Astrologia na Medicina e Psicologia

Emblemática y Medicina

Descripción y Comentario del Emblema de Juan Sambuco Titulado Partes Hominis

Alberto Alonso Guardo

Dpto. de Filología Clásica
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad de Valladolid
HUMANISTICA LOVANIENSIA 
LEUVEN UNIVERSITY PRESS
Journal of Neo-Latin Studies Vol. LVII – 2008

γ

1. Introducción

En este trabajo estudiamos uno de los emblemas del famoso filólogo, historiador, poeta, médico y, en definitiva, polifacético humanista húngaro János Zsámboky, también conocido como Iohannes Sambucus.

Dicho emblema está editado en su obra titulada Emblemata,2 donde aparece en la página 118. Su título es Partes hominis y versa sobre cuestiones de medicina, más concretamente sobre la denominada ‘medicina astrológica’, pero antes de pasar a comentar más detenidamente dicho emblema, es preciso añadir algo sobre la vida de su autor.

2 Para este estudio, hemos empleado la editio princeps: Juan Sambuco, Emblemata cum aliquot nummis antiqui operis (Amberes: Christophorus Plantinus, 1564), cuya portada reproducimos al final de este artículo, en la Figura 1.

2. Juan Sambuco: Vida y obra

Juan Sambuco nació el año 1531 en la ciudad de Nagyszombat, que, por entonces, pertenecía a Hungría y en la actualidad está situada en territorio eslovaco con el nombre de Trnava. De familia próspera y acomodada, entre 1542 y 1552 llevó a cabo una peregrinatio academica por diversas universidades europeas de Centro Europa y Francia, actividad esta que le permitió adquirir una excelente formación como humanista consiguiendo en 1552 el grado de magister en Filosofía en la Universidad de la Sorbona.

A partir de aquí se abre una nueva fase de su vida que se extiende desde 1553 a 1564 en la que continúa con sus viajes por Europa aprendiendo, enseñando, coleccionando libros y monedas e intentando conseguir un buen puesto de trabajo para poder ganarse la vida con sus actividades literarias y eruditas. Durante esta época es cuando realiza sus estudios de medicina en la universidad italiana de Padua donde obtiene el grado de licenciado en 1555, si bien no parece que fuera una disciplina que le entusiasmara mucho, más bien una manera de poder subsistir en caso de necesidad. Ese mismo año, huyendo de la peste bubónica, se dirige a Bolonia, donde Aquiles Bocchi acaba de publicar su Symbolicarum quaestionum libri quinque, una colección de ‘emblemas’, aunque todavía no sean denominados así.

En 1557 vuelve a Viena, a la corte de Fernando I, donde, tras colaborar como bibliotecario en la biblioteca imperial, alcanza el modesto título de familiaris aulae. Éste fue su primer paso en su aspiración para desarrollar una carrera en la corte.

De 1559 a 1564 trabajó como preceptor de jóvenes de buena familia como Jacobo Fugger, miembro de la famosa familia de banqueros, y siguió realizando viajes por Europa: Francia, Italia y Paises Bajos. En 1563 Sambuco se encuentra en Gante, donde prepara la publicación de su colección de emblemas, compuestos unos años antes durante su segunda estancia en París entre los años 1560 y 1562.

Finalmente, en agosto de 1564, después de veintidós años de viajes, Sambuco se afincó en Viena comenzando una nueva y definitiva etapa en su vida prestando servicio a los Habsburgo, primero con Maximiliano II y, posteriormente, con Rodolfo II. En 1565 alcanzó el puesto de historiógrafo imperial como sucesor de Wolfgang Lazius, y en 1567 fue nombrado médico de la corte y obtuvo el título de comes palatinus. En torno a 1569 se convirtió en consiliarius aulae. En virtud de estos cargos y títulos, Sambuco desempeñaba no sólo las tareas propias de un erudito historiador y filólogo, sino que también asumía funciones de médico y secretario, si bien a un nivel secundario.

En 1575 se llevaría una gran decepción profesional, cuando el puesto de bibliotecario imperial (praefectus bibliothecae) fue a parar a manos de Hugo Blotius. No obstante, continuó al servicio del emperador hasta su muerte acaecida en Viena en el año 1584.

A lo largo de su vida y de sus viajes, Juan Sambuco coleccionó uma gran cantidad de libros y monedas, y publicó diversas obras que van desde la cartografía hasta la edición de textos clásicos griegos y latinos, ya fueran de carácter didáctico y escolar como su edición de Homero (1550), o bien de naturaleza más filológica como su edición de los fragmentos de Petronio (1565). Aquí nos extenderemos algo más con sus Emblemata.

Sus Emblemata constituyen una de las obras más importantes e influyentes de la emblemática, aunque, paradójicamente, no parece que en vida de su autor hubieran sido considerados como su logro más importante.

Fueron publicados tres décadas después de que el jurisconsulto italiano Andrea Alciato (1492-1550), fundador de dicho género, publicase su colección de emblemas. Como indica el título, el libro contiene, además de los emblemas (167 en total en esta edición), unas ilustraciones de monedas antiguas recogidas al final del volumen.

La obra fue terminada en Gante en colaboración con Lucas d’Heere, el principal diseñador de las ilustraciones siendo publicada en Amberes en el año 1564, en la imprenta de Cristóbal Plantin. Posteriormente, fue editada en otras cinco ocasiones (1566, 1569, 1576, 1584 y 1599), y también se realizaron una edición en holandés y otra en francés, publicadas en 1566 y 1567 respectivamente.

Una de las aspiraciones que tiene Sambuco a la hora de publicar su libro de emblemas era granjearse el favor de sus colegas, a los cuales dedica personalmente más de un tercio de los emblemas, pero sobre todo el de Maximiliano II, a quien dedica la colección en su conjunto. Como hemos señalado, antes de la publicación de los Emblemata, Sambuco ya había sido admitido en la casa imperial, pero quería adquirir una posición más elevada. Un año después de la publicación, lograría el puesto de historiógrafo imperial, si bien no consiguió su aspiración de convertirse en bibliotecario imperial.

3. El emblema 83: Partes hominis

A continuación, describiremos cada una de las partes del emblema atendiendo a su estructura tripartita: mote, pictura y epigrama, y realizaremos un comentario global del mismo.

3.1. Descripción de las partes

3.1.1. Mote

El mote del emblema es: Partes hominis, es decir, ‘las partes del hombre’. No se trata de una sentencia moral o proverbio como en otros casos, sino de una expresión que describe de una manera breve y general el tema del emblema ofreciéndonos la clave para interpretar su sentido. Por ello, es preciso recurrir a las otras dos partes del emblema (pictura y epigrama) para ver cómo y desde qué punto de vista son tratadas las partes del hombre.

3.1.2. Pictura

En la pictura tenemos a un hombre desnudo en el centro de un paisaje campestre donde se pueden apreciar, en diferentes planos de profundidad, árboles, arbustos y un lago con un cisne nadando. En la figura humana se aprecian varios signos planetarios, que comentaremos más adelante.

Todo ello está rodeado por un anillo en el que están dispuestos los doce símbolos del Zodíaco en el orden siguiente (de izquierda a derecha y comenzando por arriba): Cáncer, Piscis, Aries, Taurus, Géminis, Acuario, Capricornio, Sagitario, Escorpio, Libra, Virgo y Leo.

Este motivo central se inserta, a su vez, en un fondo rectangular decorado con unas formas almohadilladas y rodeado por un marco con motivos ornamentales de tipo vegetal, animal y antropomórfico.

3.1.3. Epigrama

El epigrama, compuesto en latín, está formado por seis dísticos elegíacos correctamente construidos según los principios de la métrica cuantitativa latina. A continuación, recogemos la transcripción del texto:

Praecipuas nostri partes tribuere vetusti
Diis, quorum ambigua vertitur ordo via.
Linguam Mercurio, cuius facundia pacem
nunciat et Divum bella minatur ope.
Splenem Saturno, tetra nam,10 bile senescit, 5
tristibus et vitam sustinet ille modis.
Iupiter ast hepar proprium deposcit, amoris
namque putabatur fons et origo novi.
Sanguinis est cupidus Mavors in proelia ducens,
cor, cerebrum Phoebi, quippe calore vigent. 10
Sed stomachus Lunae, quia debilis humidiorque,
renes et generis membra cupido fovet.

(Traducción castellana)
10 En nuestra transcripción hemos introducido directamente la corrección que aparece en la fe de erratas de Sambuco, Emblemata, p. 231, pues en el texto aparece el adverbio de negación non en lugar de nam (cf. Figura 3).

Nuestros antepasados relacionaron las principales partes del cuerpo con los dioses, cuya posición sigue un camino ambiguo.11 La lengua fue atribuida a Mercurio, cuya elocuencia anuncia la paz y amenaza con guerras por disposición de los dioses; el bazo, a Saturno, en efecto, éste envejece con la bilis negra y soporta su existencia de una manera triste; Júpiter, por su parte, reclama como suyo el hígado, en efecto, era considerado la fuente y origen del amor nuevo. Marte desea la sangre cuando conduce a las batallas; el corazón y el cerebro son de Febo, pues, precisamente, adquieren vigor con el calor. Pero el estómago es de la Luna, porque es débil y más húmedo, Cupido protege los riñones y los órganos sexuales.

11 Según las teorías astrológicas ptolemaicas vigentes en la época, los planetas realizan un doble movimiento. Por una parte, describen un círculo (llamado epiciclo) alrededor de un centro y, por otra parte, este punto central describe, a su vez, otro círculo mayor, denominado deferente, alrededor de la tierra. Con ello, se pretende explicar el movimiento retrógado observado en los planetas. Pensamos que la expresión via ambigua se refiere a este concepto.

3.2. Comentario del emblema

El texto del epigrama nos informa de que los autores antiguos relacionaron las principales partes del cuerpo humano con los dioses y, a continuación, especifica cada una de estas relaciones.

En primer lugar, hemos de tener en cuenta que cuando habla de dioses se está refiriendo a los planetas que llevan su nombre, que, por aquella época, eran siete, es decir, los cinco que se podían observar a simple vista (Saturno, Júpiter, Marte, Mercurio y Venus), y, además, el Sol y la Luna, que también eran considerados planetas. Apolo o Febo, como es sabido, es el Sol y Cupido está en lugar de Venus.12

Según las ideas astrológicas vigentes en la época,13 el Universo era concebido como una esfera hueca dotada de movimiento, en cuyo centro estaba la tierra, también esférica, pero inmóvil. En la superficie interna de esta esfera estaban las denominadas estrellas fijas, y entre ésta y la tierra giraban las siete estrellas errantes o planetas en otras tantas esferas concéntricas. El orden de éstos según su distancia a la tierra es Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio y Luna.14

Esta idea según la cual los planetas se relacionan con diversas partes del cuerpo humano sobre los cuales ejercen su influencia, recibe el nombre de ‘melotesia planetaria’ y es un concepto que se engloba dentro de la llamada ‘medicina astrológica’ o iatromathematica, teoría cuyos fundamentos, aunque tienen sus precedentes en Mesopotamia y en Egipto, fueron sistematizados como doctrina médica en el mundo griego.15

12 Esta sustitución hay que considerarla una licencia poética provocada, posiblemente, por necesidades métricas, ya que, como es sabido, son dos divinidades diferentes, aunque relacionadas con el amor.
13 Para la historia y concepciones de la astrología antigua, medieval y renacentista hemos empleado el libro de Jim Tester, Historia de la astrología occidental.
14 En el emblema de Sambuco titulado Dulcia cum amaris, el cual reproducimos en la Figura 5, se puede ver un dibujo del Universo que hemos descrito. Sambuco, Emblemata, p. 174. Dicho emblema versa sobre el tema de que lo dulce está junto a lo amargo, esto es, que en todo lo malo siempre hay algo bueno. Uno de los ejemplos de ello es el Universo, donde existen planetas benéficos y maléficos.
15 Auguste Bouché-Leclercq, L’astrologie grecque (París: Leroux, 1899; repr. Bruselas: Culture et civilisation, 1963) y Luis Gil Fernández, Therapeia: La medicina popular en el mundo clásico (Madrid: Triacastela, 2004), pp. 403-457, donde se expone el origen y concepto de la ‘medicina astrológica’.

La melotesia planetaria16 se fundamenta, principalmente, en dos conceptos. Uno de ellos es la idea de que existe una correlación entre el macrocosmos o Universo y el microcosmos o pequeño universo que es el hombre, de tal manera que éste reproduce en miniatura el Universo. La otra idea es la simpatía universal o cósmica, según la cual los astros ejercen su influencia en el mundo. Este influjo es evidente en el caso del sol y su influencia en la sucesión de las estaciones, o en el de la luna, que influye, por ejemplo, en las mareas, pero se intenta ver también en el resto de los astros.

Para establecer las propiedades de los planetas y determinar sus influjos sobre unas partes concretas del cuerpo humano se recurre a diversos criterios como la mitología, las características físicas de los astros y las teorías filosófico-científicas vigentes en la época, entre las cuales es clave la teoría de los cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego) y sus cualidades (lo frío, lo cálido, lo húmedo y lo seco), que se hallan en todos los seres de la naturaleza, y, por lo tanto, también en los planetas y en el hombre.18 Dichas cualidades, por tanto, sirven para establecer relaciones de simpatía.

En algunos casos, los distintos criterios empleados interactúan unos con otros y no siempre llegan a encajar bien entre sí dándose, incluso, diferencias entre los autores a la hora de establecer las relaciones entre los planetas y las partes del cuerpo. Veamos cómo aparecen en nuestro texto.

16 El término ‘melotesia’ procede del griego mélov (‘miembro’) y qésiv (‘disposición’). Sobre el concepto de melotesia, sus orígenes e historia remitimos, además de a las obras citadas en la nota anterior, a los trabajos de Aurelio Pérez Jiménez: ‘La tiranía de los astros sobre el cuerpo humano: melotesia zodiacal’, en Pervivencia y actualidad de la cultura clásica, edd. Jesús María García González – Andrés Pociña Pérez (Granada: Universidad de Granada, 1996), y ‘Melotesia zodiacal y planetaria: la pervivencia de las creencias astrológicas antiguas sobre el cuerpo humano’, en Unidad y Pluralidad del Cuerpo Humano: La Anatomía en las Culturas Mediterráneas, edd. Aurelio Pérez Jiménez – G. Cruz Andreotti (Madrid: Ediciones Clásicas, 1998).
18 El hombre está compuesto por cuatro humores (la flema o pituita, la sangre, la melancolía o bilis negra y la cólera o bilis amarilla), cada uno de los cuales es soporte y agente de un par de cualidades. La sangre es húmeda y caliente; la melancolía, seca y fría; la bilis, húmeda y fría, y la cólera es seca y cálida.

Mercurio. Como señalamos, el mito sirve de base para establecer algunas asociaciones, ya que, los planetas, al ser designados con el nombre de los dioses, acabaron adoptando, en muchos casos, algunos rasgos de éstos. Mercurio es el dios de la elocuencia y, por ello, el planeta ejerce su influencia sobre la lengua.

Saturno. Su lejanía del sol (cálido) y de la tierra (húmeda) hizo que se le considerase un planeta de naturaleza fría y seca, que es como aparece en nuestro texto, donde se le relaciona con el bazo, que es un órgano frío y seco, y con la melancolía o bilis negra (‘atra bilis’),19 humor caracterizado también por la frialdad y la sequedad, y que, desde el punto de vista psicológico, provoca que la persona melancólica sea triste y taciturna, de ahí la expresión: ‘soporta su existencia de una manera triste’ (‘tristibus et vitam sustinet ille modis’).

Por otra parte, si el planeta era designado con el nombre de Saturno, era porque, debido a su movimiento lento y su brillo pálido, había sido asociado con la vejez tomando el nombre del dios caracterizado con este rasgo. Ahora bien, la vejez, como edad del hombre, está caracterizada por la frialdad y la humedad, por lo que en otros textos aparece dotado de una naturaleza fría y húmeda, es decir, flemática, pues el humor flemático es frío y húmedo.

Júpiter. El padre de los dioses se relaciona con el hígado, órgano considerado la fuente y origen del amor nuevo. En efecto, se pensaba que el hígado era el asiento de la pasión y de la concupiscencia, lo cual concuerda con el carácter de un dios como Júpiter, famoso por sus amoríos. Además, ambos, el planeta y el órgano, tienen una naturaleza cálida y húmeda.

Marte. Como dios de la guerra, Marte, se relaciona con la sangre. En el caso de Marte al carácter belicoso del dios se une el color rojizo del planeta para establecer su relación con la sangre. Es un planeta cálido y seco, es decir, colérico, buena cualidad para la guerra, aunque, la sangre, como humor, es cálida y húmeda.

Apolo (Sol). El Sol, que ocupa una posición central en el Universo, es un planeta cálido y es relacionado con órganos considerados cálidos como el corazón y el cerebro, sobre los cuales ejerce su influencia. Es el planeta que da luz y gobierna el Universo, por lo que se le relaciona con unos órganos que tienen una función similar en el cuerpo humano.

Luna. La Luna posee una naturaleza húmeda, por lo que se relaciona con el estómago, un órgano también húmedo.

19 A propósito de la relación existente entre Saturno y la melancolía, remitimos al clásico estudio: Raymond Klibansky, Erwin Panofsky y Fritz Saxl, Saturno y la melancolía: estudios de historia de la filosofía de la naturaleza, la religión y el arte (Madrid: Alianza Editorial, 1991).

Cupido (Venus). Al ser la diosa del amor ejerce su influencia sobre los órganos sexuales y los riñones, relacionados también con la actividad sexual.

Como consecuencia de estas ideas, ya desde época hipocrática se considera que el médico ha de tener conocimientos de astrología para conocer todas estas relaciones y efectos ya que ello le permitirá realizar el pronóstico de la enfermedad y aplicar la terapia adecuada.21 La terapéutica se basa en el denominado ‘principio alopático’ expresado mediante la frase: ‘contraria contrariis curantur’, esto es, la enfermedad se cura tratándola con remedios contrarios a su naturaleza morbosa, de tal manera que si se trataba de una enfermedad cálida, había que aplicar remedios fríos, y aquí había que tener también en cuenta la influencia que pudieran ejercer los astros según sus características propias.

Como hemos señalado, esta doctrina hunde sus orígenes en la Antigüedad, pero también se prolongará a lo largo del Medievo,22 y en el Occidente latino alcanzará, gracias a los árabes, una gran difusión a partir del siglo XIII en el ámbito de las universidades, una vez superados los problemas teológicos que sobre el libre albedrío podía implicar la influencia de los astros.23 Uno de sus mayores defensores es el italiano Pedro de Abano24 (1250-1318), médico que enseñó en Padua, precisamente el lugar en el que Sambuco realizó sus estudios de medicina. El Renacimiento también recogerá esta doctrina y hasta el s. XVII, por lo menos, la medicina y la astrología mantuvieron un relación más o menos estrecha según los momentos. Por ello, Juan Sambuco, como médico, sin duda tuvo ocasión de conocer de cerca esta teoría.

21 Jacques Jouanna, Ippocrate (Turín: Società Editrice Internazionale, 1992). El tratado hipocrático donde aparece esta idea es Sobre los aires, aguas y lugares, cap. 2, donde, refiriéndose a los cambios de las estaciones y a la salida y ocaso de los astros, dice así: ‘Si alguien pensara que esos datos son propios de la meteorología, en caso de cambiar de criterio, sabrá que la astronomía contribuye a la medicina, no en poquísima, sino en grandísima medida. En efecto, los órganos internos les cambian a los hombres juntamente con las estaciones’. Citamos según la siguiente traducción: Tratados hipocráticos, 8 vols (Madrid: Gredos, 1988-2003), II. Sobre los aires, aguas y lugares, introd. trad. y notas de Juan Antonio López Férez – Elsa García Novo (Madrid: Gredos, 1997).
22 Paul Diepgen, Historia de la medicina y Marie-Thérèse d’Alverny, L’HOMME COMME SYMBOLE. LE MICROCOSME’, EN SIMBOLI E SIMBOLOGIA NELL’ALTO MEDIOEVO, Settimane di studio del Centro italiano di studi sull’alto medioevo, 23, 2 vols (Spoleto: Preso La Sede del Centro, 1976).
23 Los astros han sido creados por Dios y condicionan al hombre, pero el libre albedrío queda a salvo a través del alma, que viene directamente de Dios y, por lo tanto, escapa a la influencia de los astros. Este pensamiento es expresado mediante la frase: ‘los astros condicionan pero no obligan’. Cf. Pérez Jiménez, ‘Melotesia’.
24 Roger French, ‘Astrology in Medical Practice’, en Practical Medicine from Salerno to the Black Death, edd. Luis García Ballester et al. (Cambridge: Cambridge University Press, 1994).

δ

Audelà des variations de gestes et de postures, on soulignera trois inflexions majeures: une dimension cosmologique plus marquée, une géométrisation appuyée, une numérologie plus explicite. Sur le premier point, on observe l’ajout des quatre dimensions de la croix (latitudo, longitudo, sublimitas, profunditas), mises en rapport avec des vertus (caritas, perseverentia, spes, timor et fides). Inscrivant la croix dans l’ample gamme des quaternités qui définissent l’ordre du monde, ce thème renvoie aux dimensions de l’univers et souligne la valeur de la croix comme symbole cosmique.

La musique de l’homme. Harmoniques de l’âme et du corps au XIIè siècle

γ

Desde el punto de vista iconográfico, la pictura refleja la idea expresada en el epigrama, pues en algunas de las partes del cuerpo se pueden apreciar los símbolos de los planetas con los que se asocian.25 En la boca del hombre está dibujado el símbolo de Mercurio. En la cabeza y en el pecho, a la altura del corazón, se aprecian sendos soles, pues dicho astro rige estas partes del cuerpo. En el muslo derecho, se puede distinguir un chorro de sangre que termina con el símbolo de Marte. El símbolo de Venus aparece de manera discontínua a ambos lados de la cadera, como diosa que rige los riñones. En la zona de los genitales puede verse el signo de la luna, que rige el estómago.

25 En la mayoría de los casos aparecen los símbolos tal como están representados en el emblema anteriormente citado, Dulcia cum amaris, donde se puede observar la esfera celeste con los símbolos de los planetas.

Sin embargo, no se aprecian los símbolos de Júpiter y Saturno, aunque pensamos que pueden estar representados por las manos. Observamos que la izquierda está oculta tras el cuerpo, mientras que la derecha está visible mostrando la palma.

Esta disposición puede hacer referencia a la situación del órgano que rigen y, al mismo tiempo, reflejar el carácter opuesto de estos planetas.

Saturno, que rige el bazo, órgano situado a la izquierda, está simbolizado por la mano izquierda, mientras que Júpiter, que rige un órgano situado a la derecha como es el hígado, está representado por la mano derecha.

Saturno es frío y seco, Júpiter es cálido y húmedo; Saturno es triste, Júpiter es jovial. Esta oposición puede estar expresada por el hecho de que la mano izquierda se oculta y la derecha está a la vista mostrando la palma.

Un motivo que está claramente dibujado en el emblema son los símbolos del Zodíaco. Aunque no aparezca ninguna referencia en el epigrama, éstos, al igual que los planetas, también ejercen su influencia sobre el cuerpo humano y tienen asignadas varias partes del cuerpo. Es lo que se denomina ‘melotesia zodiacal’,26 que no excluye a la ‘melotesia planetaria’ ya que, en virtud de la simpatía universal, también se establece un relación entre los planetas y los signos del Zodíaco o constelaciones zodiacales, de la siguiente manera:

1. Saturno: Capricornio y Acuario
2. Júpiter: Sagitario y Piscis
3. Marte: Escorpio y Aries
4. Sol: Leo
5. Venus: Libra y Taurus
6. Mercurio: Virgo y Géminis
7. Luna: Cáncer

26 Además, de los dos tipos de melotesia señalados aquí, existe otro tipo más que se denomina ‘decánica’, en la que se pone en relación las partes de cuerpo con los decanos o treinta y séis sectores de diez grados en que se divide el círculo zodiacal.

El antecedente iconográfico de la pictura hay que buscarlo en el denominado homo astrologicus que podemos ver dibujado en numerosos manuscritos medievales de medicina astrológica, sobre todo a partir del s. XIII y que consiste en una figura humana donde se indican las distintas partes del cuerpo que reciben una influencia, ya sea de los planetas (melotesis planetaria) o de los signos del Zodíaco (melotesia zodiacal).

4. Conclusiones

En la introducción de sus Emblemata, Sambuco clasifica sus emblemas en tres grupos atendiendo a su temática: emblemas de contenido moral, emblemas relacionados con cuestiones de la naturaleza y emblemas de tema histórico-legendario. El emblema Partes hominis se engloba dentro del segundo grupo, pues versa sobre medicina.

Como hemos visto, se centra en la denominada melotesia planetaria y zodiacal, una doctrina que formaba parte de la medicina astrológica, aspecto que la ciencia moderna excluye, pero que en época del autor estaba vigente y se fundamentaba en una larga tradición que partía del mundo griego. Según dicha doctrina los planetas y las constelaciones se relacionan con diversas partes del cuerpo humano sobre las que ejercen su influencia.

Mientras que el texto del epigrama únicamente habla de la melotesia planetaria, la pictura añade, además, la melotesia zodiacal al representar en un círculo los símbolos del zodiaco. Desde el punto de vista iconográfico, esta pictura tiene como antecedente los dibujos dehombres astrológicos que aparecen en numerosos manuscritos medievales de medicina.

Vemos, pues, cómo Juan Sambuco extrae también temas de una disciplina que estudió y ejercitó. Si bien, al no tratarse de una obra de medicina, es difícil determinar si era partidario de la medicina astrológica o, simplemente, la emplea como un motivo literario e iconográfico para elaborar su emblema.

Ω