Astrologia Árabe

El Kitāb Šams al-Ma‘ārif al-Kubrà

El Kitāb Šams al-Ma‘ārif al-Kubrà (al-ŷuz’ al-awwal) de Aḥmad b. ‘Alī al-Būnī: Sufismo y ciencias ocultas.

Jaime Coullaut Cordero

Tesis Doctoral
Universidad de Salamanca, 2009
Facultad de Filología
Directora: Dra. Concepción Vázquez de Benito

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Introdución

 El presente trabajo tiene como origen una breve Tesina o Trabajo de Grado que realizamos en el año 2005, en el Departamento de Lengua Española de la Universidad de Salamanca, titulada “al-Būnī y la Enciclopedia Mágica”. Dicho trabajo constaba de un breve estudio de la obra y las ideas de al-Būnī, así como de una edición comparada y traducción de los dos primeros capítulos del Šams al-Ma‘ārif al-Kubrà, basada en tres ediciones diferentes de dicha obra.

 Debido a la buena valoración que recibió aquel trabajo por parte de los profesores que formaron el Tribunal, nos sentimos animados para continuar estudiando la célebre obra del autor norteafricano. Desde un principio, nuestro deseo fue el de trabajar en una posible traducción de la obra, y para ello consideramos necesario trabajar también en una nueva edición del texto, más rigurosa que las llamadas “ediciones populares”, y basada en una serie de manuscritos que nos permitieran obtener un texto con menos errores.

 Tras constatar el enorme número de manuscritos y versiones existentes de la obra, así como su heterogeneidad, nos decidimos por basar principalmente nuestra edición en el manuscrito de París Ar. 2650-1, ya que parece ser también el texto base de las ediciones corrientes. De esta manera, nuestro propósito fue siempre obtener un texto en cuanto a estructura y contenidos lo más fiel posible a la versión actual de la obra.

 Para realizar el cotejo con nuestro manuscrito base, escogimos el manuscrito de Berlin Ahlwardt 4125 (Wetztein II 1210), versión intermedia de la obra con algunos textos inéditos, y los manuscritos de Paris 2647 y 2648, ejemplares de la versión más breve y antigua. De esta manera, hemos podido comparar las tres versiones y obtener un texto más correcto, si bien plagado de variantes.

 Debido a la gran extensión de la llamada “Enciclopedia Mágica de al-Būnī”, nos hemos limitado a editar y traducir la primera parte de la obra (correspondiente al manuscrito de Paris 2650). Con todo ello, nuestro objetivo y nuestro deseo es dar el primer paso hacia una edición crítica y traducción del Šams al-Ma‘ārif al-Kubrà  en su integridad.

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II. Tradución

Capítulo Primeiro

Sobre las Letras del Alifato y los Misterios y Secretos que hay en Ellas.

Apartado: hablaré en primer lugar sobre las letras del alifato, pues son los elementos del habla, su base, y con ellas se levanta su estructura.

Has de saber que los números tienen secretos así como las letras tienen efectos, y que el mundo superior tiene su prolongación en el mundo inferior, que el mundo del Trono (‘arš) tiene su prolongación en el mundo del Escabel (kursī), y el mundo    del Escabel se prolonga en la esfera de Saturno. La esfera de Saturno se prolonga en la esfera de Júpiter, ésta se prolonga en la esfera de Marte, la esfera de Marte se prolonga en la esfera del Sol, ésta se prolonga en la esfera de Venus, la esfera de Venus se prolonga en la esfera de Mercurio, ésta se prolonga en la esfera de la Luna y la esfera de la Luna se prolonga en la esfera del calor. La esfera del calor se prolonga [en la esfera de la humedad, ésta se prolonga en la esfera del frío, la esfera del frío se prolonga en la esfera de la sequedad, ésta se prolonga] en la esfera del aire, la esfera del aire se prolonga en la esfera del agua, ésta se prolonga en la esfera de la tierra (turāb), y la esfera de la tierra tiene su prolongación en Saturno.

Saturno, en los mundos superiores, tiene la letra ŷīm y el número que reside en ella es el tres según su valor total, y en cuanto al valor de sus letras sumadas, pues es de cincuenta y tres de la siguiente manera: la mīm con cuarenta, la yā’ con diez y la ŷīm con tres, pues ella misma tiene también tres letras. Y tiene en los mundos inferiores la letra ād, que es en número noventa y tiene el cuadrado mágico ternario. La esfera de Júpiter tiene la letra dāl que es cuatro y tiene el cuadrado mágico cuaternario que multiplica cuatro por cuatro. Y la disposición de la esfera de Marte en los mundos superiores es en conjunto cinco, que es la letra hā’, y tiene de los cuadrados mágicos el quíntuplo. La esfera del Sol es seis, siendo la letra wāw, y tiene el cuadrado mágico séxtuplo. En cuanto a la disposición del planeta Venus, es siete, siendo la letra zāy, y tiene el cuadrado mágico séptuplo. Mercurio tiene el número ocho, que es la letra ā’, y el cuadrado mágico óctuplo. La esfera de la Luna, tiene el número nueve, que es la letra ā’, y el cuadrado mágico novenario. Y Saturno tiene el cuadrado mágico ternario, famoso entre los eruditos. Has de entender esto.

Apartado sobre la Relación de la Esencia Humana.

El Trono (al-‘arš) tiene la letra alif, el Escabel tiene la letra bā’, Saturno tiene la letra ŷīm y así hasta la Luna como se mencionó antes.

Apartado: las letras son de varias clases, las que comienzan por la derecha, que son las letras de los árabes; y las que comienzan por la izquierda, que son las romanas, griegas y coptas. Toda escritura que comienza por la derecha es continua y toda escritura por la izquierda está separada. Has de entender esto.

Apartado: las letras son veintiocho sin contar la lām-alif, siendo en total veintinueve. El primero es el número de las mansiones lunares, y dado que las mansiones que aparecen sobre la tierra son catorce, entre estas letras están las que se asimilan a la lām del artículo y son catorce: tā’, ṯā’, dāl, ḏāl, rā’, zāy, ā’, ẓā’, lām, nūn, ṣād, ḍād, sīn y šīn. Y entre ellas están las que aparecen con el artículo sin asimilación, y son catorce: alif, bā’, ŷīm, ḥā’, jā’, kāf, mīm, ‘ayn, gayn, fā’, qāf, hā’, wāw y yā’.

Apartado: la primera de las letras es la alif y después las que le siguen, como las ṭā’āt, las asimiladas al artículo y las rā’āt, derivan de la alif. Y si se observa detenidamente las letras, se encuentra en ellas una impronta común en su esencia, que se encuentra presente en su esencia antes de hallarse en sus figuras.

El alif en las letras es el uno en los números, y los números tienen un poder espiritual sutil. Los números forman parte de los secretos de las palabras, así como las letras son parte de los secretos de las acciones. Los números encierran en el mundo de las criaturas humanas secretos y utilidades que dispuso el Creador, ¡exaltado sea Su poder!, así como dispuso en las letras secretos eficaces como la invocación, los hechizos (ruqà), además de otras cosas cuya influencia es manifiesta en el mundo sensorial mediante los diferentes tipos de Nombres. Y has de saber que las letras no tienen un momento que las restrinja, sino que actúan en lo concreto para quien lo desee. Por otro lado, los números actúan mediante las cualidades naturales (al-ṭabī‘āt), que están condicionadas por las elecciones (al ijtiyārāt) de los cuerpos celestes.

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Capítulo Segundo

Sobre la Fracción y la Extensión Armónica [de las letras] y la Disposición de los Trabajos en los Diferentes Momentos y Horas.

Has de saber, ¡Dios nos guíe a Su obediencia y a la comprensión de Sus secretos y Su providencia!, que Dios, ¡ensalzado sea!, ya habló sobre el Sol y la Luna, y las mencionó en Su Libro excelso con Sus palabras, ¡ensalzado sea!: Cada uno navega en una esfera.

La Luna, cuando se sitúa en la mansión de al-Naṭḥ -que es la letra alif y participa del secreto de la alif, entonces se revela en ella la espiritualidad de la alif, se hace presente la ira en las diferentes partes del mundo y se acrecienta entre las personas más importantes y las autoridades en la tierra, encontrándose cada una de las criaturas humanas la cólera (qahr) y la contracción espiritual (qabḍ) en su interior, de acuerdo con en el grado en que se encuentra la humanidad: quien estudie eso, lo encontrará cierto.

El hombre debe calmarse en esa hora y emplear sus fuerzas en la adoración a Dios, ¡ensalzado sea!, en el ejercicio frecuente de la alabanza (ḏikr) a Él y en la persistencia de la pureza ritual durante esos momentos, pues en ella se da una constricción espiritual de las almas, de modo que desconoce el hombre el motivo de su opresión y se queda ensimismado. Eso es debido a que la alif es el primero de los grados de las unidades en los números y en las letras, y no tiene comparación; por ello sobreviene con ella la perturbación en el mundo inferior. Debes comprender eso, pues en ella reside la turbación de aquel a quien quieras perturbar de entre los soberbios y los arrogantes, porque su perturbación y su propiedad [opresora] armonizan con el calor y la sequedad existentes en la letra alif, por cuya razón tiene lugar la perturbación. Entonces se constriñen las almas por el posicionamiento de la Luna en ella y por el calor y la sequedad que hay en al-Naṭḥ, y es la fase (waŷh) de al-Aḥmar, pues al-Aḥmar es de naturaleza cálida y seco, correspondiendo con la del fuego, incendiaria por su cualidad natural.

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Apartado sobre las Mansiones Lunares y su Espiritualidad en Relación con las Letras.

La Segunda Mansión Lunar es al-Buṭayn, a la que corresponde la letra bā’. Cuando se aloja la Luna en ella, desciende de ella por orden de Dios, ¡ensalzado sea!, un poder espiritual que conviene para la ira y lo que se mencionó antes. Durante ello se bebe el medicamento, y en él se turban los poderosos, los habitantes de la tierra y sus gobernantes. Ello se debe a que se encuentra en el segundo decano (waŷh) de Aries, que pertenece al Sol, y la exaltación del Sol es en su sexto grado el día cuatro de abril, siendo que el sol es de buen augurio, salvo que es cálido y seco, naturaleza igualmente de Marte. Por su buen augurio y su apogeo en este decano se trabajará para obtener la aceptación y la buena acogida de los reyes según lo que quieras de ellos y de lo que te propongas en ello, pues ciertamente se resolverán tus necesidades. Trabaja para los amoríos, la aceptación y la atracción de los corazones, teniendo lugar por ello lo que se desea. También conviene para realizarlos trabajos relacionados con la Sabiduría divina, los elixires áureos y su preparación.

La Tercera Mansión Lunar es al-Ṯurayyā y corresponde a la letra ŷīm. Cuando desciende la luna a ella, deriva de ella por decreto de Dios, ¡ensalzado sea!, una espiritualidad mezcla del calor y la humedad, que es medianamente de buen augurio para viajar, frecuentar a las personas ilustres y visitar a los notables, los señores de la tierra y la gente de ciencia. Ello se debe a que al-Ṯurayyā está compuesta por multitud de estrellas, y por ello la reunión con aquello que hemos mencionado es buena. Tiene también un cuadrado mágico sublime que se realizará en el momento de su apogeo, que se lleva encima y se visita con él a los poderosos, pues su portador obtiene de ellos lo que quiere, y ellos le apreciarán, acatarán su encargo y no le negarán aquello que desea y pide. En virtud de él tenía Abū Ŷa‘far al-Barmakī la aceptación de al-Rašīd y obtenía de él cuanto quería. Y se dispondrá de esta manera como ves, trata de entender y prosperarás, si Dios quiere, ¡ensalzado sea!

La Cuarta Mansión Lunar es al-Dabarān y tiene la letra dāl. Cuando se aloja la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad maligna en la que realizarás los trabajos de la corrupción y la perturbación que le convengan y le sean apropiados.

La Quinta Mansión Lunar es al-Haq‘a y tiene la letra hā’. Cuando la luna se sitúa en ella, deriva de ella una espiritualidad mixta de agitación intermedia. Realiza en ella los trabajos del bien y algunos de lo contrario.

La Sexta Mansión Lunar es al-Han‘a y tiene la letra wāw. Es una mansión de buen augurio que conviene para la amistad y la unión entre los que se odian y los que se distancian, porque desciende de ella una espiritualidad destinada a los trabajos de la reconciliación, la bondad y la felicidad.

La Séptima Mansión Lunar es la mansión de al- Ḏirā‘ y tiene la letra zay. Cuando se sitúa la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad propicia destinada para [la preparación de] los medicamentos, y en ella son inspirados los místicos en su retiro espiritual, pues a quien está en su meditación, le es revelado un secreto del Mundo angélico (Malakūt). Es buena para el ejercicio del ascetismo y la búsqueda de la Verdad, y es apropiada para todos los trabajos.

La Octava Mansión Lunar es al-Naṯra y tiene la letra ḥā’, Cuando se sitúa la luna en ella, resulta de ella una espiritualidad que no contribuye al bien, trabajándose en ella lo referente a la corrupción.

La Novena Mansión Lunar es al-Ṭarf y tiene la letra ṭā’. Cuando la luna se sitúa en ella, desciende de ella una espiritualidad cuyo efecto es maligno como en el caso anterior.

La Décima Mansión Lunar es al-Ŷabha y tiene la letra yā’. Cuando se aloja la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad mixta entre el bien y el mal, en la que se trabajará lo que convenga con ella.

La Undécima Mansión Lunar es al-Zubra y tiene la letra kāf. Cuando se sitúa la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad buena para aumentar las posesiones y pedir por las necesidades, y en la que trabajarás lo que convenga con ello.

La Duodécima Mansión Lunar es al-Ṣarfa y tiene la letra lām. Cuando se aloja la luna en ella, proviene de ella una espiritualidad mixta para el bien y el mal, en la que trabajarás lo que convenga con eso.

La Decimotercera Mansión Lunar es la mansión de al-‘Awwā’ y tiene la letra mīm. Cuando se establece la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad mixta en la cual sólo viajarás por mar, nada más.

La Decimocuarta Mansión Lunar es la mansión de al-Simāk y tiene la letra nūn. Cuando se sitúa la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad no propicia para el bien, así que no hagas en ella nada en absoluto.

La Decimoquinta Mansión Lunar es la mansión de al-Gafr y tiene la letra sīn. Cuando se aloja la luna en ella, proviene de ella una espiritualidad propicia designada para todos las actividades terrenales y relativas a la Otra vida, así pues haz con ella lo que quieras, teniendo éxito tu trabajo.

La Decimosexta Mansión Lunar es al-Zubānā y tiene la letra ‘ayn. Cuando se aloja la luna en ella, desciende de ella, por orden de Dios, ¡ensalzado sea!, una espiritualidad mixta en la que no provocarás nada salvo el bien.

La Decimoséptima Mansión Lunar es la mansión de al-Iklīl y tiene la letra fā’. Cuando se sitúa la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad que no está destinada a los trabajos del bien, así pues trabaja en ella los asuntos apropiados que correspondan, teniendo éxito.

La Decimoctva Mansión Lunar es la mansión de al-Qalb y tiene la letra ṣād. Cuando se aloja la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad que ayuda a las acciones del bien.

La Decimonovena Mansión Lunar es la mansión de al-Šawla y tiene la letra qāf. Cuando se sitúa la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad mixta en la que no se tomará ninguna iniciativa concerniente a las necesidades terrenales.

La Vigésima Mansión Lunar es la mansión de al-Na‘ā’īm y tiene la letra rā’. Cuando se aloja la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad mixta que se manifiesta serenando los corazones y alegrando las almas, y que es buena para todo lo relativo a los asuntos terrenales así como los de la Otra vida.

La Viségimo Primeira Mansión Lunar es la mansión de al-Balda y tiene la letra šīn. Cuando se sitúa la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad mixta que no está destinada para el bien, así que no provocarás en ella el bien.

La Viségimo Segunda Mansión Lunar es la mansión de Sa‘d al- Ḏābiḥ y tiene la letra tā’. Cuando se establece la luna en ella, desciende de ella por orden de Dios, ¡ensalzado sea!, una espiritualidad mixta que no es apropiada para ninguno de los asuntos terrenales, ni es provechoso desplazarse en ella.

La Viségimo Tercera Mansión Lunar es la mansión de Sa‘d Bula‘ y tiene la letra ṯā’. Cuando se aloja la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad mixta que no es apropiada para nada, ni es provechosa para desplazarse, ni es dañina.

La Viségimo Cuarta Mansión Lunar es la mansión de Sa‘d al-Su‘ūd y tiene la letra jā’. Cuando se sitúa la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad apropiada, buena para desplazarse y de naturaleza equilibrada. Haz en ella lo que desees.

La Viségimo Quinta Mansión Lunar es la mansión de Sa‘d al-Ajbiya y tiene la letra ḏāl. Cuando se sitúa la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad de buen augurio propicia para todos los trabajos benignos, para la armonía, el amor y el afecto.

La Viségimo Sexta Mansión Lunar es la mansión de al-Farg al-Muqaddam y tiene la letra ḍād. Cuando la luna se sitúa en ella, desciende de ella una espiritualidad de buen augurio, destinada a todas las obras del bien. Haz en ella los trabajos del bien que desees.

La Viségimo Séptima Mansión Lunar es la mansión de al-Farg al-Mu’ajjar y tiene la letra ẓā’. Cuando se aloja la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad mixta en la que te abstendrás de hacer cualquier preparativo.

 La Viségimo Octava Mansión Lunar es la mansión de al-Rišā y tiene la letra gayn. Cuando se sitúa la luna en ella, desciende de ella una espiritualidad buena, loable y benigna, que los sabios destinan al estudio de las ciencias. En ella la plegaria es atendida y los trabajos devotos son prósperos.

(…)

Y con estos secretos en las letras van girando los ciclos por el punto estacionario de la luna, según las fases de la disposición [de los astros] hasta el día de su aparición de la tierra, encontrándose cada mansión lunar, cada espiritualidad y cada letra, reunidas en el conjunto del punto estacionario durante cuarenta días, y después de esta manera hasta la última de las mansiones lunares y la última de las letras con la última espiritualidad, reuniéndose las fastas y nefastas. Y si no fuera por esta distinción de las letras y esta rotación astral, no reconocería el hombre las causas de la felicidad proveniente de lo fasto, ni las causas de la desdicha proveniente de lo nefasto, ni las causas de la mezcolanza en lo incompatible, pues todo ello es vertido en la naturaleza del hombre.

Apartado: Dado que estas mansiones lunares están dispersas entre las doce constelaciones zodiacales para que se manifieste en ellas su sentido oculto, están las doce letras en seis sílabas, y son las letras de Lā ’ilāh illā Allāh (no hay más dios que Allāh) de esta manera: lām, alif, alif, lām hā’, alif, lām, alif, alif, lām, lām, hā’. Y son doce letras según el número de las doce constelaciones zodiacales, pues ellas se erigen sobre cada signo zodiacal. Y dado que entre las constelaciones zodiacales las hay fijas (ṭābit) y las hay transitorias (munqalib), pues también entre estas doce letras las hay fijas y las hay que son transitorias, pues la afirmación es fija, mientras que la negación hace un tránsito desde la existencia a la inexistencia de la cual proviene. Y del secreto circular de estas letras participa la esfera de la Luna, porque la luna está más cerca de la tierra que los demás [astros], y las letras están más cercanas a nosotros que la Luna, porque están inculcadas en la naturaleza de cada hombre, y ya hemos mencionado las letras que corresponden a cada mansión lunar por lo que no las repetiremos. Cada cosa aumenta con el crecimiento de la luna y disminuye con su mengua, debido a la autoridad de su posición y al conocimiento de su grado, ¿acaso no ves cómo acrecienta la oscuridad y su contrario?

(…)

Apartado sobre la División de las Letras según las Cuatro Cualidades Naturales

Ahora te daré a conocer las letras cálidas, secas, frías y húmedas: Las cálidas son siete letras: alif, hā’, ṭā’, mīm, fā’, šīn, ḏāl. Las húmedas son siete letras: bā’, wāw, yā’, nūn, ṣād, tā’, ḍād. Las frías son siete: ŷīm, zāy, kāf, sīn, qāf, ṯā’, ẓā’. Y las secas son siete: dāl, ḥā’, lām, ‘ayn, rā’, jā’, gayn.

  El fuego reúne el calor y la sequedad, el aire reúne la humedad y el calor, el agua reúne el frío y la humedad y la tierra comprende de la sequedad y el frío. Y de esta manera se asocian los cuatro humores naturales mencionados, que son la cólera, la sangre, la flema y melancolía. La cólera es de la naturaleza del fuego, calida y seca; la sangre es la naturaleza del aire, cálida y húmeda; la flema es de la naturaleza del agua, fría y húmeda; y la bilis negra es de la naturaleza de la tierra, fría y seca. Y la influencia de eso está bien demostrada por la experiencia, ya que algunos Nombres eliminan la fiebre mediante su escritura, y son los nombres fríos, por ejemplo Su nombre ‘el Justo (al-‘Adl) es fuerte.

(…)

Apartado en el que mencionaremos los momentos propícios y nefastos, sus horas y el bien y el mal que les corresponde

Domingo: La primera hora es del Sol: trabaja en ella para la aceptación y el recibimiento ante los reyes y los sabios, y en ella es apropiado vestir la ropa nueva. La segunda hora es de Venus, y es una hora censurable en la que no harás absolutamente nada. La tercera hora es de Mercurio: viaja en ella y escribe en ella para el afecto, el amor, la aceptación y lo que se parezca a eso. La cuarta hora es de la Luna: no vendas ni compres nada en ella, pues no conviene para nada [de eso]. La quinta hora es de Saturno: trabaja en ella para la separación, el odio, la enemistad y lo que se parezca a eso. La sexta hora es de Júpiter: pide en ella los favores de los reyes, los gobernantes y las autoridades. La séptima hora es de Marte: no trabajes en ella nada, pues es una hora nefasta. La octava hora es del Sol: trabaja en ella para todas tus necesidades, pues es apropiada para solventar todas las necesidades y los asuntos, siendo una hora de muy buen augurio. La novena hora es de Venus: escribe en ella para viajar, para la atracción de la gente, para el afecto de los corazones, los amoríos y lo que se parezca a eso. La décima hora es de Mercurio: trabaja en ella los talismanes, los sellos y lo que se parezca a eso. La undécima hora es de la Luna: trabaja en ella lo que quieras pues da buen resultado. La duodécima hora es de Saturno: solo trabajarás en ella las trabajos dañinos, como la desunión, el odio y lo que se parezca a eso.

Lunes: La primera hora es de la Luna, y conviene para el trabajo de los amores, para anudar las lenguas (‘aqd al-’alsina) y para la atracción de los corazones. La segunda hora es de Saturno, y es buena para viajar y solventar las necesidades. La tercera hora es de Júpiter y es buena para el matrimonio, para el traslado, para la escritura del documento y para los litigios. La cuarta hora es de Marte, y es buena para los trabajos perniciosos como los que provocan el desangramiento, la hemorragia nasal, la enfermedad, la muerte y lo que tenga que ver con eso. La quinta hora es del Sol, y es apropiada para solventar las necesidades, para los amores y para provocar el deseo. La sexta hora es de Venus, y es buena para resolver las necesidades y para la atracción de los corazones. La séptima hora es de Mercurio y es apropiada para el trabajo de los talismanes y otros trabajos. La octava hora es de la Luna y es buena para el casamiento y para establecer la paz entre los que se odian. La novena hora es de Saturno y conviene para la separación, el traslado, el odio y lo que se parezca a ello. La décima hora es de Júpiter, y es apropiada para la aceptación, el amor, para anudar las lenguas y reconciliar a los que se odian. La undécima hora es de Marte: escribe en ella para la hostilidad, el odio, el desangramiento, el derramamiento de sangre, etcétera. La duodécima hora es del Sol, y es conveniente para anudar las lenguas y para las simpatías.

Martes: La primera hora es de Marte: en ella el trabajo será para el odio, la corrupción, la desunión, el desangramiento, las enfermedades y los males. La segunda hora es del Sol: no realices en ella nada. La tercera es de Venus, y es apropiada para la petición de mano de las mujeres y para el casamiento. La cuarta hora es de Mercurio: escribe en ella para atraer a la clientela, para la venta, la compra y el comercio. La quinta hora es de la Luna: no harás en ella nada porque es desfavorable, nefasta y cerrada. La sexta hora es de Saturno y en ella es apropiado escribir para anudar (al-‘aqd), provocar la oftalmía, las enfermedades y lo que se asemeje a eso. La séptima hora es de Júpiter: trabaja en ella lo que quieras referente a los afectos, los amores y lo que se parezca a eso. La octava hora es de Marte: trabaja en ella lo que quieras referente al desangramiento, el derramamiento de sangre y las enfermedades. La novena hora es del Sol, y es conveniente para el compromiso de las mujeres (‘aqd al-nisā’) y para excitar el deseo. La décima hora es de Venus, no trabajes en ella nada, porque no es de buen augurio. La undécima hora es de Mercurio, y es apropiada para la interrupción de los viajes, la anulación del matrimonio y lo que se parezca a eso. La duodécima hora es de la Luna, es apropiada para los trabajos del odio, la corrupción, el traslado, el mal, el repudio, y lo que se asemeje a eso.

Miércoles: La primera hora es de Mercurio, y es apropiada para el afecto, los enamoramientos y lo que se parezca a eso. La segunda hora es de la Luna: no emprenderás en ella ninguno de los trabajos, pues es desfavorable. La tercera hora es de Saturno, y es conveniente para el trabajo de las enfermedades, el desangramiento, la deshidratación (al-tagawīr) y lo que se parezca a eso. La cuarta hora es de Júpiter: trabaja en ella los trabajos del bien que quieras, puesto que es una hora muy buena. La quinta hora es de Marte: guárdate en ella del enfrentamiento con la gente y el trabajo maligno, pues es una hora desfavorable. La sexta hora es del Sol, y es conveniente para el viaje por tierra y mar; escribe en ella todos los trabajos del bien que quieras. La séptima hora es de Venus: trabaja en ella también lo que desees, pues ella es de efecto favorable. La octava hora es de Mercurio, y es buena para acallar el llanto de los niños y para la escritura de los amuletos (ḥuŷub) del mal de ojo, para la vista y lo que tenga que ver con eso. La novena hora es de la Luna, no trabajes en toda ella, porque es maligna. La décima hora es de Saturno, y es buena para ser recibido por los gobernantes y los poderosos. La undécima hora es de Júpiter: escribe en ella los cuadrados mágicos para el encuentro con los jueces, para los litigios y lo que se parezca a eso. La duodécima hora es de Marte.

Jueves: La primera hora es de Júpiter: trabaja en ella para atraer el sustento, la clientela y la aceptación de la gente. La segunda hora es de Marte: no sacarás en ella sangre, ni trabajarás en ella los anudamientos ni los desangramientos. La tercera hora es del Sol: nunca viajarás en ella, y se escribirá para la aceptación, el amor y lo que se parezca a eso. La cuarta hora es de Venus: trabaja en ella para los enamoramientos, el matrimonio y lo demás. La quinta hora es de Mercurio, y es conveniente para el compromiso de las mujeres y los hombres. La sexta hora es de la Luna: es apropiada para el viaje por tierra y mar, y es buena para todos los trabajos del bien que quieras. La séptima hora es de Saturno, evita en ella el litigio, y ella es conveniente para el encuentro con los escribas. La octava hora es de Júpiter. La novena hora es de Marte: es conveniente para el encuentro con los gobernantes y para los trabajos de la corrupción. La décima hora es del Sol, pide en ella tus necesidades a los gobernantes, los príncipes, los militares y los altos dignatarios. La undécima hora es de Venus: escribe en ella para el afecto y el amor. La duodécima hora es de Mercurio: nunca realizarás en ella nada.

Viernes: La primera hora es de Venus: trabaja en ella para excitar del deseo de las mujeres, para su atracción y su amor, y para la reconciliación entre la mujer y su esposo. La segunda hora es de Mercurio: escribe en ella todos los talismanes. La tercera hora es de la Luna: nunca trabajarás en ella nada. La cuarta hora es de Saturno, y es buena para hacer que se sequen (li-tagāwīr) los manantiales y los pozos. La quinta hora es de Júpiter: en ella se escribe para la aceptación de las mujeres. La sexta hora es del Sol: escribe en ella para el encuentro con los gobernadores y la obtención de las necesidades. La séptima hora es de Venus: trabaja en ella la pasión, los afectos, el compromiso de las mujeres y su casamiento. La octava hora es de Mercurio: trabaja en ella todos los trabajos y las acciones que quieras prosperando tu trabajo, pues ciertamente es una hora bendita. La novena hora es de la Luna: trabaja en ella para la separación y el traslado, pues ella es de rápido efecto. La décima hora [es de Saturno], no realizarás en ella nada salvo la desaparición (tagwīr) de los manantiales y las corrientes de agua y los pozos. La undécima hora es de Júpiter: no trabajarás en ella nada. La duodécima hora es de Marte: viaja en ella, pide tus necesidades o cualquiera de tus propósitos y prosperarás, porque es una hora muy bendita.

Sábado: La primera hora es de Saturno, trabaja en ella lo que quieras referente a los afectos y los amoríos. Saturno solo tiene esta hora de buen augurio en este día cuando es al comienzo del mes con la luna creciente. Cuando es la parte final del mes, se escribirá el sábado a la hora de Saturno todos los trabajos nefastos: Trata de entender, pues te hemos mostrado el camino. La segunda hora es de Júpiter: escribe en ella para la paz entre los que se odian. La tercera hora es de Marte: trabaja en ella para las desuniones, los odios y todos los trabajos del mal y la corrupción. La cuarta hora es del Sol: en ella se escribirá para la audiencia ante los reyes y sus interlocutores y para obtener de ellos lo que necesites. La quinta hora es de Venus. La sexta hora es de Mercurio: en ella se escribirá para la caza. La séptima hora es de la Luna y no hay bien en ella, así que no escribas nada en ella jamás. La octava hora es de Saturno: trabaja en ella para las enfermedades, las indisposiciones, los desangramientos y las hemorragias nasales. La novena hora es de Júpiter, trabaja en ella las acciones del bien que quieras, pues es una hora muy favorable. La décima hora es de Marte, trabaja en ella para el desangramiento, la indisposición y las enfermedades, pues es una hora nefasta conveniente para ello. La undécima hora es del Sol, trabaja en ella para la aceptación y el afecto de los gobernantes, los ministros, las autoridades, los jueces, los gobernadores y los escribas; y es también apropiada para los amoríos y la reconciliación entre los que se odian. La duodécima hora es de Venus: escribe en ella para la aceptación y el amor de las mujeres y la reconciliación entre los cónyuges. Y Dios, ¡ensalzado sea!, es Quien concede el éxito y el Poderío.

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Apartado sobre la división de los signos zodiacales entre los cuatro elementos

Y has de saber, ¡Dios nos guíe!, que quien conoce las horas apropiadas para los trabajos del bien y del mal, obtiene su objetivo en todo lo que quiera, porque es la base de la Ciencia divina (al-‘ilm) y su puerta, a través de la cual se accede a ella; y he aquí que te hemos expuesto todo lo que escribió la gente de esta ciencia, para facilitarte con ello el trabajo de estos procedimientos que se encuentran en este libro, y para que conozcas cada trabajo y lo que armoniza con él. Hemos dispuesto una tabla con la que aprenderás cuáles son los signos zodiacales de la tierra, y también los del aire, el agua y el fuego. Cuando la luna esté en las constelaciones zodiacales del fuego, trabajarás durante ello los trabajos del fuego que armonicen. Si está en un signo zodiacal del aire, trabajarás los trabajos que correspondan relativos al aire y a la evacuación de los olores, y de la misma manera si está en los signos zodiacales del agua y la tierra. Todo esto lo comprenderás con la tabla cuya explicación sigue, y después dispondremos aquello con lo que conocerás en qué signo zodiacal está la luna cada día, de manera que cuando aprendas eso y lo domines pueda serte fácil obtener lo que busques, pues si [la luna] está en un constelación zodiacal del fuego, trabajarás lo que armonice con ello, y de la misma manera si está en una del aire de la tierra o del agua. La tabla es la siguiente:

Después de eso, te expondremos cómo conocer el signo zodiacal en el que se encuentra la luna. Cuando te venga alguien pidiendo alguna cosa el día que sea, cuenta las letras de su nombre y el nombre de su madre, y el nombre de su petición. Después observa cuál es el elemento predominante en ambos, y si la luna está en un signo zodiacal del agua, del fuego, del aire o de la tierra, pues haz un trabajo que armonice con ello, o bien emplaza el trabajo hasta que la luna esté en el signo zodiacal que convenga con la petición, pues en el momento apropiado habrá un buen augurio para el sujeto del ritual. Trata de entender.

Y ésta es la manera de conocer el signo zodiacal o la mansión lunar en la que se encuentra la luna: Debes saber, ¡Dios nos ayude a cumplir con Su obediencia y a comprender Sus secretos y Sus nombres!, que la luna se aloja cada día y noche en una mansión lunar. Cuando quieras saber en cuál se encuentra, pues cuenta los días transcurridos del mes árabe en el que estés y los días transcurridos del año. Después […], que es lo que se denomina la base (al-’as). Contarás cuánto es el total e irás restando de cinco en cinco hasta que te queden cinco o un número inferior. Con ese resultado contarás desde la primera de las constelaciones zodiacales, y en el lugar en el que se acaba la cuenta, pues en esa misma constelación zodiacal estará la luna.

Capítulo Cuarto

Sobre las Doce Constelaciones Zodiacales y los Símbolos y Relaciones que tienen

Has de saber, ¡Dios nos ayude a cumplir con la obediencia!, que dispondré una tabla antes de comenzar a hablar de las constelaciones zodiacales, en la que mencionaré las cuatro estaciones, -que son primavera, verano, otoño e invierno-, y mencionaré las veintiocho mansiones lunares según otro punto de vista, los doce signos zodiacales y los meses árabes y las peculiaridades que tienen que ver con ellos.

Dijo Dios, ¡ensalzado sea!: Hemos puesto constelaciones en el cielo y las hemos embellecido para los observadores; y dijo Dios, ¡ensalzado sea!: ¡Bendito sea Quien puso constelaciones en el cielo!; y dijo Dios, ¡alabado y ensalzado sea!: ¡Por el cielo que tiene el Zodíaco!. Al-burūŷ son en primer lugar las constelaciones del cielo, también son las torres (burūŷ) que hay en las esquinas de la fortaleza, y a veces se denomina a la fortaleza de esta manera: dijo Dios, ¡ensalzado sea!: Aunque estéis guardados en torres (burūŷ) elevadas. Y dijo al-Ḥasan al-Baṣrī, ¡Dios, ensalzado sea, esté satisfecho de él!: “al-burūŷ son los castillos (quṣūr) en el cielo, y son castillos como los castillos de la tierra”, ¡Dios es más sabio!, y has de entender. Esta es la imagen de la tabla:

Apartado sobre las Casas Zodiacales de los Planetas

Y dijo algún sabio sobre Su dicho, ¡ensalzado sea!: ¡Bendito sea Quien puso constelaciones en el cielo!, que son las mansiones (manāzil) de los siete planetas y son doce constelaciones zodiacales: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario Y Piscis. Aries y Escorpio son la casa (bayt) de Marte; Tauro y Libra son la casa de Venus; constelaciones zodiacales: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario Y Piscis. Aries y Escorpio son la casa (bayt) de Marte; Tauro y Libra son la casa de Venus; Géminis y Virgo son la casa de Mercurio; Cáncer es la casa de la Luna; Leo es la casa del Sol; Sagitario y Piscis son la casa de Júpiter; y Capricornio y Acuario son la casa de Saturno.

División de los Signos Zodiacales según los Cuatro Elementos Naturales

Éstos son los signos zodiacales divididos según los cuatro elementos naturales, siendo cada parte de ellas tres signos zodiacales que son llamados tríadas (muṯallaṯāt): Aries, Leo y Sagitario son la tríada del fuego; Tauro, Virgo y Capricornio son la tríada de la tierra; Géminis, Libra y Acuario son la tríada del aire; y Cáncer, Escorpio y Piscis son la tríada del agua.

Debatieron los exegetas del Corán (ahl al-tafsīr) sobre el significado de [la palabra] al-burūŷ [en el texto sagrado], y dijo uno de ellos que son castillos en los que están los guardianes (al-ḥaras), cuya demostración es Su dicho, ¡ensalzado sea!: Aunque estuvieseis guardados en torres (burūŷ) elevadas. Y se ha dicho que son las estrellas, y se ha dicho [también] que son los candiles (suruŷ) y que son las puertas del cielo, que son llamadas al-Maŷarra. Yo digo que ya estipuló Ibn ‘Abbās, ¡Dios, ensalzado sea, esté satisfecho de ambos!, que son las conocidas constelaciones zodiacales a las que hemos aludido, y son doce a las que Dios, ¡ensalzado sea!, dividió en cuartetos y tríadas, pues están divididas entre los siete planetas como ya hemos mencionado. Cada nación las denomina según su lengua, pero coincidiendo en el significado. Y según el orden mencionado comienzan con Aries.

Apartado sobre la descripción de las Constelaciones Zodiacales

La primera constelación zodiacal es Aries (al-Ḥamal): Aries son trece estrellas, y las ajenas a la imagen [del carnero] son cinco estrellas. Su imagen es la de un carnero (kabš) cuya parte delantera apunta hacia el oeste y su parte trasera hacia el este, volviéndose hacia su parte posterior de manera que su hocico alcanza su dorso.

La segunda constelación es Tauro (al-Ṯawr) , que son treinta y tres estrellas, siendo las ajenas a la imagen once estrellas, y es la imagen de la mitad delantera del toro que ha inclinado su cabeza para cornear, y se han dividido dos partes [de la imagen] a partir de su mitad, quedando su parte delantera hacia el este y su parte posterior hacia el oeste. Entre sus estrellas están al-Ṯurayyā y al-Dabarān, ambas mansiones lunares.

La tercera constelación es Géminis (al-Taw’amān), y se la conoce como al-Ŷawzā’. Son dieciocho estrellas, siendo las ajenas a la imagen [de los gemelos] siete estrellas. Su imagen es la de dos niños que están de pie, uno de los cuales ha puesto su mano sobre el hombro del otro. Sus cabezas y el resto de sus estrellas están hacia el noreste, en dirección a la Vía Láctea, y sus pies están hacia el oeste.

La cuarta constelación es Cáncer (al-Saraṭān): son siete estrellas, siendo las ajenas a su imagen cuatro. [Es un cangrejo] cuya parte delantera está hacia al este y su parte posterior hacia el oeste, y al sur está inmediatamente después Géminis, como si ambas se inclinaran hacia el sur en la misma Vía Láctea.

La quinta constelación es Leo (al-Asad): son veintisiete estrellas, y las ajenas a su imagen son ocho estrellas. Su imagen se encuentra erguida y entre sus estrellas está Qalb al-Asad, que es una estrella brillante.

La sexta constelación es Virgo (al-Sunbula), y se la conoce como al-‘Aḏrā’. Son veintiséis estrellas y las que son ajenas a su imagen son seis estrellas. Su imagen es la de una muchacha provista de dos alas [en su diadema] que ha dejado caer su faldón arrastrándolo, y su cabeza está sobre al-Ṣarfa, que es una estrella brillante. Entre sus estrellas está al-Simāk al-A‘zal, que es una estrella brillante que se encuentra sobre su mano izquierda.

La séptima constelación es Libra (al-Mīzān): son ocho estrellas, y su imagen es como su nombre [indica, una balanza]. Las ajenas a su imagen son nueve estrellas.

La octava constelación es Escorpio (al-‘Aqrab): son veintiuna estrellas, siendo las ajenas a su imagen tres estrellas. Su imagen se encuentra erguida y entre sus estrellas se encuentra Qalb al-‘Aqrab, que es una estrella brillante.

La novena es Sagitario (al-Qaws), y es también llamada al-Rāmī: son treinta y una estrellas tras las estrellas de Escorpio. Su imagen es la de un animal compuesto de hombre y caballo, como si fuera el cuerpo de un animal hasta el cuello, y después sobresaliera desde la separación del cuello la mitad de un hombre que ha puesto la flecha en su arco y se hunde en la montura.

La décima constelación es Capricornio (al-Ŷady): son veintiocho estrellas, y es la imagen de la mitad delantera de un cabrito (ŷadī), y la segunda la parte posterior de un pez hasta su cola.

La undécima constelación es Acuario (al-Dalw), y también se la conoce como Sākib al-mā’”: son cuarenta y dos estrellas, siendo las ajenas a su imagen tres estrellas. Su imagen es la de un hombre en pie que extiende las manos, en una de las cuales hay un cántaro que ha inclinado, derramándose el agua hacia la parte delantera de sus pies, y el agua fluye por debajo suyo hacia el sur. También se llama al-Dāly.

La duodécima constelación es Piscis (al-Ḥūt): Son treinta y cuatro estrellas y las ajenas a su imagen son cuatro estrellas. Su imagen es la de dos peces que se han alcanzado la cola el uno al otro.

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Y estas doce constelaciones zodiacales son trescientas estrellas, y se ha dicho que son trescientas cuarenta [estrellas]. También que Aries es el primero de los signos zodiacales, que Tauro es una torre (barŷ) en el cielo; que Géminis (al-Ŷawzā’) es una estrella de la que se dice que se interpone en la mitad del cielo, pues el ŷawz de algo es su centro; que Cáncer es una torre en el cielo; -no se menciona a Leo-, que Virgo es una torre en el cielo, -y algunos autores no mencionan a Libra-, que Escorpio es una torre en el cielo, al igual que Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Alguien dijo que son torres (burūŷ) en el cielo, y que al-Ŷuday es una estrella que se encuentra en la dirección del polo (al-quṭb), y con la que se reconoce la orientación de la alquibla.

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