur, por lo que tampoco sería un indicador adecuado para esta zona.

En el Magrib la situación es distinta. El orto de Suhayl, en Marrākuš, unos 160°, es dirección usual en las mezquitas almohades, si bien las fuentes no mencionan demasiado este indicador. De hecho, el único partidario de esta orientación debió ser (temporalmente, puesto que más tarde rectificó) el alfaquí qayrawāní Ibn Abī Zayd que, en el Nawādir, se mostraba partidario de «colocar la qībla en el orto de Suhayl».

Posición del orto de Suhayl

c) al-Nasr al-Tā’ir («el águila que vuela», Altaír, α Aquilae)

La descripción de al-Nasr al-Tā’ir -muy parecida en al-Mittīŷī, Abū Hamid al-Garnāṭī o al-Maṣmūdī – es la siguiente: «son tres estrellas -la mayor situada en el centro- que parecen un águila que hubiera extendido sus alas». La novedad de al-Maṣmūdī es precisar «por eso lo beréberes la llaman al-ŷd rylyn». El orto de Altaír se utilizó, en ocasiones, como indicador de la qībla a pesar de que no había acuerdo sobre si era válida su aplicación en el Magrib.

Según una tradición local del Sus, «lo más aproximado según la qībla cayn para la gente de nuestro país es el orto de al-Nasr al-Tā’ir». Como el orto de Altaír apunta a unos 80° (10° al N del E), realmente coincide con la qībla cayn de esa región.

Al-Mittīŷī sitúa, de modo bastante correcto, el orto de al-Nasr al-Tā’ir (80°) en el punto medio entre el orto del Sol en verano (60°) y su orto en el equinoccio (90°).

d) al-Sicrà al-cAbūr (Sirio, α Canis Majar)

Al-Mittīŷī, señala que el orto de al-Sicrà al-cAbūr (110°) se encuentra en el punto medio entre el orto del Sol en invierno (120°) y el orto equinoccial (90°). Según el mismo autor, « al-Sicrà al-cAbūr sale por el centro de los ortos de invierno, y ésta es la gran estrella que sale después de Riŷlā al-Yawzā’, que en beréber [se llama] al-Aklà». Efectivamente, con la expresión «Centro de los ortos de invierno» expresa el punto medio entre el orto solsticial y el equinoccial. Asimismo, también es correcto que Sirio sale, aproximadamente, una hora después de Rigel.

Asimismo, en el fol. 123 del maŷmūc 80 (ZH) se menciona que «el orto de Sic meridional, llamada al-cAbūr, es la qībla del Magrib».

lbn Surāqa, al asignar algunos indicadores para el Magrib y al-Andalus, recomienda: «Sitúa las Pléyades entre los ojos y Sirio en el ojo derecho». El orto de las Pléyades apunta hacia 60°, mientras que el de Sirio señala 120°, con lo que la qībla marcaría un punto situado algo al N del E. También aconseja: «coloca el orto de al-Aḥmara delante, y el de la Osa en tu oreja izquierda». Muy enigmática resulta esta mención de al-Aḥmara, estrella desconocida y de nombre peculiar. Sin embargo, en el folio 124 del maŷmūc 80 (ZH), se identifica Aḥmar (no Aḥmara) con Aldebarán, estrella roja cuyo orto señala hacia unos 70°. Este segundo texto también parece aludir, pues, a una qībla algo al N del E.

Al-Fazārī dice haber visto que, en el Kitāb de Hārūn al-Rašīd, se aconseja colocar Sirio en la ceja derecha del orante (con lo que el orante se dirigiría hacia un punto algo al S del E), sin embargo, para al-Maṣmūdī, «lo que dice al-Fazārī está lejos de la desviación hacia el E y no he visto a ningún ulema que esté de acuerdo con lo que menciona en su tratado».

e) Riŷlā al-Yawzā’ («los dos pies de Orión», Rigel, β y x Orionis)

Varios autores, tanto de Ifrīqiya (entre ellos el famoso Saḥūn) como procedentes de al-Magrib al-Aqṣà (por ejemplo el ilustre Abū Muḥammad Sāliḥ b. Yanṣarān) afirmaban que Riŷlā al-Yawzā’ (cuyo orto, en Marrākuš, apunta hacia 100°) puede utilizarse como indicador de la qībla en el Magrib. Al-Mittīŷī concretaba más y establecía que la orientación precisa debía apuntar hacia Minṭaqat al-Yawzā’, (estrella que, por estar situada prácticamente sobre el Ecuador celeste, tiene su orto por el E exacto -véase figura-).

Posición del orto de la constelación de Orión

Por otra parte, al-Tāŷuri aporta novedades sobre la terminología que recibía Minṭaqat al-Yawzā’: «El orto de Amnār es la qībla de la gente de Drā, Tuwāt, Fez y los Maṣmūda. Alguna gente la llama al-Mīzān (la balanza), otros al-cAṣā (el bastón), y, en fin, otros la llaman cAṣāt Mūsà (los bastones de Mūsà), y es Minṭaqat al-Yawzā’».

Llama la atención una corriente de alfaquíes partidarios de una qībla al N del E, que contrasta enormemente con los partidarios de la dirección Sur. lbn Abī Zayd, por otra parte, defendía la qībla orientada hacia Taw’amān (Géminis). Este signo zodiacal tiene su orto al N del E, si bien creo que el origen de este indicador es la confusión de su nombre con el de la constelación de Orión, pues ambas son designadas como Yawzā’.

f) Mansiones y signos

Autores como al-Umawī, lbn Kunāsa o Abū Hāmid al-Garnāṭī, utilizan las mansiones como indicadores. Este último dedica un capítulo del Mucrib a la obtención de la qībla, en Tabaristān, a partir de las mansiones lunares. Según este procedimiento, la mansión que indica la dirección correcta es (salvo pequeñas irregularidades de las que él mismo advierte) la séptima respecto de la que se ha puesto. Por ejemplo, «si se pone Sa’d al-Dābiḥ, al-Hut es la alquibla y es la séptima constelación». Si se parte de la base de que hay, en todo momento, catorce mansiones lunares por encima del horizonte y catorce por debajo, la séptima mansión, a partir de la que se pone en un momento determinado, estará cruzando el meridiano y, por tanto, marcará la dirección S.

Según lbn cAbd al-Hakam, Ašhab, Aṣbag e lbn Bukayr «las “estrellas fijas” para la gente del Magrib son al-Sarfa, al-cAwwā ‘ y al-Simāk. Dijo el šayj: estas estrellas son las últimas del verano y [principio] del equinoccio [de otoño]». Situadas entre Leo y Virgo, efectivamente, el Sol tiene su orto helíaco con estas estrellas a fines del verano y principios de otoño, por lo que apuntan hacia una dirección algo al N del E, correcta para los territorios situados al sur de Marruecos. Una vez más, a pesar de que los autores citados son de época muy temprana y de que su recomendación resulta bastante aceptable, no se encuentran en al-Andalus ni al-Magrib al-Aqṣà, mezquitas orientadas hacia dicha dirección.

En cuanto a tomar al-Qaws como indicador (como recomienda Saḥnūn), al-Maṣmūdī advierte que «al-Qaws, si nos referimos al signo zodiacal [Sagitario], tiene tres mansiones: al-Sawla, al-Naca’im y al-Balda. Si nos referimos a las mansiones, no hay ninguna que se llame al-Qaws, o algo parecido, si no es al-Balda. Esta última la forman seis pequeñas estrellas que parecen al-Qaws “tras” al-Nacā’im». A partir de estas mansiones, la qībla se orienta excesivamente al Sur.

Según al-Fāsī, «también se transmite de al-Bardacī, de al-Sā’ig, de Abū Ibrāhīm, y de cAbd al-Muncim que la qībla de Qayrawān es el orto de al-Qaws y otras cosas que no sirven para esclarecer la ŷiha ni tampoco el acimut». Prescindiendo del tono escéptico de al-Fāsī respecto a la utilización de indicadores astronómicos, entiendo que con el orto de al-Qaws, es decir, con un signo zodiacal de invierno, se pretende conseguir una orientación similar a la tradicional en Qayrawān, como es el orto del Sol en invierno.

En cuanto a la mansión al-Sawla, al-Zarhūnī opina que la mezquita de Tinmāl está orientada hacia el Sur, «hacia el orto de Qalb al-cAqrab y la mansión de al-Sawla, que es una mansión meridional». Es posible que lo anterior sea una deformación de la regla que marca una orientación hacia Qalb al- cAqrab en el momento del orto de Sawla.

LA ALQUIBLA en al-Andalus y al-Magrib al-Aqṣà

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