Astrologia Medieval

Albumasar y la Profecía del Nacimiento de Cristo

Alejandro García Aviles

Alfonso X, Albumasar y la Profecía del Nacimiento de Cristo

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Resumen

La interpretación apologética de cierto pasaje en el Introductorium in astronomiam de Albumasar lleva a varios escritores cristianos medievales a considerar al propio Albumasar como un profeta de la Natividad de Cristo. Los manuscritos latinos que, en diferentes versiones, ilustran este párrafo, representan la escena como una sagrada familia. Cuando los artistas del «scriptorium» de Alfonso X se dedicaron a la ilustración del manuscrito astrológico vaticano (Reg. Lat. 1283) encontraron un ininteligible texto en español que traduce el pasaje directamente del original árabe. La duda sobre la escena podería pintar y provocar el aplazamiento de la ilustración, que finalmente nunca se realizó.

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En un retablo del siglo XIV procedente de Worrneln (Westfalia), conservado hoy en el Museo Histórico de la Ciudad de Berlín, se halla una conocida representación de la Virgen María como Trono de Salomón, según una iconografía ampliamente difundida en la Edad Media. El conjunto de la composición es una elaborada alegoría de la Anunciación y de la Encarnación: como se dice en la Bible moralisée de Oxford, «el Trono de Salomón significa el trono que el Padre ha preparado para el Hijo, es decir, la Santísima Virgen». En consecuencia, la iconografía habitual de María como Trono de Salomón incluye escenas de profetas que anuncian la venida del Hijo de Dios. En el retablo de Westfalia a que nos referimos se representan cuatro «profetas paganos»: Virgilio, la Sibila Cumana, la Sibila Samia, y Albumasar.

La tendencia medieval a poner en paralelo la sabiduría pagana y la sabiduría bíblica ha sido reconocida desde antiguo, no sólo en lo referente a los dioses paganos, sino también a ciertos personajes concretos de especial relevancia. Entre los más conspicuos ejemplos se hallan los archiconocidos de las Sibilas, de larga fortuna, y en relación con éste la leyenda de Virgilio, el cual, en la Egloga IV y el libro VI de la Eneida, se refiere a la profecía de la Sibila Cumana. En ambos casos, una de las connotaciones principales de su supuesta historia para la imaginación medieval habría sido la intuición de haber anunciado la verdad cristiana, el Nacimiento del Mesías que redimiría a la humanidad. Con este mismo propósito se utilizó cierto pasaje del astrólogo árabe Albumasar, el cuarto personaje del retablo de Westfalia al que nos estamos refiriendo, identificado en dicho retablo con el siguiente rótulo:

«Albumasar: In prima facie virginis ascendet virgo pulchenima honesta et mun(da)- et sequitur nutret (sic) puerum quaedam gens vocat jhesum.»

Esta inscripción se refiere a cierto pasaje del Libro VI de la Gran introducción a la astrología del astrólogo árabe Abū Ma’sār al-Balji (Albumasar), que fue utilizado con carácter apologético por distintos autores cristianos a partir del siglo XII. La alusión a la Virgen y el Niño «obligó» eventualmente a los que ilustraron las versiones latinas de este pasaje a representar una Sagrada Familia en un contexto netamente astrológico. Sin embargo, cuando los iluminadores alfonsíes emprendieron la decoración del fragmento del manuscrito astrológico vaticano (Reg. lat. 1283) donde se halla esta pasaje, se encontraron con una traducción confusa que les hizo dudar sobre lo que tenían que representar. Esta vacilación, que contrasta con la interpretación apologética que se había convertido en lugar común en el siglo XIII, motivó que finalmente el párrafo mencionado no llegara a ser ilustrado.

En este homenaje a la profesora Virginia de Mergelina nos ocuparemos de la lectura apologética de este fragmento en la Europa bajomedieval, y sobre todo en el siglo XIII, para llegar a la versión realizada en el scriptorium de Alfonso X el Sabio. La incomprensión del traductor alfonsí al verter este pasaje directamente del árabe al castellano motivó que en último extremo la ilustración que debía haber acompañado al texto no llegara a ser ejecutada.

* * *

En el curso de cierta festividad de la Natividad de la Virgen, Garnier de Roquefort, abad de Claraval entre 1186 y 1193, dirigió un sermón a sus monjes repleto de citas de erudición, de cultas alegonas que ilustran de forma premonitoria la maternidad virginal de María. En ellas, Garnier cita a Albumasar, Hermes y Astalius, para evocar la figura de la constelación zodiacal de Virgo como prefiguración pagana de la Virgen María9. En relación a Albumasar dice:

«Quibus consenti tertius poeta, cuius nomen est Albumazar, ita dicens: Orietur sub decano virginis mater Virgo, lactaque patrem. et eidem solio assidet vir eam non attingensn.»

9. Un estudio de este texto en M. Dominique Chenu, «Astrologia praedicabilis. Les pressentiments de l’économie chrétienne chez les paiens», Archives dVHistoire Doctrinale et Littéraire du Moyen Age, 31 (1964), pp. 61-65.

El texto de Albumasar a que se refiere Garnier de Rochefort se halla en el libro VI del Introductorium maius in astronomiam, (Gran introducción a la astrología), que fue traducido en dos ocasiones durante el siglo XII, por Juan de Sevilla (1133) y Hermann de Carinthia (1140) respectivamente”. Precisamente este último parece haber sido el primer apologeta cristiano que utilizó el fragmento de Albumasar a que nos referimos. En la defensa de la astrología que se halla en su De essentiis, Hermann recoge su propia traducción del texto de Albumasar para afirmar que la perspicacia de los astrólogos en las cosas ocultas, pero reales, del universo, redunda en el crédito de la astrología, y que las naciones bárbaras predijeron la verdad de Jesucristo.

Estado del Cielo en el Momento del Nacimiento de Jesús

El capítulo correspondiente del Introductorius maius, que había sido aducido en elmismo sentido por  Guillermo de Reims pocos años antes del sermón de Garnier, versa sobre las figuras de los decanos de los signos del Zodiaco, según los griegos, los indios y los persas. En realidad, en esta última versión se recoge la «sphaera barbarica» de Teucro, y el párrafo al que nos referimos describe el primer decano de Virgo según los «persas». Veamos las dos versiones del fragmento al que nos estamos refiriendo. Juan de Sevilla traduce:

«Virgum est signum duum corporum, et sunt ei tres species et ascendit in prima facies illius puella quam vocamus Colchius darosthal et est virgo pulchra atque honesta et munda, prolixi capilli et pulchra facie, habens in manu sua duas spicas, et ipsa sedet super sedem stratam et nutrit puerum dans ei ad comedendum ius in loco qui vocatur Abrie et vocant ipsum puerum quedam gentes Ihesum cuius interpretatio est arabice Eice. Et ascendit cum ea vir sedens super ipsam sedem».

En la versión de Hermann de Carinthia leemos:

«Virgo signum fertile bipertitum triforme. Oritur in primo eius decano ut Perse, Caldei et egyptii omniumque duces Hemes et Astalius a primeua etate docent puella cui persicum nomen Seclios darzama arabice interpretatum adrenefa, id est virgo munda, puella dico virgo immaculata, corpore decora, vultu venusta, habitu modesta, crine prolixo, manu geminas aristas tenens, supra solium auleatum residens, puerum nutriens ac iure pascens in loco cui nomen hebrea: puerum, incuam, a quibusdam nationibus nominatum Ihesum significantibus Eiza quem nos grece Christum dicimus. Oritur cum ea virgine vir eidem soilio insidens nec attingens…»

Según la versión original de Teucro, este grupo consiste en «cierta diosa entronizada, criando a un niño. Algunos pueblos la llaman Isis, la diosa que está en el Atrio, amamantando al pequeño Horus». Albumasar añade a este texto algunos detalles y modifica otros; describe la escena así:

«En su primer decano (de la Virgen) sube una doncella a la que Teucro llama Isis. Es una bella y pura virgen de largos cabellos y bonito rostro, y sostiene en sus manos dos espigas de trigo … Se sienta en un lugar llamado Atrio. Este niño es llamado por alguna gente Isu, es decir, Jesús. Con ella sube un hombre, también entronizado…».

Albumasar recoge de este modo que la imagen a la que se refiere Teucro corresponde a las creencias de los cristianos sobre el Nacimiento virginal de Cristo. Según Lemay, esta observación refleja las creencias de los cristianos orientales, sobre todo jacobitas, muy extendidas en el medio en que se desenvolvió el astrólogo árabe. Al grupo, añade Albumasar una figura masculina, que, naturalmente, pronto fue identificada con San José para completar la Sagrada Familia. En la homilía 18 (ca. 1220) de su Liber Exemplorum, dice Cesáreo de Heisterbach:

«…sic habet super Albumazar: ‘Ascendit in prima facie Virginis puella, quam vocamus colchis dorastal, hoc est, virgo munda et pura et honesta’, sedens super sedem stratam, manu geminas tenens aristas, tenens puerum et dans ei ad comedendum ius in tema, que dicitur vel ubi dicitur Ave, puerum autem quedam gentes nominant Jhesum. Et ascendit vir cum ea, sedens super eandem sedem nec eam tangens, et oritur cum ea stella Virginis … Vir, qui cum ea ascendit et cum ea sedit, Joseph Sanctus fuit, quia eam sicut propinquus desponsavit et cum illa castitatis pnvilegium servavit.»

Recordemos que entre las estrellas situadas en este decano junto a la Virgen se hallan las «duas spicas» de la traducción de Juan de Sevilla, en alusión al atributo de Virgo en las tradición griega. En Cesáreo de Heisterbach se ha convertido en la «stella virginis». En las primeras versiones ilustradas que conocemos del texto de Fendulus, devino una simple estrella, que alude claramente a la estrella de Belén con lo que el significado de la escena quedó perfilado.

Conocemos tres manuscritos latinos en los que se ilustra, en diversas versiones, el texto de Albumasar al que nos referimos. De ellos, sólo uno dio lugar a una serie de manuscritos: se trata del ms. lat. 7330 de la Bibliothkque Nationale de París, ejecutado en la corte siciliana de Federico II -quizá a partir de un original anterior-. Este manuscrito, recientemente publicado, contiene el Liber astrologiae de un falsario oculto bajo el curioso seudónimo de Georgius Zothorus Zaparus Fendulus. Fendulus inventa una fabulosa historia para defender su autoría sobre un texto que en realidad no es más que la versión latina de Hermann de Carinthia del texto de Albumasar sobre los decanos. De la fortuna de este manuscrito durante la Baja Edad Media dan testimonio otros cinco manuscritos ilustrados que se conservan. En ellos, las imágenes decánicas se ilustran en tres bandas horizontales. de las cuales la del centro es la «sphaera barbarica». El fragmento de Albumasar sobre la profecía del Nacimiento de Cristo se ilustra de una forma sólo relativamente definida en el Lat. 7330 de la Biblioteca Nacional de París, como corresponde a un manuscrito de comienzos del siglo XIII que quizá se base en un prototipo del siglo XII, una época en que la interpretación apologética a que nos referimos aún no se había generalizado del todo. Las figuras de la escena son bastante independientes entre sí y para remarcarlo, el niño «flota» sin ningún punto de apoyo.

Ms. lat. 7330 Pimer decano segun los persas, liber astrologiae. Fendulus

El segundo manuscrito latino medieval que ilustra el capítulo de Albumasar sobre los decanos perteneció al rey Wenceslao IV de Bohemia. Se trata del CLM 826 (Bayerische Staatsbibliothek), que recoge la versión correspondiente al Principium sapienriae, la traducción latina de Pedro de Abano del texto del judío Ibn Ezra, quien toma de Albumasar el capítulo sobre los decanos. La ilustración de este capítulo es más confusa que en el caso de Fendulus, y las imágenes de las tres «esferas» se entremezclan arbitrariamente. Por lo que se refiere a la escena que nos interesa, la lectura apologética es más evidente, y el conjunto se asemeja más a una Sagrada Familia tradicional, con el Niño, que es amamantado en los brazos de la Virgen, y San José contemplando a ambos.

Bayerische Staatsbibliothek, clm 826 Decans and paranatellonta → by zodiac sign and decan Virgo

En otros manuscritos más tardíos de la serie del Liber astrologiae de Fendulus, como son el Lat. 7331 y el Smith-Lesouef 8, ambos de la Biblioteca Nacional de París, queda patente que la interpretación cristiana del pasaje era bien conocida. En el lugar correspondiente de los dos manuscritos hay una inscripción que indica: «Figura coeli pro tempore nativitatis domini nostri Jesu Christi», y se cita explícitamente que esta interpretación se toma de «Albertus Magnus in libro suo, qui diciiur Speclum. »

En efecto, como puso ya de relieve Bezold a finales del siglo XIX, el espaldarazo definitivo a la fama bajomedieval de Albumasar como profeta del Nacimiento de Cristo, se debe al Speculum astronomiae de Alberto Magno. En este controvertido tratado, en el que San Alberto ofrece una clasificación de libros lícitos e ilícitos de astrología y magia, se refiere al tratado de Albumasar en los siguientes términos:

«…scriptum est in eo ab initio figuratam esse in caelo nativitatem Iesu Chnsti de Virgine, etiam cum expressione nominis ab angelo nuntiati? In tractatu namque sexto, differentia prima, in capitulo de ascensionibus imaginum quae ascendunt cum Virgine, invenitur: «Et ascendit in prima facie illius (scillicet Virginis) puella quam vocat Celchius Darostal; et est virgo pulchra atque honesta et munda prolixi capilli, et pulchra facie, habens in manu sua duas spicas, et ipsa det super sedem stratam, et nutrit puerum, dans ei ad comedendum ius in loco qui vocatur Abrie. Et vocat ipsum puerum quaedam gens Iesum, cuius interpretatio est arabice Eice. Et ascendit cum ea vir sedens super ipsam sedem. Et ascendit cum ea stella virginis etc.» Etiam scimus quod sub ascendente eiusdem partis caeli, scilicet Virginis, natus fuit Dominus Iesus Chnstus, cum hoc quod aequatio motus octavae sphaerae in tempore nativitatis eiusdem fuit octo graduum et triginta septem minutorum et duorum secundorum secundum calculationem certissimam, et quod ipsa tunc erat minuenda de locis planetarum inventis per canones; non quia subiaceret stellarum motui aut earum iudicio natorum desideratissimus, qui creaverat ipsas stellas, sed quia cum extenderet caelum sicut pellem, formans librum universitatis, et dedignaretur opus facere incompletum, noluit litteris eius deesse, ex eis quae secundum providentiam suam in libro aetemiatatis sunt scripta, etiam illud elongatissimum a natura quod de Virgine nasceretur, ut profecto per hoc innueretur homo naturalis et verus, qui non naturaliter nascebatur, non quod caeli figura esset causa quare nasceretur, sed potius significatio, immo ad vero venus, ipse erat causa quare modus admirandae suae nativitatis significaretur per caelum.»

La relación establecida por Alberto Magno entre la profecía del Nacimiento de Cristo y el «Horóscopo de Cristo», explica que ambas escenas se fundieran en una sola imagen a los ojos de los ilustradores de los manuscritos citados del Liber astrologiae de Fendulus. La asociación así consolidada entre la constelación zodiacal de Virgo y la Virgen María tendría una dilatada fortuna en la Edad Media.

La interpretación apologética del texto citado de Albumasar tuvo una amplia difusión en la Baja Edad Media. Ya en el siglo XII se pueden citar, además de los testimonios citados, las alusiones más o menos directas del pseudo-hermético Liber de sex rerum principiis, la de Bernardo Silvestre en su Cosmographia, o Alain de Lille en su Anticlaudianus . En el siglo XIII fue un argumento constante de diversos exégetas cristiano. Humberto de San Romans, fraile dominico muerto en 1277, lo utiliza en su Expositio regulae Beuti Augustini; lo hallamos también en el pseudo-ovidiano De vetula, atribuido tradicionalmente a Richard de Fournival; en Richard Fishacre; en un tratado catalogado normalmente entre las obras de Roberto el cabezón (Roberto Grossatesta), pero cuya atribución es más bien dudosa; en un Himno a la Virgen de Juan de Garlandia; en la obra del que es, junto a Tomás de Aquino, el más famoso discípulo de Alberto Magno, Rogelio Bacon; en la la novela de «Renard el Contrahecho»; e incluso en un célebre capítulo de Jean de Meun en el Roman de la Rose.

Así pues, la lectura del célebre párrafo de Albumasar como profecía del Nacimiento de Cristo se convirtió en un lugar común. A primera vista, no es fácil admitir que Alfonso X no la conociera, sobre todo si damos crédito a la estancia del hijo de Fernando el Santo em París cuando era aún príncipe de Castilla, a finales de los años 1240, según el testimonio de Alberto Magno en su De mineralibus (que hasta ahora había pasado desapercibido a los estudiosos de la obra alfonsí). Sin embargo, Alfonso X no utilizó ninguna de las dos versiones que se habían realizado en el siglo XII, precisamente en España. Así lo demuestran las obvias divergencias de las versiones latinas que conocemos con la traducción que se halla en el manuscrito astrológico vaticano (Reg. lat. 1283):

«En la primera faz deste signo (de Virgo) sube una doncella que a nombre Caquiluz Duça. E es fremosa e apuesta, e a luengos cabellos e fermoso rostro. E tiene en la mano dos espigas. Et esta assentada en una cadera que esta sobrella un cauallo. E esta donzella cria un fijo e dal a comer foias, e esta en un logar quel dizen Ebria. E nombran aquel moco Iseu, que quier dezir Eyce. Et sube con esta donzella un omne assentado en essa misma siella, e la estrella de la espiga, et lo caguero de la culuebra negra sobredicha: et cabeca de cuerno, et cabeca de leon.»

En la ilustración sólo encontramos «la estrella de la espiga, la parte trasera de la culebra negra, cabeza de cuervo y cabeza de león. La versión elaborada por los traductores alfonsíes hizo que se perdiera el sentido del grupo principal. En primer lugar se integró en el nombre de la doncella (Isib=Isis, en el original; transcrito «Duça»), el nombre de Teucro, la autoridad griega citada (un error que, transcribiendo de forma distinta, también habían cometido los traductores latinos), al leer Çaquiluz por Tinkalus (el nombre árabe de Teucro), debido a la ausencia de puntos diacríticos en el texto árabe: se lee así «se llama Caquiluz Duça», donde debía leerse «a la que Tinqalus llama Isis». De la misma forma, se transcribe Yseu, la forma aranlea del nombre de Jesús, extremo éste que ignoran los traductores alfonsíes. Otras traducciones erróneas resultan curiosas. Se dice que la doncella está asentada en una cadera que esta sobrella un «cauallo», debido a que, en ausencia de puntos diacríticos, las palabras árabes que significan «cojín» y «caballo» se escriben de igual modo. Así, en lugar de un cojín sobre la silla (cadera), se traduce un caballo sobre la silla, o sobre la doncella, según se lea. Por parecidos motivos, la doncella da a su hijo de comer; Hojas! («Foias»).

Es evidente la ignorancia de Alfonso del sentido conferido en la Europa de su época a este pasaje de Albumasar; de lo contrario, habría sido argumento idóneo para ser utilizado en la Ley LX del Setenario, intitulada precisamente «De las ssemeiancas que ouo Santa María con el ssigno de Virgo». Sin embargo, la lectura apologética del mismo, propiciada por una cadena de errores de traducción e interpretaciones sesgadas, aún habría de conocer una larga fortuna en las postrimerías de la Edad Media. Todavía, cuando en los albores del siglo XVI el pintor alemán Hermann Tom Ring realizó una serie de grabados con una galería de Profetas y Sibilas, no tuvo ninguna duda de que uno de los incluidos entre los primeros debía ser un retrato de Albumasar, el Profeta.

Albumasar by Hermann tom Ring

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