Astrologia na História e Mitologia

La Representación de «La Parte de Fortuna» en el Renacimiento

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Juan Francisco Esteban Lorente*

* Profesor Titular de Historia del Arte, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Zaragoza.

En los programas que hemos estudiado sobre temas astrológicos, realizados en el Renacimiento, nos hemos encontrado con tres alegorías o modos de representar el punto astrológico conocido con el nombre de Pars Fortunae, la Parte de Fortuna. De estas alegorías, de las tres variantes de representación, nos vamos a ocupar. Justifiquemos primero cuál es el concepto astrológico de la Parte de Fortuna y luego veamos cómo el hombre del Renacimiento acudió para su representación a las tres alegorías humanísticas que estaba utilizando para el concepto de la diversa fortuna humana. Estas son: la Fortuna, la Ocasión y el tema conocido como Fata Homérica, el Destino según Homero, que es representado por medio de los dos jarros del templo de Júpiter. Todo ello nos da pretexto para hacer una pequeña excursión por la representación de estos temas en la primera mitad del siglo XVI.

La Parte de Fortuna

La Fortuna o Parte de Fortuna (τυχη) es un punto del horóscopo que anuncia la fortuna o infortunio del nacido. Tal como hoy lo conocemos en las fuentes, parece ser invención del Egipto helenístico; es posible que figurara ya en el Nequepso-Petosiris. Proviene de un lugar de la Luna de la tradición babilónica antigua y frecuentemente se le llama «horóscopo de la Luna». Su importancia general, equiparable al propio ascendente, la admitían todos los astrólogos, incluso Ptolomeo, quien, no mencionando otras partes, dice de la Parte de Fortuna que «pudiera ser, por decirlo así, el horóscopo de la Luna».

Manilio, redescubierto en 1416, aunque se ocupa de las partes que llama sortes, sólo otorga especial atención a la Parte de Fortuna:

Estas Faces de las cosas ubicadas en líos signos, en las cuales está todo fundamento de la fortuna, o bien sea que Las siete estrellas lo incrementen…
La primera asignación se ha dado a la Fortuna…
Y para que no tengas duda en la búsqueda o des erróneamente la posición de la Fortuna debes aplicar dos métodos seguros para encontrarla…

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Sin embargo, Vecio Valiente (de Antioquía, s. II) llega a citar hasta 12 partes: Horóscopo, Medio Cielo y Parte de Fortuna, estas tres rigen la vida del hombre; Parte de Dios, Parte de la Diosa, buen Espíritu, Buena Fortuna, Mal Espíritu, Mala Fortuna, Parte del Demonio, (espíritu), Parte del Eros, Parte de la Necesidad. Otros hablan de la Parte de la Religión.

A través de Ptolomeo (hacia el 150) se conservó la Parte de Fortuna. Él mismo es quien nos da la fórmula más ajustada para su cálculo: La Parte de Fortuna dista del Ascendente tantos grados como el Sol de la Luna; la fórmula para el día es: F = Asc. – Sol + Luna; para la noche es: F = Asc. + Sol – Luna:

Hemos de entender el modo por el que llega la riqueza y saber que es únicamente por la Parte de Fortuna, la cual siempre hemos de calcular mediante la distancia del Sol a La Luna, a partir del Ascendente, en natividades diurnas y nocturnas, por las razones expuestas en el estudio de la vida.

Libro IV. 1. De la prosperidad y riqueza del nativo.

Cuando los regentes de dichas partes fueren fuertes, el nativo tendrá gran riqueza, máxime si las luminarias lo testifican con testimonio de semejanza.

Con ello, además, Saturno indicará que la, riqueza del nativo ha de venir por edificios o cultivo de la tierra, o, de la navegación. Júpiter que su riqueza proviene del mundo, fama, sociedad o por donativos de la religión. Marte indica que proviene de dirección o jefatura de la milicia, o de otro gobierno o mando. Venus por donaciones de los amigos, o por mujeres que la recaudan. Mercurio afluye riqueza por negocios, mercado y por ciencias o cultura.

Si Saturno tiene conexión con la Parte de Riqueza y se asocia a Júpiter en la figura, indicará herencias que ha de recibir, más aún cuando esté en ángulos superiores (Asc. y M.C.), o si Júpiter está en signo común, o tiene aplicación con la Luna, pues en tal caso, indica que el nativo tendrá o recibirá, herencia de extraños.

Si los planetas de la misma naturaleza que los planetas regentes de la Parte de Fortuna testifican sobre ellos, la riqueza será continua e invariable. Los planetas de naturaleza contraria, si están elevados sobre los lugares principales, o ascienden después de ellos, indican falta de riqueza.

De manera general, el tiempo en que tendrá lugar puede saberse por el estado de los planetas que obran en los Ángulos y Casas sucedentes.

Julio Firmico Materno (siglo IV) en el libro IV de su Mathesis se ocupa de todo lo referente a la Luna y allí trata la Parte de Fortuna; pero silencia las otras partes. En la obra de Aly Aben Ragel (c 950), Libro conplido en los judizios de las estrellas, traducción al castellano del 12 de marzo de 1234, mandada por Alfonso el Sabio, se contemplan diferentes partes; la Parte de Fortuna6 es la más importante de ellas:

Toman la Pars Fortune, según opinión de Tolomeo de noche e de día del Sol e de la Luna e échanla de los grados del ascendent.
Cuando la Pars Fortune fuere salva y fuera de los rayos (del Sol) y su señor igualmente, significa que el nacido será sano y tendrá buena crianza y si fuera infortunada o bajo los rayos significa que será enfermo y tendrá mala crianza.

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6 Aly Aben Ragel, El libro conplido en los judizios de las estrellas, traducción hecha en la corte de Alfonso El Sabio, introducción y edición por C. Hilty, Madrid, Real Academia Española, 1954. En el libro IV y V se contemplan las diferentes partes: Pars Fortune, Pars celati, Pars stabilitatis, Pars amoris, Pars delicie, Parte del haber, Parte de la merchandía, Parte de los hermanos, Parte de la madre, Parte de la vida, Parte de la ley, Parte de la fortaleza, Pars sensus, Parte del rey y del reino, Parte del casamiento, Parte del atrevimiento, Parte de las maestrías, Parte del escapamiento y victoria. Muchas de éstas son aspectos o complementarias de la Parte de Fortuna.

En la primera mitad del siglo XII Juan Hispano (de Sevilla) se aplicó a la tarea de traducir al latín las fuentes arábigas, sus traducciones se publicaron en el siglo XVI con el nombre de Epítome de toda la astrología, donde naturalmente no falta la Parte de Fortuna. Bartolomeu de Tresbéns (ca.1373) dice:

Capítulo 33, que habla de la Parte de Fortuna, esto es, cómo se debe localizar o por el Sol si el nacimiento es de día o por la Luna si la natividad es por la noche.

¿Cuándo el nacido tendrá prosperidad o daño por la parte de fortuna?: Cuando la parte de fortuna este bien acompañada por la conjunción de planetas benignos o por estar bien aspectada (mirada) de ellos, habrá gran bien y fortuna para el nacido. Pero cuando esté acompañada por planetas malignos se sucederá gran mal y peligro para el nacido.

¿Cómo el nacido alcanzará prosperidad y beneficios por la piarte de fortuna, y eso depende de la casa en que se sitúe la dicha parte de fortuna?: Cuando la parte de fortuna caiga en el ascendente y esté bien afortunada, habrá fortuna en la vida y en la persona del nacido en salud y prosperidad; cuando esté situada en la casa 10ª y bien afortunada, será rey sobre sus parientes y mayor en dignidad, más aún si es el Sol la fortuna. Si es Júpiter podrá ser cardenal o papa más aún si la fortuna está en grados crecientes. Si está en la 7ª será afortunado en mujer; pero si aquí es mala (mal aspectada) tendrá mala suerte en ella. Si está en La casa 4ª bien afortunada, tendrá beneficios en tierras y heredades, posesiones, y será amado por sus parientes; pero si es infortunada, ocurrirá lo contrario. Y según estas cuestiones juzgarás en las otras casas.

En el siglo XVI, Jean-Baptiste Morin se refiere a ella con estas palabras: «El que es hábil para alguna cosa, cualquiera que ésta sea, tendrá ciertamente también el astro que significa esta cosa enormemente potente en su nacimiento».

Cualquier manual de cosmografía de los siglos XVI y XVII nos recoge el cálculo y alguna de las propiedades del Punto de Fortuna.

La Representación de la «Parte de la Fortuna» en el Renacimiento

Sólo conocemos tres casos en los que se ha representado plásticamente el punto astrológico llamado «Parte de Fortuna». Son los que aparecen en el horóscopo de Agostino Chigi en el techo de la Farnesina; en el horóscopo matrimonial de Gabriel Zaporta, en el patio de su palacio (Zaragoza, 1550) y en el horóscopo de Jesucristo realizado en la portada de la colegiata de Viana (Navarra, hacia 1556).

En el caso del techo de la Farnesina se representó a la Fortuna sentada sobre una nube, llevando el timón de un barco en la mano derecha y con los pelos en mechón hacia adelante (este pelo es propio de la Ocasión).

En el caso de Zaporta se representó a la Ocasión; el relieve se copió de un grabado aparecido en 1548 en una edición de los Emblemas de Alciato de los impresores de Lyon, Mathieu Bonhomme y Guillaume Rouillo, cuyo título es «Sobre la Ocasión».

En el relieve de la portada de Viana se representaron los jarros del templo de Júpiter, tema que se conoce con el nombre de «Fata Homérica», se inspiro directamente en el grabado núm. VIII, obra de Giulio Bonasone, del libro de empresas de Aquiles Bocchio publicado en 1555. El título del grabado es «En medio de la fuente de la dulzura mana algo amargo».

El hombre del Renacimiento, consciente de los múltiples y similares significados de la cambiante Fortuna y de sus formas de representación, usó cada una de ellas para el tema astrológico de «la Parte de Fortuna». Veamos estas alegorías.

Las fuentes antiguas de estas personificaciones éticas, Fortuna, Ocasión y «Fata Homérica», ya fueron expuestas en el siglo XVI por diversos estudiosos; así lo encontramos en las Mythologiae de Natale Conti en 1551, en el comentario de los emblemas de Alciato por el Brocense (1573) o por Diego López en 1615 y, en nuestros tiempos, las vuelve a recoger, entre otros, Guy de Tervarent.

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La Fortuna. Alegoría Ética: «TYXH»

Los comentaristas del Renacimiento recogen el tema de la Fortuna que ostenta el gobierno del mundo y otorga o quita las riquezas a los hombres.

Entonces se la representó como una doncella sobre una esfera para indicar su inestabilidad, con el timón de un barco para significar que gobierna el mundo (gubernaculum es el jeroglífico del gobierno); con el cuerno de la abundancia porque de él salen los dones que otorga o niega, muchas veces con los ojos vendados pues no distingue a los favorecidos, llevando una vela de barco para aludir a su aspecto cambiante como juguete de cualquier viento; tras de ella aparece un paisaje marino con un barco que unas veces está en bonanza y otras en tempestad, así como la tierra firme y un buen puerto. En otras ocasiones también se la representó haciendo girar a una rueda en la que unos reyes o personajes suben y otros bajan, o pisando o sentada sobre ésta, su rueda.

Todo ello procede de diferentes fuentes antiguas que citan los comentaristas del Renacimiento, estas son:

Galeno (s. II a. C.), al referirse a ella en In oratione suasoria ad artes, dice:

La maldad de la cual deseando los antiguos darla a entender, no contentos con haberla pintado como mujer, le pusieron el gobierno de todas las cosas en las manos y debajo de los pies una bola redonda para significar su poca firmeza y constancia y por esta causa la pintan sin ojos […]

Pacuvio (c. 200 a. C.) dijo de ella que es loca, ciega y bruta, y la ponen sobre una bola porque fácilmente se desliza. Píntanla ciega porque no ve donde se aplique, para significar que derriba al que debía levantar y levanta al que debía abatir, es cruel, dudosa y mudable; llámanla bruta porque no sabe conocer al digno ni al indigno.

Diego López (tomándolo del Brocense) continúa citando a Horacio (Odas, I, 35), dice que la Fortuna se burla de los hombres haciendo lo que quiere de ellos, de retórico hace cónsul y de cónsul retórico; a Juvenal (ca. 105) al final de la sátira décima, quien dice que no tiene ningún poder, sino que los hombres la hacen diosa y la ponen en el cielo. Igualmente toma de Aristipo de Cirene (s. v a.C.) la idea de que el arte y el oficio se hicieron contra la fuerza de la Fortuna, pero cuando la fortuna es mala busca el favor del arte. Igualmente dijo esto Agathon.

La Fortuna la encontramos citada, entre otros, en Claudio (82 a. C.), De bello Gothico; Séneca (†65), Agamemnon; Ammiano Marcelino (332-400) Romanorum gestorum libri XXXI; Lactancio (ca. 325) en las Instituciones divinas (Migne, P.L. VI, 442) se hace eco de la tradición de la medallística romana y nos la describe: «Se le representa con el cuerno de la abundancia y con el timón porque es quien reparte las riquezas y quien detenta el gobierno de las cosas humanas».

La rueda de la Fortuna que tanto éxito tuvo en el mundo gótico procede de un comentario de Boecio, que en La consolación de la Filosofía (II) escribe:

Pues he aquí lo que sé hacer, el incesante juego al que me entrego: hago girar con rapidez mi rueda, y entonces me deleita ver cómo sube lo que estaba abajo y baja lo que estaba en alto.

Sube a ella si quieres, pero a condición de que cuando la ley de mi juego lo prescriba, no consideres injusto el que te haga bajar.

El tema de la rueda de la Fortuna también va a ser utilizado en el Renacimiento, especialmente en relación con la figura de Carlos V. Queremos recordar, solamente, el grabado fechado en 1541 de Hans Sebald Beham que representó a la Fortuna, alada, con la bola a sus pies y paisaje marino, llevando en la mano su rueda y en la parte superior de la rueda, manteniéndola inmóvil, aparece sentado Carlos V emperador.

Los humanistas y artistas del Renacimiento prefirieron representar a esta alegoría como joven desnuda, o apenas tapada por un velo que se hincha en forma de vela, con un timón y sobre una bola, frecuentemente lleva los pelos como la Ocasión.

Una de las representaciones más antiguas de la alegoría de la Fortuna en el Renacimiento es la del pavimento de la Catedral de Siena, diseñada en 1505 por Bernardino Betti, el Pinturicchio. Aquí aparece llevando una vela y el cuerno de la abundancia, sus pies se apoyan uno en un barco roto y otro en una bola sobre la tierra; así se nos muestra tanto su aspecto favorable como el desfavorable y su inestabilidad. Otra temprana representación la encontramos en un grabado de Nicoleto de Módena (entre 1500 y 1512) que nos la presenta pisando el mundo al que gobierna con un timón, su túnica sirve de vela y lleva un cetro con la cabeza masculina de la Ocasión.

Los autores de empresas, emblemas y símbolos del Renacimiento no dejaron de representar a la Fortuna. Veamos algunos de ellos.

La representación que trae Gilles Corrocet en su Hecatongraphie es una de las más tempranas. La Fortuna aparece arrastrada por el viento y colocada sobre el mar pisa un delfín y una bola.

Guillaume de La Perrière nos la representa al modo tradicional, sobre la bola y con la vela, pero en su libro La Morosophie, que en gran parte está destinado a esta alegoría, tiende a representarla con una venda sobre los ojos, para indicar que es ciega.

Andrés Alciato enfrentó la Fortuna con el conocimiento de modo que éste es estable mientras la fortuna no es segura. Este tema y la representación de la Fortuna solo aparece a partir de las ediciones de 1549 en Lyon. La Fortuna aparece de modo tradicional, sobre la bola, con vela y barcos y los pelos hacia adelante, lo que es una contaminación de la Ocasión.

«El arte ayuda a la naturaleza». Así como la Fortuna descansa en una esfera así Hermes lo hace en un cubo. El preside diversas artes; ella, las casualidades. El arte se ha hecho contra la fuerza de la fortuna, pero cuando la fortuna es mala, a menudo requiere la ayuda del arte. Aprende, pues, juventud estudiosa, las buenas artes, que tienen en sí ventajas de una suerte cierta.

También a principios del Renacimiento el Pinax nos la describe así:

La Fortuna es una mujer que parece ciega y loca, sentada en una piedra redonda, la cual no solamente es ciega y loca, mas furiosa y sorda. A unos priva de toda su hacienda y la da a otros. Y de allí a poco se la torna a quitar a los que la diera…la piedra redonda significa que ningún don es firme ni constante.

Pero generalmente los grabados que ilustran este diálogo la representaron de pie sobre una bola y con un mechón de pelos hacia adelante.

Antonio Francisco Doni (1552) en su libro de la Zucca representa a la Fortuna sentada en la bola del mundo, con los ojos tapados para que reparta los bienes al azar y con el mechón de pelo hacia adelante (atributo de la Ocasión).

El caballero Imbert d’Anlezy, señor del castillo de Dunflun, próximo a Nevers, a mediados de siglo, mientras servía en las guerras del rey Francisco I, preparó un libro dedicado a la Fortuna que ilustró con cien preciosas figuras a pluma Jean Cousin y que estaba preparado para la imprenta en 1568, pero no llegó a publicarse. Aquí se trataron todos los aspectos y representaciones de la Fortuna y concretamente los tres que nos interesan:

El primer emblema es el de la Fortuna audax y así nos la describe el autor:

La fortuna aventurera y audaz generalmente se pinta de esta manera que es la más común y por ello hemos querido empezar por ella. Su divisa es la audacia y empresa aventurera de Hércules [se refiere a Francisco, duque de Alençón], es lo que significa la piel de león y la maza de Hércules.

La pintó de pie sobre una bola y un delfín (como anteriormente Corrocet), con los pelos y una vela empujados hacia delante, en el paisaje un barco que viento en popa y a toda vela llegará a buen puerto. Las armas y trabajos de Hércules son el jeroglífico de la fortuna audaz. También representó a la Ocasión y a los jarros de Júpiter.

Esta misma «Fortuna audaz» fue empresa personal de Carlos, archiduque de Austria, hijo de Fernando y sobrino de Carlos V, y así nos la representa Ruscelli.

Los grabados de Giulio Bonasone ilustraron el libro de empresas de Aquiles Bocchio, donde la Fortuna aparece generalmente alada, con timón y sobre la bola, pero también se representa con los pelos de la Ocasión. El ejemplo más bello es el del símbolo XXIII, que la representa alada con vela y timón y al lado de los pies una piedra cuadrada que pisa y otra redonda que deja a un lado. La empresa está dedicada al rey francés Enrique II y la explica así Bocchio:

El dorado destino de los reyes es para querer y poder hacer feliz. Símbolo XXIII. A Enrique rey de Francia. En otro tiempo la dorada Fortuna se solía poner en los lechos augusteos por los emperadores romanos. Ciertamente ésta inspira a los magnánimos reyes que los hombres en todo deben y desean ser afortunados por causa del estudio. Pues la Fortuna ciega la tienen los vulgares inconstantes e indistintamente favorece a los que no lo merecen. Pero la verdadera tiene ojos, ésta es para los constantes, ésta gobierna los cetros regios a los que la diosa Abundancia sujeta el timón. Así pues la resplandeciente Fortuna es para que muchos reyes, por sus propios méritos, puedan y quieran hacer felices a los hombres. Ella misma, oh digno Enrique, te trae lirios de oro para que tu des la felicidad a estos nuestros floridos siglos.

Como vemos, en el Renacimiento se prefirió el timón por ser jeroglífico del gobierno (gubernaculum), ello fue compilado por Juan Pierio Valeriano (1556) quien, siguiendo a Posidippo, une en significados Fortuna y Ocasión; afirma haber visto una Fortuna con una bola, navaja, timón y cornucopia, la bola para indicar la inestabilidad, la navaja que significa el truncarse la felicidad, el timón porque gobierna el curso de nuestra vida y la cornucopia porque es la que otorga los bienes terrenos.

Igualmente la representación de la alegoría de la Fortuna ha sido objeto de diversos libros de emblemas posteriores y de grabados renacentistas de diversos años; incluso algunos impresores la usaron como divisa, así, por ejemplo, en las prensas de Colonia de 1529.

La representación de la Fortuna usada en el techo que muestra el horóscopo del nacimiento de Agostino Chigi y que sirvió para materializar la Parte de Fortuna es obra del pintor Baltasar Peruzzi entre 1511 y 1519. Peruzzi la representó sentada y vestida, a la romana, con un timón y los pelos al modo de la Ocasión, para expresar la favorable fortuna a lo largo de la vida de su mecenas.

Esta figura de Peruzzi tiene como antecedentes directos las alegorías de la Fortuna de la numismática romana. Los coleccionistas de monedas y medallas romanas la reprodujeron en sus libros; la podemos ver en la Fortunae Augusti de Domiciano, Adriano, Antonino Pio, representada como matrona con timón y cornucopia.

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La Ocasión. Alegoría Ética: «KAIPOΣ»

La Ocasión es considerada por los humanistas del Renacimiento como una parte de la fortuna, por ello hemos visto las diversas contaminaciones en la alegoría de Fortuna. Lo característico de esta figura de la Ocasión es que aparece con los pelos hacia adelante y calva por la parte de detrás, frecuentemente lleva una navaja en la mano y unas alas en los pies.

Todos los comentaristas citan los epigramas de Posidippo, de Ausonio y la descripción de Calístrato.

Posidippo (c. 300 a. C.) hace su descripción en este epigrama:

¿Dónde nació el escultor? —En Sición. —¿Fue su nombre? —Lisipo. —Y tú, ¿quién eres? —La Ocasión poderosa. —¿Por qué vas de puntillas? —Corriendo estoy siempre. —Y las alas en los pies, ¿porqué? —Vuelo como el viento. —¿Y por qué esa navaja en la diestra te veo? —A los hombres muestro que más veloz soy que cualquier instante. — ¿Y el cabello en los ojos? —Asírmelo puede el que salga a mi encuentro. —¿Y por qué lo de atrás está calvo? — Una vez que he pasado con rápidos pies, nadie luego, aun deseándolo, puede por detrás agarrarme. —¿Y por qué te ha esculpido el artista? — Me puso en el atrio como enseñanza, amigo, para todos vosotros.

Ausonio (310-393) en su Epigrama XII In simulacrum Occasionis et Paenitentiae, inspiró directamente una grisalla del Palacio Ducal de Mantua, de la escuela de Mantegna:

Sobre las imágenes de Ocasión y Arrepentimiento.

¿Obra de quién eres? / De Fidias; quien hizo igualmente las imágenes de Palas y Júpiter; yo soy su tercer triunfo. Soy diosa conocida como Ocasión, por pocos y excepcionalmente. / ¿Por qué estás tú de pie sobre una rueda?. / Porque no sé estarme quieta. / ¿Por qué llevas talares? / Porque soy fugaz. Y porque la fortuna que Mercurio suele otorgar yo la doy cuando he querido. / ¿Por qué el pelo cubre tu rostro? Porque no quiero ser conocida. / ¿Por qué vas calva por detrás? / Para que nadie pueda cogerme cuando huyo. / ¿Quién te sigue en compañía? / Que te lo diga ella. / Dímelo, te lo ruego, ¿quién eres? / Soy diosa a quien ni siquiera Cicerón me dio nombre. Soy la diosa que exige cuentas de lo hecho y de lo no hecho, para provocar arrepentimiento naturalmente. Así me llaman Metanoea. / Dime, pues, ¿por qué te sigue? / Siempre que he pasado fugaz, ella permanece y los que yo dejé atrás se quedan con ella. Tú también mientras insistes, mientras permaneces preguntando, me llamas a mí, que ya me he escapado de tus manos.

Así pues a la Ocasión, por detrás, la pintan calva. Pues según se dice: Fronte capillata sed post Occasio calva est. Cicerón en De lnventione la define de la siguiente manera: «Es una parte del tiempo que tiene en sí oportunidad idónea de hacer o no hacer alguna cosa» (Partem temporis in se habentem alicuius rei idoneam faciendi aut non faciendi opportunitatem).

En el siglo XVI, anteriormente a los Emblemas de Alciato, encontramos figuras de la Ocasión en portadas de libros grabadas por Ambrosio Holbein, fechadas en 1518, de las prensas de Andrés Cratander de Basilea, siempre sobre una bola.

Andrés Alciato ya en 1531 refleja la Ocasión con un mechón de pelo sobre la frente y pisando la bola de la fortuna y la define con una expresión similar a la de Cicerón: «El instante de tiempo capturado que domina todas las cosas» (Cuncta domans capti temporis articulus). Organiza en el epigrama un diálogo similar al del griego Posidippo, atribuyéndola a Lisipo en vez de a Fidias. Desde la edición de París por Chrétien Wechel en 1534 esta figura apoya los pies sobre una rueda y flota en el mar.

Siguiendo muy de cerca a Alciato la vemos en el emblema núm. 57 de Guillaume de La Perriere (1539).

Aquiles Bocchio nos la representa dos veces, con los pelos hacia adelante y calva por detrás, pero siempre como parte de la fortuna.

Gilles Corrocet en su Hecatongraphie colocará un grabado con éxito: representa a la Ocasión con vela, pisando una rueda y sobre un barco, detrás de ella aparece el Arrepentimiento.37 Esta composición de Ocasión, rueda y barco servirá de inspiración a un relieve de la portada de la colegiata de Viana (Navarra), obra realizada a mediados del siglo XVI.

Imbert d’Anlezy en el número XV nos representa a la Ocasión: la pinta alada, de pie sobre una bola, con los pelos hacia delante, una flecha en la mano izquierda y un jarro en la derecha; en el texto se expresa así:

La ocasión de la Fortuna. Conocer la ocasión y oportunidad de todas las cosas del mundo es acto de sabiduría, porque ella huye más rápida que el viento, por esta razón la veis pintada con alas, con los cabellos en la frente y calva por detrás y con la flecha del arrepentimiento en su mano izquierda, para mostrarnos que cuando ella se nos presenta es preciso cogerla, porque cuando nos ha dado la espalda, no teniendo ningún pelo por detrás, difícilmente ya se la puede agarrar.

Las asas de los jarros son el jeroglífico de la Ocasión. «Es preciso coger el asa».

Esto nos explica diversas representaciones de la Ocasión (a veces identificadas como la Fortuna) en las que aparece llevando una jarra, tal es el caso de una ilustración del Doni en Il Mondo.

El Brocense, en el comentario a los Emblemas de Alciato, describe un grupo escultórico antiguo de la biblioteca de Salamanca que representaba a la Ocasión con su inscripción «καιρόσ»; el grupo estaba formado por un niño sentado sobre una bola, con los pelos sobre los ojos, con una navaja en la mano, acompañado por Mercurio y Fortuna, ésta con cornucopia; al grupo le seguía Arrepentimiento. Junto a este personaje masculino de la Ocasión tenemos que recordar la cabeza masculina de la Ocasión colocada en el cetro de la Fortuna, grabado de Nicoleto de Módena que hemos citado anteriormente.

Así pues, en algunas circunstancias, a la Ocasión se la representó por medio de un personaje masculino, ya que su nombre en griego «Kairós» es masculino y tiene en el mundo griego ya sus atributos: es alada, con taloneras aladas, pisando una esfera, con un mechón de pelo sobre la frente, y detrás de ella le sigue el Arrepentimiento por no haberla podido atrapar, lleva además una navaja sobre la que descansan los brazos de una balanza, invención que Posidippo atribuye a Lisipo.

Vasari en sus Razonamientos, representó la fortuna de Cosme de Médicis en el fresco de la Tierra de la sala de los Elementos del Palacio Vecchio de Florencia como se había hecho en una medalla de Julián II de Médicis (l513): «Esta gran mujer situada sobre la mar, desnuda hasta las caderas, con un mechón de pelo que le vuela sobre la frente, teniendo en la mano derecha una gran vela… es la fortuna de Vuestra excelencia».

La Ocasión, pues, es parte de la Fortuna (en el sentido del éxito) que puede nacer o depender de ella. Así lo consideró en 1556 Vicenzo Cartari, quien al hablar de la Buena Fortuna afirma que «los antiguos la representaron en la imagen de la Ocasión, la cual algunos la identifican con la Fortuna»; o bien se le coloca a la Fortuna el mechón de pelos de la Ocasión.

El grabado que ilustra el tema de la Ocasión de los Emblemas de Alciato sirvió de modelo directo para representar «la Parte de Fortuna» en el horóscopo matrimonial que en su palacio zaragozano mandó hacer en 1550 el mercader Gabriel Zaporta, señor de Valmañá, regente de la Tesorería General de Aragón y cónsul del Tribunal de Comercio. La variante del grabado al que aludimos apareció por primera vez en la edición de Lyon por Guillaume Rouille en 1548 y siguió repitiéndose en años sucesivos en las ediciones de este impresor y de su socio Mathieu Bonhomme. Es decir, se representó a la Ocasión desnuda, pisando sobre la rueda de la fortuna, su pelo y un manto son impulsados favorablemente por el viento, lleva en la mano derecha y por la espalda la navaja de afeitar, para indicar que por detrás está calva, y tiene un fondo de paisaje marino. En el relieve del palacio de Zaporta se la representó asimismo, pero se le añadió un detalle que hace referencia al texto clásico, se esculpió una victoria masculina alada que de pie sobre la tierra firme coge a la Ocasión por los pelos y de frente. Este relieve transforma en la plástica la idea próspera y la necesidad de aprovechar la ocasión que anuncia «la Parte de Fortuna» del horóscopo matrimonial allí representado.

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Fata Homerica o el Destino Según Homero

Así como la representación de las alegorías de la Fortuna y de la Ocasión fue frecuente en el Renacimiento, la representación del tema de las Fata Homerica o el Destino según Homero es poco frecuente.

El tema procede del último canto de la Ilíada, cuando Aquiles, al devolver a Príamo el cadáver de su hijo Héctor, le explica:

A las puertas del templo de Júpiter hay dos toneles llenos de donde él extrae las fortunas y las adversidades.
A quien el tonante dios se las da mezcladas le asiste unas veces la desgracia y otras la fortuna;
mas el que sólo males recibe vive atribulado y deambula por la Tierra sin ser honrado por dioses ni por mortales.

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Este tema lo recuerda Boecio en su Consolación de la Filosofía y así se recordará hasta el Renacimiento: «¿No aprendiste de niño que a la entrada del templo de Júpiter había dos toneles, uno lleno de bienes y el otro de males?»

La primera representación conocida de este tema es la de Guillaume de La Perrière (1539) en su emblema núm. 57, que representó al dios Júpiter mezclando líquido de dos jarros, como recuerdo de la templanza, y con la siguiente letra:

Dijo ya el buen poeta Homero, que Júpiter compensa bienes y males por igual, y el líquido amargo con el dulce juntos los da. Para este propósito es muy bello este pensamiento, Gran dolor no hay sin algo de placer, ni gran placer sin algo de maldad. El hombre no tiene todo según su deseo, unas veces gime y otras es preciso que ría.

Pocos años después, en 1543, será tema de Gilles Corrocet, quien con el mote de «Regocijo y tristeza» lo explica así: «En este mundo viviente hay quien no ha probado más que dulzuras, otros tristezas y dolores. Así dice Homero que le ocurre a cada uno». El grabado de Corrocet representa a Júpiter sentado ante sus dos toneles y dos jarros, al lado la cegada Fortuna da de beber a los hombres.

Imbert d’Anlezy hacia mediados del siglo XVI nos presenta el tema de las Fata Homérica con un dibujo de Jean Cousin.

El destino según Homero. Homero dijo que Júpiter tiene dos toneles, uno lleno de bienes y otro de males y así los da revueltos a los hombres, así ellos se gobiernan y los que beben de los dos unas veces están tristes y otras alegres. Las pompas llenas de aire son como los hombres, van según estén llenas y según su espíritu, son agitados según el licor bebido de los toneles, porque el hombre es como una burbuja o pompa llena de aire, como dice el proverbio.

Las burbujas llenas de aire son el jeroglífico del destino: «El aire de su interior les empuja».

En 1555 será objeto de Aquiles Bocchio, el cual se expresa de esta manera:

En medio de la fuente de la dulzura mana algo amargo.
El dolor es compañero del placer. Símbolo VIII.
La misma madre al mismo tiempo unas veces es pía y otras cruel madrastra.

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Pues Saturno mezcla siempre algo de amargor. Por ello la antigüedad pensó con acierto que en la entrada del templo de Júpiter había dos urnas gemelas, de las cuales una rebosa males y la otra está llena de bienes. Por ello los dioses revuelven los ánimos mortales, mezclan alegrías y tristezas. Ellos mismos eternamente están alegres y carecen de toda pena, ninguno envejece con el tiempo, sino que con una ley estable en torno al Éter, el omnipotente rey del Olimpo les manda que se apresuren a seguir sus caminos y que no se cansen en ninguna época.

El grabado que ilustra este libro es obra de Giulio Bonasone, tiene una alusión astrológica, como hemos leído otra en el texto. En el texto se alude a los dioses planetas que siguen sin fatiga un curso regular en el cosmos; pues bien, en el grabado se representó a Ganimedes en medio de los dos jarros (posible alusión a Acuario), a la izquierda junto al jarro de males aparece Saturno (infortunio mayor) y a la derecha junto al de los bienes aparece Júpiter (fortuna mayor).

Ya a finales del siglo el tema será también ilustrado, en 1581 por Juan de Borja, en 1584 por Boissard y en 1589 por Juan de Horozco.

En el caso que nos ocupa ahora, el horóscopo de Jesucristo representado en unos relieves del arco de ingreso de la colegiata de Viana (Navarra), el tema astrológico de «la Parte de Fortuna» fue materializado por un relieve que representa a Ganimedes con los dos jarros de Júpiter, inspirado directamente en el grabado del libro de Bocchio, libro que en aquellos años, en 1559, había servido de muestra directa para otra escena de Ganimedes en la puerta de la catedral de Calahorra. Lo que el promotor, el obispo don Juan Bernal Díaz de Luco, quiso que se representara es que en el momento del nacimiento de Jesús «la Parte de Fortuna» estaba en la constelación de Acuario, además que (al igual que Júpiter) Él, Dios y Hombre, repartía bienes y males incluso para sí mismo hecho hombre. Todo ello inspirándose en un comentario de Jerónimo Cardan publicado en 1554.

Nos queda una pregunta ¿Acaso no habrá un programa astrológico donde la Parte de Fortuna haya sido representada simplemente por la rueda de la fortuna? El signo astrológico usado para la Fortuna fue una rueda con cuatro radios.

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