Astrologia na Ciência e Filosofia

Astrología en la Facultad

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Astrología en la Facultad de Valencia en 1636 según el Médico Mallorquín Llorenç Fe

Antonio Contreras Mas

Licenciado en Medicina

Resumen

Algunas noticias que aparecen en la correspondencia que Llorenç Fe mantuvo con su padre mientras realizaba su formación médica en la facultad de Valencia, nos permiten la aproximación a la realidad de sus estudios e intereses. Entre estos últimos la astrología se menciona en diferentes ocasiones, ya que la materia formaba parte del programa de estudios de la facultad. Sus palabras atestiguan el interés que la astrología despertó en algunos futuros médicos, a pesar del entredicho que para su estudio y ejercicio suponían las diversas y frecuentes prohibiciones eclesiásticas publicadas hasta entonces. Sus noticias mencionan al profesor que imparte la asignatura, así como las necesidades prácticas que se planteaban para la realización de un horóscopo o pronóstico de un sujeto concreto.

Presentamos algunas noticias acerca de la formación astrológica impartida a los estudiantes de medicina que adquirían su formación en Valencia a comienzos del segundo tercio del siglo XVII. Proceden de las cartas enviadas por un estudiante de medicina mallorquín a su padre, mientras recibía su formación médica, como Bachiller y Doctor, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia por aquellos años. Esta correspondencia nos permite saber algo sobre el transcurso de buena parte de la realidad cotidiana, durante los años de residencia de un joven mallorquín en Valencia, mientras adquiría su formación universitaria en medicina. Sin duda esos avatares de sus años de aprendizaje tuvieron mucho en común con los del relativamente importante número de estudiantes mallorquines que acudieron en ese período a la ciudad del Turia, para adquirir formación académica en Medicina.

Dichas cartas fueron publicadas en 1905, por el benemérito Estanislau de Kostka Aguiló en el Bolleti de la Societat Arqueológica Lul·liana. Totalizan una docena de misivas de distinta entidad, mediante las cuales Llorenç Fe informa a su padre sobre los avatares de todo orden por los cuales atraviesa durante el ciclo de sus estudios. Su autor era uno de los hijos del Dr. Alfonso Fe, el cual ejercía su profesión de médico en Mallorca. Ambos formaron parte de toda una dinastía de médicos mallorquines de ese apellido, como mínimo desde el siglo XVI. Están redactadas entre 1635 y 1637 y corresponden a los años durante los cuales Llorenç Fe permaneció en Valencia, estudiando su carrera de médico en la correspondiente Facultad de dicha capital. Tal vez procedan de algún archivo privado, aunque su transcriptor no lo especificó al publicarlas, ni en el texto se proporcionan detalles para establecer su origen. Las páginas del texto impreso apenas alcanzan la veintena, pero aun así constituyen una verdadera crónica de los sucesos de todo orden experimentados por el futuro médico Llorenç Fe durante esos años.

Ésta interesante correspondencia ha sido ignorada por todos los que se han ocupado de ese período de la Historia de la Medicina en Mallorca, excepto Sureda i Blanes. No hay alusiones a esta documentación en el segundo volumen de la Historia de la Medicina de Mallorca, de J.M. Rodríguez Tejerina, que comprende el período del Barroco, ni en la monografía sobre los Aspectes sanitaris de Pollença. Segle XVII, de Antón Pujol Bertran. Tampoco se utilizó en el capítulo que dedicaron a la historia de esta materia durante los siglos XVI y XVII, en la Història de la Ciència a Mallorca, el mencionado Antón Pujol y el que suscribe.

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Astrología y Medicina

Una de las disciplinas mencionadas en buen número de ocasiones en las cartas que nos ocupan es la astrología. La importancia que nuestro corresponsal atribuía a esta asignatura para su formación médica, se revela paralelo al experimentado por otras áreas de la medicina. Su afán por procurarse algunas obras de materia astrológica, a la cual equipara en importancia con los textos de medicina, se expresa al notificar a su padre cómo se ha ingeniado para conseguir acceder a determinadas obras selectas de ambas. En su carta del 14 febrero de 1636 le relata cómo para conseguirlas ha cultivado la amistad de ciertos eruditos personajes, propietarios de las mismas:

Dende que estoy assi e robado muchissimas cossas, tanto de medicina como de estrologia; escritos que haunque me los pagassen con oro no los daría. I digo robados porque no ago amistad sino con gente docta para que me dechen trasladar o me den el puro oro

Su interés por esta materia hace ver cómo en la época en que adquiría su formación médica en la universidad de Valencia, la astrología seguía siendo una de las herramientas utilizadas por la medicina con diversos objetivos. Respondía a la concepción cosmológica sustentada desde la teología que implicaba el dominio de los cielos y en última instancia del cielo empíreo, donde se encontraba a Dios, sobre el mundo y las cosas que en él se encuentran. Esta creencia suponía a las diversas partes del cuerpo bajo el influjo de concretos planetas y signos zodiacales, tal como podemos verla representada en las imágenes del Homo astrologicus. Tal influencia motivaba la asociación de ciertas posiciones o conjunciones astrales de estos últimos, con determinadas predisposiciones patológicas o con la indudable presentación de enfermedades por los órganos o partes corporales que estaban bajo su dominio. Dicho planteamiento hacía que el saber astrológico fuera considerado un conocimiento decisivo para establecer cuál era el mejor momento en el que debía aplicarse un tratamiento médico o realizar determinada intervención quirúrgica.

Las técnicas de predicción están basadas en propuestas de Ptolomeo y otros autores griegos de la época helenística, retomadas por los árabes y asimiladas después por las universidades cristianas, donde eran utilizadas de manera corriente gracias a las efemérides impresas. En las universidades medievales su enseñanza estaba englobada en la ciencia de los juicios (scientia judiciorum) o astrología, que comenzará a distinguirse de la ciencia de los movimientos de los astros (scientia motus) o astronomía. Ésta última era un recurso necesario, ya que la formulación de un horóscopo requería conocer la posición exacta del Sol, la Luna y los planetas, en el momento preciso del nacimiento del individuo, así como del lugar de nacimiento.

En este sentido van las concepciones del médico y astrónomo aragonés Pedro Alfonso (s. XII) que señala:

siendo la medicina la más útil y muy necesaria, no se puede tener un conocimiento pleno de ella sino gracias a la astronomía, porque merced a ésta se conocen las permutaciones de los tiempos antes de que ocurran … Este conocimiento se llama ciencia de las estrellas y se divide en tres partes: la primera es el conocimiento de la calidad y cantidad de los círculos del firmamento y de lo que en él existe, a lo que se llega por la geometría, el número y la medida. La segunda es el conocimiento de los movimientos de los círculos del firmamento y de las estrellas, que se puede calcular por el número. La tercera es el conocimiento de la ciencia de las estrellas y su influencia en las cosas terrenas, se adquiere por la experiencia.

La práctica de la astrología había sido relativamente bien tolerada por la Iglesia y cultivada regularmente por los médicos durante la Edad Media. El teólogo y matemático aragonés Pedro Sanchez Ciruelo (1470-1548) en su Reprovación de supersticiones y hechicerías (1530) refleja la aún relativa tolerancia existente por entonces con ciertos tipos de astrología. En uno de los capítulos de dicha obra, al ocuparse de la falsa astrología, hará notar:

Y porque los cielos y las estrellas alterando el ayre y la tierra: también alteran a los hombres y a las otras animalias que moran en la tierra y en el ayre y en el agua: y ansi los cielos causan en nuestros cuerpos diversas calidades: complexiones pasiones y enfermedades… Pues el verdadero philosopho que conosce las virtudes y propiedades de las estrellas: podrá por ellas conocer los effetos sobredichos en los elementos y en los hombres…

Esta situación se modifica sustancialmente a partir de la segunda mitad del quinientos. Por esos años se hará efectiva la condena del Concilio de Trento (1545-1563) a la astrología judiciaria de nacimientos, interrogaciones y elecciones, por condicionar el porvenir, al cual se entendía dependiente del libre albedrío del hombre y de la fortuna que pueden depararle los acontecimientos. Su relación de libros prohibidos aparecerá en 1564. Un observador estricto de las directrices emanadas del concilio tridentino, e incluso más riguroso, será el inquisidor español Gaspar de Quiroga (1512-1595). Sus conocidos “índices” de 1582 y 1583, precisaban de manera exhaustiva las obras relacionadas con las prácticas mágicas que debían ser perseguidas por los tribunales eclesiásticos de la Inquisición española. Su relación determinaba de forma minuciosa todos los libros tractados y escriptos, en la parte que tratan y dan reglas y hacen arte o ciencia para conocer por las estrellas y sus aspectos lo porvenir que está en la libertad del hombre. A pesar de esta rigidez en aspectos concretos, exceptuaba de la prohibición de manera explícita:

las partes de la astrologia que tocan el conocimiento de los tiempos y sucesos generales del mundo ni las que enseñan por el nacimiento de cada uno a conocer sus inclinaciones, condiciones y cualidades corporales, ni lo que pertenece a la agricultura y navegación y medicina y las elecciones que cerca de esas cosas naturales se hacen.

La Constitvcion veynte y vna… de la bula Caeli et Terrae creator de Sixto V, fechada en 1585, mantendrá idéntico criterio por lo que respecta a la astrología vinculada a estas tres últimas ramas del conocimiento. Sus disposiciones permitían expresamente tan solo las aplicaciones de la astrología a la navegación, agricultura y medicina, condenando todas las demás. Esta bula no será publicada en España hasta 1612 y una nueva bula papal de Urbano VIII promulgada el año siguiente no varió apenas la situación legal eclesiástica de la astrología. Esta aparente tolerancia no impidió la condena inquisitorial de diversos médicos por prácticas judiciarias, acusados de ser ‘adivinos de enfermedades’, durante todo el siglo XVII. A pesar de ello sabemos de la aceptación que disfrutaron esas actividades entre los médicos. Podemos verla reflejada en el considerable número de profesionales de esa centuria que fueron autores de obras donde se estudiaban eclipses y cometas y se ofrecían pronósticos.

En esta ambigua e incierta situación, debemos situar las informaciones aportadas sobre ésta cuestión por las cartas del médico mallorquín. Su valor reside esencialmente en que proceden del entorno social popular, de la calle diríamos hoy, proporcionando testimonios directos de la auténtica realidad cotidiana en la que se desarrollaba la vida de un estudiante de medicina. Esa procedencia distancia claramente sus informaciones de las que puedan proceder de los textos literarios o legislativos oficiales y de las obras de idéntico marchamo redatadas por los teólogos o los médicos, bien detractores o defensores de la práctica astrológica.

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Natividades y Efemérides

Noticias de nuestro estudiante sobre esta materia en su facultad, aparecen en la carta del 14 febrero de 1636. En ella se recoge su intención de cursar esa asignatura al año siguiente, señalando que El maestro de estrologia es o se llama Vicente Vázquez. Seguramente se refiere al autor de este nombre, natural de Valencia, que publicó Residencia General del año 1636 a instancia de nuestro meridiano. Dicho texto se editó en Valencia, por la viuda de Juan de Garriz, en 1636. Debía haber sido nombrado para el puesto docente citado en ese mismo año, ya que Navarro Brotons señala a Onofre Pelechá como catedrático de astronomía entre 1632 y 1635.

Más adelante indica a su padre que El año que viene leerán de Natividades, materia muy curiossa. Las “natividades” son los mapas del cielo en el momento del nacimiento de cada persona, los cuales constituyen la herramienta imprescindible para poder establecer el auspicio de su futuro. Dicha previsión astrológica sobre la vida de un individuo se basa en el horóscopo de su nacimiento, es decir la lista, en forma de carta celeste, de las posiciones de los planetas en ese momento concreto. Un horóscopo, por tanto, requiere el conocimiento preciso de la fecha del nacimiento y de su hora. A partir de esa información puede obtenerse una imagen esquemática, pero precisa, de las posiciones respectivas de la esfera celeste fija de referencia y de la esfera celeste móvil. Es decir, situar los signos del zodiaco y los planetas en referencia al horizonte del lugar. Fijar la posición ocupada por los astros en ese momento, es una determinación imprescindible para permitir el abordaje del pronóstico de los quince capítulos o casas que acostumbraban a explorarse de forma regular. Comprendían la complexión, la familia, el intelecto, la fortuna, los honores, el oficio, el matrimonio, los hijos, los enemigos y amigos, los viajes y la muerte.

Ese interés es el que acaso hace que cuando nuestro estudiante hubiera adquirido ya destreza en esa práctica, se le despertase el deseo de realizar sendos mapas celestes que aventurasen su pronóstico personal o el de su hermano. Esta intención parece ser la que el 20 de mayo de 1636, le hace solicitar a su padre:

Lo que jo querria de v. m.d es que me hiziesse m.d de embiarme mi nacimiento o lo de mi hermano y si jo he nacido de dia o de noche, que es cosa que me importa mucho.

Conocer la fecha y hora exactas de un nacimiento era imprescindible para poder hacer el comentario del pronóstico de manera válida. En primer lugar porque los días astronómicos van de mediodía a mediodía, existiendo una diferencia de doce horas con el calendario civil, bien de adelanto bien de retraso. En el siglo XIII la tendencia era a menudo retrasar los días astronómicos medio día, pero contrariamente a esa norma, las tablas alfonsinas lo adelantaban. En cambio algunos de los autores que publicaron los cálculos de sus tablas, preferían incluso retrasar los días astronómicos, como era el caso de Regiomontano en sus Ephemerides.

Saber la hora del nacimiento era también fundamental, ya que el movimiento del zodiaco es tan rápido que en algunos minutos varios signos pueden cambiar de posición o casa, entrañando un cambio radical de las previsiones astrológicas. No obstante debemos recordar que a menudo la extrema precisión con que se indica una hora de nacimiento es ficticia. Recae solamente en una regla astrológica llamada del annimodar. Esta regla la determina el planeta que en el momento de una conjunción o de una oposición del Sol y de La Luna, es el “señor” del grado o signo zodiacal donde tiene lugar esta conjunción u oposición. Una vez determinada la figura del cielo en el instante de la conjunción, la elección del annimodar o planeta-señor del momento es puramente astrológica. De ella dependerá la valoración de las fuerzas contradictorias o convergentes que los planetas ejercen sobre el grado de la conjunción según sea su posición respectiva sobre el zodíaco.18

18 POULLE, E.: “Horoscopes princiers des XIVe et XVe siècles”, Bulletin philologique et historique du Comite des travaux historiques et scientifiques, 1964; Astronomie planétaire.

La finalidad de la concreción de su pregunta, según podemos apreciar, está encaminada a permitirle determinar la situación de los signos del zodiaco y los planetas en referencia al horizonte del lugar. Esta última no acostumbraba a ser el resultado de una observación directa del sujeto que realizaba el horóscopo, sino que tales informaciones eran prácticamente en todos los casos obtenidas a través de tablas astronómicas. Mediante ese recurso se conseguía sin demasiado esfuerzo ni especiales conocimientos precisos de observación astronómica, un conjunto suficiente de indicaciones correspondientes a un momento de un día determinado, con lo que podía permitirse fijar la ‘figura coeli’ del momento del natalicio.

Esa necesidad concreta de disponer de unas tablas adecuadas al efecto, aparece reflejada en la misiva del 14 de febrero de 1636. En ella menciona la previsible necesidad de un texto sobre “efemérides”, a fin de poder efectuar el obligado pronóstico u horóscopo, cuya confección práctica debía solicitarse en la asignatura mencionada:

Jo si oigo estrologia es el casso que el año que viene tengo [que] embiar muy trenprano vn prognostico echo de mi mano y jusgado por mi mente; solamente me faltan Ephemerides, ques lo mas importante, y no se allan.

El nombre de Ephemérides se refiere a un “Almanaque” para proporcionarse la posición de cierto número de planetas, en especial la Luna, para cada día del año. Las tablas con sus posiciones, junto con las tablas de los eclipses, de las conjunciones y de otros eventos astronómicos eran esenciales para los astrónomos, y sobre todo para los astrólogos y los médicos. El primer texto de este tipo que se imprimió fueron las Ephemeris ad XXXII annus futuros, de Regiomontanus (Johann Müller, 1436-1476). A su primera impresión de Nuremberg, en 1474, le sucedió una segunda veneciana diez años más tarde. Las tablas que ofrecían algunos de éstos tratados permitían efectuar cálculos solo en unas coordenadas determinadas. Así ocurría en el caso de la obra de Francisco Suárez de Argüello (1608) cuyos cálculos correspondían a las coordenadas de Madrid. Otro ejemplo son las destinadas a estos mismos fines en Roma, realizadas por Andrea Argoli (1621).

Lo exiguo del título mencionado por el futuro médico, no permite identificar con seguridad a que obra se refiere cuando se queja de carecer de Ephemérides para establecer sus pronósticos. Cabe considerar además la posibilidad de que no se trate de una parte del título de la obra, sino de una forma genérica de referirse a un tipo determinado de manual astrológico. Esto impide o hace notablemente difícil establecer con certeza razonable de que texto pudo servirse nuestro corresponsal. Por ello nos limitaremos a señalar libros de este tipo, entre los y que, conservando esa palabra en el título, pudieron circular con más frecuencia por la Península Ibérica, durante esos años.

No parece referirse a las Ephemerides nouae et exactae, conjunto de tablas con las posiciones planetarias y las casas astrológicas obra Johann Stade (1527-1579) conocido sobre todo por su latinización en Joannes Stadius. Sus previsiones abarcaban de 1554 a 1570, por lo que cabe pensar en otro listado que corresponda a su momento cronológico.

Tampoco cabe pensar que fueran las de Giovanni Antonio Magini (1555-1617) autor del cual poseía también otro texto, ya que sus cálculos solo abarcaban los años 1581 a 1620, ni la continuación de las anteriores, que alcanza tan solo a 1630. Acaso se interesaría por sus Supplementum ephemeridum de 1614, donde su autor ya utiliza para la elaboración de las tablas las nuevas reglas keplerianas, que permitían una mayor precisión y exactitud. La misma razón de límite cronológico obliga a descartar las obras de este título de Johannes Kepler (1571-1630) o la de Antoine de Villon. Aunque por su proximidad cronológica, se imprimen en 1611, resulta sugerente pensar en las del médico y matemático Nicolaus Mulerius, consideramos que deben descartarse ya que estaban exclusivamente calculadas para los Países Bajos.

En la Península era de uso relativamente habitual el almanaque de Abraham ben Samuel Zacuto (1452-ca. 1515) en su edición de Luca Gaurico (1476-1558) de la cual se produjeron varias impresiones. Su versión veneciana de 1533, ofrecía cálculos de las posiciones astrales solo hasta 1552, lo que parece también eliminarla. Mejores posibilidades tiene también la obra dirigida por el alemán Johannes Stöeffler en la Universidad de Tubinga, aunque los años para los que permitía efectuar sus cálculos, 1532 a 1552, la descartarían asimismo. Sin embargo sus efemérides fueron las más difundidas en la Península durante todo el siglo XVI y primera mitad del XVII, conociéndoselas con el nombre de “almanaque de Estoflerino”. La popularidad que les proporcionó esa importante difusión, motivó su mención por escritores como Cervantes, Lope de Vega o Quevedo, quienes las citaron alguna vez o aludieron a su autor en tanto que gran astrónomo o certero astrólogo. Podrían ser alguna de las dos tabulaciones hechas por el francés Noël o Natalis Duret (1590-c. 1650) cosmógrafo de Luis XIII de Francia y del Cardenal Richelieu, pero están calculadas para París.

A Modo de Conclusiones

Las noticias proporcionadas por la correspondencia de Llorenç Fe mientras realizaba su formación médica en la correspondiente facultad valenciana, aportan la visión que un estudiante deseaba proporcionar a su padre acerca de sus estudios e intereses. Entre estos últimos la astrología aparece mencionada en diferentes ocasiones.

Sus palabras aportan un nuevo testimonio del interés despertado por la astrología en algunos futuros médicos, superando el entredicho que para su estudio y ejercicio suponían las diversas y frecuentes prohibiciones eclesiásticas emitidas hasta entonces. A pesar de ello, no cabe duda de su integración en el conjunto de asignaturas de la facultad y del atractivo que su estudio ejercía, si bien dicho interés puede no ser tan destacado ya que la materia formaba parte del correspondiente programa de estudios de su facultad.

Además de la mención concreta de quién imparte su enseñanza, aparece citada la aplicación práctica del conocimiento adquirido, mediante la realización de un horóscopo o pronóstico de un sujeto concreto. Tal vez con esa finalidad, en una ocasión posterior, solicita a su padre que le proporcione con exactitud la fecha y hora de su nacimiento y la de su hermano. Esa información era la base para poder efectuar los cálculos necesarios para establecer el mapa celeste y augurar el pronóstico de un cierto número de aspectos de la vida del sujeto. Dicha ‘figura coeli’ permitía poder fijar las posiciones de cada cuerpo celeste en el momento del nacimiento y levantar su correspondiente horóscopo.

Para realizarlo se requerían necesariamente unas tablas astrológicas o efemérides, de las cuales refiere no disponer, ni haber podido encontrarlas en el entorno universitario a pesar de ser textos relativamente comunes. Acaso su falta sea un reflejo de la persecución inquisitorial a que se veían sometidos estos textos. Hemos tratado de identificar cuales pudieron o debieron ser las efemérides o tablas astrológicas utilizadas, pero lo escueto y ambiguo de la información proporcionada por la carta y el amplio número de textos dedicados a este menester, no ha permitido establecer su título con seguridad.

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Wheel chart for Jupiter's orbit, 1540

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La Universidad de Barcelona en el Siglo XVI

Antonio Fernández Luzón

Tesi doctoral dirigida pel Dr. Ricardo García Cárcel
Universitat Autònoma de Barcelona
Departament d’Història Moderna i Contemporània

Matemáticas y Astrología

La principal cátedra científica en las facultades de artes era la de matemáticas y astrología. Según López Piñero, el pensamiento renacentista no representó grandes progresos matemáticos sino más bien un empobrecimiento conceptual, pues basaba la docencia en el contacto directo con las fuentes clásicas y excluía los textos bajomedievales, que se sustituyeron por las obras de Euclides y otros autores antiguos.

En España, si bien las aplicaciones matemáticas adquirieron amplio desarrollo, el cultivo de la matemática teórica tuvo en general escasa altura durante el siglo XVI. Lo más destacable es la aportación de los profesores prerrenacentistas formados en la escuela de los “calculatores” ingleses y nominalistas parisinos: Gaspar Lax, Pedro Sánchez Ciruelo, Luis Núñez Coronel, Juan Martínez Silíceo, Tomás Durán y Juan de Celaya. La escuela humanística, que se impuso en las décadas centrales del siglo, tuvo menos figuras cualificadas destacando especialmente el catedrático valenciano Pedro Juan Monzó y el de Alcalá, Juan Segura.

Sobre el cálculo mercantil, entre 1482 y 1600 se publicaron en España 43 obras que alcanzaron en total 77 ediciones, cifras que casi triplican las 15 obras y las 29 ediciones correspondientes a la aritmética especulativa. Juan de Ortega, Antic Roca y Juan Pérez de Moya, entre otros, publicaron tratados de aritmética, mientras que el alemán afincado en Valencia, Marco Aurel, escribió el Libro primero de Arithmetica Algebratica (1552), generalmente considerado como el texto que introdujo plenamente en España la “regla de la cosa” o álgebra.

En el campo de la astronomía, la crítica a la cosmología tradicional la encabezó Jerónimo Muñoz, profesor en las universidades de Valencia y Salamanca. En sus observaciones sobre la nova de 1572, Muñoz demostró que estaba situada en el mundo celeste y no en el sublunar, y que, por lo tanto, en el cielo también se daba la corrupción y el cambio que la doctrina aristotélica consideraba exclusivo de nuestro mundo. Pero la piedra de toque de la modernidad en este terreno radica, sobre todo, en la recepción del heliocentrismo. Por de pronto conviene aclarar que Salamanca no fue la única universidad española que preceptuó la lectura de Copérnico en sus estatutos de 1561. Alcalá de Henares no tardó en seguirla a partir de la reforma de Juan de Obando (1564). La obra de Copérnico fue utilizada también por los cosmógrafos de la Casa de Contratación y en la Academia de Matemáticas. No obstante, todo parece indicar que, más que la teoría heliocéntrica, se aprovechó la técnica matemática de Copérnico -superior en muchos aspectos a la de Ptolomeo– para la confección de tablas astronómicas y el cálculo de efemérides.

Aun cuando la revolución cosmológica copernicana fue defendida por el agustino Diego de Zúñiga en sus In Iob comentaria (1584), no faltaron críticos del heliocentrismo (Francisco Valles y Diego Pérez de Mesa) y eclécticos (Pedro Simón Abril). La posición más avanzada estaría representada por el cosmógrafo del Consejo de Indias, Juan Cedillo Díaz, quien en un manuscrito de principios del siglo XVII (Ydea Astronomica del Mundo y movimiento de los cuerpos celestiales) tradujo parcialmente el tratado de Copérnico y defendió terminantemente el heliocentrismo, además de incorporar numerosas aportaciones de Giordano Bruno, Tycho Brahe, Kepler y otros autores.

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Ante la carencia de estudios monográficos previos, los historiadores de la ciencia han venido afirmando que en Barcelona no existió cátedra de matemáticas. Este olvido ha de ser definitivamente subsanado, puesto que el Estudio General de Barcelona contó con uma cátedra autónoma de matemáticas y astrología a partir del año 1576, de la que fue titular una figura de indiscutible prestigio como Josep Micó. Al parecer, también en el Colegio jesuita de Cordelles se enseñaba matemáticas a finales del siglo XVI.

Sería, por otra parte, erróneo pensar que antes de la creación de la cátedra de matemáticas no se impartiera esta disciplina en el curso de artes. Las constituciones de 1559 establecieron que en el tercer curso de filosofía se explicaran lecciones de matemáticas a partir de “los llibres de Euclides, Aritmètica de Gemma Phrysio, la Música de Fabro, Sphera de Sacrobosco, las Theoricas de planetas de Purbachio, Astrolabi de Astophlerino y la Cosmographia de Pomponio Mela“.

El gerundense Antic Roca, hijo de una familia dedicada a las ciencias, escribió algunos tratados matemáticos que, según asevera en el prólogo de su Arithmética dedicado al cronista Calvete de Estrella, tenía intención de publicar en latín. Según Acisclo Fernández, Roca “marcó el verdadero camino que en adelante habían de seguir las Matemáticas, enriqueció el álgebra con la teoría de las igualaciones, expuesta con gran método y claridad; y resolvió por último muchos curiosos problemas de varias ciencias.

Aunque sus aportaciones a la matemática especulativa no vieron la luz, sí publicó una Aritmética práctica que, a juicio de Muñoz Delgado, es superior a la mayoría de los manuales de la segunda mitad del siglo. El libro, escrito en castellano, está concebido como una herramienta de cálculo para la resolución de los numerosos problemas de aritmética comercial que planteaba el desarrollo de las actividades mercantiles. En el prólogo, el autor hace hincapié en las aplicaciones prácticas de la obra y en las relaciones entre la aritmética y otras disciplinas:

He ilustrado toda la arithmética con diversísimos ejemplos pertenecientes a varias facultades y artes mechánicas. No terná de qué quejarse el philósofo, no el geómetra, no el músico, no el astrólogo, no el cosmógrafo, no el architecto: ni se quexarán tampoco de mí los negociantes, ni todos los mechánicos hombres. Podrán ver la Arithmética en breves preceptos contenida, con el mejor orden que he podido explicada, illustrada con estos diversísimos exemplos.

Al final del texto, pero fechado en 1565 con portada y foliación propia, Roca añadió el Compendio y breve instrucción por tener libros de cuenta, una traducción al castellano la obra de Valentín Mennher, generalmente considerada como el primer tratado de contabilidad publicado en España. A Roca se debe asimismo la autoría de Lunari y Repertori dels temps (Barcelona, 1568), una incursión en el género de los apreciados pronósticos astrológicos muy influida por el Lunario de Bernat de Granollach.

Josep Micó, natural de Vic y primo del famoso médico Francesc Micó, fue titular de la cátedra de matemáticas y astrología de 1576 a 1578. Pese a que la dotación económica de la cátedra era de 25 libras, Micó cobró en estos dos años 40 libras anuales. El 24 de agosto de 1579 renunció a su puesto, por lo cual los consellers decidieron que “la cátedra de matemáticas, cuando haya lector conveniente, sea provista con un salario de 40 libras”. La partida de Josep Micó posiblemente estuvo relacionada con sus afanes por conseguir una plaza como matemático de palacio y completar la descripción geográfica de España iniciada por el maestro alcalaíno Pedro de Esquivel y luego continuada por el ingeniero aragonés Pedro Juan de Lastanosa, quien tampoco pudo concluirla por sobrevenirle la muerte en 1576. El 11 de diciembre de 1579 Josep Micó dirigió a Felipe II una solicitud para terminar el mapa de España en la que escribía:

…cómo podría servir… y en la descripción y crónica de España, en la que entendían Pedro Juan de Lastanosa y el maestro Esquivel, por tener muchos años de experiencia y nadie llevarle ventaja. Y porque V. M. remitió dichos memoriales al secretario Gaztelu y hasta ahora no se le ha respondido, suplica a V.M. mande resovella pues, demás que será remedialle su necesidad con la mano larga que suele V. M. tener en todos los que se emplearen en su servicio, tiene por cierto que quedaría V. M. de sus trabajos satisfecho.

astrologia-design-light-vintage-maps (1)Esteban Piñero duda que Micó consiguiera seguir con los trabajos del mapa de España. Sea como fuere, lo cierto es que Micó regresó a Barcelona para regentar de nuevo la cátedra de matemáticas de 1582 a 1584. Su única aportación científica conocida es un estudio sobre el cometa de 1577, Del grande cometa que nuevamente nos ha aparecido, publicado en Barcelona en 1578 y reeditado posteriormente en 1798. Esta obra debe insertarse en la larga serie de descripciones sobre los cometas, que suscitó uno de los debates más significativos entre los astrólogos de la época. A falta de un estudio detenido del texto, únicamente indicaremos que Micó parece situarse en una posición próxima a la cosmología tradicional y menos innovadora que la del valenciano Jerónimo Muñoz:

En este Cometa como los otros, no congregación de muchas estrellas fixas, como querían los que las daban móviles por sí, ni conjunctión de planetas, como pretendían los Griegos, ni de materia hecha en el Cielo, como trabajan en defender los italianos como Cardano, y aun Españoles, qual es Hieronymo Muñoz, egregio Mathemático.

Tras la primera ausencia de Josep Mico, la cátedra de matemáticas fue regentada por el maestro Artiella que percibió 40 libras de salario, más una ayuda de 10 durante el curso 1579-80. Después, es probable que quedara vacante hasta que en 1582 volvió a ocuparla Micó. En 1585-86 la regentó el médico Nicolau Rello con un salario de 40 libras. Posiblemente quedaría de nuevo desierta algún tiempo hasta que en 1593 se nombró titular a Bernat Berengari con un salario de 25 libras. Éste a partir del año siguiente pasó a cobrar 40 libras anuales, según consta en la deliberación de los consellers:

Com a 20 de novembre de 1577 fou deliberat que a mestre Michó, que llegia la càtehdra de mathemàtiques, li fossen pagades, ultra del salari de les 25 lliures, 15 lliures més, y a vint i quatre de agost de 1579 fou feta la deliberatió que la càthedra de mathemàtiques quan se offerirà convenient lector sia proveïda ab salari de 40 lliures, en virtut y poder de la deliberatió feta per lo Consell de Cent el 14 de octubre de 1576. Per ço, attenent que Bernat Berengari ha llegida lo any passat dita cátedra de mathemátiques, per la bona satisfactió s’ha tinguda de la lectura ha feta, y attés no li són stades donades sinó 25 lliures tant solament, que per ço, inseguint la forma de dites sobrecalendades deliberations y del sobredit poder, feren deliberatió que sien donades y pagades a dit Bernat Berengari per los administradors de dit Studi 15 lliures més, al present de 40 lliures díem.

Pese a que los estatutos prohibían que un profesor impartiera clase de dos materias a la vez, el 17 de octubre de 1595 Berengari sustituyó al maestro Llacunes en la catedrilla de gramática. Los consellers justificaron su decisión aduciendo que Berengari era “de tanta doctrina quanta per a dit càrrech y major convé”, y que “totes dues càthedres les pot tenir derogant qualsevol statut”. Natural de Castellfollit (Girona), Berengari se doctoró en medicina en 1598 y continuó leyendo matemáticas y astrología hasta la tercera década del siglo XVII. El 1 de abril de 1604 fue elegido vicerrector, y en 1625 realizó la censura técnica del libro Orde breu, y regiment molt útil y profitós per a preservar y curar de Peste de Bernat Mas, donde declara ser doctor en medicina y catedrático jubilado de matemáticas en la Universidad de Barcelona. Cuando cumplió los treinta años requeridos para la jubilación, aceptó continuar al frente de la cátedra de matemáticas de por vida, por lo que se le aumentó el salario a 60 libras según se desprende de lo dispuesto en el capítulo XXI de las constituciones de 1629.

Las constituciones de 1596 sólo indicaron que la cátedra de matemáticas se leyera de dos a tres de la tarde con un salario de sesenta libras. Algo más explícitos, los estatutos de 1598 reglamentaron los ejercicios de oposición y las materias y textos que debían impartirse durante los tres años de enseñanza:

Item, statuyren y ordenaren que y haje en dit studi una cadira de mathetmàtiques, la qual se llija de deu a onze de matí o de quatre a sinch de després dinar, y que.s provehesca per oppositió ab la forma se proveyran les cadires menors. Y que la lissó de oppositió sia de la esphera o theòrica de planetas, y los qui legiran en dita oppositió hajen a fer aprés dos o tres demonstracions de Euclides devant tot lo auditori, les que de ventura se acertarà obrint lo llibre. Item, que lo lector de aquella llija de la mateixa manera que altres anys, y per lo manco done cognitió de les doctrines que.s segueixen: y axí lo primer any legirà la Aritmètica y los primers quatre llibres de Euclides, la Perspectiva y lo de Horologys; lo segon any legirà lo quint y sisè libre de Euclides, lo de mensuratione agrorum y la esphera; lo tercer any legirà theòrica de Planetas, la Cosmographia, lo de mutatione aeris de usu globis celestis & terrestris et de usu astrolabii et de usu ephemeridum.

Si se comparan este reglamento con los de Alcalá, Salamanca y Valencia, hallamos pocas diferencias significativas. La enseñanza se estructura en tres cursos en los que se exponen las materias siguientes: aritmética, geometría basada en los Elementos de Euclides, astronomía a partir de la Teórica de planetas de Peuerbach, la Esfera de Sacrobosco, cosmografía, horología, efemérides y clases práctica del astrolabio y del globo celeste y terráqueo. En los exámenes de oposición se exigía una prueba teórica sobre la Esfera o la Teórica de planetas y otra práctica que consistía en realizar algunas demostraciones geométricas de Euclides.

Las constituciones de 1629 se limitaron a nombrar titular de la cátedra de por vida a Bernat Berengari, disponiendo que tras su fallecimiento la cátedra de matemáticas se proveyera por oposición con un salario de 60 libras. El tribunal de las oposiciones estaría entonces compuesto por 21 doctores extraídos a suertes de los colegios de las facultades de teología, medicina, derecho y artes, y una vez obtenida la cátedra su titular podría ser confirmado en la plaza como estaba establecido respecto a las cátedras mayores.

En la Biblioteca Universitaria de Barcelona se custodia un manuscrito titulado De re Mathematica (1588), que quizá guarde relación con algunos de los textos entonces utilizados en las clases de matemáticas. El volumen comprende los siguientes libros: a) Tractatus: De Arithmetica practica editus inlucem ab llicentiato Mesa. Anno 1588; b) Modus fabricandi Horologium Horizontale. Ex Joanne Baptista Benedicto patritio veneto, 1593; c) Tractatus de computo temporum, con una dedicatoria del patricio barcelonés Antoni Çarrovira al cardenal romano Luvisium Dexter; d) Tratado de principios Geométricos, esto es de Puntos, Líneas, Superficies y cuerpos, contiene figuras trece.

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