Astrologia Antiga

Diálogo Astrológico entre Platón y el ‘Profeta’ Egipcio Peteesis

Acerca de los Símbolos Celestes y sus Tutelas sobre el Cuerpo Humano.

Breve Comentario  P.RYL. 63

Sabino Perea Yébenes

Universidad de Murcia

ΜΗΝΗ
Volumen 15 (2015)
Revista Internacional de Investigación sobre
Magia y Astrología Antiguas
Fundador: Aurelio Pérez Jiménez (Universidad de Málaga).

δ

Resumen

Comentamos el P.Ryl. 63, que es un diálogo astrológico entre el filósofo ateniense Platón y el profeta (mago, astrólogo) egipcio Peteesis, formado en Heliópolis. El papiro es un excepcional texto melotésico, que relaciona no solo los planetas, sino también los signos zodiacales con diversas partes del cuerpo humano. En el presente estudio recomponemos dos líneas perdidas de este papiro; e identificamos al profeta Peteesis con el mago Petese, muy bien conocido por los papiros demóticos de la colección Calsberg editados y estudiados por K. Ryholt.

α

1. El texto

Hablamos de un pequeño papiro (32,2 x 11,0 cm.), escrito por ambas caras, de la colección Ryland de Manchester, del que nos interesa ahora la escritura del verso.

El recto, que corresponde a la edición de P.Ryl. 379, es una columna de escritura que menciona la contabilidad oficial de determinadas tierras, con alusión a diversas rentas. La mención a Vero y Antonino Césares y su noveno año de reinado permite datar este documento, al menos con seguridad el recto, hacia finales de 168-169.

El verso, editado como P.Ryl. 63, es un texto ejecutado por otra mano, que describe el diálogo astrológico que mantienen un filósofo ateniense llamado Platón y el profeta egipcio Peteesis. Se ha datado en el siglo III, supuestamente a.C., aunque ningún editor lo indica expresamente. Realmente no tiene sentido que el recto sea de 168-169 d.C. y el verso del III-II a.C. Lo normal es que el recto, que presenta una superficie lisa, sea la cara que primero reciba la tinta, y no al revés. La opinión autorizada de Kim Ryholt, que ha estudiado los papiros demóticos en los que interviene Petese, concluye que el P.Ryl. 63 “dates to the late 2nd or the 3rd century AD and is therefore more or less contemporary with the Tebtunis temple library”.

En el diálogo astrológico Platón interroga al profeta Peteesis acerca del significado de algunos símbolos (εἴδωλα) que está mirando (quizás dibujos con los símbolos planetarios y zodicales pintados sobre un papiro, que son objeto y motivo de esta especie de “lección socrática”), y el egipcio le da una respuesta detallada, relacionando cada parte del cuerpo humano con un planeta (designado con el nombre de la divinidad homónima) o un símbolo del zodíaco. El papiro incluye al final un dibujo-esquema astrológico. He aquí el texto del P.Ryl. 63, en la edición de JohnsonMartinHunt, 1915:

[Número indeterminado de líneas perdidas]

[τὸ] υ´̣, Κρόνoυ τὸ ω ́, ἐξ ὧν ἡ oἰκoυμένη
[γε]γ[ένητ]αι. Πλάτων· τίς δὲ ἡ αἰτία τoύτων
[τ]ῶ[ν εἰ]δώλων; Πετεῆσις · ἄκoυε· Ἥλιός
[ἐσ]τι ν ̣ δεξιὸς ὀφθαλμός, Σελήνη ὁ εὐώνυμoς,
5 [Ερ]μoυ γλῶσσα ὄσφρησις ἀκoή, Διὸς
[σπλ]άνχ̣ να, Ἄρεως πλευρών, Ἀφρoδείτης
[σπ]λήν, Κρόνoυ νεφρoί, Κριoῦ κεφαλήν{ν},
[Κα]ρ[κ]ί νoυ τράχηλoς, Λέoντoς κoιλία,
[Π]αρθένoυ σιαγὼν ὀσφύες, Ζυγoῦ
10 [γλ]oυτοί, Σκoρπείoυ καθέδρα, Τ[o]ξότoυ
[..].[.]., Α[ἰ]γoκέρω τ[o]ς ὄν{ν}υχ[ες,] Ὑδρoόῳ
[γ]α[στ]ρoκνημ̣ ί α, Ἰχθύων ἀκρα ῖ ̣ α
Πλάτωνoς τ[o]ῦ Ἀθηναίων
φ ι̣ λoσ[ό]φoυ πρὸς τ[o]ὺς πρoφήτας
15 . ει τ̣ α . […]τo .. [ἀ]πάντ η σ ι ς
σύ̣νοδ[o]ς.
δι̣ ̣αλύσεως

φ

1 [de] …. la ípsilon, de Crono la omega, con las cuales el universo
2 se forma. Platón: «¿Cuál es el significado
3 de estas representaciones?» Peteesis: «Escucha: el Sol
4 es el ojo derecho, la Luna el izquierdo;
5 la lengua, la nariz y los oídos son (dominio) de Hermes; de Zeus
6 las vísceras; los costados de Ares; de Afrodita
7 el bazo; los riñones de Crono; la cabeza de Aries;
8 el cuello de Cáncer; el abdomen de Leo;
9 de Virgo la mandíbula y las caderas; de Libra
10 los glúteos; de Escorpión el “asiento”4; de Sagitario
11 [………..], de Capricornio las uñas; de Acuario
12 los muslos; de Piscis las extremidades».
13 Encuentro de Platón, filósofo de los atenienses
14 …….. las preguntas de los profetas
asamblea
….. para resolver la discusión.
[crasis]

4 Καθέδρα significa literalmente asiento o silla; metafóricamente puede aludir a la parte del cuerpo que se posa sobre la silla, es decir, los glúteos. En este texto esta interpretación no tiene sentido por cuanto los glúteos están regidos por Libra (9-10: Ζυγός [γλ]oυτoί). Posiblemente sea más correcto traducir por “pies”, o “las plantas de los pies”, ya que éstos son el asiento del cuerpo, su base. Estrabón (XVII, 1,46) emplea el sustantivo καθέδρα refiriéndose a la base de una columna (τοῦ δ᾽ ἑτέρου τὰ ἄνω μέρη τὰ ἀπὸ τῆς καθέδρας πέπτωκε σεισμοῦ γενηθέντος), imagen que nos sirve como paralelo y explicación si imaginamos a un hombre en pie.

Se trata del final de una relato dialogado, y por tanto, y por suerte, nos da el título, reconstruible con cierta fiabilidad al menos en su primera parte: Πλάτωνoς τoῦ Ἀθηναίων φιλoσόφoυ πρὸς τoὺς πρoφήτας, “De Platón, filósofo ateniense, a los profetas…”

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Como se ha visto en la versión presentada aquí, indudablemente el diálogo trata de la μελοθεσία (“asignación de las partes del cuerpo”) astrológica, es decir, la relación y regencia que cada signo astrológico tiene o mantiene con cada una de las partes del cuerpo humano, conocida por otros escritos. Este texto anónimo ofrece variantes de interés, a saber:

1. El soporte. El fragmento de papiro es una fuente antigua directa.

2. La presentación. No es parte de un tratado astrológico erudito, sino un relato dialogado y dirigido posiblemente a un público no especializado. La misma presentación en forma de diálogo es singular, y tiene una clara finalidad didáctica.

3. El público. Producido y redactado en Egipto, va dirigido a un público grecófono de Egipto, no a los atenienses ni a los “platónicos”.

4. Los actores. Para otorgar autoridad al relato, el texto presenta a dos actores o interlocutores de postín, Platón y Peteesis. Este es el único documento griego que menciona al mago Peteesis.

5. El contenido. El reparto “melotésico” que se describe o explica en la respuesta de Peteesis es muy interesante, por cuanto refiere la relación de los símbolos astrales con el cuerpo en dos grupos: primero, los siete planetas; luego, diez signos (excepto Tauro y Géminis). Por tanto, y a pesar de la falta de Tauro y de Géminis –que el escriba omite entre las líneas 7 y 8– esta relatio del P.Ryl.63 es la más completa que poseemos de la melotesia astral en textos griegos. Manilio o Empírico, en los párrafos que hablan de la melotesia solo se refieren a los 12 signos horoscópicos, siguiendo la tesis de la δωδεκατημόρια, como veremos luego, omitiendo la regencia e influencia de los siete planetas sobre el cuerpo, como vemos excepcionalmente en el P.Ryl.63.

6. El fondo. Con independencia de su contenido, quizás lo más interesante desde el punto de vista cultural, y de transmisión de la cultura, o de “los saberes”, es el hecho de que sea el sabio Peteesis el que “ilustra” al sabio Platón sobre estos aspectos de la astrología. El sentido último del texto, a la vez inocente y perverso, es que son los egipcios los que enseñan a los griegos los secretos del cosmos y, concretamente en ese caso, les muestran la conexión de los planetas (los siete) y las casas zodiacales (en número de 10) con la anatomía humana. Sobre este aspecto queda una consolidada tradición en el sentido de que los griegos, en efecto, aprendieron el arte de la astrología de los caldeos, primero, y después, y más consistentemente, de los egipcios.

Dicho esto, entremos en otras consideraciones de interés.

Los editores de P.Ryl. 63, que hacen la lectura del texto haciendo la autopsia directa, indican que las letras épsilon y omega de la línea 1 presentan encima unos signos gráficos que quizás son representaciones simples de los esquemas y, es decir los símbolos, respectivamente, de Zeus-Júpiter y de Crono-Saturno; y que “at the end of this and the following lines there are some traces which may be due to some earlier writing at right angles to the present text”, o dicho de otro modo, que puede tratarse de un texto parcialmente reescrito o mejor sobreescrito, o retocado. Nada tiene de extraño en un papiro reutilizado por la otra faz.

La mutilación del papiro en su parte superior es difícilmente reconstruible, pero al menos creo que sí se puede proponer el contenido de algunas líneas, ya que se capta bien el sentido de la primera línea conservada, que es, a su vez, la última de un relato ordenado y regencias entre cada uno de los siete planetas y las siete vocales. En los textos antiguos está muy poco desarrollada o explicada esta relación entre las vocales y los planetas. Concretamente acerca de la asociación de la letra epsilón con la Luna disponemos de la noticia de Focio en su Biblioteca, en el capítulo dedicado al mitógrafo Ptolomeo Hefestión (§190), donde recoge una noticia de este autor referida al astrólogo Apolonio de Perga, del siglo III a.C. Este, precisa el texto, “fue famoso en tiempos de Filopator por sus conocimientos astronómicos, y era llamado Épsilon porque la forma (σχῆμα) de esta letra se parece al contorno de la Luna, en cuyo conocimiento era muy experto” (Ἀπολλώνιος δέ, ὁ ἐν τοῖς τοῦ Φιλοπάτορος χρόνοις ἐπ᾽ ἀστρονομίᾳ περιβόητος γεγονώς, <ε> ἐκαλεῖτο διότι τὸ σχῆμα τοῦ <ε> συμπεριφέρεται τῷ τῆς σελήνης περὶ ἣν ἐκεῖνος μάλιστα ἠκρίβωτο). La secuencia de la cita de los planetas tiene como referencia en la Antigüedad su distancia respecto de la Tierra. Un ejemplo lo vemos en Casio Dión, 37, 19, al explicar la relación de las horas con los planetas, según las teorías egipcias, basadas en las obras de Nechepso-Petosiris, supuestamente asumidas por los pitagóricos. Estas teorías tienen relación y aplicación con las llamadas “harmonías de las esferas” y la música planetaria, que puede tener reflejo, en torno al número 7, con las notas musicales y los días de la semana. La asociación de las vocales con los planetas en Egipto es citada por Demetrio de Falero, y en el escolio a la gramática de Dionisio Tracio. Para recomponer estas líneas perdidas también nos ayuda el texto de Proclo, In Timaeum, §86: ὁ Ἥλιος ἐστὶ πηγὴ τῆς ζωϊκῆς δυνάμεως, ἡ δὲ Σελήνη τῆς φυσικῆς, ὁ δὲ Ζεύς, τῆς αὐξητικῆς, ὁ δὲ Ἑρμῆς τῆς λογικῆς, ὁ δὲ Ἄρης τῆς ἐπιθυμητικῆς.

En nuestro papiro sólo ha quedado escrita la asignación de la ω a Crono/Saturno (l. 1: Κρόνoυ τὸ ω); pero el regente (perdido en el texto) de la υ debe ser, siguiendo la secuencia lógica, Zeus/Júpiter. Siguiendo con esta proyección de asignación vocálica a los planetas, se puede proponer esta tabla de tutelas:

En consecuencia, estas atribuciones estarían escritas en las líneas anteriores, perdidas, del papiro, que propongo reconstruir así:

[Ἡλίου τὸ α´, Σελήνη τὸ ε´, Ἑρμοῦ τὸ η´,
Ἀφροδίτης τὸ ι´, Ἄρεως τὸ ο´, Διός]
[τὸ] υ´̣, Κρόνoυ τὸ ω ́, ἐξ ὧν ἡ oἰκoυμένη
[γε]γ[ένητ]αι. Πλάτων· τίς δὲ ἡ αἰτία τoύτων
[τ]ῶ[ν εἰ]δώλων; Πετεῆσις · ἄκoυε· Ἥλιός
[ἐσ] τ ι ν ̣ δεξιὸς ὀφθαλμός, Σελήνη ὁ εὐώνυμoς,
5 [Ερ]μoυ γλῶσσα ὄσφρησις ἀκoή, Διὸς
[σπλ]άνχ̣ να, Ἄρεως πλευρών, Ἀφρoδείτης
[σπ]λήν, Κρόνoυ νεφρoί, Κριoῦ κεφαλήν{ν},
[Κα]ρ[ κ ] ί νoυ τράχηλoς, Λέoντoς κoιλία,
[Π]αρθένoυ σιαγὼν ὀσφύες, Ζυγoῦ
10 [γλ]oυτοί, Σκoρπείoυ καθέδρα, Τ[o]ξότoυ
[..].[.]., Α[ἰ]γoκέρω τ[o]ς ὄν{ν}υχ[ες,] Ὑδρoόῳ
[γ]α[στ]ρoκνημ̣ ί α, Ἰχθύων ἀκρα ῖ ̣ α
Πλάτωνoς τ[o]ῦ Ἀθηναίων
φ ι̣ λoσ[ό]φoυ πρὸς τ[o]ὺς πρoφήτας
15 . ει τ̣ α . […]τo .. [ἀ]πάντ η σ ι ς
σύ̣νοδ[o]ς.
δι̣ ̣αλύσεως
[crasis]

2. La μελοθεσία de P.Ryl. 63

Si trasladamos directamente a una tabla el texto del papiro, así quedaría la lección o respuesta dada por Peteesis a Platón; que comparamos con los dos textos melothésicos más completos y conocidos, los de Manilio, Empírico y Materno.

Resultan curiosas las discordancias entre las partes del cuerpo indicadas en el papiro y las que da Manilio. Este parece establecer las relaciones en función de los parecidos de las formas y la asociación de ideas. Y así vemos que la descripción, que evoluciona en el sentido del movimiento de la aguja del reloj partiendo de la cabeza, indica que Aries, animal de fortísima testa, rige la cabeza; el cangrejo, con su gran caparazón, el pecho; el toro, animal de formidable cuello, rige esta parte de la anatomía humana; a los gemelos corresponden los miembros “dobles”, brazos y hombros; los costados, al león de lomo fabuloso; el bajo vientre a la maternal Virgen; los glúteos bien equilibrados, a la balanza; el pubis a escorpión que exhibe el aguijón; los muslos, al arquero que tensa el arco ayudándose de la potencia de sus piernas; el carnero genuflexo rige las rodillas; el medio acuático rige las piernas, que un hombre sumerge y atraviesa caminando los ríos; los peces, por su forma y su movimiento, rigen los pies. Esta distribución basada en la lógica y los parecidos razonables no coincide en todos los textos. Así, vemos algunas diferencias en las atribuciones en los textos de Manilio17 y Empírico, y muchas diferencias entre estos y el P.Ryl. 63.

17 Manilio, que escribió a comienzos del siglo I d. C., entre los últimos años de Augusto y los primeros de Tiberio, ve en el universo la obra de un creador omnipotente, mundi conditor ille, que ordena el espacio de tal forma que los cuerpos se mueven ejerciendo su influjo sobre otros con precisión admirable según un esquema ordenado. Es el mismo Manilio quien expone las relaciones de las casas zodiacales con cada una de las partes del cuerpo humano, sentando de hecho las bases de la medicina astrológica posterior, en Astr. 2.453-465. (…). Para Manilio, “Los nacidos en la tierra son engendrados bajo esta ley (in terris geniti tali sub lege creantur); por eso, aunque nazcan en los mismos signos, muestran costumbres distintas y deseos opuestos; y con frecuencia la naturaleza se desvía hacia lo peor, y a un macho sigue una hembra: en un signo se mezclan los nacimientos, ya que cada uno de los signos varía según las partes en que está dividido, y distribuye sus propias influencias de acuerdo con las dodecatemorias”.

α

3. Los interlocutores

En este diálogo mantenido entre dos sabios en medio de una asamblea de gente, como se deduce de las últimas líneas fragmentadas del papiro, vemos confrontadas dos culturas o tradiciones, la filosofía “académica” griega y la sabiduría religiosa egipcia18, que confluyen en el estudio de una materia común, la astrología: la representaciones astrales, sus significados, y su influencia sobre el cuerpo humano.

18 La melothesia, tal como la entendemos hoy a partir de los escritos de autores griegos y romanos, no se limitaba, entre los egipcios, a la relación entre las partes del cuerpo y planetas o signos zodiacales, sino también con deidades y decanos. Mil años antes de Manilio, los egipcios del Reino Nuevo ya tenían estas ideas y las representaron en paredes y papiros. (…) Recordemos que los decanos pasan a ser “dioses del tiempo” y rigen el “destino” de los hombres, con lo que la adaptación a la astrología posterior de época helenística y romana es fácilmente deducible. Las listas de dioses asignadas a las diferentes partes del cuerpo (y también a las partes del templo, que es el “cuerpo divino” en la tierra), se expresaban como letanías, como ha estudiado el propio Duquesne, con un catálogo exhaustivo de las fuentes egipcias que tratan este tema, organizadas de modo que puede seguirse el desarrollo de este ideario melotésico hasta la época clásica.

No hemos de olvidar que el texto procede de Egipto, que va dirigido a egipcios grecohablantes –y las clases cultas griegas residentes en Egipto, pero no egipcias de nacimiento– que debían conocer indudablemente a Platón, y no solamente por los libros, sino por la tradición del país, según la cual Platón visitó personalmente el país del Nilo, y se entrevistó con los sacerdotes de Heliopolis, que no sólo atendían al oficio divino, sino que eran expertos en astrología y magia, por tanto astrólogos y magos.

a) Platón en Egipto.

Diodoro de Sicilia indica que fueron varios los sabios griegos, unos legendarios, otros históricos que visitaron Egipto para aprender de los sacerdotes egipcios. Estrabón habla de dos muy importantes, e históricos, Eudoxo de Cnido (390-337), matemático, astrónomo y geógrafo que habría visitado la región de Heliópolis hacia 370, y también Platón, según este importante texto de Estrabón (XVII, 1, 29, 13-28)21:

Como quiera que sea, se muestran en Heliópolis las residencias de los sacerdotes, así como las escuelas de Platón y de Eudoxo. Este, en efecto, había venido a la ciudad con Platón, y vivieron trece años en la compañía de los sacerdotes, según algunos autores. Estos sacerdotes tenían un conocimiento muy profundo de los fenómenos celestes y secretos, y eran muy reacios a compartir sus conocimientos, y solo a fuerza de tiempo y con tacto es como Platón y Eudoxo lograron que aquellos les dejasen estudiar los fundamentos de su doctrina, que mantienen ocultos por lo general. Son estos hombres los que nos han enseñado las fracciones del día y de la noche que vienen a añadirse a los 365 días para completar el ciclo completo de un año; porque el año verdadero fue ignorado por los griegos, así como muchas otras cosas, hasta que los astrólogos modernos las aprenden de las traducciones que se hacen al griego de las obras escritas por los sacerdotes; y todavía hoy siguen aprendiendo de estas fuentes, del mismo modo que de las de los caldeos.

Se ha sugerido la posibilidad de que Platón, antes, siendo joven, hacia 395-393, hubiera realizado otro viaje a Egipto. Al viaje de Platón a Egipto y su relación con los sabios sacerdotes (profetas) egipcios, se refieren Cicerón, asegurando que allí aprendió matemáticas y astrología, Quintiliano, que insiste en el aprendizaje del ateniense de conocimientos arcanos, y en el mismo sentido se expresa Apuleyo. Diógenes Laercio (III, 6) indica que Platón viajó a Egipto para hablar con los profetas, εἰς Αἴγυπτoν παρὰ τοὺς προφήτας, idea que reproduce Filóstrato en la Vita Apolonii, I, 2, presentando a un Platón imitador de Empédocles, Pitágoras y Demócrito, que buscaban en Egipto alcanzar la ciencia de los magos; el ateniense, en el país del Nilo, “entremezcló muchas cosas de los profetas y sacerdotes de allí con sus propias teorías y que, como un pintor, dio colores a lo que ya había perfilado, jamás ha sido tomado por un mago, aun cuando se le haya envidiado más que a ningún hombre por su sabiduría” (Πλάτων τε βαδίσας ἐς Αἴγυπτον καὶ πολλὰ τῶν ἐκεῖ προφητῶν τε καὶ ἱερέων ἐγκαταμίξας τοῖς ἑαυτοῦ λόγοις καὶ καθάπερ ζωγράφος ἐσκιαγραφημένοις ἐπιβαλὼν χρώματα οὔπω μαγεύειν ἔδοξε καίτοι πλεῖστα ἀνθρώπων φθονηθεὶς ἐπὶ σοφίᾳ).

Por su parte, Clemente de Alejandría (ca. 150-215), que dedica todo el capítulo XV del libro I de Stromata a mostrar cuánto deben la filosofía y la ciencia griegas a la sabiduría oriental, indica expresamente: “Tampoco Platón niega haber importado de los bárbaros lo mejor de la filosofía, y confiesa públicamente haber ido a Egipto” (Πλάτων δὲ οὐκ ἀρνεῖται τὰ κάλλιστα εἰς φιλοσοφίαν παρὰ τῶν βαρβάρων ἐμπορεύεσθαι εἴς τε Αἴγυπτον ἀφικέσθαι ὁμολογεῖ). Poco más adelante Clemente indica cómo algunos sabios griegos son discípulos de los no menos sabios egipcios: “Se dice que Pitágoras fue discípulo de Sonchidis, el primero de los profetas, Platón de Sechnufis de Heliopolis, y Eudoxo de Cnido de Konufis igualmente egipcio”, Ἱστορεῖται δὲ Πυθαγόρας μὲν Σώγχιδι τῷ Αἰγυπτίῳ ἀρχιπροφήτῃ μαθητεῦσαι (Πλάτων δὲ Σεχνούφιδι τῷ Ἡλιοπολίτῃ, Εὔδοξος δὲ ὁ Κνίδιος Κονούφιδι τῷ καὶ αὐτῷ Αἰγυπτίῳ), añadiendo que Platón “conoce y admite la profecía” (πάλιν προφητείαν γνωρίζων φαίνεται, προφήτην εἰσάγων…).

Si Platón estuvo o no en Egipto realmente, carece de importancia. Interesa que tanto egipcios como griegos creen que tal visita tuvo lugar, si es que damos valor a las fuentes. Y que la tradición popular, como el texto del papiro P.Ryl. 63, los relaciona con toda naturalidad sabiendo que el público al que se destina acepta y da por segura esa reunión entre Platón y lo sacerdotes egipcios. Ambos personajes son paradigmáticos de la sabiduría griega y egipcia, puesta a debate en Egipto al modo platónico, es decir, como un diálogo. Se trata de un “diálogo personalizado”. Esto le confiere más autoridad y aunque a veces se pliegue a fórmulas retóricas, el hecho de que el lector encuentre nombres conocidos, ayuda a darles credibilidad. Este recurso literario se utiliza frecuentemente en textos mágicos dirigidos a gentes poco o medianamente instruidas.

b) Petese (Peteesis) en Egipto

El interlocutor de este Platón filósofo de los atenienses (Πλάτων ὁ Ἀθηναίων φιλόσοφος) es el profeta Peetesis (Πετεῆσις προφήτης). El nombre Peteesis es frecuente en los papiros y ostraca del Egipto greco-romano. Pero se trata indudablemente del sabio Heliοpolitano que conocemos en lengua demótica como Petese. Para los egipcios este nombre –como otros, por ejemplo Petosiris– no solo está a la altura intelectual de Platón, su interlocutor pariter, sino que le supera.

M.S. Funghi y F. Decleva Caizzi, 1989, en su estudio específico de este papiro, siguiendo a Kroll, indicaban que “in questo nome, non citato altrove nelle fonti greche litterarie, si è pensato que possa celarsi Petosiris, il sacerdote/astrologo egiziano associato al re Nechepso nella paternità di un celebre trattato astrologico databile al II sec. a.C., e al quale viene attribuita la melotesia zodiacale”. Que el nombre no aparezca en textos griegos, literarios o papiráceos, de Egipto no significa que el profeta (astrólogo) Peteesis sea desconocido. Al contrario.

La identidad del astrólogo y mago Petese, el Peteesis del papiro, tiene un antes y un después a partir de los trabajos de Kim Ryholt, que ha reeditado, ordenado, traducido y comentado magistralmente los disiecta membra de las historietas en la que interviene este personaje. Se trata de un conjunto de papiros demóticos –de la colección Calsberg de Copenhage, y de otras– que nos aportan 70 relatos literarios, reunidos por Ryholt primero en su libro The Story of Petese son of Petetum and Seventy Other Good and Bad Stories (1999), revisados y completados por él mismo en la publicación de 2006, The Petese Stories II. Es posible que este Petese (Peteesis) sea el mago egipcio a quien Ostanes escribe una carta apócrifa (Ὀστάνου φιλοσόφου πρὸς Πετάσιον) acerca de todo lo sagrado y la ciencia divina (περὶ τῆς ἱερᾶς ταύτης καὶ θείας τἐχνης).

Los personajes principales de la historia marco son Petese, profeta de Atum en el templo de Heliópolis, y su esposa Sakhminofret. Las escenas de situación del comienzo ya nos dan idea del contenido: Petese invoca a un fantasma, y le interroga acerca de cuánto tiempo le queda de vida. La impavidez del fantasma hace que Petese tenga que recurrir a la magia para arrancarle la respuesta al singular interlocutor. El fantasma le responde que ha consultado el libro “de los que están a punto de entrar en el reino de los muertos” y que le quedan cuarenta días de vida. Apesadumbrado, Petese vuelve a casa, y le dice a su esposa que ha tomado la decisión de dejar sus preocupaciones a un lado y pasar los días que le quedan “haciendo fiesta” con su cónyuge. Las cosas cambian en otro escenario: el templo de Heliópolis. Allí conversa con sus compañeros sacerdotes a propósito de los “libros que están guardados en el templo” y que contienen arcanos; en ellos se basa el prestigio del templo; y propone que algunos de estos libros puedan ser revelados. Algunos sacerdotes se niegan a esta posibilidad, y de nuevo Petese recurre a la magia para intimidar a un tal Hareus, realizando una práctica que conocemos por los papiros griegos de magia: modela un gato y un halcón de cera, y realiza una invocación por la cual Hareus “se somete” a estas criaturas. Más adelante volverá a recurrir a la técnica de las figuras de cera. Previendo su muerte, trata de organizar su propio funeral. Acabados los preparativos, el texto nos informa de algo muy interesante: nos dice cómo Petese concibió sus historias y las dejó escritas en papiros: crea dos babuinos de cera y los convierte en seres vivos; y les ordena que día a día deben esmerarse en recopilar y escribir un libro que contenga 35 historietas virtuosas y 35 viciosas –recordemos que el libro de Petese tiene exactamente 70 relatos– que deben redactar a modo de los libros antiguos. Como indica con razón Ryholt, el número total de historias, setenta, se relaciona con el ámbito funerario, pues setenta es el periodo ideal de tiempo que se tarda en realizar un embalsamamiento. Interesa también la importancia que se da a la biblioteca heliopolitana, y a la custodia y descubrimiento de libros antiguos en los templos, que es “a topos in the introduction to religious, scientific and didactic texts. It is in this respect noteworthy that Petese himself is also attested in relation to this topos. In another text from the temple library, he is said to be the interpreter of an ancient, scientific treatise written by Imhotep that had been discovered in the temple of Heliopolis”. Petese muere el día cuadragésimo, como le había dicho el fantasma. Pero todo estaba arreglado, pues dejó preparado su testamento literario, y también –aunque esto no se ha conservado– quedó abierta la puerta de los libros secretos de Heliópolis. En recuerdo del difunto, y siguiendo igualmente sus instrucciones, Sakhminofret, la esposa, va a la despensa de la casa y hace una ofrenda al dios Sol, quemando mirra, incienso y kyphi en un brasero, haciendo una plegaria por él, hasta que el dios Sol mismo se manifiesta y le habla, como un fantasma, con la voz de Petese.

Se habrá advertido en este resumen apresurado de la “historia” central de Petese, que se habla de necromancia, de magia, de sabiduría sacerdotal, de los libros de los templos egipcios, pero no de astrología, salvo esa metamorfosis, ya en el mundo de ultratumba, que acontece a Petese metamorfoseado en el dios-Sol en el Más Allá.

Este Peteesis (=el Petese egipcio de los papiros demóticos) viene a conversar en el papiro con Platón por mor de su heliopolitana auctoritas. El mago Petese de los papiros demóticos es, indudablemente el Peteesis del P.Ryl. 63, como indican los mejores estudiosos, como el propio K. Ryholt, en la edición de los papiros de la colección Calsberg, y J. F. Quack en su importante trabajo en el que sigue “La pista del mago Petese”.

Como resumen de este breve estudio basado en el P.Ryl. 63, concluimos:

a) Que el documento es excepcional para el estudio de la melotesia zodiacal, puesto que presenta variantes (en la atribución de cuerpos celestes y órganos humanos) con respecto a los textos canónicos de Manilio, Empírico y Materno.

b) Es el único texto melotésico antiguo que indica las tutelas de los 12 signos zodiacales más los 7 planetas. Por tanto 19 regencias de los cuerpos celestes sobre órganos humanos.

c) Basándonos en estos autores y en otros menos conocidos, como Demetrio de Falero, y el escolio a la gramática de Dionisio Tracio, hemos propuesto, por primera vez, completar al menos dos líneas perdidas del texto en su parte superior (¿inicial del documento?, que completa y da sentido a la parte escrita conservada.

d) El texto tenía posiblemente una finalidad didáctica. Puede datarse a finales del II o en el siglo III d.C., siguiendo la propuesta de Ryholt.

e) El documento presenta la particularidad de presentarse en forma dialógica, platónica; y en el mismo interviene el mismo Platón en diálogo o discusión “científica” con el mago Petese (Peteesis en el papiro), mago afamado en la literatura popular, demótica, posiblemente desde el siglo IV. Que Petese (Peteesis) fuese un mago-astrólogo formado o salido de Heliópolis no es algo banal; pues este centro es, secularmente, milenariamente, rector de las “ciencias” egipcias superiores (deberíamos de hablar de “conocimientos superiores, arcanos, guardados celosamente y muy especializados”), tal como ellos las entendían y entre las que estaba indudablemente la astrología.

f) El documento no tiene grandes pretensiones culturales, por ejemplo confrontar la cultura griega y la egipcia a propósito de la astrología –y en particular de la melotesia astral–, sino ilustrar cómo ambas tradiciones se nutren mutuamente. Los autores astrológicos griegos reconocían la importancia de Egipto en la ciencia astrológica –al menos en el desarrollo que éstos hicieron de los decanos–, y este texto papiráceo viene, en cierto modo, a corroborar esa opinión. Desde el otro punto de vista, el de los egipcios, el hecho de incluir a Platón, paradigma del sabio heleno, en sus disquisiciones astrológicas escolares era también un homenaje al prestigio de la sabiduría astrológica griega. Todo el fragmento es una clara expresión de síntesis doctrinal cosmológica, y más concretamente desde un punto de vista particular como es el de las correspondencias melotésicas; un trasvase de conocimiento, si se quiere, desde una cultura emisora en su declinar, como es la egipcia, y otra cultura receptora, la grecorromana, que aprehende y sintetiza a su modo –y en la medida de sus posibilidades– la información recibida, todo ello en un contexto claramente sincrético, que no sintético.

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