Astrologia na História e Mitologia

Sexo y Signos Zodiacales

Clarke_Ars_Erotica_18

Fig. 1. Relieve con escena erótica en la parte posterior (cara B) de un espejo de bronce romano; finales del siglo I d.C.

Algunas Notas sobre el Espejo Erótico del Antiquarium Comunale de Roma

Juan Franciso Martos Montiel

Universidad de Málaga
MHNH, 11 (2011) 518-536 ISSN: 1578-4517

En sincero homenaje a mi maestro y amigo
José Luis Calvo, σοφὸς ἐν τοῖς ἐρωτικοῖς.

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Resumen

Se recuerda el hallazgo y posterior historia de un espejo de bronce conservado actualmente en el Antiquarium Comunale de Roma (inv. 13694), se describe la pieza (no se trata de un espejo con cubierta ni de una caja de espejo, como hasta no hace mucho se pensaba, sino de un espejo con mango y argolla de suspensión, alrededor de cuya cara reflectante se conserva una rueda zodiacal y en su parte posterior una escena erótica en relieve) y se hace una revisión crítica de las interpretaciones avanzadas hasta hoy para explicar la decoración –erótica y astrológica– de ambas caras.

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La imagen (fig.1) con la que abrimos este trabajo1 forma parte de un espejo de bronce romano hallado el 10 de agosto de 1877 en el Esquilino, junto a la Plaza de Santa Maria Maggiore, a poca profundidad respecto al nivel de la calle y sobre un sencillo pavimento de mármol blanco con losas de medianas dimensiones, en el que estaban apoyados los restos del espejo, ya sueltos pero aún superpuestos en el modo en que habían estado montados originariamente. Según la entrada correspondiente del Registro dei Trovamenti, se trataba de “due dischi concentrici, e sovrapposti, limitati ognuno nella periferia da un cordoncino intagliato a fuseruole, e tra i quali ricorreva una zona larga m.0,02 in cui si scorgono figure umane ed animali in rilievo, e della quale però si trovarono solo n.13 pezzi. Nel disco più grande vi si vede un bellissimo letto sopra cui uomo con manto e donna nuda in atto osceno.” Tras describir brevemente las joyas que lleva puestas la mujer representada en el relieve y los diversos elementos que rodean el lecho, la nota concluye: “Questo disco misura di diam. m.0,165 e l’altro interno, e liscio, m.0,136”.

1 Quede aquí reflejado nuestro agradecimiento al Dr. Aurelio Pérez Jiménez, que leyó un borrador de este trabajo y nos hizo valiosas sugerencias bibliográficas y de contenido, y a la doctoranda Paula Caballero Sánchez, que amablemente nos buscó datos y comprobó referencias durante una estancia de investigación en la Escuela Francesa de Atenas.

El descubrimiento fue recogido ese mismo año de forma más breve en las Notizie degli scavi di antichità (“Sulla piazza di s. M. Maggiore, a mezzo metro sotto il piano stradale, è stato scoperto un pavimento di musaico ordinario, sul quale giaceva una teca di specchio in bronzo, con rilievi osceni di arte perfetta. Il disco superiore misura nel diametro met. 0,165, l’inferiore met. 0,136.”) y en el Bullettino della Commissione Archeologica Comunale di Roma (“specchio con suo coperchio, sul quale è scolpito con molta finezza e di bello stile un gruppo erotico”). Como se puede comprobar, ya desde este primer momento no queda claro si se trata de un espejo con cubierta móvil o de una caja de espejo, como afirman las ‘Notizie’, pero en lo que sí parecen estar de acuerdo ambas notas es en que el disco “más grande” y “superior” es la cubierta del espejo, así como en la calidad del relieve en él representado, cuyo carácter “obsceno” hace además a sus autores ser muy parcos, incluso mudos, en su descripción.

Las piezas que formaban el espejo pasaron a engrosar los fondos de los Museos Capitolinos de Roma, y en los años veinte del pasado siglo se hallaban ubicadas en la galería superior del Palazzo dei Conservatori. Así, en efecto, aparece recogido en el catálogo de Stuart-Jones, quien lo define sin duda como una caja de espejo (“mirror case”) y, tras señalar las tres partes que lo componen (“the rim, the cover with decoration in relief, and the back of the case undecorated and much corroded”), describe con detenimiento las dos primeras:

The rim is formed by a narrow ornamental band of astragalus within which is a band.102 m. wide with figures in low relief, the whole much corroded and in part entirely destroyed. The field was divided into panels by a reversed lotus between scenes which run as follows: lotus; hippocampus; lotus; archer facing r. in the act of drawing his bow; lotus; indistinct object, ground broken away; lotus; reclining female figure; lotus; reclining figure; lotus; head, the rest damaged; lotus; damaged; lotus; broken; indistinct object; lotus; the legs of a male figure, the rest broken. […]

The cover is in finely worked relief, excellently preserved with brownishgreen patina. On it is incised a scene of a pair of lovers on a couch. The man is nude, his hair in tight close curls. The woman has hair elaborately dressed in the style of the ladies of the Flavian period, with high front and large chignon of plaits; she wears two bracelets on her r. arm and one on her l.; an anklet on her r. ankle, a string of beads with pendants round her neck, and a very long festal wreath of bay-leaves which hangs from her shoulders and crosses her body. The couch has a mattress carved with rich embroidery. The high back has the usual curving ends and a central band of decoration in relief representing an arcade with four statues: (1) male figure seated, facing r.; (2) Venus with Cupid at her side; (3) male figure; (4) Mercury (?). Below is a plain raised band, possibly to represent tortoiseshell. Round the whole couch at the bottom runs an astragal moulding, and the legs are elaborately turned. A drapery is festooned below. On the ground are an oinochoe and a bowl with fluted sides, on the brim of which creeps a hare, presumably introduced with aphrodisiacal significance […]. Close by is a small stool, on which a little dog sits up, yapping. The last object to l. is a footstool on which the lady’s slippers are placed. Above the couch on the wall hangs a triptych with folding doors, opened to show another erotic scene in relief. To the l. hangs a basket by four strings.

Esta descripción, que incluye además otros datos del objeto, algunos de los cuales ya conocemos, como dimensiones, lugar del hallazgo, una primera datación (“first century A.D.”), algún paralelo (“a small bronze patera of coarser workmanship […] in the Coll. Warocqué”) y bibliografía (las ya citadas notas del ‘Bullettino’ y las ‘Notizie’), encierra también algunos errores e imprecisiones que luego comentaremos. Pero lo que nos interesa destacar ahora es la historia posterior del espejo, que resumimos a continuación siguiendo, entre otros, los datos que ofrece el estudio publicado por Laura Ferrea en 1995, sobre el que enseguida volveremos.

A finales de la década de los veinte, las piezas que componen el espejo fueron trasladadas al antiguo Antiquarium Comunale, un edificio construido en 1890 como depósito arqueológico en la colina del Celio y en cuya sala IV, dedicada a los objetos de bronce, estuvieron expuestas entre 1929 y 1939. Pero ese año, a causa de los graves daños que afectaron a su estructura durante las obras de construcción del Metro romano, el edificio hubo de ser abandonado (estado en el que aún permanece actualmente) y las piezas, junto con el resto de materiales depositados hasta entonces en el Antiquarium, comenzaron un largo peregrinar por diversos museos e instituciones que hizo que se perdiera la relación entre ellas, como puede comprobarse por los números tan alejados entre sí que se les adjudicó en el inventario posterior a esa etapa de dispersión de la colección. Durante un tiempo, además, el disco con la escena erótica estuvo guardado en una caja sellada, por temor a que su “obscenidad” pudiera perturbar la moralidad pública, pero a comienzos de los años setenta volvió a la circulación, y poco después apareció por fin citado, reproducido y comentado (siempre como “espejo” o “cubierta de espejo”) en diversos libros especializados, aunque con una evidente vocación divulgativa, sobre erotismo en la Antigüedad, e incluso fue exhibido en dos exposiciones (en ambos casos como “coperchio di teca di specchio”) realizadas en Roma a principios de los noventa. Poco después se volvieron a identificar y reunir las piezas que formaban originalmente el espejo y, una vez restaurada la cenefa con figuras y recompuestos todos los elementos, pasó a formar parte de la exposición permanente del nuevo Antiquarium Comunale, donde se exhibe desde diciembre de 1994.

La restauración y correcta identificación del objeto fue anunciada a la comunidad científica en el citado artículo de Laura Ferrea de 1995, en el que se hacían básicamente dos novedosas precisiones, una de carácter tipológico y la otra iconográfico. La primera es que no se trata de una caja de espejo, ni tampoco de un espejo con cubierta móvil, por más que el disco con el relieve erótico recuerde, tanto por sus dimensiones como por su decoración, a diversas cubiertas de espejos de ese tipo, por ejemplo una bastante conocida, procedente de Corinto y datada en la segunda mitad del siglo IV a.C., que se conserva en el Museum of Fine Arts de Boston y con la que nuestro disco ha sido comparado en numerosas ocasiones (fig.4).

igure 2. Male-female couple with Eros, exterior of a mirror case, bronze, from Corinth. Museum of Fine Arts, Boston.

Fig. 4. Cubierta de espejo de bronce con escena erótica, procedente de Corinto; Museum of Fine Arts, Boston.

Razones como la técnica de elaboración del relieve del disco mayor (distinta a la empleada habitualmente en los espejos con cubierta), la falta de acabado de su cara interior (de donde se deduce que ésta no quedaba a la vista) y la improbable articulación de ambos discos mediante una bisagra o algún otro mecanismo (puesto que el disco con relieve, que debería ser la cubierta, es mayor que el disco liso, siendo así que lo normal en este tipo de espejos es que, cuando cada disco tiene un tamaño diferente, sea el pequeño el que funcione como cubierta) llevan a Ferrea a afirmar que el disco con el relieve erótico no constituía la cubierta del espejo, sino en realidad su parte posterior, sobre cuya cara interna se fijaba el disco reflectante, siendo cubierta la parte sobrante por la cenefa circular con figuras, que quedaba a su vez fijada a los bordes de ambos discos por los dos cordoncillos ribeteados, unidos al conjunto mediante minúsculas solda duras de plomo (fig.5).

Dos pequeñas ranuras en el borde superior de la cara interna del disco con la escena erótica, en correspondencia con una de mayores dimensiones en su borde inferior, sugieren que se trataría de un espejo con mango y gancho de suspensión, similar a los representados en un sarcófago de mediados del siglo III d. C. procedente de Ostia, actualmente en el Museo Gregoriano Profano.

Pero Ferrea encuentra dos problemas en esta hipótesis. Uno es que de este tipo de espejo de mano, con mango y anillo superior de suspensión, no se conoce, según esta autora, “nessun esemplare reale analogo a questo dell’Esquilino”, sólo versiones en miniatura más o menos similares hechas de plomo y vidrio. Suponemos que Ferrea debe referirse a ejemplares de la misma época y de decoración similar, porque, aunque nosotros tampoco conocemos ningún ejemplar romano de este tipo de espejo, sí que existen no pocos en el mundo griego, por ejemplo un espejo de bronce procedente de Tarento, de la segunda mitad del siglo IV a. C., que conserva el mango en forma de eros alado y una argolla superior para colgarlo.

El otro problema es que, dado el considerable peso del espejo, sostenerlo con una sola mano a la hora de usarlo para acicalarse implicaría no poco esfuerzo, por lo que Ferrea admite también la idea de que se tratase de un espejo de pie con uno o varios elementos decorativos en su borde superior. Esta segunda posibilidad, sin embargo, plantea igualmente dificultades, pues el tipo de espejo de pie (llamado habitualmente “de cariátide”) sólo encuentra ejemplos en espejos griegos de finales de época arcaica y de época clásica (concretamente desde mediados del siglo VI hasta la segunda mitad del V a.C.), y no está documentado en el ámbito romano.

Con todo, ya se trate de uno u otro tipo de espejo, la segunda novedad de calado que aporta el trabajo de Ferrea, tras un delicado trabajo de restauración de la deteriorada cenefa de bronce que circundaba el disco reflectante, es la identificación de las “figure umane ed animali in rilievo” de las que hablaba el Registro dei Trovamenti en 1877 con los doce signos del zodíaco, que ni Stuart-Jones en su catálogo de 1926, como vimos, ni ningún otro estudioso posterior habían reconocido hasta entonces como tales. La secuencia de los signos, separados cada uno de ellos por un elemento decorativo formado por dos flores de loto contrapuestas, sigue el habitual sentido antihorario, de derecha aizquierda, como podemos ver en el dibujo numerado que ofrece la propia Ferrea (fig.9).

La secuencia comenzaría, pues, en Aries (1),21 pero este signo, junto con los dos siguientes, Tauro (2) y Géminis (3), han desaparecido completamente. Para la descripción de los siguientes, transcribimos a continuación las palabras de Ferrea:

Del Cancro [Cáncer (4)] restano le chele, rivolte verso sinistra, e le zampette ai lati del guscio, del quale però si indovina la forma tondeggiante; subito dopo il Leone [Leo (5)], del tutto mancante tranne la coda, è evocato, in movimento verso destra, dal contorno della lamina di fondo. La Vergine [Virgo (6)] è piuttosto ben conservata e raffigurata come una fanciulla vestita di tunica e mantello, rivolta verso destra, con i capelli raccolti in un alto nodo sulla nuca; anche la Bilancia [Libra (7)] è impersonata da una figura femminile panneggiata, con i capelli raccolti, di profilo verso destra, che sorregge con la mano destra una bilancia con piatti emisferici. Seguono lo Scorpione [Escorpio (8)], di cui rimangono le chele e la temibile coda ripiegata (anche qui il perimetro della mancanza disegna la sagoma del corpo, ai lati del quale sono indicate sottili zampe) ed il Sagittario [Sagitario (9)], raffigurato come un centauro in atto di scagliare una freccia verso destra, di cui si conservano la testa, il braccio destro con l’arco e la parte finale della coda. Il Capricorno [Capricornio (10)], mezzo capro e mezzo pesce, con lunga coda attorcigliata, è piuttosto integro, tranne che per il muso; dell’Aquario [Acuario (11)] restano invece solo le gambe nude e sul lato destro sottili incisioni verticali ondulate indicano l’acqua da lui versata. I Pesci [Piscis (12)] sono raffi gurati secondo il solito schema invertito e restano sulla destra la coda dell’uno sopra la testa dell’altro.

21 Como suele ser habitual, no sólo “por ser el macho el que manda y el que ocupa el primer puesto, como afirmaba Ptolomeo, Tetrabiblos 1.13.2, sino principalmente porque la constelación de Aries contenía en la Antigüedad el punto en el que una vez al año se producía el equinoccio, esto es el momento en el que el Sol, en su movimiento anual aparente por la eclíptica, pasaba de Sur a Norte a través del ecuador celeste, señalando el comienzo de la primavera en el hemisferio norte. Actualmente, debido a la PRECESIÓN DE LOS EQUINOCCIOS, este punto, aunque se sigue llamando entre los astrónomos primer punto de Aries, no está ya en esta constelación, sino en la de Piscis.

Tanto el orden y disposición de los signos como su iconografía se ajustan a los modelos usuales en esta época, pero lo que plantea problemas es determinar las razones que llevaron a la inclusión de estos símbolos astrológicos en nuestro espejo y la relación que pueda existir entre éstos y la escena erótica de su cara posterior. En la Antigüedad, como es sabido, el espejo formaba parte habitualmente del ajuar femenino y era un atributo característico de la diosa Afrodita-Venus, a quien se solía representar con un espejo, por lo que no es infrecuente encontrar motivos eróticos en estas piezas, desde imágenes de la propia diosa y de erotes o amorcillos hasta symplegmata de distintos tipos. Pero en el caso de los signos astrológicos, la explicación ya no es tan evidente, entre otras razones porque, a pesar de que la imagen del zodiaco se encuentra por todas partes en la Antigüedad, reproducida tanto en templos, tumbas, estatuas, mosaicos y pinturas como sobre joyas, monedas, lámparas y objetos de uso decorativo, sin embargo, como señala Ferrea, “non sono noti altri specchi con analogo soggetto”.

Aquí habría que hacer una salvedad, pues sí que tenemos noticia, pace Ferrea, de al menos un espejo más de tema análogo. En efecto, cuando André de Ridder, a finales del siglo XIX, compiló el Catalogue des bronzes de la Société Archéologique d’Athènes (cuyos fondos pasarían poco después al recién creado Museo Arqueológico Nacional), mencionaba un disco de espejo de 10cm. de diámetro procedente de “Héraklée de Propontide” cuya escueta descripción rezaba del siguiente modo: “Disque de miroir avec incrustations d’or, de mauvais style et d’époque romaine. Au centre, deux bustes, l’un radié. Autour, lions courant, crabe, taureau, centaure, personnages voilés de longs manteaux, etc.”. Las fundadas sospechas de que se trata de signos del zodiaco (presumiblemente Leo, Cáncer, Tauro, Sagitario, quizás Géminis o Virgo) se ven confirmadas por dos vías: la guía de Marbres et bronzes du Musée National compilada en 1907 por Staïs, cuyo nº 7495 dice así: “Disque de miroir, incrusté d’or, trouvé à Héraclée de Propontide. Au centre, deux bustes (Hélios et Séléne) et au bord, dans des tableux séparés, comme sur le nº 7484, diverses figures minuscules d’hommes et d’animaux (le zodiaque). Des temps postérieurs. (Ridder, nº 171)”, y el artículo “Speculum” que el propio Ridder escribió años más tarde para el Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines de Daremberg-Saglio, en el que, junto a una cubierta de espejo de plata, de época tardía, conservada en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, cuyo contorno está dividido en cuadros separados que representan los doce trabajos de Heracles (la misma pieza señalada por Staïs con el nº 7484)30, mencionaba “[u]n autre disque, venant d’Héraclée et conservé au même endroit, […] orné des signes du zodiaque”, indicando en nota la referencia de su citado catálogo.

30 STAÏS, 1907, nº 7484: “Couvercle de miroir en argent, de prov. inconnue; incrustations d’or au centre et autour; il est d’un travail minutieux et fort habile. Le centre est decoré de fleurs et de cercles, tandis que le circuit est orné de tableaux séparés, représentant les travaux d’Héraclès, etc., fort endommagé. Des temps romains (?)”. Sería tentador relacionar esta cubierta de espejo con los doce signos zodiacales, pues no es la única vez que los doce trabajos de Heracles aparecen representados así en un disco, como un zodiaco, y también a veces se identifi ca a Heracles con el Sol, por lo que cabría pensar que también sus doce trabajos podían identificarse con los doce signos del zodiaco y representarse de manera similar. Pero no hemos encontrado referencias en este sentido que apoyen tal identificación, sino más bien al contrario: en el catálogo de GUNDEL, 1992, sólo aparecen dos piezas (nº 4: globo zodiacal bajo el busto de Cómodo-Hércules; nº 51: apoteosis de Heracles circundada por el círculo zodiacal) que relacionan el zodiaco con el héroe, pero no con sus trabajos, y DÜRRBACH, 1900, afirma que se trata de una identificación “erudita”, de época moderna, mientras que BOARDMAN, 1990, dice que, aunque a veces puedan encontrarse los doce trabajos dispuestos en un disco, como un zodiaco, la intención original no era representar el zodiaco ni el curso solar.

Ferrea tiene razón, sin embargo, en que, ya sea solo o con este otro paralelo, el espejo del Esquilino, con sus signos zodiacales, “contribuisce a dare una testimonianza dell’ampia diffusione dell’astrologia nel mondo romano”. En lo que ya no estamos de acuerdo con ella es en la hipótesis que sugiere para explicar la inserción de la simbología astrológica en la pieza, una hipótesis basada en la frecuencia con que en época imperial se representaba a Helios en el interior del círculo zodiacal, de manera que el círculo zodiacal alrededor del disco reflectante del espejo, además de simbolizar una relación general con el cosmos de la persona que se miraba en él, podía hacer también que ésta se identificara idealmente con el Sol. Hay que reconocer que, en la Antigüedad, la representación del zodiaco en forma de círculo o anillo se prestaba particularmente a interpretaciones simbólicas y religiosas, pues el zodiaco indicaba no sólo la órbita de los planetas y toda la rueda celeste, sino que implicaba también a grandes rasgos todas las relaciones astrales que influían en el curso de la vida, según las creencias de la época; pero en el centro de esas representaciones circulares aparecen también con frecuencia, aparte de Helios, muchas otras divinidades, como son Zeus, Hera, Serapis, Isis, Ártemis, Astarté, Pan, Medusa, Mitra, etc., y, tratándose de un objeto tan íntimamente ligado a las mujeres como es un espejo, habría que pensar más bien que su usuaria se identificaría mejor con una divinidad femenina, no masculina como el Sol. Además, Ferrea no establece una relación convincente entre la distinta decoración, erótica y zodiacal, de las dos caras del espejo del Esquilino, más allá del endeble expediente de recurrir al Satiricón de Petronio para recordar, por un lado, las múltiples peripecias eróticas descritas en la novela y, por otro, la escena en la que Trimalción ofrece a sus invitados una gran fuente redonda con los signos del zodiaco dispuestos en círculo y sobre ella una serie de suculentos manjares en correspondencia con cada signo,35 acerca de los cuales disertará después el anfitrión con pretensiones eruditas. Cierto que esta conocida escena puede ilustrar “la penetrazione profonda della cultura astrologica nella vita quotidiana dei romani in età neroniana, tanto più interessante in quanto il nostro specchio è posteriore di pochi decenni”, pero no parece aceptable equiparar la delicada y a la vez apasionada escena de cama de nuestro relieve con la sexualidad, a menudo grosera y descarnada y en buena parte homoerótica, que bulle por las páginas de la novela de Petronio, y mucho menos comparar el perrito que juega a los pies del lecho de los amantes con la perrita “asquerosamente gorda” (indecenter pinguem) que el favorito de Trimalción atiborra de pan y azuza a pelear con el perro de su dueño, causando un enorme estropicio en la sala donde se celebra el banquete.

35 Petronio, Satiricón 35 y 39. Un precedente de esta “gastronomía astrológica” lo encontramos en la fuente mencionada por el comediógrafo Alexis, del siglo IV a.C., “que orgullosa exhalaba el olor de las Estaciones, / el hemisferio de la bóveda celeste entera. / En efecto, en ésta había todo lo que es bello, / peces, cabrillas, entre las cuales corría una escorpena, / y huevos cortados por la mitad se mostraban a manera de estrellas”. La decoración de fuentes, platos y copas con constelaciones y signos zodiacales (¡incluso con bustos de reconocidos astrónomos!) no era infrecuente en la Antigüedad.

Pero, aparte de estas críticas, el de Ferrea es en general un trabajo sólido y novedoso, como ya hemos dicho, tanto por precisar el tipo de espejo del que se trata cuanto por identificar los signos zodiacales de su cara anterior. Sin embargo, estos logros están tardando aún en ser conocidos por los estudiosos, pues la mayoría de quienes desde 1995 han citado o comentado el espejo, principalmente su relieve erótico, siguen diciendo que éste es la cubierta, quizá porque repiten datos tomados sin la debida comprobación de otros estudios anteriores, y sólo unos pocos hablan ya de que el disco con el relieve erótico es la parte posterior del espejo y reparan (no todos) en la existencia de los signos zodiacales.

Entre estos últimos autores, sólo John Clarke, por lo que sabemos, ha estudiado con cierto detenimiento la pieza y le ha dedicado varias páginas en uno de sus últimos libros, separándose, por cierto, de la interpretación de Ferrea y avanzando una propia. En primer lugar, por exponerlo en forma resumida, Clarke piensa que “la imagen principal del espejo” era la escena sexual, “que sin duda debía de condicionar el significado del zodíaco, y no a la inversa”; en segundo lugar, y en cuanto al zodiaco, cree que “la mujer que se miraba en el espejo habría considerado la presencia del zodiaco que lo rodea como una referencia a dos tiempos distintos: el instante inmediato y el tiempo en general. […] Así, mientras que por un lado la propietaria del espejo veía su imagen enmarcada por un recordatorio literal del paso del tiempo, al volver el espejo se encontraba con la imagen de lo mejor que Venus podía ofrecerle”. Aunque esta interpretación de Clarke nos parece más aceptable y sugerente que la de Ferrea, sin embargo debemos hacer algunas precisiones. Respecto a considerar la escena sexual como “imagen principal”, ha de tenerse en cuenta que, dado el tipo de espejo del que se trata (un espejo de mano con argolla, o bien uno de pie, como demostró Ferrea), la cara que estaría habitualmente a la vista sería la del zodíaco, no la del relieve erótico, que era la parte de atrás del espejo, como sabemos, y por tanto no era visible cuando el espejo permanecía colgado en la pared (en el caso de que fuera un espejo de mano con argolla) o apoyado en alguna superficie (en el caso de un espejo de pie); así que los signos zodiacales parece que eran más importantes, puesto que estaban habitualmente a la vista tanto cuando el espejo se usaba normalmente como cuando no se usaba. En cuanto a que la decoración zodiacal de la cara reflectante del espejo simbolizaba el paso del tiempo, conviene señalar que también podría simbolizar la vida eterna, en el sentido de suscitar o facilitar en su dueña el deseo o la convicción de alcanzarla, pues en no pocas representaciones del zodiaco suele estar implícita la concepción de la supervivencia en las estrellas más allá de la muerte, especialmente en sarcófagos y monumentos funerarios donde el busto del difunto está rodeado por el círculo zodíacal. Con esto encajaría bien, por cierto, la pretensión de Clarke de que el espejo del Esquilino fuera una ofrenda póstuma a Venus por parte de su dueña, aunque nos gustaría saber en qué datos se apoya para afi rmar que se encontró “enterrado junto a las cenizas de su propietaria”44.

44 CLARKE: “Según los arqueólogos, el espejo se hallaba enterrado junto a las cenizas de su propietaria a modo de homenaje, no sólo en memoria de su propia belleza, sino también como ofrenda a Venus por los placeres sexuales con los que la había obsequiado en vida”.
Campanile de la Iglesia de San Lorenzo, Génova

Fig. 11. Sarcófago de mármol; c. 200 d.C. Campanile de la Iglesia de San Lorenzo, Génova.

Para terminar, querríamos sugerir una hipótesis, aun a sabiendas de que es bastante arriesgada, acerca de la identificación de las cuatro fiuras representadas bajo sendos arcos en el cabecero de la cama del relieve erótico. Ya Stuart-Jones, sin aportar ninguna explicación que lo sustentara, se había aventurado a identificar en la segunda arcada, comenzando por la derecha, a “Venus with Cupid at her side” y a Mercurio, quizás, en la última, mientras que Ferrea, con mejor criterio, habla de “quattro personaggi entro arcate, appena accennati e quindi di difficile lettura, ma forse identificabili con divinità”, aunque en nota apunta que “la terza figura potrebbe essere Ercole”. Por nuestra parte, estamos de acuerdo con Ferrea en que las cuatro figuras deben de ser divinidades, pero sugerimos identificarlas con las Horas, las divinidades que presiden las revoluciones de las constelaciones celestes. Existen, en efecto, desde mediados del siglo I d.C. numerosas representaciones en las que las Horae se relacionan con el círculo zodiacal. Por otra parte, hay paralelos específicos en cuanto a la disposición de las figuras, pues se conserva, empotrado en la torre del campanario de la Catedral de Génova, un sarcófago de mármol (fig.11), fechado entre finales del siglo II y principios del III d.C., con un relieve que representa a las cuatro Horas bajo sendos arcos, de forma muy similar a la representación del cabecero del relieve de nuestro espejo.

Las Horas, además, en su función de representación de las cuatro estaciones, habitual ya en época romana, están relacionadas también con la fecundidad y el ciclo de nacimiento y muerte de la naturaleza. De esta forma, pues, podrían relacionarse con el concepto del paso del tiempo (e incluso con el de supervivencia tras la muerte) tanto la cara anterior del espejo del Esquilino, con su rueda zodiacal, como la cara posterior, con el relieve erótico, abonando así la mencionada hipótesis interpretativa de Clarke.

roman intaglio of the zodiac

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